Archivo por meses: octubre 2018

El faraónico nuevo aeropuerto: Un pulso de fuerzas políticas

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Mucha expectativa está causando la declaratoria del día de ayer del presidente electo de México –que se comporta mejor que si estuviera en funciones- Andrés López Obrador en cuanto a cancelar el nuevo aeropuerto de México.

De inmediato el peso perdió valor, ¡qué raro! Estamos tan acostumbrados a este fenómeno que ya es cotidiano y a nadie asusta. Pronto que tarde periodistas comprados con el erario público a precios exorbitantes se lanzaron furibundos en contra del futuro gobernante para descalificarlo… Creo que el drama generado se entiende con esta breve descripción.

Siempre se supo que este proyecto calificado de “faraónico” por los costos que tendría, los recursos que movería y las increíbles ventajas que ofrecería al desarrollo del país traería. Al menos eso fue lo que el presidente mexicano más corrupto, débil y falso de los últimos tiempos dijo a los mexicanos.

Y desde el inicio las voces de oposición sonaron de inmediato de todas partes; era un vil negocio del grupo de poder: de esa élite que viene a ser el mero vértice de una estructura piramidal donde este grupo económico, al cual pertenece Peña Nieto –y de hecho fue colocado por estos precisos intereses- pensaban generar un mecanismo centenario que les daría opulencia extrema a ellos y sus futuras generaciones.

Un negocio inmobiliario, para el cual los aspectos de no rentabilidad, de ecocidio, de violación de derechos humanos y de inventar ventajas inmediatas a través de la voz de Estado, así como de mentir en cuanto a su propia razón de ser… pero lo presentaron enmarcado como la gran obra del sexenio. Un sexenio que no ofreció beneficio alguno a los ciudadanos, sino una pérdida enorme de poder adquisitivo, de seguridad y paz social y de desaparición de servicios de salud, entre otros asuntos.

Ahora este proyecto se declara sin futuro… pero Peña Nieto tiene un mes más de nefasto ejercicio presidencial y si durante seis años se dedicó a afectar a los mexicanos, no creo que se dé un descanso en estos últimos días.

Imagen tomada de internet

El proyecto faraónico

México y la caravana migrante

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No se puede negar que uno de los fenómenos actuales más trágicos que existen es el desplazamiento forzado de personas que huyen de la violencia regional o nacional que les tocó vivir.

México, como país, vive de este fenómeno en su enorme interior. Coahuila con el legado de narco terror que los gobernantes priistas Moreira le dejaron, Tamaulipas que lleva más de diez años siendo otro infierno criminal y Guerrero, en donde debido a sus riquezas naturales los intereses económicos buscan desplazar a su población para poder explotarlas, solo por mencionar territorios donde sus habitantes han tenido que abandonar sus tierras buscando básicamente no morir. Por lo tanto, los mexicanos debemos saber lo que esto significa.

Ahora bien, México –enajenado con sus sueños americanos que no nos pertenecen-, nunca ha mirado al sur; es decir, al Sur. Siempre soñando con Texas, California e Illinois ha negado la existencia de Guatemala, El Salvador y Honduras, el famoso Triángulo del Norte, conocido por la violencia bestial que allí se da: paramilitar, de Estado y de pandillas. Inmediatamente debajo de este triángulo, Nicaragua se ha unido a una dinámica similar debido a que un psicópata dictador que colocó a toda su familia en el sistema de Gobierno se niega a dejar su corrupción.

Bueno, esa parte de América que México no conoce se ha despertado. Y sus habitantes, manipulados o desesperados por un futuro (no mejor, siquiera, sino UN futuro), han comenzado a desplazarse en masa buscando ese sueño.

Miles de centroamericanos han entrado a México, con planes de llegar hasta el territorio norteamericano (lo que implica un viaje de miles de kilómetros en condiciones por demás adversas). Las reacciones mexicanas han sido totalmente contradictorias. Peña Nieto, ¡ese imbécil presidente que por seis años favoreció a sus intereses personales!, declaró su postura necia e indolente hacia un tema que merece mucho respeto y precaución. Los medios, por su parte, cada quién con sus tendencias sin tomar una postura profesionalmente crítica. El presidente electo (y por el cual, yo orgullosamente voté) mantiene un silencio indolente al respecto. Son pocos –o si son muchos la verdad no los he escuchado- los que reclaman humanismo en esta situación. Una situación que implica mucho, quizá más de lo que México sabe dar.

Miles cruzarán el territorio, mientras Trump se encaprichará más y más y dará órdenes a México y preparará estratagemas para detenerlos. Muchos desplazados abandonarán su odisea, quizá regresen o se escondan en este país, donde habrá partes que los acogerán y muchas otras donde los explotarán y asesinarán. Por otra parte, un éxodo de esta magnitud va ir generando problemáticas de salud, y más vale prepararse para prevenir que luego lamentarse y culpabilizar a estos desplazados, a los que les deseo alcancen la meta soñada.

Laura Restrepo, autora de una breve novela llamada La multitud errante en donde se refiere al drama de los desplazados dijo:

Creo que no hay duda: el gran drama de nuestro tiempo, la marca que nos caracteriza, es el desplazamiento, la emigración, la marginación de los emigrados,…, el peregrinaje de quienes huyen del hambre y de la violencia”.

 

Monstruos y Caníbales (en Ecatepec, estado de México)

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La noticia del mentado “monstruo de Ecatepec” está sonando mucho en los medios porque reúne elementos propios de una nota roja recontra amarilla: un psicópata, casado con otra psicópata, que entre ambos eran toda una empresa feminicida –aunque no sé si realmente el concepto de feminicidio aplique cabalmente en este caso-, que mataron a una veintena de mujeres jóvenes (algunas madres solteras), que tuvieron sexo antes (e incluso después) de asesinarlas, que se las comieron, que las destazaron, que alimentaron a sus perros son su carne, que botaron los restos a un terreno baldío, que vendieron algunos de sus huesos a un brujo practicante de artes oscuras… y un ETCÉTERA gigantesco.

Sin embargo, esa noticia puede que ni siquiera sea tan novedosa… y, posiblemente a pocos asuste.

En esta singular región del país más terrorífico de América ocurren cientos de asesinatos de mujeres al año; cientos, y, la policía poco ha hecho –si es que algo hubiese hecho-. Así que capturar finalmente a una pareja que participó en solamente veinte muertes no viene a significar nada de peso para la inflado y mortal estadístico; nada. De hecho, la mediatización de esta noticia puede afectar el interés por atrapar a las decenas de otros criminales que, solos, en pareja, en pandilla, en organizaciones o en el mismo Estado mexicano se dediquen a este diabólico acto. Una exaltación mediática para este par de caníbales se está llevando todas las atenciones, atenciones que ahora sí existen, pero que -siendo honestos- antes a nadie en el estado de México, a nadie, le importaba, porque este estado mexicano es propiedad del PRI y su clan de empresarios que nunca se han preocupado por ofrecer bienestar a sus votantes comprados.

Que quede claro que a estos asesinos antropófagos los atraparon por mero accidente; sin investigación de por medio, como suele suceder en México; pura chiripa.

Ahora bien, en uno de mis últimas publicaciones (antes de otro de mis comunes recesos que desde hace años me tomo sin decir nada) me referí a una película –increíblemente mexicana contextualizada en la ciudad de México, y, por qué no; en el mismo Ecatepec-: Somos lo que hay. En este post, hice la siguiente reflexión:

La película me pareció una crítica sociológica tremenda, aunque bien ingenua. Asuntos que trata son de lo más común en mi país, aunque haya quienes se indignasen. Hay escenas de sangre, que no me conmovieron; este es un pinche país bien sangriento donde eso que sale no es nada, y cada día deviene menos. Pero sobre todo, el susto que tuve fue por reconocer que hay situaciones que pueden ser posibles en este rompecabezas dantesco que vive el país… ¿Algunos de los miles de desaparecidos son por causa de un canibalismo común callado por la inepta policía?

Y, este cuestionamiento, al parecer, ahora es más válido que nunca.

Goya

Saturno devorando a su hijo

Enrique Peña Nieto o la pesadilla de un gobierno mal habido

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En México el mandato de un presidente dura seis años. Demasiado tiempo. Una exageración temporal en la que Peña Nieto, considerado el primer telepresidente del país, con todas las vergüenzas que esto conlleva (de imagen metrosexual, casado por interés con una actriz de Televisa) ha dejado al país en un nivel de lástima y de pena increíbles. Aunque él insista que “toda su extensa labor fue con el fin de dejar a México listo para crecer de manera exponencial y alcanzar niveles tan altos como los europeos”. Lo cierto es que nos ha dejado en niveles equiparables con los africanos y de algunos otros países como Haití, Honduras o Nicaragua.

Me atrevo a decir que todas las decisiones que tomó fueron totales imposiciones, a nadie nos preguntó sobre el derrotero a tomar; implementó leyes estructurales que llevarían al país a desarrollarse como nunca y dichas leyes fueron concebidas por su élite de gobierno, por cierto, funcionarios corruptos que tenían intereses personales por encima de la visión de Estado. A un poco más de un mes del esperadísimo fin de su mandato, sus reformas no trajeron ningún beneficio a la mayoría de los mexicanos; al contrario, tenemos que pagar mucho más por la gasolina, por cualquier servicio, y por otros aspectos en donde antes no sucedía esto. Esto mencionado es solo un aspecto de la negatividad de este ejercicio presidencial.

El crimen organizado creció todavía más, como plaga infernal por todo el país. No hay lugar donde no tenga presencia; no hay lugar donde haya crímenes cotidianos, que, hablando en números dan cifras de terror. ¿Quién dice que Caracas es realmente peligrosa? ¡Por favor! En Zamora, Michoacán hay un promedio de dos a tres muertes por día y, esta al ser una ciudad con apenas un cuarto de millón la pondría en un primer lugar… pero durante el sexenio de Peña “de las cosas malas no se hablaría… por decreto” …. Y si con todo y leyes se habla de las calamidades existentes imagínense. El Gobierno contra el crimen no actuó, pero qué tal contra los maestros cuando les impuso su reforma educativa; allí sí se mostró bravo.

Leyes peñanietistas brotaron como alfaguaras. Solo que ninguna era para beneficio de su población, sino de su élite política que viene a ser la misma élite empresarial e inclusive criminal; porque los políticos hacen leyes para apropiarse de aquello que deja dividendos. El sur de México de las playas caribeñas está privatizado; mexicano que quiera bañarse en esas aguas tiene que pagar. Los recursos acuíferos también ya entraron al mercado de oferta y demanda, justo cuando el fracking quiere invadir el país…. ¡ah, pero uno bien verde! ¡Mexican fracking que no contamina nada, nada nadita!

Cada ley que Peña promovía generaba cientos de agraviados, y esto nunca le importó… hasta cierto momento; el de las elecciones.

Su escándalo de su casa blanca (porque la casa siempre fue de él, porque él era quien beneficiaba a esas empresas contratistas que se la construyeron y se le vendieron a precio de súper amigos forever besties!) fue su primer gran escándalo; uno rosa, al que luego se le aunó uno rojo y allí dejó de ser “ese político joven y triunfador que llevaba a México al éxito”, y allí comenzó la espiral descendente hacia el fracaso estando acompañado de un equipo de funcionarios soberbios hasta la rabia (y ya no digo corruptos porque c’est déjà  dit).

Sus funcionarios dijeron que “no gobernaban para la gradería”. ¿A qué imbécil se le ocurre declarar esto? A Aurelio Nuño, afeminado hombrecito que aspiraba a mucho y terminó repudiado por su propio partido.

Pero bueno, yo no necesito catarsis para ponerme hablar de cada fracaso político de este presidente y de cada uno de sus funcionarios. Llegó el día de las elecciones y el mismo Nuño declaró: “Tenemos nuestras propias encuestas” pensando que arrasarían con todos los votos, porque se las aplicaron a sus abuelitas, primas y hermanas, y, este día (glorioso, por cierto) lograron el mayor ridículo histórico que se le recuerde al sempiterno PRI.

Faltan cuarenta días aproximadamente para que Peña se vaya, y está dejando a un país acabado, humillado y lastimado. Un país al que ahora le toca lidiar con los negocios sucios de un súper aeropuerto que nadie pidió, del crimen organizado metido en cada rincón, de desvíos inauditos de dinero de parte de los gobernadores de este con el total amparo de todo el Gobierno, de instituciones colapsadas por su corrupción interna, y, para colmo, con una crisis centroamericana que amenaza con afectar más al país.

Peña Nieto, serás recordado como lo peor en la Historia de México; simplemente lo peor, y yo no lo digo: lo decimos miles… seguramente millones.