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Lord Audi (patologías mexicanas en la era de Peña Nieto)

En México, se le suele llamar “lord” a algún desgraciado (jueputa) que irrumpe en los medios (porque depende de las redes sociales y de los mass media) como protagonista de un hecho donde, este personaje; o abusa de una posición, o alardea de algo imaginario, o se exhibe imbécilmente… todo esto mientras viola los derechos de otros, o las leyes mexicanas (que poco valen).

Hace poco, un gran idiota fue nombrado Lord Audi. Lo de “lord” ya lo saben, lo de Audi, pues por traer un automóvil de lujo (pero comprado a una aseguradora porque un dueño original no pudo seguir pagándolo).

Este tipo (el gran estúpido, el prepotente absurdo), aparte de agredir a un ciclista que iba por la ciclovía, hizo cosas peores que agredir a un ciclista que iba en la ciclovía: Rebajar a un policía bancario (y pelearse con él) que fue el único que salió en defensa del ciclista, y exhibirse como “gran personaje” en una discusión donde tenía absolutamente todo por perder y, además de ponerse agresivo, pidió que “llamaran a su papá”…. ¡un auténtico macho! Casi casi Terminator cuando se enfrentaba a Connor (en la primera versión original).

lordaudi

O sea que, aparte de ganarse el odio nacional por el efímero lapso de una semana, metió al pendejete y mal padre a su pelea etílica afectada por su instinto psicópata de superioridad… y todo esto, según, por ser “empresario”… esa clase social que conjuntamente con Peña Nieto y el PRI creen que deciden cómo saquear al país.

Cuando se peleó con el policía hizo poses que envidiarían Stallone y VanDamme mostrando esa careta de tipo rudo de los ochentas y noventas, pero sorpresivamente entonces, huyó como nena asustada de los dos miles… luego, pude leer su Face y ¡uta, madre! ¡No pude ver tipo más pendejo!

Bueno, Rafael Márquez Gasperín, mejor conocido como “rafagay no te tardes mariquín”, se ganó un espacio en mi blog, esto con la intención que no sea olvidado tan rápido como Lord Walmart (otro gran enfermo, casado con una psicópata de su calaña, de la que ya no sabemos nada).

La Purga 3 o el México de Peña Nieto

Con un muy posible efímero retorno, regreso a mi blog por razones inspiradas en algunos eventos. Comienzo con el primero:

Acabo de ver la última entrega de una película que tuvo suerte de volverse trilogía: La Purga (o también conocida como La noche de las bestias o La noche de la expiación). La primera entrega, desde que la vi me causó muy grata sorpresa (y no solamente por la bella Lena Headey actuando como protagonista), sino porque esa salvaje premisa de que en una sociedad distópica una vez por año durante doce horas todo tipo de crimen se vuelve permitido. Porque, precisamente cuando la vi, en el mismo lugar donde ahora vivo, me cuestioné si esa situación fuese realidad, ¿qué (me) pasaría?

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Mi primera impresión fue que realmente nada, porque no convenía provocar eventos generadores de (más) rencores sociales y personales… pero, como en la película original ocurre, ¿qué tanta envidia o resentimiento manejamos real, sana o psicóticamente en nuestras vidas?

La verdad, estoy seguro que hay gente que me odia. Y, la verdad, no soy un alma inocente dispuesta a ser sacrificada así nomás, sin mostrar mis recursos de ataque y defensa… así que, si el permiso de las doce horas existiera, yo y varias personas de este barrio hubiéramos terminado nuestra existencia entre el jugo de nuestro propio cariño mutuo y bien correspondido. Cómico, ¿no?

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Si darme cuenta hace un día, La Purga 3 (Año de elecciones) se me apareció en internet. Fue una grandísima sorpresa ya que su fecha de estreno en México no es aun. La bajé de inmediato, HD, en inglés y con subtítulos en mandarín (esto último es lo único que no puedo asegurar)… y la vi.

La mejor de las tres, sin duda, en mi opinión. La más violenta, sin la menor duda. Y la que me hizo compararla con México de manera intencional (de parte del director) y personal. Ojo: el resto de mi texto contiene spoilers.
He aquí mis reflexiones:

1.- “El mexicano” de la película (que efectivamente tiene toda la cara y fisonomía chichimeca aunque sea nacido en L.A. Ca) dice (¿o creí escuchar? Pero, la verdad, mi inglés es muy bueno) que en Juárez, la purga ocurre todos los días.

Es decir, que en México hay realidades donde no son únicamente doce horas por año donde cualquier crimen es permisible, legal, o no perseguido por las autoridades (que al parecer no existen en este país), sino siete por veinticuatro por 365. Asombroso, pero así es.

Juárez es el ejemplo más cliché, pero al parecer Torreón ha sido tierra de nadie desde hace unos diez años, Hermosillo, Culiacán, todo el estado de Guerrero, la tierra caliente de Michoacán, Ecatepec (Edomex), zonas de Oaxaca, colonias de la CdMx como Iztapalapa, Neza (Edomex), Tamaulipas… en fin, México tiene territorios cedidos al crimen organizado, donde el Estado no se mete porque, al parecer, negoció no meterse a cambio de la continuidad del gobierno priista… ejemplos, sobran.

2.- Las tipas negras que en un minisúper intentan hacer sus caprichos me parecen acertadas analogías de la epidemia de sociópatas que, como consecuencia de una nación que no tiene ni rumbo ni es capaz de ofrecer esperanza a su población, inundan al país.

Para ejemplos de esto hay que buscar en youtube a: Lord Ferrari, Lord Walmart, Lord Cachiporra, Lord Rolls Royce, Lady Profeco (muy cercana a EPN, por cierto) y varios más (de hecho, un chingo)… pero el más émico de todos un tipo llamado Miguel Sacal Smeke (cuyo apellido, obviamente, ni mexicano es).

3.- A lo largo de la purga, o noche de la expiación, el director ofrece una serie de imágenes pertubadoras de cómo las personas son capaces de agredir a sus prójimos. Cuando vi una escena donde sobre el capó de un auto van tres civiles amarrados, amordazados y sufrientes me vinieron en mente las exhibiciones cada vez más ritualizadas que el narco-crimen ofrece en México, ante la total indiferencia de las autoridades (¿o miento, Chinito Chong?).

4.- El personaje que justifica la historia nueva es una senadora que propone cambiar un régimen (decidido quién sabe por quién, no recuerdo ese dato) y que es, digamos, considerada una “populista” y, por lo tanto, todo el aparato de poder hará lo posible por frenarla. ¿Alguna coincidencia con lo que pasa en este país? Porque los que tienen el poder solo piensan en su continuidad (de negocios, de privilegios, de fuero constitucional).

5.- El mero villano de la película (al que le hallé mucha semejanza con EPN ofrece un discurso que hallé muy similar a los priistas que intentan mantenerse en el gobierno (para enriquecerse más que los de Emiratos Árabes y dejar al resto de la población igual o peor que la de Haití).

En fin, La Purga 3 me convenció… de que fue inspirada en la realidad mexicana, y por lo tanto, su mérito consiste en saber utilizar imágenes tan perturbadoras como estéticas, y no tanto la trama, que, insisto, para los mexicanos, es vil cotidianidad.

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México y su gobierno: La construcción de paranoias

Un martes, en la capital del estado comienzan los mítines y bloqueos de carreteras por parte de grupos descontentos con las políticas del gobierno. Me doy cuenta porque vía whatsapp (WA) me lo comunican. Reviso los diarios, apenas se dice algo.

Ese mismo martes, en la región sur del estado comienzan bloqueos con quema de vehículos y varios enfrentamientos a tiros; muertos incluidos.

El miércoles, un grupo de individuos aterran la segunda ciudad más importante del estado. Queman algunas tiendas, tiran bala en las avenidas y la paranoia es total. Vía WA algunas personas comunican esto a sus conocidos en ciudades próximas. (Por la noche, antes de apagar mi cel, recibo un mensaje intimidatorio que se está corriendo en las redes sociales.)

Yo vivo en una ciudad próxima. Me llegan las noticias el jueves (es decir, las leo vía WA) y personas allegadas a mí me preguntan que qué sé. Mi respuesta desanima. Poco. Casi nada. En eso, comienzan a entrar llamadas a mis colegas de trabajo de parte de sus familiares: grupos armados se enfrentan y hay persecuciones en una ciudad muy próxima a donde estamos. Comienza el miedo en nuestra zona.

Ya con el mensaje WA en miles de celulares, a los noticieros no les queda más que dar un poco de información. Los desmanes se multiplicaron en varias ciudades bajo el mismo patrón: quema de vehículos (“oficiales y de empresas”), tiroteos y, (dicen que pocos) muertos.

Entonces, por la noche comienzan a circular imágenes vía WA de un decapitado muerto en un tiroteo. Yo pregunto: “¿Quién me dice que ese desafortunado era criminal y estuvo precisamente en los hechos mal habidos?”

Peor aún, siendo fotógrafo al mirar esta con curiosidad entrenada descubro una pequeña marca en ella. La foto tiene un autor que quiere ser reconocido. ¿Quién? ¿El Gobierno?

El mensaje recibido vía WA días antes dice que no salgamos después de las once, que viene una carnicería, que todos serán torturados y asesinados, que el apocalipsis llegó.

Hay gente que se lo cree y ahora teme.

Hay gente que toma postura soberbia y dice que dará enfrentamiento, pero no dicen cómo.

Pero, ciertamente, las calles se ven demasiados solas por la noche. Por el momento.

Los noticieros seguirán sin decir mucho.

Así es México ahora… en caso que no lo sepan.

psycho

La epidemia callada (¿la visita del Papa?)

Esto comenzó hace más de dieciocho días. Toda la población dentro de un radio de sesenta kilómetros comenzó a enfermarse de las vías respiratorias (me refiero a la realidad que yo conozco). Yo fui uno de ellos.

Según, dispongo de un servicio médico gratuito, y como casi todo el mundo, ¡ni por accidente lo uso! Ya sabemos que su cuadro básico de medicamentos son antinflamatorios irritantes y antibióticos de poca monta. Fui, como suelo hacerlo, con un médico particular.

Infección viral y bacteriana al mismo tiempo; doble toma de medicamentos. De preferencia no ir a trabajar dos días. Lo malo del médico particular es que no te puede incapacitar… y aun así me las arreglé para no ir.

¡Todo el mundo enfermo! Yo falté dos días, luego, otros… y otros. La epidemia era evidente.

Un médico de uno de los institutos del Estado fue informado de la situación en una reunión “interna”: que era muy delicado el asunto y llevaba un elevado riesgo de convertirse en neumonías masivas. Los contagios iban en aumento geométrico, las farmacias vendiendo medicina a diestra y siniestra (con o sin recetas) y, la respuesta del Estado… ¡Nunca se dio de manera formal!

Jamás organismo alguno avisó a la población. No hubo visitas a escuelas o centros de trabajo. No hubo noticias locales, menos estatales.

Han pasado casi veinte días que esto comenzó. Las farmacias se armaron de la medicina adecuada para este caso extraordinario. Los más afortunados vamos –apenas- de salida de la enfermedad pero aun así se ven cientos de enfermos que no dejan de toser. Se sabe que cientos de escuelas tomaron la decisión de condicionar la entrada de alumnos solo con cubrebocas y regresar a los que se mostraban enfermos. En otros centros de trabajo hubo también incidencias…

Y el Gobierno SIN DECIR NADA.

cubrebocas

p.s. Ya hay quienes aseguran que todo comenzó con la visita del Papa, que hay una historia detrás de esto. Para mí, la única historia es el Silencio Oficial.

Un pueblo herido (y las autoridades mexicanas son cómplices)

Cuando ellos llegaron de ese estado del norte, nunca pensamos que serían malas personas. Los dejamos instalarse, vivir aquí, formar parte de nuestra comunidad.Con el tiempo, comenzaron a hacer cosas extrañas, hasta que este pueblo se convirtió en un infierno.
Un habitante

Pueblo X. Sin historia formalizada, ni tradiciones auténticas… como muchos pueblos de la región y de país. Con una sola característica a mencionar; sus “gloriosas” fiestas de inicio de año (como muchos otros pueblos las celebran).

Quince días de fiesta, de borracheras y de despilfarros. La razón de vivir de la comunidad se da solamente por dos semanas al año. Todos quieren escuchar a los grupos de música, encontrar nuevo romance, sentirse grandes a pesar de lo minúsculo e insignificante de su existencia.

Cabecera municipal, las comunidades aledañas también acuden por las noches porque quieren formar parte de las festividades.
Una noche, un grupo de jóvenes de otro pueblo, cercano pero tan distante (en ese poblado el poder fáctico es un grupo criminal rival al poder fáctico local).

La policía (¡Sí!, la policía municipal, la autoridad que forma parte del aparato estatal, de Gobierno, del país, de la nación, de la ciudadanía) arresta a los seis jóvenes bajo el cargo de “escándalo en vía pública” (pero, como dije antes; en esos días todo mundo quiere andar borracho y sacar su ignorancia). Los sube a su camioneta que ostenta el escudo de la policía, del municipio, de la nación… y se dirige a un lugar cercano.

Allá, los esperan los auténticos jefes; los criminales que gobiernan al Gobierno, los delincuentes que deciden el destino del país; la vida y la muerte. Reciben a los seis detenidos… y los matan (detalles desconozco, pero como es lo “normal”, seguro una larga sesión de tortura, desmembramientos filmados, alardes de psicópatas por parte de esas bestias). La policía regresa orgullosa al pueblo que sigue ebrio de necedad.

Una semana después, una de las leyes de Newton se cumple; la reacción es idéntica. Otros seis individuos mueren en circunstancias igual de macabras. Ahora, los otros fueron los que vinieron a cobrárselas.

Un desperdicio monstruoso de vidas inocentes. El encargado de la policía delincuencial fue removido a otro cargo: más discreto, en otra parte. Ningún cargo en su contra. Como todo funcionario de Gobierno: es inocente aunque se le demuestre lo contrario.
El pueblo que solo vive en enero ha quedado catatónico, quizá por el resto del año, hasta la nueva fiesta.

pueblo

Mientras tanto, el Presidente del país estrenando avión, viajando al Medio Oriente y anunciando impresionantes logros (en su beneficio personal).

No voy hablar de los crímenes masivos que ocurren por doquier este país y terminan siendo declarados oficialmente robos, venganzas pasionales y vicisitudes cotidianas (pero bien, curiosamente, las víctimas son en su mayoría periodistas, activistas sociales y líderes indígenas), sino me referiré a un hecho infinitivamente más banal: los aconteceres cotidianos de ir a beber a un bar familiar.

Siete treinta de la noche (¿tan temprano es la hora del vampiro?), unos señores cincuentones bien borrachos coronan su día laboral extenuante y mal pagado escuchando a Leo Dan (el más mexicano de los extranjeros) y al inigualable Camilo Sesto (hijo de la famosa Mama Sesta). En la barra, Pedro (un robusto treintañero que trabaja para una gasera) platica con Edgar (mesero en su día de descanso). Afuera, una mesa con cinco empleados de una empresa del agro socializan muy tranquilamente… a un lado de ellos: YO, cliente consuetudinario del bar más open del lugar donde vivo.

De pronto, llegan tres imponentes camionetas de la policía federal, de ellas se bajan diez trogloditas uniformados hasta los dientes y armados de poderosos rifles… y nos apañan.

  • ¡Revisión de rutina!- dice el jefe (el menos indio cuya sonrisa parece decir “chinguen a su madre todos”.
  • Yo vengo diario y NUNCA ha pasado esto- le respondo exagerando un poquitito porque no voy diario sino cada dos días, y en verdad, nunca ha pasado esto.
  • ¡Pues alguien no ha estado haciendo bien su trabajo!- exclama indignado mientras se mueve protagónicamente.

¿Pues cuál trabajo? ¿Hay un trabajo que consista en ir a molestar clientes en un bar familiar?

La orden es clara y no hay excepciones; todos fuera del bar mirando la pared y las manos arriba recargadas. Me levanto y tomo mi collarín ortopédico, el cual me he quitado para que la cerveza resbalara fluidamente por mi garganta, y aviso que por mi gravísimo problema de salud No puedo levantar las manos. Y se la creen los muy imbéciles. Pero me toca estar de pie, mirando el patético show.

La política de miedo: los policías nos criminalizan por el hecho de estar bebiendo, por el hecho que son necios sin criterios que devengan la tercera parte de lo que nosotros ganamos, por el hecho que los ricos están tragándose a todo el país y no se quiere gente que levante la voz en protesta… y de pronto, ¡su victoria!

 

Hacer bien su trabajo

Hacer bien su trabajo

A los señores beodos –los de más edad y retronostálgicos- se les encuentra una bolsita con mariguana, ¡dos dólares de mercancía! Ni su borrachera o sus canas les salvan de ser llevados a la patrulla por semejante y abominable crimen. Entonces, el cara de no indio se le deja ir a la dueña y la saca del radio de vigilancia de las cámaras que hay en el bar, y le dice:

  • Ya nos dijeron que tú vendes droga.
  • ¿Que yo qué?- responde asustadísima, sus hijos están jugando cerca del local.
  • ¿Cuánto nos vas a dar para no molestarte?- cuestiona con total descaro el jefe de esa tribu de criminales uniformados y legitimados por un gobierno que apesta por corrupción e ineptitud.

Afortunadamente, llega el dueño que no es un caramelo suave, y como no hallan nada más y todos los autos estacionados afuera del bar tienen su documentación en regla. Molestos y frustrados, ese grupo de hijos de puta –que en otra geografía serán personas de respeto y confianza cuyo trabajo consiste en ayudar a la población- se suben a sus imponentes vehículos y continúan por la noche buscando víctimas, porque ellos “sí hacen bien su trabajo”. A unas cuadras de allí, todas las “tienditas” del pueblo venden la droga controlada por las verdaderas autoridades, quienes si consideran que esos uniformados se atreven a tocarlos los desaparecen en menos de cinco minutos y, con alguito de suerte, sin dejar rastro.

Y el presidente del país, de vacaciones, porque se las merece…