Archivo de la categoría: Tendencias mundiales

Lo que pasa ahora

Aplausos a una película india (Padmaavat, 2018)

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Para mí, una película me llega cuando pasando días de haberla visto algunas de sus escenas o su historia sigue permaneciendo en mi mente de alguna manera.

Pocas logran esto, pero afortunadamente las que lo pueden tampoco son tan raras. Llegan a ser de cualquier género y puede ser, también, que eso que me cimbró sea desde algún escueto detalle hasta toda una estructura de sucesos o recursos.

Cuando vi “la última película de superhéroes”, pasando los 90 minutos (y con casi 60 más por venir) saqué de mi bolsillo el celular y activé los datos: inequívoca señal que esa película no daba para más. Pero, bueno, al parecer fui el único decepcionado, y como estamos en la postmodernidad y habiendo disfrutado y participado en foros de teorías explicativas de mi serie favorita (GOT), tuve que relajarme y no criticar todo lo que se escribió y se divulgó de esa extraña historia sin gracia ni emoción donde un montón de personajes tan disímbolos convergen en un momento imposible, aún para el universo cómic de su somero origen.

Mientras esta Senility War (¡excuse my irony!, pero Downey y Ruffalo se ven tan tercera edad) “sigue rompiendo récords” recordé un tremendo y apasionado ensayo que leí de Frédéric Martel: Cultura Mainstream (Taurus Santillana, 2011) donde cuestiona la hegemonía norteamericana del cine. Él dice que una película gringa que recaude una cantidad exagerada en taquillas está lejos de ser considerada como una película vista por mucha gente. Da como ejemplo la realidad fílmica de la India, potencia en cine (¡Bollywood, papá!), donde una película diseñada para ser éxito será vista por un alto porcentaje de la población de este país que anda alrededor de… ¡1,300 millones! (Sin olvidar un vecino históricamente muy cercano con casi otros 200 millones). Y, bueno, mientras los Ancianoides rompen récords, Bollywood ni se inmuta y algún día sus películas serán aceptadas en países con mentalidades tan norteamericanamente adictas y dependientes como las mexicanas.

Hace tres días vi Padmaavat (2018) y quedé con el ojo cuadrado, con más de algún esfínter dilatado y con hambre de más… 2:40 horas de una historia medieval donde dos reyes cuya sabiduría y personalidad resultan antagónicas resultan catalizados por la belleza de una mujer. Una historia de amor, traición, envidia y poder, enmarcada en un ambiente bélico y donde, como en toda película india, ocurren dos coreografías: una de mujeres celebrando la coronación de su reina, y otra del sultán compartiendo con sus soldados un dolor de amor.

Como 100 minutos de esta película siguen estando en mi mente. He visto una de las coreografías una veintena de veces. Y sigo admirando las actuaciones de los reyes y la reina oriental… ¿Qué más puedo decir sin ser parcial? ¿Apaga a Marvel y ábrete a más?

¡Naaaa!, eso seguro estoy: ¡nunca lo harás!

¿A dónde va Nicaragua?

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No cesan las malas noticias en los diarios alusivas a este país centroamericano.

Nicaragua, una nación pobre y muy poco desarrollada, es –quizá- el país que más he visitado y creo conocer algunos aspectos de su idiosincrasia y economía.

Decir que nunca tuve un problema viajando por esta nación sería mentir. Tuve un susto con unos militares cuando salía de Bluefields ya que yo (acostumbrado a no necesitarlo) viajaba sin mi pasaporte sino con mis documentos mexicanos, y, como en esa zona del Caribe el tráfico de cocaína es sumamente fuerte… y todos los extranjeros rubios que andan por allá van buscando ese asunto (jaja, sería exagerar) me abrieron mi maletita encontrando solamente equipo fotográfico… y la libré. En otra ocasión en Granada, sentí que dos tipos (con un outfit de drogadictos) intentaron arrancarme la cámara cuando pasaron en su motocicleta, y hasta ese día comprendí que esa bella ciudad se había convertido en un paraíso de drogas y de prostitución entre locales y turistas.

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Pero lo que más recuerdo de Nicaragua, han sido dos características tan peliculares: Primeramente, su fijación/obsesión/paranoia hacia Costa Rica, un país que según los nicas, está al pendiente de absolutamente todo lo que hacen: Un vecino que les quita todo lo mejor para ponerle el Made in Costa Rica (hasta dicen que los únicos atletas ticos que han hecho ruido eran nicas nacionalizados). Y en segundo lugar, ese gran sueño de tener un gran canal seco que compita y supere al panameño… al parecer, un viejo sueño nacional.

Del affaire Costa Rica ni qué hablar, pero del canal ya se cocinan otras problemáticas.

Resulta que, al parecer, sí se les va cumplir el dichoso sueño, y que no solo llevará a tener el mejor canal del mundo, sino además aeropuertos, puertos marítimos y lacustres así como sofisticadas zonas turísticas a lo largo del recorrido del canal por este país. Solo que dicho recorrido atraviesa sus dos lagos más emblemáticos y otros territorios que serían expropiados a precios ridículos (de por sí allá, todo es tan barato), y, el gran problema de cómo van a procesar los millones de metros cúbicos de tierra y lodo (y materia orgánica del fondo de los lagos) que serán movidos es un asunto que pareciera que “por decreto de gobierno” poco se habla.

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Daniel Ortega comprometió con un consorcio chino a Nicaragua por más de cien años. Tomando decisiones él solo y sin escuchar a nadie más, ni a su pueblo (quizá solo a los viejos sueños rancios de los viejos quienes se creyeron esa idea).

Ahora, cada día sé menos de Nicaragua, porque perdí amistades allá y porque cada vez que leo algo relacionado se habla únicamente de las arbitrariedades e injusticias que allá están ocurriendo… y en todas, Daniel Ortega toma un papel tiránico preponderante.

Porque si este tipo no se mantiene en el poder, todo el sueño transoceánico se le derrumbaría, y todos los millones en juego que darían los supuestos beneficio para el magnate chino y para él se desharían… y no queda más que comparar con “las grandes reformas de México”, cuyos únicos beneficiados han sido y serán la pandilla de los políticos corruptos encabezados por Peña Nieto.

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Finalmente, la decadencia de Meryl Streep

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Considerada una diosa del cine (y razones sobran), este mito hollywoodense ya tiene 66 años y, para su edad, no se ve mal… pero 66 son 66.

Nominada más que nadie, ganadora como pocas, su capacidad histriónica es legendaria, pero el día llegó…. Y más triste me pongo al ver cómo veo llegar los días de los otros.

Su última película, Nicki and the Flash, dirigida por Jonathan Demme me hizo volver a revisar que ella protagonizó films de mito y leyenda como Kramer vs. Kramer, y El francotirador, y Manhattan… ahora, la he visto en el film más débil y patético de su vida.

Con otra leyenda caduca como el aussie Rick Springfield, Meryl, haciéndola de una rockera (bien jodida) que además es cajera de una tienda bien american, vuelve a su primer matrimonio a salvar a sus hijos tocando rock… ¡La peor pendejada de la historia del cine!

No pierdan el tiempo en mirarla, no vale la pena.

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Nos vemos pronto.

Yo, Sin « Solidarité » para la Francia

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Entré a Amazon para ver qué ofertas tenía en este Buen fin (según recomendación de un podcast de tecnología) y, lo primero que vi, fue una imagen de la bandera franchute con la palabra “Solidarité”. De inmediato sospeché que mientras dormía algo había pasado.

Luego, como costumbre decadente y, ¿por qué negarlo? vergonzosa, entré a mi Facebook y vi la foto de perfil de un conocido (un tipo que nunca podrá decir la capital de más de tres países –y vecinos al suyo- con les trois couleurs; una nueva estrategia facebookera en apoyo a la Francia.

Entonces, en mi tercer hit de internet, visité mi diario más cercano y allí estaban las noticias del atentado terrorista en París.

Todo el mundo hablando de “solidaridad”… pero, me pregunto, ¿la solidaridad es poner los tres colores en mi foto de perfil? ¿O cantar La Marsellesa?

Yo no puedo hablar de Solidarité, ya que, ciertamente, me considero un egoïste. Soy crítico, distante, cínico y leído; todos los atributos de un intelectual típico en una época donde esta especie está en extinción. Y, como siempre, comencé a cuestionarme, ¿Francia alguna vez mostró solidaridad con las víctimas de las barbaridades islámicas? Francia, la nación de la cultura, de la enciclopedia, del arte por encima del bien comercial, ¿había hecho algo para evitar el exterminio del patrimonio universal de los pueblos atacados por el Estado Islámico?

Francia, esa Francia discriminadora y soberbia, ¿se fijó en esas calamidades generadas por individuos enfermos (de los cuales este país alberga a miles)?

Hoy (allá fue ayer) y mañana (allá es hoy), la Louvre y la Tour están cerrados, ¡qué pena! Y al menos pour les touristes que visitan ahora la nación más turística del mundo (y que pronto dejará de serlo) puedo sentir algo de empatía, pero no por la Francia, ese paisejo que apoyado por Alemania ha llevado a muchas naciones de Europa a entrar en crisis socioeconómica por seguir una idea hegemónica que no tomó en cuenta las subjetividades únicas de esas naciones tan cercanos pero tan diferentes. Hoy, la Francia, ese país soberbio está de rodillas… y quizá se levante, pero eso es algo que en verdad ni me importa.

 

 

 

 

 

¿Quién le ha mostrado “solidarité” a Grecia, por dar un ejemplo?

tonteria¡Uy! ¡Qué solidaria!

Por la belleza de Wynona (veinte años después)

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Quizá los jóvenes de ahora no lleguen a entender cómo cambias las juventudes a través de la historia. Y ciertamente la historia camina cada día más deprisa.

Hace veinte años un melómano como yo viviendo en una ciudad de hace veinte años tenía dos opciones para “conseguir” música; comprarla (si es que en las todavía existentes cinco o seis discotiendas de la ciudad había los discos) o buscar a otro fan musical y que permitiera grabar las audiocintas.

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En esas condiciones, conocer a un discófilo que viniera de una gran ciudad, o que tuviera contactos, o mejor aún; que haya vivido un tiempo en los USA era lo máximo que le podía pasar a uno.

Yo veía algunos programas de televisión, en ellos se presentaban temas de discos exquisitos de cantantes impecables… pero, ¿de dónde o cómo iba yo a conseguir un disco dadas mis condiciones? Recuerdo mis viajes a Guadalajara o México y un disco importado costaba casi tres veces lo que uno nacional, ¡imposible!

Hace veinte años miraba un programa llamado Dominique (el nombre de una afamada conductora de FM en la ciudad de México) cuando presentó al músico Daniel Lanois (al que vagamente conocía por ser uno de los productores de U2) y un tema de su disco For the beauty of Wynona (1993)… y quedé fascinado por lo fino de su composición/intepretación, pero, nunca escuché ese disco… hasta hoy.

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Es que anoche me puse a recordar estos eventos y en la bahía pirata sueca comencé a encontrarme con tantos deseos, caprichos y recuerdos.

No tuve que ir a Guadalajara, ni pagar cuatros veces (ni nada, de hecho) y algunos discos de Dave Stewart, de Santana y del mismo Lanois ya forman parte de mi acervo personal para escuchar yo solo conmigo mismo.

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Los profetas perdidos y la pedofilia

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Hace algún par de semanas me encontré con una nota periodística, en la cual, un cantante de un grupo para mí totalmente desconocido salió ser un monstruo sexual abusador de niños. Su banda, según muy famosa en el mercado anglo: The Lostprophets.

Días después, me puse a ver la evolución de Ian Watkins y su juicio. Todo un enfermo. Y, al parecer, hay intenciones de “banear” todos los discos de la banda de rock galesa por lo que él representa.

Esta noche, de sábado, bajo los efectos del ron, en un pueblo agrícola donde no ocurre nada bueno (el crimen manda, como en todo mi país), escucho a The Lostprophets, ¡y estoy sorprendido!

¿Debo negarme a seguir disfrutando de esta música por la patología del cantante? ¿O debo ignorar una monstruosidad y alegar que la banda manda fuerte en el rock?

Vaya dilemas de ocio y alcohol. Buen motivo para postear desupués de meses de inactividad. Quiero parar este blog, pero con tantas entradas siguen visitándolo un número modesto de visitantes….

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¡Películas basadas en un hecho real!

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Es la moda. Desde hace años se usa ese cliché (o chicle) a manera de trampa morbosa.

Justo ahora, El Conjuro (Ohhhh my! ¿Cómo pudo gente enfrentar a un demonio?), Ladrones de la Fama… y cientos más que ha habido.

Bueno, hace 25 años, unos más o pocos menos, tuve la oportunidad de leer un reportaje de un fotógrafo canadiense (un tipo maduro, con cara de aburrido tipo maduro y cuerpo de un tipo maduro que nunca se preocupó demasiado por su look) fue a un país salvaje (según los gringos yankees) quizá para esa época; Laos. Allí el tipo maduro canadiense fotógrafo se enamora de una campesina “laosina” (siempre el etnosexo ha sido buen provocador), y en las fotos del reportaje la campesina de Laos se veía como una digna campesina de Laos, Vietnam o Camboya. El canadiense le promete volver, y con un equipo de buzo (bueno, dos; llevó uno para ella) se mete al río Mekong, ella acudió a la cita (nada tonta por una parte, pero al menos no tenía río-fobía) y, listo, llegan al país vecino y se van a vivir a Canadá felices y contentos.

Eso decía el reportaje, lo recuerdo bien.

Una vez en el cine vi anunciada la película llamada Regreso (o algo así) y era esta historia BASADA EN UN HECHO REAL llevada al cine.

El fotógrafo era un tipazo galansísimo y atlético (para los estándares de la época, digamos una Roca ahora, aunque de guapo no tenga nada este tipo) y la campesina pues, imagínense, la interpretó una mujer asiática de sangre negra que protagonizó Emmanuelle Negra (¡nada mal!).

Pues el canadiense no le caía bien al sádico militar que tenía sometida a la aldea/nación y retó al canadiense a unos rounds de full contact (que en los 80’s era el valetodo de ahora) y, como el canadiense en sus ratos peliculescos libres hacía pesas y tiraba patadas al costal pues le entró al ring y madreó al militar.

Pero lo mejor era el final, cuando va por ella al río y son perseguidos por lanchas con ametralladoras que van matando a todo lo que se les cruce y los cadáveres van cayendo al río donde los asustados buzos logran llegar a la frontera…

Y digo, la película está basada en una historia real, jajajajja.

Película: Love is forever ((1983) en USA o Comeback: A true story (Australia)

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Enajeados

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¿Por qué cada vez más y más gente anda así? No sólo en los transportes sino en la calle misma. No escuchan a nadie, ni a nada; sus sentidos de alerta están desconectados, están inmersos en un estado de letargo… se han vuelto ciudadanos inútiles, imposible pedirles ayuda, ni siquiera les puedes pasar tus monedas para pagar la combi. Si alguien pide la parada un segundo después ellos también la piden (como miserable eco) porque los demás no tienen espacio en su mente. Los que andan como zombis por la calle podrían ser atropellados, o asaltados… un sonámbulo por la noche es más ágil y consciente que ellos en el día.

¿Patologías de las tendencias de celulares? Mmmmm, para mí es gente que no quiere relacionarse más en carne y voz.

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Nadie lee ahora: Lo banal por encima de todo (Me gusta Facebook)

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Cuando vi esta imagen que me dedicó Omar (Lima, Perú) con el breve comentario de “pasa seguido, ¿no?” no pude menos que sentirme triste.

Hay toda una historia en esto. Una que comienza hace cinco años, cuando los blogs tuvieron su apogeo y eran herramientas útiles para intercambiar opiniones e ideas que quizá se volvieran asuntos de conocimiento. El Facebook era entonces la última red social creada y, no sabíamos entonces el alcance de su innovación, mientras que los equipos celulares comenzaban a incorporar reproducción de audio y cámaras y las apps no eran conocidas (ni sé si ya existían, aunque digo que sí).

Quiero decir que, hace cinco años, la gente que navegaba todavía LEÍA. (Porque la gente que nunca ha tenido libros en sus manos sigue y seguirá sin leer.)

Leer. Ese acto intelectual que implica pensar, buscar cierta calma, alejarse por ciertos ratos de las personas y de los asuntos que ellos y nosotros generamos. Leer, acto divino, alguien que lee es una persona que difícilmente se pudiera manipular, y quizá ser alguien de cualidades humanas dignas de admirar.

Ahora le gente que navega en la web parece que lee mucho menos. Apenas ciertas frases. Y a pesar que lee unas diez palabras máximo de inmediato se vuelca en pinchar “Me gusta”. Pasión del Facebook. Si bien que los mensajes de texto vienen a ser lo mismo finalmente.

Creí que volver a bloguear despertaría pasiones en mis viejos seguidores, conozco a algunos en persona y sé que ya no me leen. Bastante tienen con su trabajo y las vicisitudes de su vida, bastante oferta de red social y curiosidades en la web hay como para volver a leerme, yo que quizá ya dijo lo que tenía que decir. Pero acá sigo, de necio, analizando tendencias y reconociendo que tanto leer como escribir son habilidades intelectuales que deben mantenerse en forma, porque si no se usan se pierden.

Si no me leen más, no es que yo ya no sepa escribir. Quizá el brinco a la tercera fase (que maneja Raffaele Simone) está más que dado, e inclusive la cuarta fase ya está: la de apenas leer breves tonterías de diez palabras y decir: “me gusta.

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