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Situaciones para comprender y mejorar

Somos lo que hay: ¿A qué se le llama terror en el cine?

Pues ayer vi esta película del 2010. Yo ni sabía de ella. La conexión fue que El País (edición Latinoamérica) hizo un recuento de películas de terror para este Halloween… por una parte, ¡qué idiotez! Por otra, sirvió para conocer productos culturales que ignoraba.

Una historia de caníbales chilangos (defeños, de la ciudad de México)… allí me quedo. El canibalismo es un asunto que siempre me ha entusiasmado… por miedo o por tabú.

Hace dieciocho años, un otrora amigo me dijo que en este país habíamos sido tremendamente caníbales, y eso quedó en la memoria histórica en el gen mexicano… pero como ya no era posible serlo, esa pasión se desvió al cerdo, lo más parecido al hombre y, por eso, en la ciudad donde vivíamos (Zamora, Michoacán), los tacos de cerdo eran el platico predilecto.

Extraña idea, pero con una fuerte dosis de duda…

Bueno, la mejor película de caníbales que he visto ha sido Voraz (Ravenous, 1999, de Antonia Bird, coproducción de varios países y con actores asombrosos)… y una escena antropófaga que me dejó helado ocurrió en La nave de la muerte (Event Horizon, 1997, USA).

Así que me tomé hora y media en ver Somos lo que hay, caníbales mexicanos… y, pues, lejos de criticarla me cuestiono… ¿a qué se le llama terror en el cine?

La película me pareció una crítica sociológica tremenda, aunque bien ingenua. Asuntos que trata son de lo más común en mi país, aunque haya quienes se indignasen. Hay escenas de sangre, que no me conmovieron; este es un pinche país bien sangriento donde eso que sale no es nada, y cada día deviene menos. Pero sobre todo, el susto que tuve fue por reconocer que hay situaciones que pueden ser posibles en este rompecabezas dantesco que vive el país… ¿Algunos de los miles de desaparecidos son por causa de un canibalismo común callado por la inepta policía?

Película no sobresaliente, quizá mala a medias, o media apenas… o no sé, pero que era necesaria al fin de cuentas.

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Lord Audi (patologías mexicanas en la era de Peña Nieto)

En México, se le suele llamar “lord” a algún desgraciado (jueputa) que irrumpe en los medios (porque depende de las redes sociales y de los mass media) como protagonista de un hecho donde, este personaje; o abusa de una posición, o alardea de algo imaginario, o se exhibe imbécilmente… todo esto mientras viola los derechos de otros, o las leyes mexicanas (que poco valen).

Hace poco, un gran idiota fue nombrado Lord Audi. Lo de “lord” ya lo saben, lo de Audi, pues por traer un automóvil de lujo (pero comprado a una aseguradora porque un dueño original no pudo seguir pagándolo).

Este tipo (el gran estúpido, el prepotente absurdo), aparte de agredir a un ciclista que iba por la ciclovía, hizo cosas peores que agredir a un ciclista que iba en la ciclovía: Rebajar a un policía bancario (y pelearse con él) que fue el único que salió en defensa del ciclista, y exhibirse como “gran personaje” en una discusión donde tenía absolutamente todo por perder y, además de ponerse agresivo, pidió que “llamaran a su papá”…. ¡un auténtico macho! Casi casi Terminator cuando se enfrentaba a Connor (en la primera versión original).

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O sea que, aparte de ganarse el odio nacional por el efímero lapso de una semana, metió al pendejete y mal padre a su pelea etílica afectada por su instinto psicópata de superioridad… y todo esto, según, por ser “empresario”… esa clase social que conjuntamente con Peña Nieto y el PRI creen que deciden cómo saquear al país.

Cuando se peleó con el policía hizo poses que envidiarían Stallone y VanDamme mostrando esa careta de tipo rudo de los ochentas y noventas, pero sorpresivamente entonces, huyó como nena asustada de los dos miles… luego, pude leer su Face y ¡uta, madre! ¡No pude ver tipo más pendejo!

Bueno, Rafael Márquez Gasperín, mejor conocido como “rafagay no te tardes mariquín”, se ganó un espacio en mi blog, esto con la intención que no sea olvidado tan rápido como Lord Walmart (otro gran enfermo, casado con una psicópata de su calaña, de la que ya no sabemos nada).

¿A dónde va Nicaragua?

No cesan las malas noticias en los diarios alusivas a este país centroamericano.

Nicaragua, una nación pobre y muy poco desarrollada, es –quizá- el país que más he visitado y creo conocer algunos aspectos de su idiosincrasia y economía.

Decir que nunca tuve un problema viajando por esta nación sería mentir. Tuve un susto con unos militares cuando salía de Bluefields ya que yo (acostumbrado a no necesitarlo) viajaba sin mi pasaporte sino con mis documentos mexicanos, y, como en esa zona del Caribe el tráfico de cocaína es sumamente fuerte… y todos los extranjeros rubios que andan por allá van buscando ese asunto (jaja, sería exagerar) me abrieron mi maletita encontrando solamente equipo fotográfico… y la libré. En otra ocasión en Granada, sentí que dos tipos (con un outfit de drogadictos) intentaron arrancarme la cámara cuando pasaron en su motocicleta, y hasta ese día comprendí que esa bella ciudad se había convertido en un paraíso de drogas y de prostitución entre locales y turistas.

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Pero lo que más recuerdo de Nicaragua, han sido dos características tan peliculares: Primeramente, su fijación/obsesión/paranoia hacia Costa Rica, un país que según los nicas, está al pendiente de absolutamente todo lo que hacen: Un vecino que les quita todo lo mejor para ponerle el Made in Costa Rica (hasta dicen que los únicos atletas ticos que han hecho ruido eran nicas nacionalizados). Y en segundo lugar, ese gran sueño de tener un gran canal seco que compita y supere al panameño… al parecer, un viejo sueño nacional.

Del affaire Costa Rica ni qué hablar, pero del canal ya se cocinan otras problemáticas.

Resulta que, al parecer, sí se les va cumplir el dichoso sueño, y que no solo llevará a tener el mejor canal del mundo, sino además aeropuertos, puertos marítimos y lacustres así como sofisticadas zonas turísticas a lo largo del recorrido del canal por este país. Solo que dicho recorrido atraviesa sus dos lagos más emblemáticos y otros territorios que serían expropiados a precios ridículos (de por sí allá, todo es tan barato), y, el gran problema de cómo van a procesar los millones de metros cúbicos de tierra y lodo (y materia orgánica del fondo de los lagos) que serán movidos es un asunto que pareciera que “por decreto de gobierno” poco se habla.

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Daniel Ortega comprometió con un consorcio chino a Nicaragua por más de cien años. Tomando decisiones él solo y sin escuchar a nadie más, ni a su pueblo (quizá solo a los viejos sueños rancios de los viejos quienes se creyeron esa idea).

Ahora, cada día sé menos de Nicaragua, porque perdí amistades allá y porque cada vez que leo algo relacionado se habla únicamente de las arbitrariedades e injusticias que allá están ocurriendo… y en todas, Daniel Ortega toma un papel tiránico preponderante.

Porque si este tipo no se mantiene en el poder, todo el sueño transoceánico se le derrumbaría, y todos los millones en juego que darían los supuestos beneficio para el magnate chino y para él se desharían… y no queda más que comparar con “las grandes reformas de México”, cuyos únicos beneficiados han sido y serán la pandilla de los políticos corruptos encabezados por Peña Nieto.

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La Purga 3 o el México de Peña Nieto

Con un muy posible efímero retorno, regreso a mi blog por razones inspiradas en algunos eventos. Comienzo con el primero:

Acabo de ver la última entrega de una película que tuvo suerte de volverse trilogía: La Purga (o también conocida como La noche de las bestias o La noche de la expiación). La primera entrega, desde que la vi me causó muy grata sorpresa (y no solamente por la bella Lena Headey actuando como protagonista), sino porque esa salvaje premisa de que en una sociedad distópica una vez por año durante doce horas todo tipo de crimen se vuelve permitido. Porque, precisamente cuando la vi, en el mismo lugar donde ahora vivo, me cuestioné si esa situación fuese realidad, ¿qué (me) pasaría?

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Mi primera impresión fue que realmente nada, porque no convenía provocar eventos generadores de (más) rencores sociales y personales… pero, como en la película original ocurre, ¿qué tanta envidia o resentimiento manejamos real, sana o psicóticamente en nuestras vidas?

La verdad, estoy seguro que hay gente que me odia. Y, la verdad, no soy un alma inocente dispuesta a ser sacrificada así nomás, sin mostrar mis recursos de ataque y defensa… así que, si el permiso de las doce horas existiera, yo y varias personas de este barrio hubiéramos terminado nuestra existencia entre el jugo de nuestro propio cariño mutuo y bien correspondido. Cómico, ¿no?

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Si darme cuenta hace un día, La Purga 3 (Año de elecciones) se me apareció en internet. Fue una grandísima sorpresa ya que su fecha de estreno en México no es aun. La bajé de inmediato, HD, en inglés y con subtítulos en mandarín (esto último es lo único que no puedo asegurar)… y la vi.

La mejor de las tres, sin duda, en mi opinión. La más violenta, sin la menor duda. Y la que me hizo compararla con México de manera intencional (de parte del director) y personal. Ojo: el resto de mi texto contiene spoilers.
He aquí mis reflexiones:

1.- “El mexicano” de la película (que efectivamente tiene toda la cara y fisonomía chichimeca aunque sea nacido en L.A. Ca) dice (¿o creí escuchar? Pero, la verdad, mi inglés es muy bueno) que en Juárez, la purga ocurre todos los días.

Es decir, que en México hay realidades donde no son únicamente doce horas por año donde cualquier crimen es permisible, legal, o no perseguido por las autoridades (que al parecer no existen en este país), sino siete por veinticuatro por 365. Asombroso, pero así es.

Juárez es el ejemplo más cliché, pero al parecer Torreón ha sido tierra de nadie desde hace unos diez años, Hermosillo, Culiacán, todo el estado de Guerrero, la tierra caliente de Michoacán, Ecatepec (Edomex), zonas de Oaxaca, colonias de la CdMx como Iztapalapa, Neza (Edomex), Tamaulipas… en fin, México tiene territorios cedidos al crimen organizado, donde el Estado no se mete porque, al parecer, negoció no meterse a cambio de la continuidad del gobierno priista… ejemplos, sobran.

2.- Las tipas negras que en un minisúper intentan hacer sus caprichos me parecen acertadas analogías de la epidemia de sociópatas que, como consecuencia de una nación que no tiene ni rumbo ni es capaz de ofrecer esperanza a su población, inundan al país.

Para ejemplos de esto hay que buscar en youtube a: Lord Ferrari, Lord Walmart, Lord Cachiporra, Lord Rolls Royce, Lady Profeco (muy cercana a EPN, por cierto) y varios más (de hecho, un chingo)… pero el más émico de todos un tipo llamado Miguel Sacal Smeke (cuyo apellido, obviamente, ni mexicano es).

3.- A lo largo de la purga, o noche de la expiación, el director ofrece una serie de imágenes pertubadoras de cómo las personas son capaces de agredir a sus prójimos. Cuando vi una escena donde sobre el capó de un auto van tres civiles amarrados, amordazados y sufrientes me vinieron en mente las exhibiciones cada vez más ritualizadas que el narco-crimen ofrece en México, ante la total indiferencia de las autoridades (¿o miento, Chinito Chong?).

4.- El personaje que justifica la historia nueva es una senadora que propone cambiar un régimen (decidido quién sabe por quién, no recuerdo ese dato) y que es, digamos, considerada una “populista” y, por lo tanto, todo el aparato de poder hará lo posible por frenarla. ¿Alguna coincidencia con lo que pasa en este país? Porque los que tienen el poder solo piensan en su continuidad (de negocios, de privilegios, de fuero constitucional).

5.- El mero villano de la película (al que le hallé mucha semejanza con EPN ofrece un discurso que hallé muy similar a los priistas que intentan mantenerse en el gobierno (para enriquecerse más que los de Emiratos Árabes y dejar al resto de la población igual o peor que la de Haití).

En fin, La Purga 3 me convenció… de que fue inspirada en la realidad mexicana, y por lo tanto, su mérito consiste en saber utilizar imágenes tan perturbadoras como estéticas, y no tanto la trama, que, insisto, para los mexicanos, es vil cotidianidad.

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México y su gobierno: La construcción de paranoias

Un martes, en la capital del estado comienzan los mítines y bloqueos de carreteras por parte de grupos descontentos con las políticas del gobierno. Me doy cuenta porque vía whatsapp (WA) me lo comunican. Reviso los diarios, apenas se dice algo.

Ese mismo martes, en la región sur del estado comienzan bloqueos con quema de vehículos y varios enfrentamientos a tiros; muertos incluidos.

El miércoles, un grupo de individuos aterran la segunda ciudad más importante del estado. Queman algunas tiendas, tiran bala en las avenidas y la paranoia es total. Vía WA algunas personas comunican esto a sus conocidos en ciudades próximas. (Por la noche, antes de apagar mi cel, recibo un mensaje intimidatorio que se está corriendo en las redes sociales.)

Yo vivo en una ciudad próxima. Me llegan las noticias el jueves (es decir, las leo vía WA) y personas allegadas a mí me preguntan que qué sé. Mi respuesta desanima. Poco. Casi nada. En eso, comienzan a entrar llamadas a mis colegas de trabajo de parte de sus familiares: grupos armados se enfrentan y hay persecuciones en una ciudad muy próxima a donde estamos. Comienza el miedo en nuestra zona.

Ya con el mensaje WA en miles de celulares, a los noticieros no les queda más que dar un poco de información. Los desmanes se multiplicaron en varias ciudades bajo el mismo patrón: quema de vehículos (“oficiales y de empresas”), tiroteos y, (dicen que pocos) muertos.

Entonces, por la noche comienzan a circular imágenes vía WA de un decapitado muerto en un tiroteo. Yo pregunto: “¿Quién me dice que ese desafortunado era criminal y estuvo precisamente en los hechos mal habidos?”

Peor aún, siendo fotógrafo al mirar esta con curiosidad entrenada descubro una pequeña marca en ella. La foto tiene un autor que quiere ser reconocido. ¿Quién? ¿El Gobierno?

El mensaje recibido vía WA días antes dice que no salgamos después de las once, que viene una carnicería, que todos serán torturados y asesinados, que el apocalipsis llegó.

Hay gente que se lo cree y ahora teme.

Hay gente que toma postura soberbia y dice que dará enfrentamiento, pero no dicen cómo.

Pero, ciertamente, las calles se ven demasiados solas por la noche. Por el momento.

Los noticieros seguirán sin decir mucho.

Así es México ahora… en caso que no lo sepan.

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Un pueblo herido (y las autoridades mexicanas son cómplices)

Cuando ellos llegaron de ese estado del norte, nunca pensamos que serían malas personas. Los dejamos instalarse, vivir aquí, formar parte de nuestra comunidad.Con el tiempo, comenzaron a hacer cosas extrañas, hasta que este pueblo se convirtió en un infierno.
Un habitante

Pueblo X. Sin historia formalizada, ni tradiciones auténticas… como muchos pueblos de la región y de país. Con una sola característica a mencionar; sus “gloriosas” fiestas de inicio de año (como muchos otros pueblos las celebran).

Quince días de fiesta, de borracheras y de despilfarros. La razón de vivir de la comunidad se da solamente por dos semanas al año. Todos quieren escuchar a los grupos de música, encontrar nuevo romance, sentirse grandes a pesar de lo minúsculo e insignificante de su existencia.

Cabecera municipal, las comunidades aledañas también acuden por las noches porque quieren formar parte de las festividades.
Una noche, un grupo de jóvenes de otro pueblo, cercano pero tan distante (en ese poblado el poder fáctico es un grupo criminal rival al poder fáctico local).

La policía (¡Sí!, la policía municipal, la autoridad que forma parte del aparato estatal, de Gobierno, del país, de la nación, de la ciudadanía) arresta a los seis jóvenes bajo el cargo de “escándalo en vía pública” (pero, como dije antes; en esos días todo mundo quiere andar borracho y sacar su ignorancia). Los sube a su camioneta que ostenta el escudo de la policía, del municipio, de la nación… y se dirige a un lugar cercano.

Allá, los esperan los auténticos jefes; los criminales que gobiernan al Gobierno, los delincuentes que deciden el destino del país; la vida y la muerte. Reciben a los seis detenidos… y los matan (detalles desconozco, pero como es lo “normal”, seguro una larga sesión de tortura, desmembramientos filmados, alardes de psicópatas por parte de esas bestias). La policía regresa orgullosa al pueblo que sigue ebrio de necedad.

Una semana después, una de las leyes de Newton se cumple; la reacción es idéntica. Otros seis individuos mueren en circunstancias igual de macabras. Ahora, los otros fueron los que vinieron a cobrárselas.

Un desperdicio monstruoso de vidas inocentes. El encargado de la policía delincuencial fue removido a otro cargo: más discreto, en otra parte. Ningún cargo en su contra. Como todo funcionario de Gobierno: es inocente aunque se le demuestre lo contrario.
El pueblo que solo vive en enero ha quedado catatónico, quizá por el resto del año, hasta la nueva fiesta.

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Mientras tanto, el Presidente del país estrenando avión, viajando al Medio Oriente y anunciando impresionantes logros (en su beneficio personal).

En el país de las desapariciones

Otros países tuvieron pesadillas de décadas generadas por gobiernos militares, otros por sus luchas paramilitares debido a la intervención de intereses extranjeros; pero creo, que en esas naciones y de alguna manera como consecuencia de esos terribles momentos, una vez terminados los periodos de terror la forma de pensar cambió, para bien.

En México, ahora… y desde hace ocho años se vive una realidad tan singular; desaparecen (y mueren) una considerable cantidad de personas día con día. Y de esto poco se informa (¡orden presidencial).

No, no estamos en guerra. Ni hay intereses de intervención. Lo cotidiano aquí es consecuencia de los gobiernos corruptos (partidos políticos, como el PAN y, sobre todo; el PRI) que empoderaron al crimen organizado. Con él “se arreglaron” para entregar territorios, para que devinieran la autoridad fáctica de dichas regiones a cambio de desconocidas ganancias económicas.

Cada día platicando con amigos de otras regiones el tema es igual; asesinados, levantados, desaparecidos. Peor aún; es tan intenso que ya vivimos dentro de esa dinámica, ya no es una historia escuchada, un “a mí me contaron”. El servicio forense está lleno de cuerpos que nadie reclama. Ayer mataron a un ciudadano X: padre de familia, obrero de tiempo completo, se le veía a diario con su familia… asesinado con saña. Antier encontraron a una joven mujer, desaparecida hace ocho meses; asesinada. Mañana veremos quién sigue. ¿Hay patrones en los crímenes o perfiles en las víctimas? Nadie sabe.

En la esquina de mi barrio hay dos jovencillos sentados en la sombra, con una moto al lado. Tienen tres días allí. Parecen convivir, platicar, y varios tipos del barrio pasan y los saludan. Cualquiera que tenga ojos y sepa ver entiende qué pasa. Ver y callar, y –dicen- no pasará nada. Pero nada pasa hasta que pasa.

¡Gracias presidentes corruptos de México!

De Rubén Blades, un tema relacionado, por una banda enorme….

Yo, Sin « Solidarité » para la Francia

Entré a Amazon para ver qué ofertas tenía en este Buen fin (según recomendación de un podcast de tecnología) y, lo primero que vi, fue una imagen de la bandera franchute con la palabra “Solidarité”. De inmediato sospeché que mientras dormía algo había pasado.

Luego, como costumbre decadente y, ¿por qué negarlo? vergonzosa, entré a mi Facebook y vi la foto de perfil de un conocido (un tipo que nunca podrá decir la capital de más de tres países –y vecinos al suyo- con les trois couleurs; una nueva estrategia facebookera en apoyo a la Francia.

Entonces, en mi tercer hit de internet, visité mi diario más cercano y allí estaban las noticias del atentado terrorista en París.

Todo el mundo hablando de “solidaridad”… pero, me pregunto, ¿la solidaridad es poner los tres colores en mi foto de perfil? ¿O cantar La Marsellesa?

Yo no puedo hablar de Solidarité, ya que, ciertamente, me considero un egoïste. Soy crítico, distante, cínico y leído; todos los atributos de un intelectual típico en una época donde esta especie está en extinción. Y, como siempre, comencé a cuestionarme, ¿Francia alguna vez mostró solidaridad con las víctimas de las barbaridades islámicas? Francia, la nación de la cultura, de la enciclopedia, del arte por encima del bien comercial, ¿había hecho algo para evitar el exterminio del patrimonio universal de los pueblos atacados por el Estado Islámico?

Francia, esa Francia discriminadora y soberbia, ¿se fijó en esas calamidades generadas por individuos enfermos (de los cuales este país alberga a miles)?

Hoy (allá fue ayer) y mañana (allá es hoy), la Louvre y la Tour están cerrados, ¡qué pena! Y al menos pour les touristes que visitan ahora la nación más turística del mundo (y que pronto dejará de serlo) puedo sentir algo de empatía, pero no por la Francia, ese paisejo que apoyado por Alemania ha llevado a muchas naciones de Europa a entrar en crisis socioeconómica por seguir una idea hegemónica que no tomó en cuenta las subjetividades únicas de esas naciones tan cercanos pero tan diferentes. Hoy, la Francia, ese país soberbio está de rodillas… y quizá se levante, pero eso es algo que en verdad ni me importa.

 

 

 

 

 

¿Quién le ha mostrado “solidarité” a Grecia, por dar un ejemplo?

tonteria¡Uy! ¡Qué solidaria!

México, sometido a Televisa (La dictadura perfecta)

Si bien, la última película de Luis Estrada (El infierno, Un mundo maravilloso, La ley de Herodes) titulada La dictadura perfecta (esa genial frase que le dedicó el ahora Nobel Vargas Llosa al México regido por décadas por el partido político PRI) no la quise ver en cine hace unos dos meses que fue estreno, fue por comentarios de un maestrista de Antropología social que me insistía que esta cinta, curiosamente, estaba “prohibida y censurada”… que no se podía encontrar en ningún puesto pirata en todo el país y, para hacer más intenso el comentario; solo había una versión digital (grabada en una sala de cine) descargable.

Y, en lo que pude corroborar; no había una versión comprable en mi ciudad de residencia y descargué dos veces la misma versión pero en diferente formato. Entonces, me puse a mirarla.

¡Qué mejor comienzo que ver las rayas de estática de una pantalla de televisión con la siguiente leyenda!

“En esta historia, todos los nombres son ficticios. Los hechos, sospechosamente verdaderos. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia” y ¡zaz! ¡Comienza el pantagruélico menú! (Advertencia, a partir de aquí mencionaré contenido de la película –spoilers-.)

Un presidente igualito a Peña Nieto diciendo una sarta de idioteces (igualito a Peña Nieto).

Una televisora cuidando los comentarios y manipulando noticias para que los accidentes de inteligencia del presidente no sean considerados tan importantes.

Un conductor de noticias del programa más visto del país que sigue las instrucciones directas de un maquiavélico jefe que analiza porque entiende la manera como piensa su público (es decir, casi la mayoría de la población).

Un gobernador que resulta “expuesto” en uno de sus cientos actos de corrupción para con esto suavizar la serie de idioteces presidenciales y, que, al sentirse agraviado, llega a un acuerdo con la misma televisora para que “su imagen sea limpiada”.

Un ejecutivo de televisión que señala la imagen del presidente y dice: “si a este pendejo (“estúpido”; aclaración cultural ya que este blog no está en México) lo llevamos a la presidencia a ti te posicionamos nuevamente”.

El gobernador ahora “coucheado” por los cínicos y calculadores “genios de la comunicación” sigue con sus borracheras, sus fiestas con vedettes, gastando dinero… y mirando telenovelas… porque… resulta… que se quiere acostar… ¡con una actricilla de la televisora!

Durante las dos horas que dura la película en ningún momento me sentí alegre o relajado, sino angustiado y preocupado; el retrato que hace –nuevamente- Luis Estrada de este país es simplemente apocalíptico y, después de haber mirado esta historia un montón de noticias y hechos actuales que hablan de crímenes masivos, desfalcos económicos me parecen hilados, arreglados y dirigidos por Televisa… y me pregunto, ¿hacia dónde –que no sea el desbarrancadero- va mi país con Televisa, Peña Nieto y el PRI?

Y lo más innegables es que millones de mexicanos día con día pierden horas de sus vidas mirando la programación imbecilizante que emiten las televisoras (que también tienen sus propios bancos, sus fundaciones, sus editoriales, sus escuelas formadoras y todo lo que se necesita para estar por todas partes y en todas las mentes nacionales).

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