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In your dreams: Discos para manejar en carretera (1)

¡Jajaja! ¡Sí! Intentaré una nueva categoría, una nueva inquietud que, por ahora, me tiene muy concentrado.

Pero ya no pondré metas (creo que debo como ochenta canciones de la categoría anterior más reciente).

Pero entrando al asunto; ahora que por cuestiones de trabajo tuve que adquirir un vehículo, y que además suelo rodar las malogradas y muy maltratadas carreteras mexicanas por encima de las ciudades, estuve pensando en la necesidad de tener una road selection que difiera de la música que uno puede escuchar deteniéndose en los semáforos y gritándole a los drogadictos limpia parabrisas que no estén molestando.

En la ciudad valen mucho las canciones sueltas, jugo de hits, popurríes, the best of... y combinaciones bizarras que permitan lidiar con el tráfico y las imprudencias humanas de la mejor manera…. Pero en carretera es otra cosa; es el despegue, el ascenso, el crucero, el descenso, y el aterrizaje (¡y ya no fumo marihuana!).

Así que, aquí viene la primera propuesta:

La diva del rock, la ex de Su Majestad Lindsey, la ex frot-woman de los inolvidables Fleetwood Mac, la primadonna que ha vendido más discos que todos los grandes de México juntos y multiplicados por diez (bueno, allá no tienen tanta piratería). Y la bruja Stevie (bruja, sorcerer y warlock en el buen sentido) hizo mancuerna con el eurrítmico Dave Stewart y ¡oh! ¿sorpresa? Claro que no fue ninguna sorpresa que sacaran tremendo disco.

¡A manejar!

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Stevie Nicks (& Dave Stewart)

IN YOUR DREAMS

2011

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Lo culto y lo vulgar en la música

Las ideas clásicas de lo culto y de lo vulgar (o popular) siempre han existido. Desde sus determinados orígenes hasta su manifestación cumbre – donde quedaba bien definido quien era “culto” y quien un simple y tonto vulgar- de acuerdo a ciertos cánones que bien estarían fundamentados en los valores imperantes de la época. Valores estrechamente vinculados con la clase social o económica y en consecuencia una formación inherente al origen mismo del individuo.

Con el tiempo los valores “imperantes” tienden a cambiar. Surgen nuevas propuestas y tendencias y se justifican nuevas hegemonías, que finalmente vuelven a marcar que es “lo culto” y que es lo vulgar. Y ciertamente la educación ha jugado un papel cada vez menos importante cayendo entonces en los mass media y otros poderes fácticos la característica de definir estos conceptos.

Lo cuestionable se vuelve cuando se considera que ciertas manifestaciones, por venir de quien vienen, no aspiran a ser consideradas seriamente. Peor aún, surge una predisposición entonces que llega hacer que la gente admire o cosuma algo que quizá no sean tan inteligente, ni original o tan ólido como pudiera pensarse, bajo la creencia mainstream que es lo bueno.

Anécdota

Hace unos días, un conocido (de mucho capital económico pero carente total de capital intelectual) me reprochó que en cierto concierto de ópera que hubo en la ciudad No me vio entre la audiencia.

¿Y por qué habría de verme?– me pregunté.

Es decir, ¿desde cuándo YO considero ese género musical como uno que me conmueva? Alejado de los paradigmas tradicionales no consideré siquiera de valor ir a un evento así.

Las otras alternativas

Si me muevo en el jazz, canción francesa o el postrock… ¿qué me llevaría a ver un concierto de desconocidos cantantes con un repertorio por demás trillado –a lo largo de la historia moderna de la humanidad- en una ciudad no se concibe nada fuera de lo arraigado? Claro que acá si viniera un baladista extranjero, de un género ajeno al contexto, digamos un virtuoso -pero completo desconocido- no creo que hubieran más de diez personas en la sala.

Imagen de internet
Dominique A, sólo para minorías…

Mi conocido no habla ni alemán ni francés… italiano menos, pero fue a la ópera porque eso le daría un status cultural –según él-. Aunque por los costos de la entrada también había un elemento de escala social. Este señor también suele ir a un antro de rock en vivo, de jovencitos sin formación musical que se sueñan Stars. Un bar ubicado en una ciudad donde no hay otra opción, ni cultura musical en cuanto al tema. Él mismo se dice “músico de blues”… sin tener en su alma la mínima gota de negritud musical ni espiritual.

Música para minorías

Siempre he pensado que mi país no es de cultura musical. Me refiero, de cultura digna que se mueva a nivel comercial, y que sea por lo tanto conocida por muchos. Sin embargo, esas expresiones baratas que suenan igual a otra manifestación quizá de otro país… o de propaganda criminal: que al fin y al cabo es lo que viene a ser esa música grupera y de banda que tanto gusta –de hecho, ARRASA- entre enormes grupos de la población. Grupos sociales cuyos valores y metas de vida están influenciados por el crimen y la falta de respeto a la sociedad y la vida misma.

Buscaba en la web cierto disco de cierto músico; a Bernardo Rubaja deseando saber si tenía algún otro disco diferente al que ya conocía. Esto me llevó a un sitio llamado Música para minorías, arrogante nombre no cabe duda… pero cuya oferta musical, alguna de ella disponible (y esto ya es un plus) aunado a los peculiares criterios de selección terminan ofreciendo una gama de discos encantadores.

Imagen del internet

Y vuelvo al dilema de lo culto y lo vulgar. Qué viene a ser y quién dice que lo es. ¿Viene a ser lo culto lo de las minorías o lo vulgar lo popular? Muy posiblemente sí. Sin embargo mil cosas rebuscadas nunca llegarán a ser exquisitas, y muchas otras manifestaciones locales, folclóricas y tradicionales llegan a ser verdaderas joyas de la cultura mundial, pero que pocos terminamos apreciando.
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