Justicia futbolística (Mundial 2014)

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Acaba de terminar “la fiesta del fútbol” y me siento satisfecho. Solamente en España 1982 pude pasar tanto tiempo mirando partidos y disfrutando equipos, jugadores y sus jugadas. En este periodo las condiciones de horario y de trabajo me permitieron ver varios partidos que me interesaron (un par vía streaming del internet).

Por un momento me sentí emocionado por la escuadra de mi  país. Pero, como siempre (y este siempre no me refiero a la constante eliminación en los octavos) todo lo que gira en torno al equipo nacional (al que no me atrevo a llamarlo El Tri porque el marihuano de Alex Lora se puede molestar… aunque el mexicano no sea el único Tri en América siquiera) es inflado por las televisoras y le hacen creer a “la culta población mexicana” (teleadicta y con otras adicciones más hard) que tuvimos el mejor D.T., el mejor portero y el mejor delantero (aunque solo en el primer juego).

Desde el inicio de los juegos vi que “los dos favoritos de América” (¡Dios! ¿Debo entrecomillar todo?) no traían ni los talentos ni los esquemas para ser considerados tales. De Brasil poco voy hablar; ¡pobres! ¿Qué se puede esperar de un equipo que apostaba a Neymar como un auténtico crack? Jamás estará a la talla de Romario, Bebeto, Ronaldinho, Zico y muchos más.

Argentina tampoco mostró mucho. Sin embargo, su match final fue épico, peleado y muy entretenido (a eso se le llama irse con la frente en alto, no como la vedette de CR7 que rompió el único y absurdo récord de cambiar de peinado en cada uno de los tres juegos).

¿Qué le depara a ese jugador erróneamente considerado “el mejor”? Ese que todos los comentaristas decía que le tomaba dos segundos cambiar el rumbo de un partido. Se vino de España perdiendo todo pero ganando el mayor contrato del fútbol que yo pueda recordar. ¿Acaso apostó a volver como campeón del mundo y mejor jugador del Mundial y con eso justificar los mil euros que gana por cada diez minutos de vida (no me hagan mucho caso con esta estadística)?

Los mejores equipos no pudieron llegar más lejos por cuestiones de filosofía y religión en el fútbol; hasta que leí una serie de ensayos llamados Dios es redondo (Juan Villoro, 2007) pude pasar mi nivel de comprensión… ¡y en este Mundial la justicia se hizo!

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