Queen everywhere!

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To George

May & Co. diéronse cuenta que sus fortunas se habían adelgazado producto del pasar de los años y del olvido de su banda de parte de las nuevas generaciones. Y, como en su tiempo, tuvieron la visión de desarrollar una estrategia que les diera todo el aire actual: ¡un biopic de su front-man!

Es hora de sincerarme. Soy rockero. Lo he sido por cuarenta años, lo seguiré siendo por el resto de mi vida. Yo conocí a Queen cuando tenía doce o trece años y era radiado constantemente, tanto con sus éxitos comerciales más recientes como sus primeros discos. Rapsodia Bohemia no era más aceptada que Estoy enamorado de mi carro, y, cuando salió Otro más que muerde el polvo la apoteosis de popularidad se había alcanzado; una canción que, para mí, no representaba ese Queen que yo amaba. Luego, es decir, pocos años después surgieron temas como Radio GaGa o Quiero ser libre que definitivamente me alejaron para siempre de esa banda.

Para mí, insisto, el reinado de La Reina (o sea, Freddy, aunque May era esencial) duró apenas tres años; desde su surgimiento 1973 con su epónimo hasta mi favorito Un día en las carreras (1976). Después de este efímero lapso, lo que siguió fueron sencillos donde más que uno me alucinó y no lo voy a negar. Pero es por esa brevedad y la consiguiente incoherencia que los críticos de la música –donde yo me considero uno- nunca han puesto a esta banda en el Cielo del Rock; y su razón de sobra tienen.

Pero hoy, todos aman a Queen. No, quiero decir; todos escuchan Rapsodia Bohemia, aunque no saben ni qué es una rapsodia ni dónde queda la Bohemia. Total. Es la moda… y la moda jala imbéciles.

Queen (epónimo) es un buen disco, donde, en mi parecer, ningún tema saca 10, pero todos son de 8 lo que lo hace un disco bastante sólido. Queen II, ya da miedo. Sheer heart attack es una feria de patadas mortales. Una noche en la ópera tiene mis adoradas 39, Muerte en dos piernas, Enamorado de mi auto, Eres mi mejor amigo, La canción del profeta y, como postre, la Rapsodia… Claro que el postre es mero lujo, ciertamente innecesario. Un día en las carreras simplemente me parece un disco huérfano (¡sin madre!). De lo que siguió, si fue mucho o poco, la verdad no me toca juzgarlo; nunca me tocó alguna fibra emocional.

Pero ahora, todos aman a Queen, a Freddy y ya millones miraron su película y escuchan su jugo de hits en Spotify.

¡Pobres diablos! ¡Jamás han sido rockeros, libertarios, ni indomables!

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