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Reggaeton: Pasiones y Odios

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Era el año de 2003 cuando en la radio y los puestos de productos piratas aparecía el disco de Don Omar, The Last Don. La canción de Pobre Diabla sorprendía por su cadencia y contagioso ritmo, acompañada de una letra llena de nostalgia:

Pobre diabla se dice que se te
ha visto por la calle vagando llorando
por un hombre que no vale un centavo
pobre diabla llora por un pobre diablo…
que sólo te utilizó
y hasta te embarazó.

Y mis alumn@s adoraron la novedad –sobre todo las jovencitas- y se entregaron a una nueva moda, seguramente conmovidas por el mensaje tan cotidiano aún para su realidad con ese agraciado ritmo.

El origen del reggaeton

Me avocaré a escribir esta palabra así, sin acento y sin una u que cambie el sonido de la g. Si bien, la Santa Madre Wiki atribuye un debate al origen de este subgénero musical, que si Puerto Rico o Panamá. Precisamente yo por esos años tuve la oportunidad de hacer un par de viajes a la Cintura de América y pude percibir una pasión por un género al que llamaban “reggae” -que pronunciaban “régue”y que para mí no era el reggae jamaiquino que conocía- sino algo más hipopeado. “Yo no quiero mariquitas en el foqui danzar, los manos Jackson son five y hay que matar a esos five” parecía decir una pegajosa letra principalmente en español aunque con buenos aportes en inglés (después de la guerra They don’t fuck with us).

He aquí al menos la música, acompañada de imágenes más bien de culto al hip-pop.

Entonces en Panamá (y no sé ahora) había cantidad de cantantes como Rookie y tantos que no recuerdo sus nombres ya.

Más recuerdos como anécdotas (O mis anécdotas son meros recuerdos)

** Recuerdo que me subí a un taxi conducido por un moreno y le pregunté quién cantaba lo que traía en su poderoso estéreo y me dio una cátedra de reggae.

** En la Isla de Ometepe en medio del Lago Nicaragua íbamos en un Tracker que nos llevaría a las faldas del Volcán Maderas cuando el chofer me preguntó si conocía a Pesadilla (que según entiendo es un proyecto de cantantes reggae panameños) y juntos cantamos la de Yo no quiero mariquitas. Sin embargo la fiebre Pesadilla al menos no llegó a las zonas donde vivo y trabajo.

Claro que ese tiempo y esos viajes no me iba a poner a reflexionar sobre el contenido violento, discriminatorio y racial de las letras. Eran días de viajar y conocer, la digestión vendría después.

Yo soy tu maestro fue uno de los temas que más me agradaron, ¡por ser maestro precisamente!

Entonces, ¿cuál es el origen del reggaeton?

¿Puerto Rico o Panamá? Basta revisar un mapa y ver que entre ambos países caribeños no existe mucha distancia, y justo en medio quedan otros gigantes de la música rítmica como Colombia y República Dominicana.

La música reggaeton considero es un subgénero del dance reggae (ver los pasos iniciales de Don Omar en el video siguiente) y por supuesto de la bachata (y en estos países el gusto hacia estos géneros es enorme) retocado los inevitables arreglos afrolatinos pandilleriles del hip-pop y los sampleos rappers Yankees que se han colado por todo el orbe.

Sin embargo, Panamá que es en verdad una enorme potencia musical (como alguna vez mencioné en mi ensayo La cumbia, ¿música sin seriedad?) no dispone de fuerzas marketeras de la talla de Puerto Rico, que desde hace más de treinta años genera y vende música a los USA, México y el resto de América.

Pregunta de reflexión: ¿Quiénes son los músicos más famosos de Panamá? Y difícilmente alguien podrá mencionar siquiera cinco (fuera de El General y La Factoría).

Entonces, ¿por qué la gente ama al reggaeton?

Bueno, me refiero a “cierta gente”, porque este subgénero tiene sus seguidores, y al estar emparentado con el género más comercial del planeta (que es el hip-hop), no puede ser de consumo minoritario.

El ritmo reggaetonero parece único. Es decir, el bajeo y percusión llegan a parecer el mismo en la mayoría de las canciones, y esto antes que ser considerado como una falta de creatividad musical yo lo veo como un elemento que vuelve a esta música la más fácil de bailar, so catchy!

Los países caribeños son pícaros, alegres y sensuales por naturaleza, así que integrar bailes atrevidos es parte de ellos… pero por otra parte, por sus afluentes oscuros de los rappers y hip-pop; ambos en sus inicios, clandestinos y marginales, posteriormente siempre provocadores. Un cierto descaro transgresivo sexual fue el distintivo heredado al subgénero: El reggaeton y el perreo se dieron entonces la mano.

Fue precisamente el grito en el cielo de las mentes conservadoras en contra. Tanto descaro sexual levantó la alarma, pero ni siquiera esto era una novedad. Hace veinte años había ocurrido un fenómeno semejante, en esa ocasión se llamaba lambada y venía del Brasil.

Respuesta a la pregunta dejada: Hace cinco años los ídolos musicales panameños eran Rubén Blades (clásico y venerado como siempre, y Honor merece), Sammy y Sandra Sandoval (típico), Los Rabanes (engendros rock pop de los Estefan), Os Almirantes (reggae rock), Iván Barrios (rock pop ligerito) y Ulpiano Vergara (típico)

Las nuevas mafias de la droga

Hay que tener en cuenta la carga de rechazo y frustración que el rap manifiesta en contra de los contrastes sociales, y entender porqué esta música tenía letras plagadas de jerga callejera vulgar. El rap se estiliza y se vuelve bailable a manera del hip-pop. De los sectores marginales (negros y latinos) que vivían en la pobreza, los nuevos iconos musicales comenzaron a hacerse empresarios independientes del tráfico de drogas. Los símbolos de poder económico comenzaron a hacerse notar en sus mensajes cuestionablemente poéticos y muy visuales: Joyas (exagerados ornamentos de oro); enormes relojes de marca, vestuario de diseñadores nuevos, bizarros y del mismo origen urbano, la pasión por los Chevy y sus arreglos mecánicos que hicieran saltar a esas máquinas… pero sobre todo, voluptuosas hembras dispuestas al sexo y la droga a la mano para su consumo o venta inmediatos.

El reggaeton también hereda eso, y cada nuevo cantante adopta la imagen o impostura de ser un nuevo operador de drogas de alguna barriada negra o latina de los muchos países que ahora viven con ello. Inclusive, sus nombres artísticos tienen que ver con estos supuestos negocios delincuenciales callejeros: ¿Cuántos de ellos se hacen llamar Don? Pero no es un Don de Donaciano o Donaldo. Es el Don del Capo Mayor de la mafia; del Padrino y de los Sopranos. El mismo nombre del disco de Don Omar, The Last Don es un homónimo de la novela de Mario Puzo y trata lo que sus novelas anteriores trataron, las mafias italianas controlando drogas.

Todo ese salvaje look mara (de las peligrosísimas pandillas de Centro América) se sutiliza y poco a poco deviene el nuevo look reggaetonero que caracteriza a Wisin y Yandel, Daddy Yankee y muchos más. Ahora los tatoos son menos y más estéticos; la importancia se le da a las nuevas modas como FuBu, Timberland, Cat y muchas más y los autos deben ser tipo Pimp my ride o recurrir a los imposibles modelos Ferrari o Lamborghini, que para un vendedor de droga después de poco tiempo se vuelven asequibles.

La identificación marginal

Vivimos en un mundo muy complejo. Vivir sin un sentido claro puede hacer que las personas devengan frustradas y agresivas. De hecho, este fenómeno ya lo percibo en demasiados lugares sin importar el estrato social. Hay muchos ejemplos en todas partes que dan un mensaje peligroso; No es necesario estudiar y llevar una vida apegada a las leyes para lograr el éxito.

Es inegable que hora parece ser más común encontrar personajes inmorales en la cima del éxito. Los políticos dirigentes de las naciones coquetean abiertamente con la pederastia y el narco ante la pasividad de la población (caso de México). Cualquier joven que desee acceder a la “vida loca” puede recurrir a los diversos “dirigentes” del crimen para ser contratado. Ser joven, atrevido violento basta para tener todos los lujos que con un esfuerzo laboral enorme y una disciplina moral demorarían décadas. ¿Qué importa morir joven cuando se tuvo el “amor” de mil mujeres y un par de autos deportivos del año?

¿Quiénes odian al reggaeton?

Esta música no implica de manera directa toda la filosofía criminal que he expuesto. Pero tampoco la implica de manera tan indirecta, la denotación existe, la connotación es mayor. Entonces el reggaeton llega a ser interpretado por personas sin mayor juicio como un riesgo de perversión para sus “inocentes” hijos, que pueden caer en una degeneración sexual o manos de la droga. Entiéndase con esto que acabo de decir, NO estoy satanizando esta música –de la cual algunas canciones las he bailado a rabiar-, pero me queda claro que la identificación social puede ser más intensa en las clases más emergentes y necesitadas de aceptación y reconocimiento… y que son vulnerables a identificarse con los símbolos en cuestión ya mencionados. (Nótese en el video de Pobre Diabla el furor en Viña del Mar, lugar cosmopolita de élite social en la próspera nación chilena quienes también se entregaron al reggaeton.)

Entonces, ¿qué se puede hacer?

Analizarlo, discutirlo, hablarlo abiertamente y entender que esta música no es una amenaza directa o ninguna enfermedad, sino una manifestación más de un mundo que cada día deja de sorprender por tantas sorpresas.

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