Archivo por meses: Marzo 2016

Las cenizas del cóndor (sobre cómo pude conocer a Fernando Butazzoni

Febrero del 2008. Vagaba yo por una de las principales avenidas de Montevideo cuando divisé una gran librería. En cada viaje que pude hacer, adquiría productos culturales como recuerdos que asegurasen más su perennidad conmigo.
Le pregunto al empleado: “Recomiéndame algo del Uruguay, algo de verdad bueno”. Vaya pregunta ingenua, lo sé, preguntarle eso a un empleado que vende algo es una oportunidad para ofrecer lo más vasto e infeliz que pueda haber. Pero en este caso el joven empleado me ofreció dos textos; Perfumes de Cartago (¡que no he leído y lo tengo bien guardado en alguna parte lejos de mí!), y El profeta imperfecto, de Fernando Butazzoni.
El empleado me dijo: “Esta novela, si bien no fue la que ganó el Premio Planeta, se imprimió como reconocimiento, ¡y es en verdad muy buena!”
Meses después, instalado nuevamente en México, pude leer a Butazzoni quedando maravillado con su historia tan alucinante como divertida. Y compartí el libro con otras personas más, que estuvieron de acuerdo conmigo de la magia de esa historia de un incógnito joven Noé en Montevideo.
Noviembre del 2015. Comienzo mi recorrido en la Feria Internacional del Libro en el stand de Perú, donde por cierto hay demasiados pocos libros y más bien están en exhibición (¡qué cojudez!), pero aun así, encuentro un título publicado por una universidad donde un ex amigo sigue siendo director académico. Para mi fortuna, sí está en venta y lo adquiero.
Apenas a unos metros de Perú puedo ver a Uruguay, y de diez zancadas llego al nuevo territorio. El stand no es grande, pero tiene buen surtido de libros y ellos sí están en venta. Un empleado muy sonriente me aborda y, de inmediato, le digo que conozco Montevideo y a El profeta imperfecto.
– ¡Butazzoni! Mmm, sí, por aquí tengo algo… – y encuentra un gran “tabique” que ciertamente me intimida.
– Oye, ¿y sí es bueno? O sea, mejor que El profeta…- pregunta idiota dirigida a un vendedor, pienso otra vez, pero ver el calibre de esa novela me desconcierta algo.
– ¡Es mucho mejor!- responde muy animado.
– ¡Está bien!- ¿Qué otra cosa le iba decir cuando en este país (México) ninguna librería ha vendido nunca algo de este escritor uruguayo?- ¿Cuánto cuesta?-
– Deja y veo… trescientos pesos.
Para un libro de 750 páginas de una editorial sólida como lo es Planeta, y estando en México, me pareció más que una ganga (y de ganga en ganga ese día salí con ocho títulos y más de dos mil pesos invertidos).
Marzo de 2016. Disfrutando mis inmerecidas vacaciones de Semana Santa por fin comienzo a leer la novela y en cuestión de dos horas me siento irremediablemente atrapado en una historia de dictadores militares, presos y fugitivos políticos, policías torturadores, espías extranjeros (todo esto en el año 1974) mientras que en el año 2002 un periodista arma esta investigación de la historia del Uruguay y sus conexiones con la historia de la Argentina y de Chile.
En cuestión de pocos días con un promedio de dos horas de lectura al día termino la fascinante novela, dándole la razón al empleado: “Es mejor”, o quiero decir; “muy diferente”.
Un diluvio de cuestiones me han venido a la mente a lo largo de la lectura de esa obra; asuntos que quizá postee algún día. Mi admiración por esta pluma montevideana aumenta así como mi indignación que sus libros NO SEAN conseguibles en México. ¿A qué se debe esto? Este será otro tema de reflexión en mi blog.

Portada salvajemente fetichista de Las cenizas del cóndor.

cencondor1Portada de estética soft de Las cenizas del cóndor

La epidemia callada (¿la visita del Papa?)

Esto comenzó hace más de dieciocho días. Toda la población dentro de un radio de sesenta kilómetros comenzó a enfermarse de las vías respiratorias (me refiero a la realidad que yo conozco). Yo fui uno de ellos.

Según, dispongo de un servicio médico gratuito, y como casi todo el mundo, ¡ni por accidente lo uso! Ya sabemos que su cuadro básico de medicamentos son antinflamatorios irritantes y antibióticos de poca monta. Fui, como suelo hacerlo, con un médico particular.

Infección viral y bacteriana al mismo tiempo; doble toma de medicamentos. De preferencia no ir a trabajar dos días. Lo malo del médico particular es que no te puede incapacitar… y aun así me las arreglé para no ir.

¡Todo el mundo enfermo! Yo falté dos días, luego, otros… y otros. La epidemia era evidente.

Un médico de uno de los institutos del Estado fue informado de la situación en una reunión “interna”: que era muy delicado el asunto y llevaba un elevado riesgo de convertirse en neumonías masivas. Los contagios iban en aumento geométrico, las farmacias vendiendo medicina a diestra y siniestra (con o sin recetas) y, la respuesta del Estado… ¡Nunca se dio de manera formal!

Jamás organismo alguno avisó a la población. No hubo visitas a escuelas o centros de trabajo. No hubo noticias locales, menos estatales.

Han pasado casi veinte días que esto comenzó. Las farmacias se armaron de la medicina adecuada para este caso extraordinario. Los más afortunados vamos –apenas- de salida de la enfermedad pero aun así se ven cientos de enfermos que no dejan de toser. Se sabe que cientos de escuelas tomaron la decisión de condicionar la entrada de alumnos solo con cubrebocas y regresar a los que se mostraban enfermos. En otros centros de trabajo hubo también incidencias…

Y el Gobierno SIN DECIR NADA.

cubrebocas

p.s. Ya hay quienes aseguran que todo comenzó con la visita del Papa, que hay una historia detrás de esto. Para mí, la única historia es el Silencio Oficial.