Archivo por meses: Enero 2016

En el país de las desapariciones

Otros países tuvieron pesadillas de décadas generadas por gobiernos militares, otros por sus luchas paramilitares debido a la intervención de intereses extranjeros; pero creo, que en esas naciones y de alguna manera como consecuencia de esos terribles momentos, una vez terminados los periodos de terror la forma de pensar cambió, para bien.

En México, ahora… y desde hace ocho años se vive una realidad tan singular; desaparecen (y mueren) una considerable cantidad de personas día con día. Y de esto poco se informa (¡orden presidencial).

No, no estamos en guerra. Ni hay intereses de intervención. Lo cotidiano aquí es consecuencia de los gobiernos corruptos (partidos políticos, como el PAN y, sobre todo; el PRI) que empoderaron al crimen organizado. Con él “se arreglaron” para entregar territorios, para que devinieran la autoridad fáctica de dichas regiones a cambio de desconocidas ganancias económicas.

Cada día platicando con amigos de otras regiones el tema es igual; asesinados, levantados, desaparecidos. Peor aún; es tan intenso que ya vivimos dentro de esa dinámica, ya no es una historia escuchada, un “a mí me contaron”. El servicio forense está lleno de cuerpos que nadie reclama. Ayer mataron a un ciudadano X: padre de familia, obrero de tiempo completo, se le veía a diario con su familia… asesinado con saña. Antier encontraron a una joven mujer, desaparecida hace ocho meses; asesinada. Mañana veremos quién sigue. ¿Hay patrones en los crímenes o perfiles en las víctimas? Nadie sabe.

En la esquina de mi barrio hay dos jovencillos sentados en la sombra, con una moto al lado. Tienen tres días allí. Parecen convivir, platicar, y varios tipos del barrio pasan y los saludan. Cualquiera que tenga ojos y sepa ver entiende qué pasa. Ver y callar, y –dicen- no pasará nada. Pero nada pasa hasta que pasa.

¡Gracias presidentes corruptos de México!

De Rubén Blades, un tema relacionado, por una banda enorme….

David Bowie, Glenn Frey y la epidemia de la muerte prematura

Hace poco, una antropóloga que trabaja en Harlem (¡hasta dónde se lee mi blog!) me preguntó si me había afectado la muerte de David Bowie. Justo, a principios de año había descargado una nueva antología de sus éxitos (de los cuales, muchos temas de su primera época siguen siendo perfectos) y su último disco Blackstar (lo escuché un par de veces encontrándolo de muy buena calidad; lo tengo para más adelante).

Bueno, la respuesta a la pregunta debe reflexionarse con calma. ¿Me afectó su muerte? No lloré ni me embriagué, pero me fui al trabajo escuchando Rareza espacial, El hombre que vendió al mundo, Vida en Marte y Hombre de las estrellas entre otras llegando al trabajo casi en lágrimas. Bowie fue un prodigio de los setentas; un artista mítico sin límites definibles… y murió con “apenas” 67 años.

Digamos, su muerte me fue inesperada pero no me afectó a un nivel estructural… días después se anuncia la muerte del Eagle Glenn Frey….

Y entra nuevamente la cuestión de edad.

Me puse a recordar mi historia con los Eagles… ese disco 45 rpm que traía de un lado Hotel California con toda su duración y, del otro lado, ¡El nuevo chico del pueblo! Pocas veces en mi vida pinché y pinché (eso de “reproducir” como sería la forma más aceptada en el español de mi país no me cuadra) tantas veces un pequeño acetato. 1977 fue el año en que conocí a estos temas gracias a este disco que me regalaron y esta banda ya tenía cuatro LP en su haber. Poco después, a la radio llegarían “Tristezas esta noche”, Ojos mentirosos, Tómalo con calma y Lo mejor de tu amor (entrecomillé la de tristezas porque su traducción no me sigue gustando) y comenzando la década ochentera, esta famosísima banda se desintegraría y sus músicos harían interesantes trabajos en solitarios.

“La verdad esos músicos casi no pegaron” me dijo un amigo. Pero recordé que él es diez años menor que yo. Pudo vivir la música en los ochentas y, el rock con matices folk y country se dio, mayoritariamente, en los setenta. Dos LP de Eagles llegaron a vender entre ellos casi 100 millones de copias, y eso que “casi no pegaron”.

Frey era el más reventado de los Eagles. Él fue el autor de la letra de Hotel California, uno de los textos más perturbadores que se hayan hecho hasta entonces y una de “las más letras más estudiadas” en la música… pero seriamente tocada por la poesía de William Blake (nada raro, los Héroes del Silencio hicieron lo mismo). Y, Felder y Henley se llevaron los créditos de la música… que es muy pero muy parecida a un tema de Jethro Tull… y con todo esto, la canción pegó como pocas en la historia.

Glenn Frey murió muy joven; 67 años. ¿Por qué los buenos se van antes? Es una cuestión que sigo preguntándome.

Glenn, vocalista de este tema eagle; uno de mis favoritos.

Escuchar sin prejuicio: de este tema de Jethro Tull salió la música de Hotel California.

Punto de Quiebre (2015), Hollywood a la baja, el Estado Islámico y las salas de cine en México

Por supuesto que vi y adoré Point Break (1991), así como otra soberbia película de la misma mujer (preciosa artista plástica y directora de cine, estadounidense y, en cierto momento, esposa de Mr. Movies James Cameron). La temática de esta película de hace veinticuatro años ha sido tan original que eso le ha dado su respeto y vigencia por más de dos décadas. Pero dejaré de lado cualquier elemento de esta clásica versión.

Cada vez va menos gente a los cines. Antes, ir en sábado o domingo apenas entrada la tarde era llegar a ver las colas de gente ganosa de ver alguna película. Hace tres años todavía era posible ver gente; ahora, cada vez menos. Ir entre semana a una función es sentarse en medio de una sala para trescientas personas rodeado de nadie. Ideal para ver algo de terror… si es que todavía hacen películas de este género. ¿Qué está pasando entonces?

¿Que porque es muy caro? ¿Que por las descargas? ¿O la piratería? ¿Netflix o Cinépolis Klick? ¿O de plano la inseguridad en un país como México tiene a la gente encerrada en casa? Se podrán buscar mil razones para explicar esto, pero pocos hablan de la más importante. Ir al cine es un juego de azar, un albur; las películas que se exhiben, en su mayoría, son pésimas. Más de lo mismo, o lentas o superrápidas, o mal actuadas, o guiones absurdos, o el sello Disney como antirrey Midas volviendo mierda todo lo que toca. ¿De cuántas películas me he salido sin haber llegado a la mitad? ¡Uff! Y de ellas varias han sido “superproducciones”. La industria del cine ha saturado a la población dándole mediocridad en exceso en una frenética carrera de recaudar fortuna muy, pero muy por encima de ofrecer algo que mueva, que conmueva, que deje tocado al público con ganas de regresar otra y otra vez a una sala de cine.

Los “jóvenes de hoy” (frase tan ridícula) jamás sabrán lo que era ir a una gran sala de cine (no multisalas) mirar un afiche de una auténtica y verdadera película y tener que esperar meses para poder verla. Ahora, cada semana sale una veintena de producciones solamente en los E.U.A., de las cuales algunas “serán las escogidas” para llegar a las salas de México. ¿De qué sirve que en una ciudad mexicana haya  sesenta salas en siete u ocho complejos si son diez películas las que están en juego? Y de esas diez películas quizá ninguna valga la pena.

Me metí a ver Summer camp (producción española, hablada en inglés) para hacer tiempo y volver a ver Point Break en 3D. Me ocurrió algo que deviene costumbre: quedé asqueado de tanta idiotez y mejor salí al estacionamiento a pasar el tiempo. De hecho, tuve que adelantar la función hora y medio y renunciar a esa rara tecnología que me parece cuestionable en casi todas las películas (pero con contadas excepciones extraordinarias).

Punto de Quiebre era de nuevo mi meta. La había visto unos días antes y la había disfrutado enormemente, a pesar de sus evidentes falencias. Pero era una extraña película que después de cinco días no se quería salir de mi cabeza.

La vi de nuevo y mi adoración por ella aumentó… aunque ahora sí le noté los efectos (la tecnología 3D es un maravilloso maquillaje) y constaté que la “conversión” de Johnny Utah es ilógica… ¡pero qué importa eso! Las secuencias de deporte extremo quitan la respiración, la música otorga una ambientación preciosa, los paisajes son inimaginables, los escenarios cuidadosamente seleccionados la hacen un producto que vale la pena. Entretenimiento único con enormes dosis de retos culturales (¿Realmente es posible ver tsunamis desde un yate? ¿Cuál es la ola surfeable más grande alguna vez registrada? ¿Hay edificios de cien pisos en Bombay? ¿Puedes entrar en paracaídas de manera vertical en La cueva de las golondrinas –que no son ni golondrinas siquiera pero que se encuentra en México-? ¿Cuánto les toma a cuatro chicos subir ellos solos al Everest… para de allí saltar en paracaídas? ¿Desde qué altura se puede brincar al agua sin matarse?).

Yo le perdono todos los defectos ante tantas virtudes. Y me queda claro que los sitios donde escriben “reseñistas expertos” son solo una farsa vil. Nunca voy olvidar cómo en Birdman (ganadora del Óscar, del mexicano González I.) ese personaje, una mujer que es la crítica de teatro más mierda de Broadway le dice al protagonista “¿Cómo pensaste que ibas a triunfar sin antes haber hablado conmigo?). Las reseñas de cine me dan risa.

FireShot Capture 1 - Point Break (2015) - Rotte_ - http___www.rottentomatoes.com_m_point_break_2013_

A los personajes secundarios les faltó tiempo y diálogo. No crecieron, aunque ni era necesario. Todos ellos (tres varones más una mujer) de extraña belleza: actores suecos, noruegos, alemanes… ella australiana y Él: ¡venezolano! ¿No es hermoso ver en los créditos el nombre de Édgar Ramírez y, además, escrito con sus respectivas tildes? Dos sílabas en la pila y tres en el apellido… la verdad, ya estaba harto de leer imbéciles monosílabos (como Will Smith).

Entonces, estas hermosas personas, jóvenes, sonrientes y llenas de vida; adoradoras de los paisajes y del cuidado físico (la secuencia de nado por la noche es maravillosa) tienen una filosofía poderosísima. Todos estos personajes son movidos por una fuerza interna monstruosa, y un sentimiento de obligación hacia la misma Tierra; la religión más pura que puede haber. Y, guiados y motivados por esta fuerza (¡porque esta sí es fuerza, no la estupidez Jedi!) robarán, destruirán y matarán sin contemplaciones a quien se les ponga enfrente. El problema, en esta historia, es que afectaban intereses norteamericanos y ¡con ellos nadie se mete! Bueno, entonces entra el Estado Islámico. ¿No es justo el perfil y la manera de sentir de este grupo religioso extremista y radical?

Los miedos del mundo terminan plasmándose en el cine. Esa es una característica única de este arte. Y Point Break ofrece una visión poética de este ejemplo.

 

P.S. No es perfecta mas se acerca, a lo que simplemente soñé (P. Milanés).