Archivo por meses: Enero 2014

¡Vivan los Millers!

Me gusta ver comedias por bobaliconas que puedan resultar. Aunque son pocas las que me llegan a conmover enormemente; esas pocas, cuando las veo las veo varias veces seguidas (en espacio de un día); dos ejemplos de ello son ¿Dónde están las rubias? (White chicks, 2004) y Zoolander (2001).

Sospechaba que Somos los Millers (2013) me gustaría. Tenía una premisa ridícula: un vendedor de droga gringo se inventaría una familia para venir a México y comprar un par de toneladas (pizca y media) y, con esto se metería en un problema mayor. Es que la temática -por simple, trillada e inclusive ingenua- daba para crear situaciones críticas y políticamente incorrectas que sospechaba disfrutaría enormemente. Y así fue.

Esta historia supertípica comienza como las historias típicas norteamericanas; habitantes de un mismo edificio que lejos de ser amables unos con otros se tratan con el mejor de los desprecios. Diálogos de vecinos cargados de ironías y dolor, familias totalmente disfuncionales y… por supuesto; drogas. Así que hay un adolescente que está solo en casa porque su mamá salió un rato (al menos lleva una semana fuera y no sabe ni adónde fue), una persona vende drogas, su vecina es una desnudista… ¡guau! Analizo el barrio donde vivo y a mi lado vive un vendedor de paletas, y al otro un mecánico… aburrida vecindario.

La sola idea de que una familia norteamericana biparental donde los integrantes hablan, actúan y visten como idiotas y eso les da privilegios sociales como premio a su mediocridad me parece provocadora. Y más aún para pensar que con eso bastaría para cruzar la frontera país consumidor-país vendedor y viceversa.

Luego, el desfile de clichés raciales/nacionales: México es una gran aldea, llena de campesinos, gallinas y cerdos por las calles y, entre tantas chozas, aparecen mansiones enormes y bellas, claro, propiedades de narcos. Y es que en todo esto (un hipergastado estereotipo) siempre hay una verdad parcial.

Todo iba bien cuando se aparece otra familia idiota… y allí la película se eleva por los aires. Un matrimonio con una hija (también adolescente) que está experimentando problemas sexuales y, con extraña visión de ver el mundo “leen” que la pareja Miller es lo más “abierto, maduro, tolerante y sexualmente dispuesto” sin saber, claro, que estas “disposiciones” (si es que las hay) son por el hecho de hacer lo posible por volver con la droga…

Si bien podría cuestionar tantas cosas de esta bizarra historia, la verdad yo solo quería reírme un rato con chistes vulgares, atrevidos y políticamente incorrectos (como cuando los policías fronterizos balean sin misericordia a los ilegales que intentaban cruzar la frontera). Porque siempre he creído que en medio de tantos absurdos y mentiras siempre yace la verdad. Y también siempre he creído que todos deseamos tener “una familia” original, atrevida, irreverente y sorpresiva…

¡Bien por los Millers y todo el elenco de diez actores!

 

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Papá, mi nombre es para siempre

Quedé atónito cuando leí semejante noticia. En Chiapas (¿acaso hay estado más exótico en este México narco y querido?) ciertos individuos (y la noticia lo aclara, NO son indígenas sino mestizos) están en una fiebre de bautizar a sus hijos con nombres como:

Aguinaldo (se nota que viene de un maestro de básica), Astroboy (pues está chido el nombre y también me gustó la película), Airlain -de línea aérea en inglés- (el sueño húmedo de algún iluso que nunca ha volado y menos a los USA, Ataúd (maldito padre necrofilíaco), Bienvenido (ese no es mala onda), Coronado -productos lácteos- (como la pinche cajeta), Di Caprio (¿por qué no Del Toro? ¿qué no vieron Titanes del Pacífico?), Circuncisión (¡no mames! ¡este tipo sí se pasó de lanza!), Chalupa(¿o Chalupe?), Cheyene –vehículo- (¿qué eyaculó in vagina soñanando con este auto?), Epson –empresa- (¡discriminación contra Hewelet Packard!) o Elvis Presley… También Fresa Fructuosa (¡la cagada! Este nombre sí es en verdad PODEROSO), Globero, Levis (ropa), Lucifer, Luzbel, Mail (correo electrónico), Mamerto (sadismo extremo contra el hijo), Medalla, Nobel, Obama, Pancleto, Saqueo, Súperman, Servulo, Urano, Usmail (US Mail… DHL, UPS; Estafeta o SERPOST), Vocho (Volkwagen Sedan), Vandam (por el actor Jean Claude Van Damme) o William Levy.

Fuente: http://www.milenio.com/estados/registro_civil-Astroboy_14_224517550.html

Después de leer este artículo todos los nombres idiotamente cubanos no me causan gracia, y la idiosincrasia andina de Madeinusa (película peruana) queda a poco.

La campaña que según se va aplicar en Chiapas, México se llama “Papá, recuerda que mi nombre es para siempre” y, sospecho (presumo, siento, imagino, supongo; es más, doy por hecho) que no va tener un mayor impacto.

Pero se me ocurre (propongo, quiero decir) que se eduque a todos los mediocres jueces y personal del Registro Civil para que les den tremenda zarandeada a los infelices padres (¡y no me salgan que con que los DDHH) y les entreguen un registro con un nombre más humano y menos canino para que esos chiapanequitos no sufran por tan cagona ocurrencia parental.

Seguramente algún hincha del fut pronto le pondrá a su pequeño: Messi CR7

 

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Serena: Mis doscientas canciones (116)

Hay nombres que tienen karma. Un músicos que tienen un nombre kármico y, cuya música, lleva al cielo.

Duncan… ¡vaya nombre! Digno de un perro mascota… o poderoso nombre de pila de alguien con recursos.

Pero, ¿Sheik? ¡PM! ¡La locura!

Compré el primer disco de Duncan Sheik en 1997, por un tema que retumbaba en mi cabeza: Barely breathing (Apenas respirando) y, todo el disco, que nunca me hizo pegar gritos o brincos de emoción, me metía en un trance muy pero muy peculiar… como pocos.

Lentamente fui entendiendo que ese disco era un discazo. Que Duncan era un compositor intérprete fuera de este mundo… Entonces escuché Serena….

El problema para mí es que veo que tiene más discos… ni los venden en mi pinche país, ni la bahía pirata los ofrece. Apenas puedo respirar…

 

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