México y la caravana migrante

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No se puede negar que uno de los fenómenos actuales más trágicos que existen es el desplazamiento forzado de personas que huyen de la violencia regional o nacional que les tocó vivir.

México, como país, vive de este fenómeno en su enorme interior. Coahuila con el legado de narco terror que los gobernantes priistas Moreira le dejaron, Tamaulipas que lleva más de diez años siendo otro infierno criminal y Guerrero, en donde debido a sus riquezas naturales los intereses económicos buscan desplazar a su población para poder explotarlas, solo por mencionar territorios donde sus habitantes han tenido que abandonar sus tierras buscando básicamente no morir. Por lo tanto, los mexicanos debemos saber lo que esto significa.

Ahora bien, México –enajenado con sus sueños americanos que no nos pertenecen-, nunca ha mirado al sur; es decir, al Sur. Siempre soñando con Texas, California e Illinois ha negado la existencia de Guatemala, El Salvador y Honduras, el famoso Triángulo del Norte, conocido por la violencia bestial que allí se da: paramilitar, de Estado y de pandillas. Inmediatamente debajo de este triángulo, Nicaragua se ha unido a una dinámica similar debido a que un psicópata dictador que colocó a toda su familia en el sistema de Gobierno se niega a dejar su corrupción.

Bueno, esa parte de América que México no conoce se ha despertado. Y sus habitantes, manipulados o desesperados por un futuro (no mejor, siquiera, sino UN futuro), han comenzado a desplazarse en masa buscando ese sueño.

Miles de centroamericanos han entrado a México, con planes de llegar hasta el territorio norteamericano (lo que implica un viaje de miles de kilómetros en condiciones por demás adversas). Las reacciones mexicanas han sido totalmente contradictorias. Peña Nieto, ¡ese imbécil presidente que por seis años favoreció a sus intereses personales!, declaró su postura necia e indolente hacia un tema que merece mucho respeto y precaución. Los medios, por su parte, cada quién con sus tendencias sin tomar una postura profesionalmente crítica. El presidente electo (y por el cual, yo orgullosamente voté) mantiene un silencio indolente al respecto. Son pocos –o si son muchos la verdad no los he escuchado- los que reclaman humanismo en esta situación. Una situación que implica mucho, quizá más de lo que México sabe dar.

Miles cruzarán el territorio, mientras Trump se encaprichará más y más y dará órdenes a México y preparará estratagemas para detenerlos. Muchos desplazados abandonarán su odisea, quizá regresen o se escondan en este país, donde habrá partes que los acogerán y muchas otras donde los explotarán y asesinarán. Por otra parte, un éxodo de esta magnitud va ir generando problemáticas de salud, y más vale prepararse para prevenir que luego lamentarse y culpabilizar a estos desplazados, a los que les deseo alcancen la meta soñada.

Laura Restrepo, autora de una breve novela llamada La multitud errante en donde se refiere al drama de los desplazados dijo:

Creo que no hay duda: el gran drama de nuestro tiempo, la marca que nos caracteriza, es el desplazamiento, la emigración, la marginación de los emigrados,…, el peregrinaje de quienes huyen del hambre y de la violencia”.

 

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