¡Vivan los Millers!

[Visto: 933 veces]

Me gusta ver comedias por bobaliconas que puedan resultar. Aunque son pocas las que me llegan a conmover enormemente; esas pocas, cuando las veo las veo varias veces seguidas (en espacio de un día); dos ejemplos de ello son ¿Dónde están las rubias? (White chicks, 2004) y Zoolander (2001).

Sospechaba que Somos los Millers (2013) me gustaría. Tenía una premisa ridícula: un vendedor de droga gringo se inventaría una familia para venir a México y comprar un par de toneladas (pizca y media) y, con esto se metería en un problema mayor. Es que la temática -por simple, trillada e inclusive ingenua- daba para crear situaciones críticas y políticamente incorrectas que sospechaba disfrutaría enormemente. Y así fue.

Esta historia supertípica comienza como las historias típicas norteamericanas; habitantes de un mismo edificio que lejos de ser amables unos con otros se tratan con el mejor de los desprecios. Diálogos de vecinos cargados de ironías y dolor, familias totalmente disfuncionales y… por supuesto; drogas. Así que hay un adolescente que está solo en casa porque su mamá salió un rato (al menos lleva una semana fuera y no sabe ni adónde fue), una persona vende drogas, su vecina es una desnudista… ¡guau! Analizo el barrio donde vivo y a mi lado vive un vendedor de paletas, y al otro un mecánico… aburrida vecindario.

La sola idea de que una familia norteamericana biparental donde los integrantes hablan, actúan y visten como idiotas y eso les da privilegios sociales como premio a su mediocridad me parece provocadora. Y más aún para pensar que con eso bastaría para cruzar la frontera país consumidor-país vendedor y viceversa.

Luego, el desfile de clichés raciales/nacionales: México es una gran aldea, llena de campesinos, gallinas y cerdos por las calles y, entre tantas chozas, aparecen mansiones enormes y bellas, claro, propiedades de narcos. Y es que en todo esto (un hipergastado estereotipo) siempre hay una verdad parcial.

Todo iba bien cuando se aparece otra familia idiota… y allí la película se eleva por los aires. Un matrimonio con una hija (también adolescente) que está experimentando problemas sexuales y, con extraña visión de ver el mundo “leen” que la pareja Miller es lo más “abierto, maduro, tolerante y sexualmente dispuesto” sin saber, claro, que estas “disposiciones” (si es que las hay) son por el hecho de hacer lo posible por volver con la droga…

Si bien podría cuestionar tantas cosas de esta bizarra historia, la verdad yo solo quería reírme un rato con chistes vulgares, atrevidos y políticamente incorrectos (como cuando los policías fronterizos balean sin misericordia a los ilegales que intentaban cruzar la frontera). Porque siempre he creído que en medio de tantos absurdos y mentiras siempre yace la verdad. Y también siempre he creído que todos deseamos tener “una familia” original, atrevida, irreverente y sorpresiva…

¡Bien por los Millers y todo el elenco de diez actores!

 

Puntuación: 0 / Votos: 0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *