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Cumbia peruana sobre todo

Cumbias psicodélicas del Perú Volumen 2: Más de lo clásico y bueno

Hace un par de años subí un artículo donde hablaba de una asombrosa recopilación de chicha peruana, un disco internacionalmente famoso (al menos si Amazon lo vendía era una categoría aparte).

Cumbias Psicodélicas del Perú Vol. 1: Las raíces de la Chicha

No me esperaba sinceramente que fuera a editarse un disco posterior, del cual se opina:

This second volume is not a sequel. It’s an attempt to rectify some of the biases and inaccuracies of the first volume. Volume two focuses more on the urban aspect of the music and less on the Amazonian side. It highlights some lesser-known bands, and it also broadens its scope to include some of the early Cuban-influenced groups who would play such a crucial role in the elaboration of the chicha sound, as well as some of the later bands who play in the more Andean style that came to be referred to as chicha. More roots. More chicha.

Tomado de: Barbes Records

rootschicha2.jpg

“Este segundo disco no es una secuela sino una manera de rectificar algunos de los canales e inexactitudes del primer volumen. Se enfoca más en el aspecto urbano de la música y menos en el amazónico. Su fuerte es precisamente que tiene menos grupos conocidos y además abre la percepción de las influencias cubanas que influenciaron a los primeros grupos que fueron tan cruciales en la creación del sonido chicha así como lo fue el estilo andino. Más raíces, más chicha.”

Traducción por mí, yo mismo, José Zavala.

Los nuevos temas puede apreciarse en esta contraportada, cuyos colores son de verdad apropiados:

chicharoots2.jpg

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Cumbias psicodélicas del Perú: Las raíces de la Chicha

The roots of cumbia viene a ser un álbum de primigenias cumbias peruanas fusionadas con esos elementos que caracterizaron el subgénero chicha en este país sudamericano. La cumbia colombiana se mezcla con melodías indígenas amazónicas y andinas, con el sonido psicodélico del órgano, los requintos rock y las percusiones tipo surf-rock generando lo que en un momento se le llamó simplemente “chicha”.

Si bien en esta ocasión simplemente haré una breve reseña del disco que por casualidad encontré (aunque curiosamente yo nunca he creído en casualidades), sobre los significados y razones de la chicha ya he hablado anteriormente en artículos bastante solicitados y comentados. Véanse (ambos de mi autoría y en mi blog):

La cumbia peruana con nombre y apellido en:
http://blog.pucp.edu.pe/item/18225

La cumbia peruana: Andina y Tropical en:
http://blog.pucp.edu.pe/item/27710

Las raíces de la Chicha: Cumbias psicodélicas del Perú es un álbum compilatorio del Sello Barbes editado para consumo anglo (entiéndase consumidores de World Music o Latin Music del Primer Mundo). De hecho está fechado de edición reciente, apenas en septiembre del 2007, y presenta en promedio tres canciones de seis importantes y ya clásicas agrupaciones: Los Mirlos, Juaneco y su Combo, Los Hijos del Sol, Los Destellos, Los Diablos Rojos, y Eusebio y su Banjo (de este grupo una sola canción).

Las canciones contenidas son:

1. Sonido amazónico (2:35) de Los Mirlos
2. Linda nena (3:45) de Juaneco y su Combo
3. Cariñito (4:05) de Los Hijos del Sol
4. A Patricia (3:14) de Los Destellos
5. Sácalo sácalo (3:04) de Los Diablos Rojos
6. Ya se ha muerto mi abuelo (4:09) de Juaneco y su Combo
7. El Milagro Verde (2:43) de Los Mirlos
8. Para Elisa (2:46) de Los Destellos
9. Linda muñequita (4:44) de Los Hijos del Sol
10. Muchachita del Oriente (3:19) de Los Mirlos
11. Elsa (3:38) de Los Destellos
12. Vacilando con ayahuesca (3:31) de Juaneco y su Combo
13. El Guapo (3:23) de Los Diablos Rojos
14. Mi morena rebelde (3:21) de Eusebio y su banjo
15. Si me quieres (3:09) de Los Hijos del Sol
16. Me robaron mi runa mula (3:07) de Juaneco y su Combo
17. La danza de Los Mirlos (2:49) de Los Mirlos

Imagen de Amazon.com

Nuevos aportes sobre la Chicha:

• La cumbia devino en su época el símbolo audible de la transición provinciana a la vida urbana en Lima, la agresiva.
• Una de los distintivos de la Chicha, en cuanto a su afluente la cumbia colocha, viene a ser el cambio de los acordeones por guitarras, las cuales por la influencia del rock psicodélico que llegó a Perú en esos años, y el efecto del mismo en músicos de talla majestuosa lograron incorporarlo.
• El sonido peculiar de los órganos de la Chicha se debe a un hecho contextual; eran modernos y portables -en esos años- y muy prácticos para su efecto de promoción musical in situ.
Para Elisa -de Beethoven- e interpretada por los sorprendentes Los Destellos me hizo recordar a este mismo canon musical que la misma banda de heavy metal Accept vino hacer en los años 80’s en su Metal Heart. Hay que tomar en cuenta que las canciones de este disco abarcan un periodo de 1966 a 1978, interesante resulta analizar el contexto peruano y mundial de esos años.
Cariñito es una de las canciones más bellas de la música peruana que he podido escuchar; si bien la conocí en La Jarrita e interpretada con Las Vírgenes de la Cumbia, acá parece ser su versión original (¡Cinco Estrellas!).
• La recopilación parece fue hecha por un individuo yankee por y para su propio sello, desconozco si pidió autorización a alguien en el Perú, y por cuestiones de ser una grabación independiente y para un mercado no masivo, no pasó por un proceso ambicioso de remasterización… Este disco en una versión enhanced seria una invaluable joya de la música peruana y mundial.
• Según los enlaces que Amazon tiene con la onda Chicha, si te gusta esta incipiente cumbia peruana te gustarían también las vibras de las guitarras senegalesas y la bachata roja de Dominicana.

El disco lo puedes comprar en la infalible Amazon.com ya sea enviado a tu domicilio o bajado en formato comprimido a menor precio:

http://www.amazon.com/Roots-Chicha-Psychedelic-Cumbias-Peru/dp/B000V8MR7A/ref=cm_cr_pr_pb_t

Pero para vuestra fortuna, te soy sincero y te cuento que lo obtuve “gratis” de Megadownload.com

¡Que viva mi blog, carajo!

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La cumbia peruana: Andina y Tropical

Impresiones -demasiado personalizadas- sobre el texto de Raúl R. Romero que publica el Instituto de Etnomusicología de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Bastó leer el título para dicho libro pasara de manera inmediata a mi acervo personal. Y es que mi pasión por la cumbia (y en especial la peruana) es algo muy característico de mi persona; y con dos artículos previamente publicados en mi blog (y uno de ellos de muy elevado número de visitas) se me presenta la oportunidad de descubrir si mis percepciones musicales (no formales) estaban centradas o no.

Un poco de historia musical en el Perú

Fue al principio de la década de los noventa cuando ocurre el rompimiento de las tantas barreras sociológicas que existen en el Perú. La tecnocumbia, una nueva tendencia musical tanto de cumbia como de expresión peruana, comienza a ser aceptada por la población en general.

Y es que antes de considerar que hasta Alberto El Chino Fujimori haya recurrido a este artificio para promocionarse en su campaña presidencial, la cumbia peruana había pasado por un proceso de intercambios culturales tanto transnacionales como internos del país. Lo que la cumbia venía a representar era propiamente un crisol de tantos elementos que, por efecto, tenía la cualidad de la recepción masiva. ¿Cómo vino a ocurrir esto? Las respuestas que el ensayo de Romero son por demás interesantes y, sobre todo, novedad en cuanto a ser publicadas formalmente.

Huayno-pop

El huayno en el Perú, tuvo una etapa de éxito comercial sin precedente durante treinta años (1950 – 1980). Para llegar a ser el género musical dominante se requirieron ciertos determinantes muy específicos, tales como la innegable cualidad rural del país durante ese periodo, pero sobre todo, por aceptar la diversa población misma a las diferentes variantes musicales de este género musical. Huayno norteño y central no tenían que tener públicos exclusivos en la ciudad de Lima.

Por lo anterior, bajo un principio integrador musical, Víctor Alberto Gil Mallma (el Picaflor de los Andes) incorporaba nuevos instrumentos a una alineación por llamarla típica. El sentido de las fusiones también se daba en el huayno.


El Picaflor de los Andes; sin lugar a dudas hermosas canciones.

La amenaza Colombiana

Existen géneros musicales en cada país que, por peculiaridades especiales, llegan a ser tan aceptados y admirados por otras culturas a veces no tan semejantes. Ejemplos de la afirmación anterior es el mismísimo rock (made in the USA, y con aportes británicos magistrales), el jazz (USA), samba y bossa nova (Brasil), tango (Argentina, Uruguay) y –mencionado en el texto- las rancheras de México. Ahora bien, que todos estos géneros puedan ser apreciados en un mismo espacio, por llamarlo país o ciudad, pudo darse en Lima.

Uno de los géneros que tuvo su boom internacional fue la cumbia (que es colombiana de origen), por los años ochenta, como lo comenté en “La cumbia, ¿música sin seriedad?”. Y cuando un género musical llega a tener su acogida masiva –y es posible su emulación-, surgen poco a poco las versiones locales.

Y la cumbia tuvo su pegada en la zona andina del Perú. Y según se hace referencia en el texto de Romero, Los Demonios del Mantaro llegaron a tener un enorme éxito a finales de los años sesenta llamado “La chichera” (y posible origen de la palabra definitoria de la cumbia andina).

Come on, baby, just play the guitar

Serían Enrique Delgado y su grupo Los Destellos quienes darían el sello definitivo a la cumbia peruana. Es decir, el sonido de las guitarras (algo que tanto he apreciado, por decir, en Néctar). Y es que la alineación musical de este grupo y su guitarrista constaba de dos guitarras, bajo y timbales –y posteriormente congas, bongós y órgano eléctrico-.

Es decir, la influencia del señor Delgado fue el sello peculiar que desde los años setenta entra a la ahora llamada música chicha. Y es que la formación musical de tan exquisito músico limeño -hijo de músico cusqueño- intérprete inicial de huaynos, conocedor de la mandolina y charango le dieron los elementos musicales necesarios para intentar la naciente cumbia moderna e, incorporarle sobre todo elementos tan rock que comenzaron a darle una marca tan indeleble.


Los Destellos y Enrique Delgado. Tremenda cumbia peruana donde en la alineación musical parece más de un grupo de rock de los sesenta. Nótese la dancer como alucina con los riffs del Señor Delgado.

Así pues, éste tipo de chicha –o nueva cumbia peruana- tuvo como influencias tanto los mismos huaynos (que venían de ser la música más comercial en el país), la nueva ola y el rock que ya se sentía en todo el mundo.

Y hasta aquí (finalmente me) queda claro que la chicha viene a ser principalmente la fusión de los elementos andinos con la cumbia, sin negar todas las demás influencias que pudieron converger en el Perú para esa época (ahora ubicada en los años ochenta).

El fenómeno chicha

Lo Chicha es algo más que música. Lo chicha es el mosaico más peculiar que se puede percibir en Perú, sobre todo en Lima.

Lo chicha es antojo de comida. Es el arte popular tan huachafo pero tan único y propio. Es lo emergente, lo informal, lo recurrente y creativo. Es la sorpresa de la concepción de un mundo hecho por tantos otros mundos. Un mundo quizá no muy legal pero bien legítimo; un mundo desorganizado pero lejano al caos.

Y lo chicha también es música. Y por cierto una música más compleja de lo que la gente con prejuicio y poco criterio puede pensar. El origen humilde de la música chicha no lo demerita en calidad de recursos musicales, al contrario; quien sabe de música puede recurrir a los orígenes del jazz como analogía (pero la chicha es chicha y el jazz, jazz).

La chicha es una de las cosas que más me atrajo del Perú (por encima de Machu Picchu y la comida, que quede claro esto).

La chicha es, también, el vehículo de expresión masiva que creó un grupo de peruanos para tener una conciencia común. Un grupo de personas que inició una manera de identificarse… pero que debe seguir trabajando en lograr un estado más sólido e inclusivo.

Anécdota:

Y me contaba Ángel, que la chicha existía pero no era aceptada por otras personas que se consideraban menos de cerro. O sea, era conocida, ya jalaba gente, pero faltaba algo para poder ser considerada popular… y ese algo llegaría en los noventas, cuando Armonía 10 introduce los teclados en su música… allí comienza la tecnocumbia.

En los comentarios de mi amigo había mucho de razón. Y en la lectura del texto Andinos y Tropicales me encuentro con más elementos que apoyan la tesis anterior, aunque con un cauce algo distinto.

Llegaron los años noventas con un deseo intrínseco de vivir en la “modernidad” ofrecida por Fujimori. El Perú se transforma con el neoliberalismo; las transnacionales invadieron el país (por eso cuando a mí me preguntaban de los “grandes beneficios” que el Tratado de Libre Comercio le había dado a México yo no veía mucha diferencia con Perú, a pesar de no tener hasta ese momento algún acuerdo firmado).

Así que en un país ahora adornado con la McDonalnización, los teléfonos móviles, el Internet y demás corporaciones que anestesian con una idea de mejor calidad de vida, de pronto, la música también se moderniza mediante el uso de teclados y algunos otros instrumentos eléctricos.

Ahora bien, el término tecno no tiene nada que ver con el término techno. Pero sonaba cool, ¿no?

Pero la gran sorpresa para mí fue encontrar que se le atribuye a Rossy War (qué nombre tan pero tan huachafo) el verdadero origen de la cumbia moderna.

Y es que Rosa Guerra (a.k.a. Rossy War) tuvo un origen que le fue integrando a su concepción de persona y artista elementos tan diversos (y tan globales) como ser fan de Ana Gabriel (su parecido de voz es asombrosa, y según ese matiz le ayudó a tener un sabor más internacional y, por lo tanto, aceptado), escuchar rancheras mexicanas, baladas pop romanticonas y canciones criollas.

Así que su álbum y single “Nunca pensé llorar” de 1997 fue el parteaguas musical cumbiero en el Perú.


Nótese en el mismo video, que si bien es evidente que no es actual, su concepto artístico es mucho más complejo que la mayoría de los nuevos videos de grupos emergentes de cumbia: No es una simple toma en concierto, es un collage de varios sucesos ya sea Alive, en estudio así como escenas actuadas relacionadas con el contenido. Y ella resalta a sus músicos y sus instrumentos, con un psicodélico extracolorido fondo dinámico.

Entonces, se le atribuyen (según dicho ensayo) a Miss War (la verdad que el nombre no me gusta nada) elementos muy determinantes para convertirse en fenómeno ella misma y dictar la tendencia moderna musical:

a) La Desandinización de la música. Sin influencia del huayno pero sí del pop, rock y lo romántico.
b) La Sensualidad. La coreografía más compleja (ya basta de brinquitos para allá y saltitos para acá) y sobre todo erótica, ya que sus orígenes amazónicos le dictaban que era parte propia de su ser.
c) La Globalización. Al no limitarse a un solo estilo fashion (y evoca a Selena constamente así como ya se dijo a la misma Ana Gabriel –que fue un indiscutible fenómeno del pop fresa y ranchera cantinera a finales de la década ochenta e inicio de los noventa).
d) La masividad mediática. Ya que radio, videos e industria disquera le dieron su credito y difusión.

Un craso error que tiene el texto de Romero es al referirse a Selena como Selene. Y yo sigo cuestionando mucho la razón de que a esta cantante le atribuyan su origen mexicano. Ella nació en Texas y era ciudadana norteamericana. Que fuera hija de padres mexicanos no le da el crédito de mexicana, ya que es por derecho de tierra. Hasta donde yo sé (si es que realmente me haya interesado investigar esto) ella no tuvo la ciudadanía mexicana.

Tampoco me cabe el hecho de atribuirle el origen mexicano para justificar su estilo musical y su gracia escénica. Pudo tener ella más influencia de Donna Summer y de Madonna antes que de Lucha Villa o de Laura León. La cumbia en México ha sido pobremente popular como para considerar tendencias más allá de lo que en los ochentas La Sonora Dinamita de Colombia pudo generar.

Por mencionar el cierre de la primera parte del libro –que es la que he comentado-, se hacen breves alusiones (demasiado breves quizá) a Armonía 10 –que se aclara que su trayectoria era anterior a Rossy War- y a Ruth Karina. La segunda parte del libro son dos entrevistas a Jaime Moreyra (Los Shapis) y a Edilberto Cuestas (Los Ecos), las cuáles no comentaré (quizá en un futuro lejano).

Sólo me queda decir que, si bien el texto me dejó con hambre de mucho más, lo considero de cualquier manera como un libro que hacía falta… al menos para fans de la cumbia como este humilde escritor que a veces me vuelvo yo.

La primera parte del texto cierra con una interrogante por demás interesante, la cual a continuación transcribo:

¿Deberíamos sentirnos agradecidos de que la globalización permita que las culturas locales refuercen sus identidades a través de la revitalización de sus expresiones culturales? (p. 43)

Andinos y Tropicales: La cumbia peruana en la ciudad global
+ DVD Ciudad Chicha
Raúl R. Romero
Primera Edición diciembre de 2007
Serie Documentales Peruanos Vol. 2
Instituto de Etnomusicología de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
104 páginas.
30 nuevos soles (y no tienen descuento ni para estudiantes ni maestros).

Visite el sitio del Instituto de Etnomusicología: http://www.pucp.edu.pe/ide/

Mi libro de Andinos y Tropicales

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La cumbia, ¿música sin seriedad?

Un análisis en cuatro partes con recomendaciones y sugerencias para determinar si la cumbia es música/baile de seriedad.

Bella imagen encontrada en Internet
Una bellísima imagen en representación al baile de la cumbia.Imagen tomada de internet

Uno: Una vida sin cumbia

Me gusta la cumbia, desde hace unos años, cuando Elsa me enseñó a bailarla. Pero no siempre fue así.

Y es que viajar a Centro y Sudamérica sin saber mover el cuerpo me era un lastre, me daba pena yo mismo. Es decir, no podía convivir con la gente local, integrarme a sus costumbres y así asimilar lo mejor de cada grupo de personas y de cada país nuevo en mi repertorio viajero.

Mi ignorancia musicocorporal era originada principalmente por venir de una familia donde bailar era un acto sacrílego (porque nunca vi a nadie hacerlo). Esta hipótesis parece corroborarse con la existencia de algún fanático religioso dentro de mis parientes. Esto en el contexto íntimo. En el externo, o sea, el escolar y el comunitario; nada tampoco. Parecía triste mi suerte de haber nacido en un país machista donde el baile era solamente una opción para las mujeres: en las fiestas los hombres bebían y hablaban, y únicamente las mujeres bailaban entre ellas.

Curiosa mi reflexión cuando se es de un país como México, cuya fama de musical y bailadora se ha engañosamente fomentado. Hay que buscar las razones en la televisión y las películas.

Sin embargo, ciertos grupos (no sé si sea adecuado definir como minoritarios) de mi país SÍ eran reconocidos por su capacidad de baile; algunos barrios populares de la ciudad de México sobre todo. Cuando era más joven, demasiadas veces escuché la expresión que cuando alguien sabía bailar bien que “baila como chilango (defeño o del D.F.)”. Guau. Lo máximo. Así pues, aún en ese tiempo, había cierto dejo de envidia por poder bailar; aunque nadie deseaba parecerse a un chilango de barrio pobre.

Y crecí sin baile. Escuchando rock, pop y demás música de manufactura extranjera. En su mayoría música blanca, sajona… y se podía decir que “yo tenía muy buen gusto musical” ya que ellos, si bien no eran del gusto de una mayoría, al menos eran similares al de cierta clase universitaria y de estrato económico “no tan bajo”.

Con el tiempo la educación y la cultura (que no son lo mismo de ninguna manera pero ese asunto no lo tocaré ahora) van generando cambios naturales en las percepciones del mundo y la forma de vivir en él. Los gustos cambian, maduran, evolucionan. Es posible hacer una analogía con las etapas piagetanas. Los gustos juveniles tienen que madurar (si el contexto hace posible esto) y comienzan a apreciarse otras dimensiones que antes ni siquiera se percibían.

En un viaje a Panamá tuve la oportunidad de ver a un par de hombres negros de porte esbelto y vestidos impecablemente de blanco bailando salsa con sus respectivas parejas; y en ese instante percibí un nuevo sentido del ritmo, elegancia corporal y despliegue de sensualidad que nunca había imaginado. El deseo de saber bailar (y aspirar alcanzar cierta semejanza) nació esa noche en ciudad de Panamá (BLG).

Pero fue la cumbia el género que me conquistó, y que en Panamá mismo se escuchaba aunque en Perú me sorprendió más.

Dos: Anécdotas anticumbia (que se reflexionarán más adelante)

1) Uno de los gatilladores que me llevaron a escribir este artículo me vino de Chile, donde un joven músico que se inspira en grupos nordeuropeos para componer su rock, arguye al parecer que la cumbia carece de arreglos complejos. Y hace una analogía muy interesante sobre la música que se escucha en una boda en Inglaterra y en Chile, “descubriendo” que las culturas musicales son muy diferentes.

Pensar que la cumbia es algo simple y superficial es pensar que el rock (por aludir al ejemplo en cuestión) es lo que fue a principios de los sesentas.

2) Miguel Pirata Hacker, un olivense dedicado a la venta de programas, películas e imágenes piratas; ingeniero en sistemas de alguna universidad alejada del top, en alguna ocasión contrató los servicios de un limeño de origen cañetano-chinchano para que lo enseñara a bailar cumbia. Yo me sorprendí que Miguel, siendo peruano, no supiera bailar, a lo que con frialdad respondió que “un intelectual como él no era dado a cosas banales como bailar”.

En verdad me dejó mucho más que boquiabierto. Que este personaje se considerara intelectual chocaba de manera violenta con mi propio concepto de este término. Para mí Miguel no era más que un pobre individuo que vivía al margen de la ley y (para colmo) en la casa de sus suegros que, como mecanismo de defensa quería sentirse un genio de la computación. Nunca en sus charlas jamás hubo una reflexión auténtica o una simple referencia a algún filósofo, pensador, estadista o a cualquiera. Y su recurso de justificar su torpeza corporal dada su capacidad de pensamiento me dio más que lástima; él era un gordo amorfo y de movimientos lerdos.

Pero la evidente influencia de la cultura positivista traída de Europa en cierto momento histórico de América Latina y que generó un alejamiento de la espiritualidad, emocionalidad y corporalidad que ahora estamos pagando (unos, como Miguel, más que otros).

Claro que el maestro danzarín de Miguel por su parte, aparte de bailar no entendía nada de nada. Era como un oligofrénico que a su vez, para él, saber moverse era un distintivo inequívoco de forma superior de pensamiento y modo de vida.

3) Otro historia irónica que viene del Perú, donde los cantantes del famoso Grupo 5 (y uno de mis favoritos) fueron invitados para posar en una revista con prendas Dolce & Gabbana y, la gerenta del almacén de donde provendrían el exquisito vestuario declaró que su ropa no era para el género cumbia que es poco serio, sino para “intelectuales”. Y pensar que yo nunca he conocido un pensador con ropa Löwe o Boss…

O sea, ¿por qué la satanización de la cumbia? Hasta me cuestiono si mi ropa Hillfiger (la cual ya no puedo pagarme más) es para alguien como yo, que soy blanco e intelectualoide (por fatalidad y no por gusto) pero nada serio…

Imagen del baile de la cumbia, tomada de internet
Imagen del baile de la cumbia, tomada de internet

Tres: Dejémonos de tonterías y toquemos el punto medular: ¿Qué tan seria es la cumbia?

Utilizaré los siguientes criterios para poder responder esta cuestión: origen, reconocimiento y área de difusión, contenidos letrísticos, arreglos musicales y clase social que la consume.

Al buscar en textos impresos o en la web artículos relacionados con la cumbia se encuentran pocos y superficiales. Infalibres los wikiresúmenes que siempre surgen, pero ellos no satisfacen a criterios más exigentes. Pero tuve la fortuna de encontrarme con un sitio llamado Ritmos Típicos del Caribe que ofrece una definición que considero muy superior a las enciclopedias Folio, Salvat y la Wikipedia:

Uno de los aires Folklóricos mas representativos del Folklor costeño en la Cumbia, cuyo nombre parece derivar de la voz cumbé, un baile popular de Guinea en la zona de Batá en África. En sus orígenes la Cumbia es de procedencia africana, convertida con el tiempo en un baile mestizo, al ser sometida a la influencia indígena e hispánica.
Es considerada como la danza símbolo nacional porque integra, tanto en su coreografía como en su música, las etnias que conforman nuestra nacionalidad. Es una danza de cortejo amoroso, que se baila en casi toda la Costa Caribe y que actualmente hace parte de todos los desfiles del Carnaval, bailada por una multitud de parejas que pertenecen a los distintos barrios de la ciudad y reciben el nombre de cumbiambas. La coreografía tradicional de la cumbia que se bailaba y se baila aún, consiste en una rueda o ronda con bailarines que giran siempre en sentido contrario a las manecillas del reloj. Las parejas separadas, el varón de la mujer, sin tocarse nunca, elevando ella uno o dos paquetes de velas encendidas en su brazo en alto. Garbosa y sonriente mece su cadera, adornándose con su pollera larga, mientras el varón la acosa con ademanes seductores abanicándola con su sombrero
.”

Tomado de:
http://usuarios.lycos.es/elfolklorcolombiano/Region%20Caribe/Ritmos%20Tipicos%20del%20Caribe.htm

Y en la misma Wikipedia se menciona que este género, “hasta mediados del siglo XX era considerado un baile vulgar de las clases más bajas”. Compárese con la mención de los barrios de la ciudad o cumbiambas.

http://en.wikipedia.org/wiki/Cumbia

Ya queda definido el origen colombiano de la cumbia, su raíz negra y su cualidad de crisol negro-multi indígena-español, así que la instrumentalizad de este género se nutre a mares de flautas, acordeones, guitarras, güiros y percusiones. Posteriormente se le fueron aunando más y más instrumentos, como los teclados, cajas de ritmos y secciones de vientos.

Pero bien así, un crisol como tal pudiera evocar una memoria histórica que afecte a un enorme grupo de gente y países (donde haya habido esclavos, indios y colonia española).

La cumbia se escucha pues desde México hasta Chile y Argentina como parte hispana de América Latina y por influencia colombiana. Aunque en Brasil no hay cumbias, ni en Belice (no se habla español en ellos) y quizá en ciertos países de Centro América sea más difícil percibirla por encima del calipso o géneros más afro… pero por allí está. Un caso particular es Cuba, donde no recuerdo haber escuchado este género, quizá por ser isla o porque este país ha creado otros géneros musicales tan propios y no hubo espacio mismo para la cumbia.

Nota cultural:
La Enciclopedia Salvat (1998) no reconoce cumbia, sino cumbiamba pero se refiere a la danza popular de Colombia y Panamá donde los danzantes llevan una vela en la mano. Así como en la definición de cumbia previa, donde cumbiamba (repito) se le llama a los barrios populares. Ahora sé porque en Perú se refieren a un intérprete de cumbia como cumbiambero, aunque no me queda claro si es lo mismo, pero me da igual.

En los años ochentas en México la cumbia comenzó a ser famosa en la radio… y popular. Eran grupos colombianos que, buscando fama en mercados musicales crecientes iban a contagiar con ritmos alegres pero con letras más que pícaras (y vulgares).

Frases como “No te metas con mi cucu (cucu)” y “Oye zorullo, el negrito es el único tuyo”, fueron tan comunes que se plasmaron en el inconciente colectivo con un mensaje erótico y de infidelidad (¡¡además de interracial!!) que seguramente chocó a las buenas conciencias defensoras de las buenas costumbres. Y en el calor del momento surgió la mexicanaza Laura León con su “Yo no soy abusadora”. El cuadro completo para tildar a la cumbia como el género de la bajeza social e inmoral.

Segunda nota cultural:
Inclusive algunos grupos de rock mexicano tuvieron el viaje cumbiero meramente oportunista como manera de renovarse musicalmente y ganar (o perder adeptos). La Negra Tomasa (canción original cubana y cuya entrada NO aparece en la Madre Wiki) interpretada por Los Caifanes y que ante –en aquel tiempo- mi ignorancia yo juraba que Saúl Hernández la había creado. Botellita de Jerez sacó su famosa Baticumbia (“abuelita de Batman” frase que significa “a fuerza” o en mexicano puro “a güevo”) y, por esos años se consolidaba musical y comercialmente Maná que coqueteaba con diversos géneros tropicales en fusión con su rock, y cuyo éxito fue visto con envidia por los rockeros ortodoxos que criticaban algo que no comprendían.

Y en mi caso personal quizá seguí creciendo pensando que “esa era la cumbia”… hasta que un día escuché “Eres mi canción” de Rubén Blades (que no es solamente salsero sino UN GRAN MÚSICO) de su opera magna (y no la única) La Rosa de los Vientos -que es un bello y magnífico homenaje a la música oriunda de la Cintura de América (Panamá) y sus talentosos músicos-. La letra y arreglos de esta composición eran por mucho muy pero muy superiores a las lejanas cumbias de mi juventud.

Un par de años más tarde, en mi primer viaje a Perú sucumbí ante el encanto de Agua Marina y Armonía 10, que ya mismo estos grupos representaban a un subgénero denominado tecnocumbia (y que ya he hablado en otras entradas). Los arreglos musicales en cuanto a keyboards y cajas de ritmos así como vientos me parecieron una novedad muy agradable para escuchar. Y, como una vez lo manifesté (La cumbia peruana con nombre y apellido); sus letras, aunque alejadas de la vulgaridad colombianochentera sí tenían claras tendencias hacia costumbres de cantinas y desengaños amorosos.

En Perú se está dando un fenómeno peculiar, la popularización de la cumbia. Es decir, no que esta llegue a estratos populares, ya que precisamente estos han sido sus consumidores; quizá a que grupos locales de ciertas poblaciones hayan escogido la cumbia como el medio de expresión. Sino que una nueva estética literaria (o relativa a la letra misma de las composiciones) está surgiendo. Marcada por canciones del Grupo 5 (canciones de Estanis Mogollón sobre todo) pudieron generar que en el año 2007 la cumbia ocupara más espacios que hasta los entonces tenía. Y sus canciones se transmitían constantemente en radio y llegaba incluso a tocarse en discotecas de clases altas (para lo racista que es Perú, esto ya es más que bastante). El 2007 fue el año en que la cumbia coqueteó con el pop, con esto me refiero –como una vez lo hice ya- a la accesibilidad de sus letras (sin tanta fatalidad alcohólico amorosa) así como arreglos no convencionales (hasta el momento) en las melodías.

Pero lo anterior no es propiamente una novedad. Como fenómeno musical comercial, la cumbia y algunas de sus variantes tuvieron ya probado éxito en gente yankee agringada, sobre todo de los E.E.U.U., el país donde todo se mide en base a las ganancias generadas. Selena y sus parientes los Kumbia Kingz (que de ninguna manera son mexicanos) han sido éxito verdadero en ventas de CDs originales; algo que bien pudiera ser en buen sentido imitado. Su éxito ha sido tanto musical como mediático (y no me atrevo a decir cuál depende del otro): ropa de moda, videos provocadores y, físicos de exhibición. Es decir; ellos siendo yankees (y que sean descendientes de mexicanos ya no significa gran cosa), fueron una primera muestra de cumbia pop Made in the USA.

Imagen del internet
Con portadas así, difícilmente se tomará con seriedad a este género. Pero esto no es culpa de sus músicos sino de los limitados recursos marketeros de los sellos discográficos. Imagen tomada de internet.

Conclusiones (y respuestas a las cuestiones plantadas en las anécdotas anticumbia)

1.- La cumbia es Latinoamericana solamente. Colombiana en primera instancia y después emulada en muchos países hispanos. Por lo tanto, como en la anécdota anticumbia antes mencionada; no hay razón para encontrar cumbias en Inglaterra, Islandia, China o Japón (ahh, ni tampoco -y para mi sorpresa- pude encontrar cumbias en Uruguay).

2.- La cumbia, al tener una procedencia negra e india antes de fusionarse con la cultura española (que a su vez tiene sangre arábiga) no parece ser aceptada por gente que se rige de manera conductista y acrítica bajo las tendencias hegemónicas blancas, protestantes y sajonas. Además, este género de música y baile en cierto momento fue considerado vulgar y de clase baja (cumbiamba), y semejante estigma parece comenzar a ceder –hasta ahora- en países que viven una fiebre musical como el Perú.

3.- Existen creencias irracionales de que el baile o la música tropical son para determinados grupos de personas; como las mujeres o los salvajes. Algunos que piensan estas barbaridades inclusive se autodenominan “intelectuales” como eufemismo a su poco criterio o su mediocridad determinada por su educación y tipo de vida, y desconocen los cambios de paradigmas que se proponen para transformarse en personas menos rígidas y emocionalmente más completas (emoción, emotividad y corporalidad; y sugiero leer a Manuel Contreras en su documento Aprender para desaprender en la búsqueda de un aprendizaje transformativo; esto con el fin de poner un hasta aquí al positivismo en el pensamiento ordinario).

3.- Algunos grupos o géneros musicales han abordado la cumbia a manera de oportunismo, y sin entenderla, han hecho extraños aportes que confunden o disgustan a su público.

4.- Otra razón de gran peso que bien pudiera no haber ayudado a la difusión del género puede ser la siguiente:

Si analogamos (me permito este neologismo) con el rock, cuyos orígenes también fueron algo vergonzosos (en una óptica conservadora con descendencia inquisidora) percibo una clara diferencia en su boom: la gestión del conocimiento.

Basta buscar en alguna vieja enciclopedia o en el Internet la palabra rock para que la oferta histórica apabulle al deseoso conocedor: que si la canción “My baby rocks me with a steady roll”, que si Buddy Holly, que si del jazz sale el blues y del blues se origina el rock, que Elvis, los Beatles, los Stones y más. Abundan las versiones (y muchas coinciden) y hasta percibo una pugna cultural entre Inglaterra y los E.E.U.U. para ver quién inventó el rock más rock y quién ha dado lo mejor.

De la cumbia, nada. Las razones: su mercado comercial no interesa a los sellos discográficos internaciones.

Por lo tanto las compilaciones de cumbia (colombiana por dar ejemplo) son editadas a precios bajos y se ofrecen entonces pobres producciones. Países como el Perú no tienen una concepción de proyección externa y no visualizan estos mercados internacionales. Una producción con altos estándares demanda un respeto a su venta y derechos de autor. En mi experiencia, solamente Costa Rica (que no es cumbiera) tiene una dura legislación en contra la piratería (se te aproxima un jovencito con un pequeña mochila y saca unos CD que te muestra unos segundos y se retira inmediatamente, tú tienes que llamarlo o seguirlo), ni en Argentina o Chile donde también lo “genérico” es ilegal no es difícil hallar pequeños puestos donde conseguir música. Pero en Perú y México es un descaro este fenómeno (que ya he hablado de la cultura bamba en previos artículos).

Cinco: Recomendaciones

1.- Entonces si se deseara -por cuestiones de orgullo cultural o mero comercio musical- fomentar un desarrollo de la cumbia a niveles culturales nacionales, además de promoverla constantemente en la radio y legislar con seriedad los derechos de autor.

2.- Otra idea favorecedora es incorporarla constantemente en escenas incidentales de comerciales, películas y programas televisivos (como las muy disfrutables escenas románticas entre Panta Pantoja y la Colombiana en la película de Lombardi).

Bueno, después de lo anterior es hora de contestar la pregunta inicial de esta reflexión; ¿es la cumbia algo serio?

Para la gente con criterio, que no se rige por la dominación blanca postmoderna, que tiene madurez, que NO le importa el status quo de las cosas para poder aceptarlas y que tiene una capacidad (o inteligencia) motriz que le permite disfrutar en movimiento de ritmos que alguna vez en su matiz más profundo vienieron del África: .

Para disfrutar de la cumbia en expresiones sublimes jamás imaginadas les sugiero:

Eres mi canción de Rubén Blades (Panamá)
Me llamo cumbia de Totó y la Composina (Colombia)
¿Sabes? del Gran Silencio (Monterrey, México)
Guajira bonita de Julián Álvarez y los Afroandes (¿Perú?)

A todos los rockeritos les aconsejo escuchar los punteos de guitarra del Grupo Néctar.
A todos los new wave synth musicians me permito recomendar los teclados de Armonía 10 y Agua Marina.
Y a ti que quieres bailar pon La Kulebrítica (que es mexicana) ¡¡pero con el Grupo 5 suena mucho mejor!!

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La cumbia peruana: con nombre y apellido

Comenzó el 2008 con una euforia musical de cumbia muy fuerte en el Perú. Eso en verdad me alegra al ser uno de mis géneros favoritos. En estas fechas comienza a hablarse del fenómeno actual. Así que haciendo gala de un poco de oportunismo haré una breve propuesta a manera de ensayo para aclarar algunos asuntos.

Anécdota:

Hace menos de dos años, mientras viajaba con el doctor Campana en su automóvil, puse uno de mis cd’s donde una fusión de jazz/salsa africana sonaba.

“No me gusta”, me dijo; “suena como a chicha”.

A partir de ese comentario tajante me puse a indagar qué era lo que en Perú llamaban música chicha, y para mi sorpresa descubrí una categoría musical (más que un género) que abarcaba cantidad de tendencias sonoras populares en todo el Perú. Comprendí entonces que “chicha” era propiamente un fenómeno generado por la migración provinciana a la ciudad de Lima.

Y menciono “chicha” sin artículo definido, ya que puede ser “LA chicha” en cuanto al aspecto musical propiamente… o “LO chicha” en cuando estéticas, modos de comunicación y hasta maneras de hacer política, pero LO chicha no estará en el asunto de este artículo.

Así pues, la chicha viene a ser el crisol musical donde se fundieron diversas cumbias y huaynos con otra cantidad de recursos musicales de otros géneros. Un tipo de música que a su vez era el conducto de expresión de las vivencias del emigrado que sufriendo día con día cometía su misión de convertirse un limeño urbano. Peculiar en esta música era el uso de punteos de guitarra eléctrica como melodía misma.

En consecuencia, la chicha nació en los cerros, en los conos; y, por consiguiente, fue vista con desconfianza por los pobladores de dentro de la ciudad. Chicha era “lo que de afuera se conformó”, no estaba claro qué se podía esperar de ella.

Entonces, los exponentes de este neoestilo se caracterizaron por un sabor fusión muy florido (y que suena a tantas partes del mundo, inclusive como a África, como en mi anécdota inicial), pero había un elementos distintivo quizá: los punteos de guitarra eléctrica.

Así pues, a inicios de los noventa la chicha reinaba, pero ya comenzaría a cambiar de nombre, bastó (disculpen lo simple y reduccionista de mi aseveración) que el teclado se impusiera al requinto de la guitarra para dar su gran brinco evolutivo: la tecnocumbia.

Y precisamente este nuevo sabor de cumbia se gestó en base al nuevo sonido que aportaba (los género autóctonos del Perú no incorporaban ese sonido más “tech”) y con ello la cumbia (antes chicha) comenzó a ganar como adeptos a los desconfiados e indecisos limeños.

Me atrevo a decir que los máximos representantes de esta tecnocumbia fueron Armonía 10 y Agua Marina, que hasta hace cuatro años todavía eran los preferidos en el gusto de los consumidores de este género musical.

Ahora bien, una consideración temática hasta aquí: los contenidos semánticos de las canciones.

Si bien, la chicha prefería las apologías del esfuerzo del emigrado en su constante supervivencia o superación, la tecnocumbia se alejaba de ello (por las mismas razones de su origen –Piura, norte del Perú-) y tomaban temas cotidianos y sobre todo de desengaño amoroso y pasión por la bebida.

Esa obsesión con la borrachera para olvidar tan arraigada en las canciones peruanas de todos los géneros me cuesta trabajo rastrear su origen. ¿De dónde viene? ¿Quién fue primero o fue simultáneo? ¿El huayno –que exagera con ello-? ¿El vals o la cumbia? ¿Quizá vino de México con sus vaqueritos del horror? (Disculpen mi ironía pero odio esta herencia mexicana)

Otra cuestión necesaria por hacer es, si la tecnocumbia venía de Piura debido a sus máximos representantes, ¿por qué nadie la llamó cumbia piurana?

Entonces, el dominio tecnocumbio duró diez años caletas. Es decir, diez años donde en cada casa pudieran tenerse los cd´s y en ciertos locales se dispusiera de esta música para bailar. Los bailes con su efecto de masa en este país al parecer siempre han sido populares.

Pero precisamente en los años del 2006 y 2007 se provoca una nueva transición, otro brinco musical evolutivo en el género de la cumbia y en esta ocasión no viene dado por un grupo o una región.

Primeramente comenzó la aparición de grupos de cumbia selvática que comenzaron a sonar con furia; como el caso de Kaliente de Iquitos (y poco a poco entrando Papillón, que desde el año pasado era movedor de gente en la selva aunque desconocido en Lima). La incorporación de vientos por encima de teclados y con sonido de guitarras inclusive más rocker en ciertas piezas.

A pesar del éxito de estos dos ejemplos, faltan aún que se den a conocer tantos grupos selváticos que por allí hacen las delicias en su tierra; por mencionar otro caso; Los Caribeños de Rioja.


Caribeños de Rioja; allí latentes con gran potencial.

La cumbia selvática es pues intensa y sus letras con fuerte tendencia romántica.

La cumbia limeña en cambio revivió gracias a los grandes fallecidos y arrasó con su línea musical más apegada al los requintos de guitarra. Con letras más coquetas y deseo de fiesta, de baile y vida mundana (sin que con esto demerite su contenido).

Pero antes de poder hablar de cumbia limeña, cuestiono si existen otros representantes (after Néctar died).

Pero bien, el fenómeno más interesante de nuevo viene por parte de los norteños nuevamente. El Grupo 5 y la Orquesta Caribeños de Guadalupe –por mencionar algunos- con secciones de viento como parte motriz de las melodías ofrecen una alternativa diferente, que los caracteriza pero no choca con la propuesta selvática o lo más apegado a la chicha original.


La Orquesta Caribeños de Guadalupe, otro gran fenómeno de la música.

Pero destaca además que las letras de la cumbia norteña son más maduras y tienen una influencia más estilizada, apegada a los cantautores románticos de la década de los setentas y parte de los ochentas. Un ejemplo de madurez letrística que nunca había visto en una letra de cumbia (ni remotamente imaginado por mí) es la canción de Motor y motivo que interpreta el Grupo 5. Esta canción en mi opinión determina un nuevo estándar de balance letra y música, un modelo que debiera ser emulado y poco a poco superado, en espera de otro salto de evolución musical que deberá llegar para el 2010.

Así entonces, la cumbia peruana ya tiene sus nombres familiares completos; norteña, selvática, limeña y de cualquier región donde talentosos músicos comiencen sin prejuicios a proponer sus estilos y a conquistar el Perú… y ojalá que también allende las fronteras.

El gran reto:

La penetración de la cumbia peruana en muchos espacios es ahora sí irrefutable. En las discotecas de moda, high class así como en las barrio suenan igual. En las estaciones de radio constantemente están en la programación y están en el gusto de la gente a cargo del transporte público, haciendo de que sus pasajeros más de alguno cante dichas canciones. Por mencionar en Navidad, los discos bamba de estos grupos (especialmente Néctar y Grupo 5) se agotaron más rápido de que los vendedores supusieron.

Pero ahora viene lo siguiente; las nuevas producciones de todos ellos que deberán superar este abrumador éxito. Y precisamente mientras los grupos y sus compositores maduran el siguiente paso, puedan entonces colarse al gusto peruano esos grupos que por el momento solamente son reconocidos en sus zonas de origen.

¡Suerte a todos!

Motor y motivo

Luz de mis ojos, Aire que respiro, Eres en mi vida, Motor y motivo

Ayer tan lejana hoy tan dentro mío, Sólo con mirarte, Me has hecho cautivo

Ocupas mi mente un noventa por ciento, Tu nombre pronuncio, Muero por tus besos
Me emocionaste, Mi mundo es sereno, Te has adueñado de mis sentimientos

Hay como has hecho para que te quiera, Dependo de ti, Como planta la tierra
Sin mover un dedo, Me has hecho adorarte, Ha primera vista, Me enamoraste

Te regalo mi vida, Mi cariño sincero, Mi alma, mis sueños, Y todo lo que quiero
Y no me cansa decirte, Te amo, Le grito al mundo, Te amo, te amo…

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