Enrique Peña Nieto o la pesadilla de un gobierno mal habido

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En México el mandato de un presidente dura seis años. Demasiado tiempo. Una exageración temporal en la que Peña Nieto, considerado el primer telepresidente del país, con todas las vergüenzas que esto conlleva (de imagen metrosexual, casado por interés con una actriz de Televisa) ha dejado al país en un nivel de lástima y de pena increíbles. Aunque él insista que “toda su extensa labor fue con el fin de dejar a México listo para crecer de manera exponencial y alcanzar niveles tan altos como los europeos”. Lo cierto es que nos ha dejado en niveles equiparables con los africanos y de algunos otros países como Haití, Honduras o Nicaragua.

Me atrevo a decir que todas las decisiones que tomó fueron totales imposiciones, a nadie nos preguntó sobre el derrotero a tomar; implementó leyes estructurales que llevarían al país a desarrollarse como nunca y dichas leyes fueron concebidas por su élite de gobierno, por cierto, funcionarios corruptos que tenían intereses personales por encima de la visión de Estado. A un poco más de un mes del esperadísimo fin de su mandato, sus reformas no trajeron ningún beneficio a la mayoría de los mexicanos; al contrario, tenemos que pagar mucho más por la gasolina, por cualquier servicio, y por otros aspectos en donde antes no sucedía esto. Esto mencionado es solo un aspecto de la negatividad de este ejercicio presidencial.

El crimen organizado creció todavía más, como plaga infernal por todo el país. No hay lugar donde no tenga presencia; no hay lugar donde haya crímenes cotidianos, que, hablando en números dan cifras de terror. ¿Quién dice que Caracas es realmente peligrosa? ¡Por favor! En Zamora, Michoacán hay un promedio de dos a tres muertes por día y, esta al ser una ciudad con apenas un cuarto de millón la pondría en un primer lugar… pero durante el sexenio de Peña “de las cosas malas no se hablaría… por decreto” …. Y si con todo y leyes se habla de las calamidades existentes imagínense. El Gobierno contra el crimen no actuó, pero qué tal contra los maestros cuando les impuso su reforma educativa; allí sí se mostró bravo.

Leyes peñanietistas brotaron como alfaguaras. Solo que ninguna era para beneficio de su población, sino de su élite política que viene a ser la misma élite empresarial e inclusive criminal; porque los políticos hacen leyes para apropiarse de aquello que deja dividendos. El sur de México de las playas caribeñas está privatizado; mexicano que quiera bañarse en esas aguas tiene que pagar. Los recursos acuíferos también ya entraron al mercado de oferta y demanda, justo cuando el fracking quiere invadir el país…. ¡ah, pero uno bien verde! ¡Mexican fracking que no contamina nada, nada nadita!

Cada ley que Peña promovía generaba cientos de agraviados, y esto nunca le importó… hasta cierto momento; el de las elecciones.

Su escándalo de su casa blanca (porque la casa siempre fue de él, porque él era quien beneficiaba a esas empresas contratistas que se la construyeron y se le vendieron a precio de súper amigos forever besties!) fue su primer gran escándalo; uno rosa, al que luego se le aunó uno rojo y allí dejó de ser “ese político joven y triunfador que llevaba a México al éxito”, y allí comenzó la espiral descendente hacia el fracaso estando acompañado de un equipo de funcionarios soberbios hasta la rabia (y ya no digo corruptos porque c’est déjà  dit).

Sus funcionarios dijeron que “no gobernaban para la gradería”. ¿A qué imbécil se le ocurre declarar esto? A Aurelio Nuño, afeminado hombrecito que aspiraba a mucho y terminó repudiado por su propio partido.

Pero bueno, yo no necesito catarsis para ponerme hablar de cada fracaso político de este presidente y de cada uno de sus funcionarios. Llegó el día de las elecciones y el mismo Nuño declaró: “Tenemos nuestras propias encuestas” pensando que arrasarían con todos los votos, porque se las aplicaron a sus abuelitas, primas y hermanas, y, este día (glorioso, por cierto) lograron el mayor ridículo histórico que se le recuerde al sempiterno PRI.

Faltan cuarenta días aproximadamente para que Peña se vaya, y está dejando a un país acabado, humillado y lastimado. Un país al que ahora le toca lidiar con los negocios sucios de un súper aeropuerto que nadie pidió, del crimen organizado metido en cada rincón, de desvíos inauditos de dinero de parte de los gobernadores de este con el total amparo de todo el Gobierno, de instituciones colapsadas por su corrupción interna, y, para colmo, con una crisis centroamericana que amenaza con afectar más al país.

Peña Nieto, serás recordado como lo peor en la Historia de México; simplemente lo peor, y yo no lo digo: lo decimos miles… seguramente millones.

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