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De todo un poco

JODER A MéXICO

Nunca, en mi más de medio siglo de vida, imaginé un escenario donde un presidente… sea capaz de burlarse tanto de la gente… o sea tan incapaz que todo lo que hace sea, precisamente, para burlarse de la gente.

Lo que está pasando nos va llevar a un momento que México no tuvo: Una dictadura, o un periodo de terrorismo, o una etapa de narcoviolencia extrema… que, quizá, nos haga madurar y hacernos pasar de ser un país consumidor de telenovelas, adorador de una mediocre selección de fut (posicionada, extrañamente, en un buen ranking mundial)… ¿coincidencias?

Nunca había odiado tanto a un presidente.

A veces creo que he caído en esas campañas de odio dirigidas por aquellos que no tuvieron los ENORMES BENEFICIOS que Peña Nieto ha otorgado a sus COMPADRES y círculo cercano de amigos. Pero día con día me pregunto, ¿realmente es tan estúpido o tiene una inteligencia superior –digamos, extraterrestre- para mover al país a un punto de destrucción social a cambio de beneficios para una microélite política?

Algunos países latinoamericanos alcanzaron un tipo de madurez enorme como consecuencia de vivir sometidos a regímenes monstruosos; Chile y su despunte económico, Argentina y su posición cultural (les guste mi comentario o no, yo he conocido esas realidades). Perú, (mi Perú –soy mexicano-, que cómo extraño) ahora es un país chic y de moda… y acá… ¡ufff! Me pregunto si esto que vivimos ahora: Un dólar megacaro, una inseguridad de terror, una corrupción inaudita, nos llevará a un momento como el que ahora viven otros países.

Peña Nieto, el PRI (y los demás partidos políticos), Televisa y el narco, al final de cuentas, vienen a ser lo mismo para este país.

¡Véase este artículo!

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México, Juan Gabriel y Gen Wilder… el tiempo no para

El 27 de junio de 2009 subí una entrada en este blog en referencia a la muerte de dos iconos de mi juventud pop; Michael y Farra. Hoy, siete años con un mes después, otros dos partieron a seguir su gloria, por disímbolos que para la gente parezcan.

Por cuestiones de edad, crecí con la música de Juanga (Juan Grabiel para la plebe). En mi ya distante niñez pasaba grandes partes del día escuchando la radio A.M. y así conocí toda canción que salió en su etapa de magia juvenil. De hecho, quizá tenía diez años cuando pasé unas vacaciones en la hoy masacrada Ciudad Juárez y, en aquel tiempo, la tonada de “Raid, denme un raid quiero llegar a Juárez yo voy a Juárez” rugía en los aparatos musicales.

Allá mismo en Juárez estaba el Noa Noa (“un lugar de ambiente donde todo es diferente” pero no recuerdo si por aquellos años “ambiente” ya significaba gay).

Bueno, sin entrar a más pormenores, Juanga murió… inesperadamente y mi sorpresa fue conocer su edad; me lo imaginaba algunos años más grande… puedo suponer que tuvo una vida muy demandante…

Murió en un momento que para el gobierno mexicano pareciera idóneo, justo a tiempo… antes del cuarto informe de gobierno de un presidente que no puede con el país, cuyas prácticas de favoritismo y de corrupción lo tienen con la popularidad más baja en los últimos montón de años que puedo recordar. Por lo tanto, Televisa (ahora llamada Te-idiotiza por algunos críticos) y demás canales de televisión que no informan, que solo manipulan tienen cuerda para recordarlo, homenajearlo, adorarlo post-mortem por una o dos semanas… justo en el momento que puedo leer noticias como la siguiente:

En este caso significa o se traduce para la económica mexicana una presión adicional sobre el tipo de cambio del peso con respecto al dólar, la alza de tasa de interés nacionalmente, y el subsecuente y recurrente aplomo económico, con su ineludible factura derivada de la incapacidad de generar los empleos suficientes, la pérdida de bienestar social.

Pero, ¿a quién le importa eso en México? Lo que viene ahora es hacer la playlist con las 100 mejores canciones de Juanga, mientras Peña Nieto ofrece su mentiroso informe a un grupo “selecto” (como sus amigos con los que intercambian favores de millones de dólares y se venden casas imposibles para todos los mexicanos).

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Por cuestiones también de edad, pude asistir a cientos de funciones en los majestuosos cines que hubo en mi ciudad natal. Mi pasión cinéfila comenzó a finales de los años setentas, en los ochentas ya era un adicto total.

En alguna de esas tardes conocí a un personaje muy gracioso que hacía mis delicias con sus películas: Gene Wilder. En la década de los ochentas pude ver algunas más de sus películas en los canales norteamericanos que entraban gratis al telecable mexicano.

Podría mencionar títulos con The frisco kid, o Willy Wonka, o la ochentera La mujer de rojo… pero hay tres títulos que se volvieron inolvidables y aun, casi cuarenta años después me vienen imágenes eventualmente. Me refiero a dos que hizo con el morenazo Richad Pryor: Locos de remate (1980) y El expreso de Chicago (1976)… esta última me dejó impresionado a morir (claro, yo tenía unos doce años) con esa mezcla de inteligente comedia y final de catástrofe. Y la otra, Joven Frankenstein (1974)… ¡encantadora (y en blanco y negro)!

Gene hizo más, también podría hacer otra playlist con sus diez o quince mejores…

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¡Diooos! Cuando Gene se pinta la cara con grasa de zapatos para disfrazarse de negro y no ser descubierto, ¡qué gracia!

Sobre homofobia, cine gay y la realidad mexicana (Película Caída libre, 2013, Alemania)

Es una anécdota curiosa. Leía uno de los diarios que sigo fielmente (independientemente de su posición política), cuando un columnista refiriéndose al conflicto magisterial y al asunto de la ejecuciones extrajudiciales en México (¡así estamos!) hizo referencia a “una bella película alemana que hablaba del entrenamiento de policías para enfrentar manifestaciones” llamada Caída Libre. Así lo recuerdo.

Siendo cinéfilo, y siendo además adicto a la red descargué la película en un santiamén y corroboré venía en su idioma original (Deutsche) y con el archivo de subtitles… ¡perfecto! Y, al día siguiente me hice el espacio para ver esta historia y para descubrir vínculos entre la realidades actuales (sabiendo de antemano que quizá ni uno encontrase)…

Policías entrenados en academia. En una academia con instalaciones de una universidad de élite. Policías atletas expertos en contención de masas enardecidas… ya con esto la primicia detecté “no vínculos”: los policías que veo en esta región, además de estar en un rango de edad considerablemente alto, y un sobrepeso aún más no pudieron haber terminado el nivel básico de educación que es la secundaria (y que en México es solamente de tres años).

En esta película, los policías alemanes tienen automóviles propios de modelos recientes y obviamente alemanes, viven en casas amplias con jardines o con diseños arquitectónicos cool… en México, los policías de bajo rango ganan el salario mínimo, y los de alto rango unos 700 dólares por mes, que realmente no sirven de mucho… y en serio, no creo que algunos de ellos tengan estudios y si hace años anunciaron la escolarización para “polis” esta debe ser una forma de lo más ligera y adecuada para personas sin muchos atributos cognitivos… ni físicos…. (Creo que hoy amanecí muy sarcástico.)

Pero, ¿por qué sería importante el asunto de la escolaridad? Yo, siendo profesor, estoy en un sistema donde solamente vale mi título de docente (los posgrados son caprichos personales que ni siquiera afectan en mi sueldo ni me permiten moverme dentro del sistema a otros cargos). ¿Por qué es importante que en México se vaya a la escuela si hasta el presidente (ese inepto llamado Enrique Peña Nieto) se plagió muy buena parte de su tesis y el titular de Educación dijo que “eso no era importante”.

Bueno, una vez comparado el asunto de policías me queda bien claro que en Alemania jamás harán ejecuciones extrajudiciales con los supuestos delincuentes… ¿o estarán matando musulmanes con intenciones terroristas?

Pues mirando esta “bella y maravillosa” película en cuestión de media hora salió la esencia; era una película gay…

No tengo nada contra este tipo de cine, pero no me gusta. Salvo Happy Together que cuando la vi me pegó muy duro (y también es muy dramática) y hasta me motivó monstruosamente para conocer las cataratas de Iguazú y la ciudad de Buenos Aires, las otras que pude ver me aburrieron o me deprimieron, esta no fue la excepción… pero el columnista del diario cuando se refirió a ella como “bella y maravillosa”, ¿no era porque tocaría el asunto de los policías en situaciones sociales críticas? No entiendo porque la sugirió en su publicación (y por más que la busco no la encuentro, diariamente leo varias cosas en diversas fuentes). Una traición del inconsciente de parte suya.

Los protagonistas de la película son dos hombres jóvenes, rubios ojiazules, atléticos y de cierto nivel socioeconómico, que además, se formaron en una seria academia de policías. Con esto, queda claro el sistema de símbolos que otorgan a estos personajes un respeto enorme (aunque en la historia parece que sean rechazados).

Nunca será igual ser gay en Alemania que serlo en Mozambique o Siria, nunca he visto una película donde los protagonistas gay sean inmigrantes, drogadictos, ladronzuelos, empleados de la alcaldía, choferes de taxi o de bus, comerciantes o albañiles… es decir, que tengan que tomar una combi para encontrarse con su pareja. El secreto de la montaña fue una película que evité ver a como diera lugar porque ver chicos Marlboro tan blancos como la nieve no me va.

No entiendo, por otra parte, porque estas películas son siempre dramáticas, así que mirarlas para ver cómo sufren los protagonistas me parece inadmisible (prefiero mirar el sufrimiento de un astronauta siendo atacado por aliens). Vi Transamerica y no supe qué decir (la dependencia del personaje futuro cambiante de sexo –por cierto, interpretado por una mujer- con su paternalista psicóloga y, que además, el guionista le haya dado al personaje un hijo… ¡gay!, uno termina diciendo, ¿por qué tanta saña?

Hace falta una película gay donde los protagonistas sean, por ejemplo, dos mulatos señores protectores de una favela y desde lo alto del morro se pongan a bailar sertanejo y todo se vaya a ritmo de música y caipirinha, ¡eso sí sería interesante! Pero, ¡nooo! Cuando veía La salvaje noche y vi que los protagonistas bisexuales se querían contagiar de VIH por el mero hecho que su pareja ya lo tenía tuve que detener la película…

El arte debe movernos, hacernos pensar, y entrar en crisis… de vez en cuando. No quiero aceptar el arte masoquista… y bueno, en la película alemana uno de los protagonistas termina siendo rechazado por la homofobia de sus compañeros del escuadrón policiaco… esto sí me dejó helado, ¿en verdad hay homofobia en un país del auténtico primer mundo como es Alemania? Si esto es verdad, menos esperanza albergo para la humanidad.

Porque en México, para actos homofóbicos está la mismísima iglesia. Esa institución que debiera hacer por las personas para darles esperanza, es la primera que se encarga de discriminar, rechazar y generar campañas de odio en contra… y peor aun cuando hay miles de imbéciles dispuestos a seguir su juego.

La iglesia mexicana se cree que tiene el poder de decidir los matrimonios, que, hasta donde entiendo es un asunto civil, y no religioso. Si la iglesia quiere cerrar sus puertas a las bodas gay, ¡que las cierre! Pero, ¿por qué los juzgados tienen que hacerlo, también? ¿Por qué en México, la iglesia tiene poder para enfrentar al mismo Estado?

Bueno, si el Estado está conformado con presidentes plagiadores, con policías sin estudios y muertos de hambre, con funcionarios que roban decenas de millones de dólares, si el crimen organizado tiene una injerencia enorme en las decisiones nacionales… es fácil entenderlo.

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Christopher Lambert: Un actor y héroe de acción

Según mi memoria, lo conocí interpretando a John Clayton Lord Greystoke Tarzan en 1984. Pero, la verdad poco recordaba de esa película que tuve la oportunidad de ver por segunda vez hace unos días (porque tenía la idea de compararla con la versión 2016) y, sinceramente, no pasé de la primera hora soporífera y lentísima donde un grupo de actores disfrazados de gorilas hacen una serie de monadas no aptas para gente de mi modo, de mi cultura o de mi edad.

Y hoy, justamente hoy, revisité Highlander: un auténtico churro (mala película) con toda la sazón ochentera que, justamente la vuelve una buena película. Actores de talla “¡uff!” (Connery, ya de salida), locaciones exóticas y centenarias (el Loch Ness es un escenario escogido), música de moda (Queen, cuando ya no era La Reina –si es que alguna vez reinó-), efectos especiales medios naïve pero que en la película se ven todavía vigentes, un chico malo realmente malo, y un chico bueno verdaderamente bueno…. Nada malo puede ser malo con esa fórmula.

Me llamó la atención que Monsieur Lambert no era (aunque siga vivo, me avocaré a una forma pasada) ni guapo, ni atlético, ni rudo, ni nada extraordinario… pero tenía “algo”: Estilo, gracia, simpatía, hablaba con varios acentos, mirada sexy… no sé. Y aun así… o gracias a ello… o a consecuencia, pues tuvo su pegue fuerte… quizá no tanto, pero fue estrella.

Highlander es un film de culto, sin duda, generó dos pésimas secuelas y una serie de televisión (que dicen muy buena). Además, Lambert apareció en una película francesa de un director que daría qué hablar inmediatamente después (Subway, de Luc Besson). Más tarde, le siguieron obras menores, o que al menos, a mi rancho no llegaron.

En los noventas se lució con tres películas que solamente hubieran funcionado en los noventas: La Fortaleza (un auténtico tratado foucaltiano del panopticón que entraba a nivel mental y onírico), Mean guns (Pistoleros malosos: una obra de culto de bajísimo presupuesto y efecto megatónicamente emocionante) y Mortal Kombat (¡ahhhhh! La más adorable copia del cine de “artes marciales”).

Lambert ha participado en más películas, obviamente. Pero, con estas me quedo, ¿cuántas estrellas del cine pueden jactarse de tener participaciones en películas (raras o no, serias o no) que llegan a formar parte de la mente colectiva de miles de seguidores, emuladores y consumidores potenciales de estas. Creo que demasiado pocos.

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Rottentomatoes o el Escuadrón Suicida

Me divierte retomar asuntos singulares, a veces tan banales. Por ejemplo, andaba cerca de un cine cuando fue el estreno del Escuadrón Suicida y, sin ser fan de ningún superhéroe en especial decidí darme un par de horas de ocio comercial.

La película, en mi parecer, tiene sus pros (pocos pero muy fuertes) y sus contras (muchos, y bastante fuertes también) pero, al fin y al cabo, me pareció suficiente para desquitar la entrada y el tiempo (su fotografía, su diseño, su música y el desarrollo de cuatro o cinco personajes).

En eso entra (o ya había entrado desde días antes) la opinión “sumamente especializada” del sitio de crítica de películas llamado Rotten Tomatoes (en alusión a un mito histórico de arrojarle jitomates a algún actor), en dicho sitio le daban a esta película una muy baja calificación… y un grupo de fans de DC Comics lanzó una iniciativa en el sitio de empoderamiento ciudadano CHANGE para hacer que el sitio de cine uyuyuy fuera menos maloso con la película.

¡Ufff!

El asunto para mí es, ¿alguien le cree a este sitio? O bien, ¿la opinión de este sitio es capaz de decidir la decisión de los norteamericanos de ir o no ir a ver cierta película? Stan Lee dijo que le gustó…

Además, hay otros sitios.

Pero bueno, ¿qué opino yo –ahora- de Rotten Tomatoes?

1.- El Principito se me hizo mala. La parte basada en la historia original tenía una animación hermosa, la parte agregada era realmente una historia muy estúpida. Y Rotten la elogia bastante.

2.- The Wailing. ¡Tremenda! Yo le doy 95… y Rotten 100, jeje.

3.- El Escuadrón Suicida… la manzana de la discordia… le doy 70.

FireShot Capture 3 - The Little Prince (_ - https___www.rottentomatoes.com_m_the_little_prince_2016_

FireShot Capture 5 - The Wailing (Goksung) (2016) - _ - https___www.rottentomatoes.com_m_the_wailing FireShot Capture 4 - Suicide Squad (2016) - R_ - https___www.rottentomatoes.com_m_suicide_squad_2016

Conclusión: No vale la pena hacerle tanto caso al sitio, pero de vez en cuando una visita no cae mal.

Las cenizas del cóndor (sobre cómo pude conocer a Fernando Butazzoni

Febrero del 2008. Vagaba yo por una de las principales avenidas de Montevideo cuando divisé una gran librería. En cada viaje que pude hacer, adquiría productos culturales como recuerdos que asegurasen más su perennidad conmigo.
Le pregunto al empleado: “Recomiéndame algo del Uruguay, algo de verdad bueno”. Vaya pregunta ingenua, lo sé, preguntarle eso a un empleado que vende algo es una oportunidad para ofrecer lo más vasto e infeliz que pueda haber. Pero en este caso el joven empleado me ofreció dos textos; Perfumes de Cartago (¡que no he leído y lo tengo bien guardado en alguna parte lejos de mí!), y El profeta imperfecto, de Fernando Butazzoni.
El empleado me dijo: “Esta novela, si bien no fue la que ganó el Premio Planeta, se imprimió como reconocimiento, ¡y es en verdad muy buena!”
Meses después, instalado nuevamente en México, pude leer a Butazzoni quedando maravillado con su historia tan alucinante como divertida. Y compartí el libro con otras personas más, que estuvieron de acuerdo conmigo de la magia de esa historia de un incógnito joven Noé en Montevideo.
Noviembre del 2015. Comienzo mi recorrido en la Feria Internacional del Libro en el stand de Perú, donde por cierto hay demasiados pocos libros y más bien están en exhibición (¡qué cojudez!), pero aun así, encuentro un título publicado por una universidad donde un ex amigo sigue siendo director académico. Para mi fortuna, sí está en venta y lo adquiero.
Apenas a unos metros de Perú puedo ver a Uruguay, y de diez zancadas llego al nuevo territorio. El stand no es grande, pero tiene buen surtido de libros y ellos sí están en venta. Un empleado muy sonriente me aborda y, de inmediato, le digo que conozco Montevideo y a El profeta imperfecto.
– ¡Butazzoni! Mmm, sí, por aquí tengo algo… – y encuentra un gran “tabique” que ciertamente me intimida.
– Oye, ¿y sí es bueno? O sea, mejor que El profeta…- pregunta idiota dirigida a un vendedor, pienso otra vez, pero ver el calibre de esa novela me desconcierta algo.
– ¡Es mucho mejor!- responde muy animado.
– ¡Está bien!- ¿Qué otra cosa le iba decir cuando en este país (México) ninguna librería ha vendido nunca algo de este escritor uruguayo?- ¿Cuánto cuesta?-
– Deja y veo… trescientos pesos.
Para un libro de 750 páginas de una editorial sólida como lo es Planeta, y estando en México, me pareció más que una ganga (y de ganga en ganga ese día salí con ocho títulos y más de dos mil pesos invertidos).
Marzo de 2016. Disfrutando mis inmerecidas vacaciones de Semana Santa por fin comienzo a leer la novela y en cuestión de dos horas me siento irremediablemente atrapado en una historia de dictadores militares, presos y fugitivos políticos, policías torturadores, espías extranjeros (todo esto en el año 1974) mientras que en el año 2002 un periodista arma esta investigación de la historia del Uruguay y sus conexiones con la historia de la Argentina y de Chile.
En cuestión de pocos días con un promedio de dos horas de lectura al día termino la fascinante novela, dándole la razón al empleado: “Es mejor”, o quiero decir; “muy diferente”.
Un diluvio de cuestiones me han venido a la mente a lo largo de la lectura de esa obra; asuntos que quizá postee algún día. Mi admiración por esta pluma montevideana aumenta así como mi indignación que sus libros NO SEAN conseguibles en México. ¿A qué se debe esto? Este será otro tema de reflexión en mi blog.

Portada salvajemente fetichista de Las cenizas del cóndor.

cencondor1Portada de estética soft de Las cenizas del cóndor

Música digital: El futuro ya toca a la puerta

Cada cierto tiempo reviso en la web qué novedades hay de alguno de mis artistas/creadores predilectos. De algún director, de algún músico o de cierto escritor.

A veces, salen sorpresas. Novedades inesperadas cuando uno pensaba que la historia de alguien ya estaba cerrada.
Fue el caso de los discos de The Church, banda australiana digna de mi total admiración. Dos discos nuevos en su haber y yo desconociéndolos.

Uno de ellos, disponible en mi país a 750 pesos (como 36 dólares, más el envío)… el otro, ni siquiera posible.

Si algo existe, está en Amazon.com, así que fui y los busqué.

Su precio no me parecía caro, para mí que fui music shopper por muchos años… pero si le aunaba el envío, el tiempo de espera…. Además que ambos discos no podían venir en el mismo paquete, ¡uffff! ¡Una fortuna!

Bueno, pasé a mi Bahía pirata, patrona de los corsarios digitales… ¡y tampoco nada!

Una sensación de terror me invadió, y en mi búsqueda desesperada me encontré con algo lógico:
La banda The Church tiene su propio portal donde te vende la descarga, y, creo que no a mal precio… al menos, los doce dólares del envío me los ahorraba y en cuestión de minutos tendría el material listo para ser escuchado.

¿Cuál es el caso, en estos tiempos, de publicar objetos con costo de fabricación, de distribución y sujetos a regalías cuando el mismo artista puede ofertar sus productos y ahorrarse todos los intermediarios?

Ese es el futuro de los productos culturales. O la descarga por paga, o la piratería (gestionada por el crimen organizado) o la descarga “ilegal”… esa, que los gobiernos alineados al capitalismo brutal quieren aplicar.

Por supuesto que yo, con todo gusto, le daré algo de mi dinero a mis artistas: ¡mientras sepa que les llega a ellos!

Hallado con paciencia, descargué por ahora A psychedellic simpphony, que, la verdad no es un disco por el cual haya querido gastar cientos de mi devaluada moneda nacional. Pero creo, que el Deeper Further (que todavía no está disponible) se lo compre a estos australianos, para que tengan ingreso, y sigan creando música fantástica… pero dudo si esté disponible esa descarga en México, país seriamente entregado al pirataje.
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Adele, Luis Miguel y yo con 50 años

1.- Adele

Ayer, según parece, fue la esperadísima fecha de publicación del nuevo disco de la inglesa Adele; todo un esperado evento. De inmediato me metí a La bahía pirata y en menos de cinco minutos lo tuve e inmediatamente comencé a escucharlo.

Me agradó. Desde la primera canción hasta la última me pareció un buen disco; sumamente disfrutable y hasta lo cargué en la memoria de mi celular.

2.- Hace unos días, el afamado Luis Miguel (dicen que todo un símbolo mexicano) canceló su primer concierto en el Auditorio Nacional (este sí es un símbolo auténtico). Digo, ¿cómo alguien –sea quien sea- se atreve a cancelar un concierto en este recinto? (Si fuera el Bar de Doña Lepe, pues, ¡normal!) Y de inmediato la invasión de memes y de rumores: que se puso ebrio en su camerino y que salió y se le olvidaron las canciones y mejor ¡chau!

Pero, al siguiente día canceló el otro… y luego los otros.

Y ni las pendejadas del corruptísimo presidente Peña Nieto dieron tanto qué hablar como la falla de este divo… que por cierto, de mexicano solo tiene el acta de naturalización ya que es hijo de español y de italiana (¡como mi ídolo Bosé!) aunque nació en Puerto Rico (y no en Panamá). Total. ¿Realmente era una catástrofe que Luismi cancelara?

3.- Los críticos de Adele atacan

Que muy fresa, que muy light, que no propuso nada, que fue más de lo mismo.

Yo cuestiono, pero si el disco es muy disfrutable, ¿qué más quieren?

3.- Los lejanos años de la música

Soy de fuerte origen musical, cuando menos a nivel apreciación, y me tocó vivir años cuando salían discos que revolucionaban la música. Discos que salían y vendían millones (me refiero, a dos dígitos más otros seis).

¿Alguien de mis lectores vivió su secundaria escuchando Rumours de Fleetwood Mac?

¿O a alguien le tocó vivir en carne propia ir a comprar en acetato The Joshua Tree y escuchar sorprendido un giro extraño en la música de los mesiánicos U2? ¿Y cuatro años después convulsionar de locura y alegría un giro monstruosamente afortunado para dar luz a Achtung Baby?

Esos discos SÍ hacían historia. Y claro, veintitrés años después la banda más consistente en la historia del rock abortó Songs of Innocence el cual escuché dos veces y mejor lo borré.

Pero así es la vida. REM fue mítica y olímpica por veinte años dando discos perfectos, igual decayó.

4.- La decadencia de El Sol

Hace como veinticinco años que comenzó la decadencia de Luismi. Alguna vez hace décadas un amigo me preguntó: “¿ya compraste el último disco de Luis Miguel?” y lo miré atónito. No le dije nada, ¿por qué habría de comprarlo? Siempre se me hizo música de chicas, de homos, de señoras anorgásmicas que presumían ser de buenas costumbres. ¿Un disco de boleros? ¿Un disco romanticoide? ¡Ni cagando! Yo escuchaba a Mellon Colli y su tristeza infinita en su lugar.

Hace tres años una conocida fue a un concierto de Luis Miguel (y les juro que no la critiqué por su pésimo gusto y poco mundo musical) y me dijo: “ya le llegaron los años”. Hace tres años.

Luismi nunca transformó nada, solo su cuerpo.

5.- Ya no hacen discos como antes

Se nos fue Michael, y nunca más ha habido mejores videos ni mejores coreografías. Y no estaba viejo, siquiera. Joaquín ya no cuadra y se quedó sin voz hace quince años. Rubén ahora sale de actor (e interpreta a un salvadoreño mientras se trata de salvar de los zombis), su Tiempos ya es tiempo atrás, tiempos lejanos de siembra.

¿Quién es tan imbécil de esperar algo de Luis Miguel en estos tiempos, o de pedirle a Adele que humille a Janis o Stevie?

Yo no.

Saludando en Fin de Año

A todos aquellos que me escriben les hago saber que sí leo los comentarios de manera frecuente. Con esta publicación les hago saber que sigo vivo (y vigente) aunque bien ya no escribo en este blog, y no tengo idea si quizá lo vuelva hacer.

Feliz Años 2015 (¡y no vengan a México! Acá la cosa está fea, corrupta y perversa). Ojalá pueda volver a visitar Perú pronto.

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