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México, sometido a Televisa (La dictadura perfecta)

Si bien, la última película de Luis Estrada (El infierno, Un mundo maravilloso, La ley de Herodes) titulada La dictadura perfecta (esa genial frase que le dedicó el ahora Nobel Vargas Llosa al México regido por décadas por el partido político PRI) no la quise ver en cine hace unos dos meses que fue estreno, fue por comentarios de un maestrista de Antropología social que me insistía que esta cinta, curiosamente, estaba “prohibida y censurada”… que no se podía encontrar en ningún puesto pirata en todo el país y, para hacer más intenso el comentario; solo había una versión digital (grabada en una sala de cine) descargable.

Y, en lo que pude corroborar; no había una versión comprable en mi ciudad de residencia y descargué dos veces la misma versión pero en diferente formato. Entonces, me puse a mirarla.

¡Qué mejor comienzo que ver las rayas de estática de una pantalla de televisión con la siguiente leyenda!

“En esta historia, todos los nombres son ficticios. Los hechos, sospechosamente verdaderos. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia” y ¡zaz! ¡Comienza el pantagruélico menú! (Advertencia, a partir de aquí mencionaré contenido de la película –spoilers-.)

Un presidente igualito a Peña Nieto diciendo una sarta de idioteces (igualito a Peña Nieto).

Una televisora cuidando los comentarios y manipulando noticias para que los accidentes de inteligencia del presidente no sean considerados tan importantes.

Un conductor de noticias del programa más visto del país que sigue las instrucciones directas de un maquiavélico jefe que analiza porque entiende la manera como piensa su público (es decir, casi la mayoría de la población).

Un gobernador que resulta “expuesto” en uno de sus cientos actos de corrupción para con esto suavizar la serie de idioteces presidenciales y, que, al sentirse agraviado, llega a un acuerdo con la misma televisora para que “su imagen sea limpiada”.

Un ejecutivo de televisión que señala la imagen del presidente y dice: “si a este pendejo (“estúpido”; aclaración cultural ya que este blog no está en México) lo llevamos a la presidencia a ti te posicionamos nuevamente”.

El gobernador ahora “coucheado” por los cínicos y calculadores “genios de la comunicación” sigue con sus borracheras, sus fiestas con vedettes, gastando dinero… y mirando telenovelas… porque… resulta… que se quiere acostar… ¡con una actricilla de la televisora!

Durante las dos horas que dura la película en ningún momento me sentí alegre o relajado, sino angustiado y preocupado; el retrato que hace –nuevamente- Luis Estrada de este país es simplemente apocalíptico y, después de haber mirado esta historia un montón de noticias y hechos actuales que hablan de crímenes masivos, desfalcos económicos me parecen hilados, arreglados y dirigidos por Televisa… y me pregunto, ¿hacia dónde –que no sea el desbarrancadero- va mi país con Televisa, Peña Nieto y el PRI?

Y lo más innegables es que millones de mexicanos día con día pierden horas de sus vidas mirando la programación imbecilizante que emiten las televisoras (que también tienen sus propios bancos, sus fundaciones, sus editoriales, sus escuelas formadoras y todo lo que se necesita para estar por todas partes y en todas las mentes nacionales).

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