La epidemia callada (¿la visita del Papa?)

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Esto comenzó hace más de dieciocho días. Toda la población dentro de un radio de sesenta kilómetros comenzó a enfermarse de las vías respiratorias (me refiero a la realidad que yo conozco). Yo fui uno de ellos.

Según, dispongo de un servicio médico gratuito, y como casi todo el mundo, ¡ni por accidente lo uso! Ya sabemos que su cuadro básico de medicamentos son antinflamatorios irritantes y antibióticos de poca monta. Fui, como suelo hacerlo, con un médico particular.

Infección viral y bacteriana al mismo tiempo; doble toma de medicamentos. De preferencia no ir a trabajar dos días. Lo malo del médico particular es que no te puede incapacitar… y aun así me las arreglé para no ir.

¡Todo el mundo enfermo! Yo falté dos días, luego, otros… y otros. La epidemia era evidente.

Un médico de uno de los institutos del Estado fue informado de la situación en una reunión “interna”: que era muy delicado el asunto y llevaba un elevado riesgo de convertirse en neumonías masivas. Los contagios iban en aumento geométrico, las farmacias vendiendo medicina a diestra y siniestra (con o sin recetas) y, la respuesta del Estado… ¡Nunca se dio de manera formal!

Jamás organismo alguno avisó a la población. No hubo visitas a escuelas o centros de trabajo. No hubo noticias locales, menos estatales.

Han pasado casi veinte días que esto comenzó. Las farmacias se armaron de la medicina adecuada para este caso extraordinario. Los más afortunados vamos –apenas- de salida de la enfermedad pero aun así se ven cientos de enfermos que no dejan de toser. Se sabe que cientos de escuelas tomaron la decisión de condicionar la entrada de alumnos solo con cubrebocas y regresar a los que se mostraban enfermos. En otros centros de trabajo hubo también incidencias…

Y el Gobierno SIN DECIR NADA.

cubrebocas

p.s. Ya hay quienes aseguran que todo comenzó con la visita del Papa, que hay una historia detrás de esto. Para mí, la única historia es el Silencio Oficial.

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