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Aplausos a una película india (Padmaavat, 2018)

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Para mí, una película me llega cuando pasando días de haberla visto algunas de sus escenas o su historia sigue permaneciendo en mi mente de alguna manera.

Pocas logran esto, pero afortunadamente las que lo pueden tampoco son tan raras. Llegan a ser de cualquier género y puede ser, también, que eso que me cimbró sea desde algún escueto detalle hasta toda una estructura de sucesos o recursos.

Cuando vi “la última película de superhéroes”, pasando los 90 minutos (y con casi 60 más por venir) saqué de mi bolsillo el celular y activé los datos: inequívoca señal que esa película no daba para más. Pero, bueno, al parecer fui el único decepcionado, y como estamos en la postmodernidad y habiendo disfrutado y participado en foros de teorías explicativas de mi serie favorita (GOT), tuve que relajarme y no criticar todo lo que se escribió y se divulgó de esa extraña historia sin gracia ni emoción donde un montón de personajes tan disímbolos convergen en un momento imposible, aún para el universo cómic de su somero origen.

Mientras esta Senility War (¡excuse my irony!, pero Downey y Ruffalo se ven tan tercera edad) “sigue rompiendo récords” recordé un tremendo y apasionado ensayo que leí de Frédéric Martel: Cultura Mainstream (Taurus Santillana, 2011) donde cuestiona la hegemonía norteamericana del cine. Él dice que una película gringa que recaude una cantidad exagerada en taquillas está lejos de ser considerada como una película vista por mucha gente. Da como ejemplo la realidad fílmica de la India, potencia en cine (¡Bollywood, papá!), donde una película diseñada para ser éxito será vista por un alto porcentaje de la población de este país que anda alrededor de… ¡1,300 millones! (Sin olvidar un vecino históricamente muy cercano con casi otros 200 millones). Y, bueno, mientras los Ancianoides rompen récords, Bollywood ni se inmuta y algún día sus películas serán aceptadas en países con mentalidades tan norteamericanamente adictas y dependientes como las mexicanas.

Hace tres días vi Padmaavat (2018) y quedé con el ojo cuadrado, con más de algún esfínter dilatado y con hambre de más… 2:40 horas de una historia medieval donde dos reyes cuya sabiduría y personalidad resultan antagónicas resultan catalizados por la belleza de una mujer. Una historia de amor, traición, envidia y poder, enmarcada en un ambiente bélico y donde, como en toda película india, ocurren dos coreografías: una de mujeres celebrando la coronación de su reina, y otra del sultán compartiendo con sus soldados un dolor de amor.

Como 100 minutos de esta película siguen estando en mi mente. He visto una de las coreografías una veintena de veces. Y sigo admirando las actuaciones de los reyes y la reina oriental… ¿Qué más puedo decir sin ser parcial? ¿Apaga a Marvel y ábrete a más?

¡Naaaa!, eso seguro estoy: ¡nunca lo harás!

Buscando una película: whatismymovie

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Navegando por la red, y como siempre, descubriendo novedades. No cabe duda que las dimensiones humanas del ocio y la nostalgia mueven intereses y gustos y tarde que temprano saldrá alguna ocurrencia simpática que tarde o temprano pudiera ofrecer la versión “Premium”.

La primicia que yo he hallado (que quizá más de alguno ya la conozca) fue un sitio en internet donde a partir de palabras descriptoras relacionadas con una película, su motor de búsqueda puede dar con lo que uno busca.

https://www.whatismymovie.com/

Bueno, con la cualidad que por el momento solamente en inglés recibe las entradas no me fue mayor problema intentar buscar una película que vi cuando tenía dieciséis años y que aprecié mucho. Claro que con esa edad y en los años nirvanos muchas cosas se podían apreciar. El asunto es que nunca pude recordar su nombre. Y hace algunos meses encontré un sitio donde estaban subidas centenares de películas de ciencia ficción de esta década y durante dos horas la busqué en vano. Así que ingresé:

Sci-fi, 80´s, un villano llamado Underdog…

 

¡Y listo! ¡Se llamaba Cazador del espacio: aventuras en la zona prohibida… ¡sííííí!

Luego, lo que seguía. ¡Y de nuevo listo!

¡Esta noche será de nostalgia!

Richard, la cigüeña y Sahara: dos animaciones bastante deleitables

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Desde hace dos años renuncié a toda la basura Disney y Pixar (que es lo mismo y es igual) harto de sus mensajes de propaganda de valores norteamericanos (donde ningún otro tipo de sociedad y valores caben).

Como el mundo de las animaciones es grande, y, afortunadamente, existen otras opciones a pesar que estas no llegan a las salas mexicanas poseídas por el Imperio Disney y su ideología enajenante.

Mis últimos dos descubrimientos (es decir, filmes colocados en mi plataforma favorita de descargas -pirata, si se mira desde ese enfoque…  y HD-) fueron dos películas: Richard, la cigüeña (o Una cigüeña en apuros, o Richard, Misión África), una producción multinacional europea y Sahara, un film francocanadiense. ¡Bien! Al no ser basura yankee en primer lugar, y venir de Europa, en segundo: Garantía de un mensaje diferente.

No quiero spoilerear a mis lectores, no voy a decir nada, solamente que en ambas hay personajes más allá de los principales protagonistas que hicieron mis delicias con sus personalidades y ocurrencias. Si bien, Richard merece un análisis más psicológico, Sahara sorprende con su música, danzas y sucesos.

¡Y no digo más! Enjoy!!!!!

Somos lo que hay: ¿A qué se le llama terror en el cine?

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Pues ayer vi esta película del 2010. Yo ni sabía de ella. La conexión fue que El País (edición Latinoamérica) hizo un recuento de películas de terror para este Halloween… por una parte, ¡qué idiotez! Por otra, sirvió para conocer productos culturales que ignoraba.

Una historia de caníbales chilangos (defeños, de la ciudad de México)… allí me quedo. El canibalismo es un asunto que siempre me ha entusiasmado… por miedo o por tabú.

Hace dieciocho años, un otrora amigo me dijo que en este país habíamos sido tremendamente caníbales, y eso quedó en la memoria histórica en el gen mexicano… pero como ya no era posible serlo, esa pasión se desvió al cerdo, lo más parecido al hombre y, por eso, en la ciudad donde vivíamos (Zamora, Michoacán), los tacos de cerdo eran el platico predilecto.

Extraña idea, pero con una fuerte dosis de duda…

Bueno, la mejor película de caníbales que he visto ha sido Voraz (Ravenous, 1999, de Antonia Bird, coproducción de varios países y con actores asombrosos)… y una escena antropófaga que me dejó helado ocurrió en La nave de la muerte (Event Horizon, 1997, USA).

Así que me tomé hora y media en ver Somos lo que hay, caníbales mexicanos… y, pues, lejos de criticarla me cuestiono… ¿a qué se le llama terror en el cine?

La película me pareció una crítica sociológica tremenda, aunque bien ingenua. Asuntos que trata son de lo más común en mi país, aunque haya quienes se indignasen. Hay escenas de sangre, que no me conmovieron; este es un pinche país bien sangriento donde eso que sale no es nada, y cada día deviene menos. Pero sobre todo, el susto que tuve fue por reconocer que hay situaciones que pueden ser posibles en este rompecabezas dantesco que vive el país… ¿Algunos de los miles de desaparecidos son por causa de un canibalismo común callado por la inepta policía?

Película no sobresaliente, quizá mala a medias, o media apenas… o no sé, pero que era necesaria al fin de cuentas.

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La Purga 3 o el México de Peña Nieto

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Con un muy posible efímero retorno, regreso a mi blog por razones inspiradas en algunos eventos. Comienzo con el primero:

Acabo de ver la última entrega de una película que tuvo suerte de volverse trilogía: La Purga (o también conocida como La noche de las bestias o La noche de la expiación). La primera entrega, desde que la vi me causó muy grata sorpresa (y no solamente por la bella Lena Headey actuando como protagonista), sino porque esa salvaje premisa de que en una sociedad distópica una vez por año durante doce horas todo tipo de crimen se vuelve permitido. Porque, precisamente cuando la vi, en el mismo lugar donde ahora vivo, me cuestioné si esa situación fuese realidad, ¿qué (me) pasaría?

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Mi primera impresión fue que realmente nada, porque no convenía provocar eventos generadores de (más) rencores sociales y personales… pero, como en la película original ocurre, ¿qué tanta envidia o resentimiento manejamos real, sana o psicóticamente en nuestras vidas?

La verdad, estoy seguro que hay gente que me odia. Y, la verdad, no soy un alma inocente dispuesta a ser sacrificada así nomás, sin mostrar mis recursos de ataque y defensa… así que, si el permiso de las doce horas existiera, yo y varias personas de este barrio hubiéramos terminado nuestra existencia entre el jugo de nuestro propio cariño mutuo y bien correspondido. Cómico, ¿no?

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Si darme cuenta hace un día, La Purga 3 (Año de elecciones) se me apareció en internet. Fue una grandísima sorpresa ya que su fecha de estreno en México no es aun. La bajé de inmediato, HD, en inglés y con subtítulos en mandarín (esto último es lo único que no puedo asegurar)… y la vi.

La mejor de las tres, sin duda, en mi opinión. La más violenta, sin la menor duda. Y la que me hizo compararla con México de manera intencional (de parte del director) y personal. Ojo: el resto de mi texto contiene spoilers.
He aquí mis reflexiones:

1.- “El mexicano” de la película (que efectivamente tiene toda la cara y fisonomía chichimeca aunque sea nacido en L.A. Ca) dice (¿o creí escuchar? Pero, la verdad, mi inglés es muy bueno) que en Juárez, la purga ocurre todos los días.

Es decir, que en México hay realidades donde no son únicamente doce horas por año donde cualquier crimen es permisible, legal, o no perseguido por las autoridades (que al parecer no existen en este país), sino siete por veinticuatro por 365. Asombroso, pero así es.

Juárez es el ejemplo más cliché, pero al parecer Torreón ha sido tierra de nadie desde hace unos diez años, Hermosillo, Culiacán, todo el estado de Guerrero, la tierra caliente de Michoacán, Ecatepec (Edomex), zonas de Oaxaca, colonias de la CdMx como Iztapalapa, Neza (Edomex), Tamaulipas… en fin, México tiene territorios cedidos al crimen organizado, donde el Estado no se mete porque, al parecer, negoció no meterse a cambio de la continuidad del gobierno priista… ejemplos, sobran.

2.- Las tipas negras que en un minisúper intentan hacer sus caprichos me parecen acertadas analogías de la epidemia de sociópatas que, como consecuencia de una nación que no tiene ni rumbo ni es capaz de ofrecer esperanza a su población, inundan al país.

Para ejemplos de esto hay que buscar en youtube a: Lord Ferrari, Lord Walmart, Lord Cachiporra, Lord Rolls Royce, Lady Profeco (muy cercana a EPN, por cierto) y varios más (de hecho, un chingo)… pero el más émico de todos un tipo llamado Miguel Sacal Smeke (cuyo apellido, obviamente, ni mexicano es).

3.- A lo largo de la purga, o noche de la expiación, el director ofrece una serie de imágenes pertubadoras de cómo las personas son capaces de agredir a sus prójimos. Cuando vi una escena donde sobre el capó de un auto van tres civiles amarrados, amordazados y sufrientes me vinieron en mente las exhibiciones cada vez más ritualizadas que el narco-crimen ofrece en México, ante la total indiferencia de las autoridades (¿o miento, Chinito Chong?).

4.- El personaje que justifica la historia nueva es una senadora que propone cambiar un régimen (decidido quién sabe por quién, no recuerdo ese dato) y que es, digamos, considerada una “populista” y, por lo tanto, todo el aparato de poder hará lo posible por frenarla. ¿Alguna coincidencia con lo que pasa en este país? Porque los que tienen el poder solo piensan en su continuidad (de negocios, de privilegios, de fuero constitucional).

5.- El mero villano de la película (al que le hallé mucha semejanza con EPN ofrece un discurso que hallé muy similar a los priistas que intentan mantenerse en el gobierno (para enriquecerse más que los de Emiratos Árabes y dejar al resto de la población igual o peor que la de Haití).

En fin, La Purga 3 me convenció… de que fue inspirada en la realidad mexicana, y por lo tanto, su mérito consiste en saber utilizar imágenes tan perturbadoras como estéticas, y no tanto la trama, que, insisto, para los mexicanos, es vil cotidianidad.

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Ya le entendí a González Iñárritu (The grey)

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Anoche vi The Grey (Un día para sobrevivir, Infierno blanco, no sé qué otra opción), uno de los referentes de la tan comentada nueva película de Alejandro González ya que también toca el tema de supervivencia, ataques de animales, ríos de agua helada y abismos de alturas.

Liam Neeson in The Grey

En efecto, aunque el contexto de las historias es muy diferente, convergen en los aspectos anteriores.

Entonces recordé todo el “misticismo grandilocuente” de Alejandro y sus productores; de filmar en locaciones reales, con luz natural, sometiendo a los actores a estrés máximo (y solo así se podría ganar un óscar), y por eso The grey me llamó la atención.

Todo se veía tan digital (los lobos, ¡los peores que he visto!), el accidente, los paisajes, la nieve cayendo (era evidente que bastaba hacer click a un botón para que esa nieve deviniera lluvia tibia tropical o el paisaje gélido ardiente desierto). Y peor aún, con un final abierto pero quedando claro que era uno trágico inspiracional.

The grey me pareció una peli totalmente olvidable. No creo que la recuerde en un año… pero no creo que El renacido la vea diez años después y me vuelva emocionar –como lo asegura su creador-.

In medio virtus, dice una máxima. Salvo por la fotografía con luz natural (y cámara con un súper sensor) me parece exagerado la postura pretenciosa de uno, y los recursos banalmente digitalizados del otro.

Liam Neeson de pronto, y a su edad, lo volvieron un absurdo héroe de acción (si bien fue Darkman y formó parte de la ridícula Fuerza Delta). Yo lo recuerdo en una obra maestra llamada Michael Collins, así como en La misión… eran otros tiempos. DiCaprio, por su parte, creo que sigue fiel a su talento.

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Punto de Quiebre (2015), Hollywood a la baja, el Estado Islámico y las salas de cine en México

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Por supuesto que vi y adoré Point Break (1991), así como otra soberbia película de la misma mujer (preciosa artista plástica y directora de cine, estadounidense y, en cierto momento, esposa de Mr. Movies James Cameron). La temática de esta película de hace veinticuatro años ha sido tan original que eso le ha dado su respeto y vigencia por más de dos décadas. Pero dejaré de lado cualquier elemento de esta clásica versión.

Cada vez va menos gente a los cines. Antes, ir en sábado o domingo apenas entrada la tarde era llegar a ver las colas de gente ganosa de ver alguna película. Hace tres años todavía era posible ver gente; ahora, cada vez menos. Ir entre semana a una función es sentarse en medio de una sala para trescientas personas rodeado de nadie. Ideal para ver algo de terror… si es que todavía hacen películas de este género. ¿Qué está pasando entonces?

¿Que porque es muy caro? ¿Que por las descargas? ¿O la piratería? ¿Netflix o Cinépolis Klick? ¿O de plano la inseguridad en un país como México tiene a la gente encerrada en casa? Se podrán buscar mil razones para explicar esto, pero pocos hablan de la más importante. Ir al cine es un juego de azar, un albur; las películas que se exhiben, en su mayoría, son pésimas. Más de lo mismo, o lentas o superrápidas, o mal actuadas, o guiones absurdos, o el sello Disney como antirrey Midas volviendo mierda todo lo que toca. ¿De cuántas películas me he salido sin haber llegado a la mitad? ¡Uff! Y de ellas varias han sido “superproducciones”. La industria del cine ha saturado a la población dándole mediocridad en exceso en una frenética carrera de recaudar fortuna muy, pero muy por encima de ofrecer algo que mueva, que conmueva, que deje tocado al público con ganas de regresar otra y otra vez a una sala de cine.

Los “jóvenes de hoy” (frase tan ridícula) jamás sabrán lo que era ir a una gran sala de cine (no multisalas) mirar un afiche de una auténtica y verdadera película y tener que esperar meses para poder verla. Ahora, cada semana sale una veintena de producciones solamente en los E.U.A., de las cuales algunas “serán las escogidas” para llegar a las salas de México. ¿De qué sirve que en una ciudad mexicana haya  sesenta salas en siete u ocho complejos si son diez películas las que están en juego? Y de esas diez películas quizá ninguna valga la pena.

Me metí a ver Summer camp (producción española, hablada en inglés) para hacer tiempo y volver a ver Point Break en 3D. Me ocurrió algo que deviene costumbre: quedé asqueado de tanta idiotez y mejor salí al estacionamiento a pasar el tiempo. De hecho, tuve que adelantar la función hora y medio y renunciar a esa rara tecnología que me parece cuestionable en casi todas las películas (pero con contadas excepciones extraordinarias).

Punto de Quiebre era de nuevo mi meta. La había visto unos días antes y la había disfrutado enormemente, a pesar de sus evidentes falencias. Pero era una extraña película que después de cinco días no se quería salir de mi cabeza.

La vi de nuevo y mi adoración por ella aumentó… aunque ahora sí le noté los efectos (la tecnología 3D es un maravilloso maquillaje) y constaté que la “conversión” de Johnny Utah es ilógica… ¡pero qué importa eso! Las secuencias de deporte extremo quitan la respiración, la música otorga una ambientación preciosa, los paisajes son inimaginables, los escenarios cuidadosamente seleccionados la hacen un producto que vale la pena. Entretenimiento único con enormes dosis de retos culturales (¿Realmente es posible ver tsunamis desde un yate? ¿Cuál es la ola surfeable más grande alguna vez registrada? ¿Hay edificios de cien pisos en Bombay? ¿Puedes entrar en paracaídas de manera vertical en La cueva de las golondrinas –que no son ni golondrinas siquiera pero que se encuentra en México-? ¿Cuánto les toma a cuatro chicos subir ellos solos al Everest… para de allí saltar en paracaídas? ¿Desde qué altura se puede brincar al agua sin matarse?).

Yo le perdono todos los defectos ante tantas virtudes. Y me queda claro que los sitios donde escriben “reseñistas expertos” son solo una farsa vil. Nunca voy olvidar cómo en Birdman (ganadora del Óscar, del mexicano González I.) ese personaje, una mujer que es la crítica de teatro más mierda de Broadway le dice al protagonista “¿Cómo pensaste que ibas a triunfar sin antes haber hablado conmigo?). Las reseñas de cine me dan risa.

FireShot Capture 1 - Point Break (2015) - Rotte_ - http___www.rottentomatoes.com_m_point_break_2013_

A los personajes secundarios les faltó tiempo y diálogo. No crecieron, aunque ni era necesario. Todos ellos (tres varones más una mujer) de extraña belleza: actores suecos, noruegos, alemanes… ella australiana y Él: ¡venezolano! ¿No es hermoso ver en los créditos el nombre de Édgar Ramírez y, además, escrito con sus respectivas tildes? Dos sílabas en la pila y tres en el apellido… la verdad, ya estaba harto de leer imbéciles monosílabos (como Will Smith).

Entonces, estas hermosas personas, jóvenes, sonrientes y llenas de vida; adoradoras de los paisajes y del cuidado físico (la secuencia de nado por la noche es maravillosa) tienen una filosofía poderosísima. Todos estos personajes son movidos por una fuerza interna monstruosa, y un sentimiento de obligación hacia la misma Tierra; la religión más pura que puede haber. Y, guiados y motivados por esta fuerza (¡porque esta sí es fuerza, no la estupidez Jedi!) robarán, destruirán y matarán sin contemplaciones a quien se les ponga enfrente. El problema, en esta historia, es que afectaban intereses norteamericanos y ¡con ellos nadie se mete! Bueno, entonces entra el Estado Islámico. ¿No es justo el perfil y la manera de sentir de este grupo religioso extremista y radical?

Los miedos del mundo terminan plasmándose en el cine. Esa es una característica única de este arte. Y Point Break ofrece una visión poética de este ejemplo.

 

P.S. No es perfecta mas se acerca, a lo que simplemente soñé (P. Milanés).

Finalmente, la decadencia de Meryl Streep

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Considerada una diosa del cine (y razones sobran), este mito hollywoodense ya tiene 66 años y, para su edad, no se ve mal… pero 66 son 66.

Nominada más que nadie, ganadora como pocas, su capacidad histriónica es legendaria, pero el día llegó…. Y más triste me pongo al ver cómo veo llegar los días de los otros.

Su última película, Nicki and the Flash, dirigida por Jonathan Demme me hizo volver a revisar que ella protagonizó films de mito y leyenda como Kramer vs. Kramer, y El francotirador, y Manhattan… ahora, la he visto en el film más débil y patético de su vida.

Con otra leyenda caduca como el aussie Rick Springfield, Meryl, haciéndola de una rockera (bien jodida) que además es cajera de una tienda bien american, vuelve a su primer matrimonio a salvar a sus hijos tocando rock… ¡La peor pendejada de la historia del cine!

No pierdan el tiempo en mirarla, no vale la pena.

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Nos vemos pronto.

Cuando Dolph se encuentra con Tony

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Imagen de internet

Afiche de la película.

Acabo de ver Skin Trade (2014) la cual descubrí por mera casualidad. Hacía tiempo que no escuchaba nada de Tony Jaa –salvo que aparecería en La Redada 3, ¡Dios mío!- y, mi búsqueda, dio un extraño resultado. Ong Bak se encontraba con Iván Drago… y bueno, el gato debía matar la curiosidad.

Me encontré con una historia llena clichés, siguiendo la tendencia actual de mezclar lo yankee con lo asiático ya que ese mundo oriental también hace cine de primerísimo nivel y tiene millones de espectadores.

Una historia “humana”, dice el productor, que es el mismísimo sueco, para denunciar un hecho tan común. Qué mejor pretexto que llevarse la trama a Tailandia y Cambodia… aunque la verdad, nunca llegué a emocionarme ni por las peleas y menos por la historia.

Mi parte sensible, por otro lado, se vio afectado por la nostalgia pura de alguien de mi edad. Ver a Dolph mostrando un físico demasiado trabajado para alguien de casi sesenta años (¿será que Mr. Steroids Stallone le dio buenas ampolletas mientras filmaban la ahora fallida franquicia de The Expendables?), o como me dice un amigo; Dolph finalmente se curó de una adicción a la cocaína y heroína y cualquier otra droga típica de la gente del cine.

La historia se la comparten equitativamente el sueco y el thai, pero para acariciar mi fibra nostálgica salen de reparto Pearlman (ex fetiche de Jeunet en su mejor época, aunque también del Toro lo supo trabajar), Weller (sin su atuendo robocópico), el morenazo de Spawn (después de ir al infierno) y Cary-Hiroyuki Tagawa (ese elegantísimo villano de videojuego que organizaba el Mortal Kombat), y si bien, ni Tony Jaa me convence tanto después de diez años esta película tiene méritos afectivos por encima de los marciales.

¿Sobre la historia qué puedo decir? Digo, viviendo en México y viendo esa problemática tan cotidiana… ojalá que tuviéramos actores y artistas marciales para darnos noventa minutos de esperanza contra criminales rusos, cuando en mi realidad los auténticos mafiosos son mexicanos y pertenecen al mismo Gobierno. ¡Total!

El aberrante Mundo Jurásico

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Había decidido no escribir más sobre cine… ni sobre más cosas (terminar una novela es tarea más que desalentadora) pero, acabo de ver una peli que había jurado no ver… aunque no pude con la tentación, navegué por La bahía pirata y zaz; en idioma original pero con subitítulos en coreano… aceptable definición, por cierto.

Los primeros cincuentaicinco minutos bastante entretenidos, a pesar de ser más de lo mismo, aun en mi pantalla LCD (ya algo pasada) y sin la absurda tecnología 3D pegué unos tres o cuatro brincos… nada mal, hasta entonces. Pero luego vino el resto.

Digo, es una película Hollywood y, no se le puede pedir INTELIGENCIA en su historia y detalles, sino perfección en sus gráficos digitales. Y eso es, sus imágenes son, simplemente, impecables. La historia, una estupidez.
Pero dejemos la historia de lado, porque sé que millones de personas estarían o estuvieron en el cine meándose de la emoción vacía de esta tontería. Solamente haré unas observaciones tipo comentario que molestarán a muchos aunque pocos me darán la razón:

1.- Mundo Jurásico, una superinversión ultramillonaria donde se tienen monstruos de 60 millones de dólares e instalaciones de trillones. ¿Quién pudo invertir tanto dinero en un proyecto destinado al caos –como en la primera parte, sin tener un matemático que lo asegurara-? ¡Un indio!

2.- Construir trenes de altura en la selva, tribunas a un lado de una fosa acuática que bajen automáticamente para ver la fosa rodeada de cristal ultra resistente… dios, ¡eso es tecnología y muuuuuuuuuucho dinero!

3.- Reptiles domesticados… ¡uy sí! ¿Por qué no? Peces reptíleos que brincan para comer sin necesidad de meter la comida al agua, ¿sentido del olfato ultra desarrollado o nomás están mirando a la superficie?

4.- ¿Por qué cuando los pterodáctilos salen –por primera vez en su vida- van búsqueda de comer humanos? Yo creo que ni siquiera saben qué es un humano para que en joda vayan al conglomerado.

5.- La chica dorada de la peli, ¡fantástica! Corriendo en tacones por la selva como atleta olímpica y, ¡sin soltar su celular! Capaz de entablar llamadas sin jadear ni tropezar entre las ramas y la maleza… ¡esa es una chica de verdad! ¡No chingaderas!

6.- El científico maloso y cínico que hizo los monstruos era chino, ¡tampoco era gringo! Pinches malos extranjeros tan ojéis y culéis, cero rubios made in the USA.

7.- El Mundo Jurásico está –supuestamente- en Costa Rica… y nunca vi a ningún tico como empleado, nadie hablando español, y todos los visitantes eran viles gringos con total ausencia de chinos, indios, japos, mexicanos, salvadoreños, brasileños, congoleses, vietnamitas o argentinos… ¿qué pedo con esto?

8.- Un dinosaurio nuevo, muy cool, hecho con genes de tuttifrutti… mero pretexto para revivir al T-rex y a los Velociraptores y hacer una batalla absurda entre ellos… con ayuda de la bestia marina… más mamadas no cabían en el guión… pero el público –seguramente- gritaba de la emoción.

9.- Al final, como siempre, el indio y el chino murieron, ¡pero los gringos no! Y el principio del caos comienza cuando los parientes estaban de visita, ni antes ni después, sino en ese preciso momento.

10.- Cuando el diplodocus muere y a la rubia se la sale una lágrima… ¡Jajajaja!

11.- El tipo nuevo en el Mundo se cae como de altura metros de altura y ni una torcedura saca, ¡qué poderoso!

12.- Total: Debo admitir que la vi toda, completa, que se me hizo súper pendeja pera la vi… y entiendo que la gente sin criterio (como 500 millones en el mundo) la alabarán como obra suprema del cine. Total, ya vendrá la segunda parte, como lo mismo que se hizo hace veinte años.

Recordar es vivir.

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