Archivo por meses: Diciembre 2012

Amigos (Intouchables): La exquisitez fresa de lo calculadamente prefabricado

Llegó con pompa y fanfarrea. Considerada una nueva obra maestra del cine francés (ya era hora de conocer algo más allá de Hollywood) y, apenas llegó al cine (y creo que en Festival), cuando dos semanas después estaba en venta/renta y en bluray en Blockbuster. Misterio insondable de la mercadotecnia prefabricada.

Como estudiante et parleur de francés no podía esperar, además de mi consumismo cinéfilo frecuente y aún conociendo la bande annoncé (que no me gustó mucho) fui y la renté. Éstas son mis opiniones:

Dirección perfecta. Fotografía sin defectos. Música celestial. Actuaciones soberbias. Un París como lo debe ser el París de Cine: Masseratis, vino tinto/blanco y orquesta de cámara: La exquisitez francesa -por ley- hace que todo producto cultural es una pieza de acabado perfecto; arte (mientras en México lo comercial es la música de banda con su narco filosofía de muerte y amores fallidos). Cuando la película termina rompí en llanto tanto por lo conmovedor de la misma como por los efectos cierta nostalgia etílica en mi cabeza.

Película completa, flawless, sin madres, trome… pero que en otro nivel no es más que Pretty Woman en onda heterosexual e interracial.

¿Qué hay que no me gustó? Mucho. No, ¡demasiado!

1.- La típica historia donde la riqueza se encuentra con la pobreza para ambos sacar lo mejor del otro. What? ¿Qué pedo? ¿Acaso la filosofía de las novelas de Televisa es, ahora, universal?

Claro que a lo dicho hay que meterle el cliché que el rico debe ser blanco, bonito y con un nivel cultural monstruoso. Y el pobre, ¿pues qué mejor que afrodiseñarlo? Un emigrado senegalés en París (¡Uyyyy! ¡Estúpidamente fresa! ¿Por qué no un árabe terrorista convertido? ¿Un colombiano ilegal cansado de vender coca? ¿Un europeo del Este con doctorado pero desempleado? ¡No, no, no! Un negro grandote, feo y muscular viene a ser un fetiche más erótico .

2.- ¿De dónde saca la riqueza el francesito blanco?

Rico McPato conoce a… ¿quién era el más pobre de los Disney-shit creatures? No recuerdo. La analogía era necesaria. El afro viviendo dans le quartier Berlioz en un multifamiliar sobrepoblado de africanos, el tío –en cambio- viviendo en un barrio completo: gigantesca mansión llena de obras de arte (y en la película nunca me queda claro el cómo y por qué logró semejante opulencia cuasi de jeque arábigo en plena bonanza petrolera). Clichés sin sentido pero efectivos en películas de consumo masivo y acrítico.

El oscuro le roba un huevo de Fabergé y el blanco si apenas le reclama el hecho, quoi?????? (Si un mexicano le roba un lapicero Bic a Carlos Slim le esperan 500 años sin consideración en La Isla del Diablo –aunque ésta no sea mexicana pero Las Islas Marías Pedro Infante se encargó de hacerlas cagada en una de sus películas idiotas-). Misterio a la deriva.

3.- Las virtudes de ser negro y pobre

¿Kool and the Gang y EW&F? ¡Esperen! ¿Qué la peli no es francesa? ¿O sea que los franceses a pesar de lo kusicales que son NO tienen bandas ni música de la talla de los odiosos norteamericanos? Quelle honte!!!! (¡Qué maldita vergüenza!)

Así que el personaje era fan de estos grupos (por cierto, bien conocidos por gente de mi edad… pero el personaje es como treinta años menor… ¡la pasión retro!). No sabía que por gustarme EW&F fuera yo alguien especial (si me pongo en el rol marginal del desempleado ladrón ése).

Además de saber bailar (y allí estoy de acuerdo; la ópera es lo más güeva, aburrido y antiafrodisíaco que pueda haber en esta vida) y ser sincero no había más cualidades… Así que por eso y nada más, cuando el chico baila la verdad es el segundo orgasmo de la película (después de su semidesnudo). Fórmula: Bach y Vivaldi + Earth Wind and Fire= El gran bacanal de la cultura de Occidente (la neta, no me va este pensamiento; sólo transcribo).

Claro que el negro, por ser negro y pobre le vale madres todo y con su sinceridad (loable, admirable, aplaudible) le hace ver al riquito blanco la otra cara del mundo. Tanto cliché en verdad apesta… ¡pero qué bien manejado está en la película que los mocos y las lágrimas me sacó!

4.- El arte por encima de todo

Yo sé (porque leo, luego existo) que Francia anda dando lástima. Y por eso mismo me cagaba ver cuando hablaban de obras de arte de 41 500 euros (y el tipo la compra sin chistar). Eso representa algo así como mi salario de tres años, ¡la cagada! Pero luego, el africano se pone a jugar a hacer un graffiti en forma de lienzo seguro pensando en marca territorial o propaganda a la mariguana que consume en toda la película y, su nuevo amigo/patrón/blanco/francés logra vender su experimento lúdico artístico en 11 mil euros (10 meses de mi sueldo) mientras Europa se cuestiona su economía (pero las películas son para vender sueños) y yo, que no puedo vender alguna de mis obras de arte en 40 dólares… ¿qué les pasa a estos franceses? Si no quieren africanos ni árabes, ¿porque MIENTEN con asuntos así? ¿Cuántos graffiteros consumidores de mariguana no van a querer ir a París a buscar trabajos así?

5.- Zoo-cliché y cine de consumo

Lo peor y lo mejor que los franceses están haciendo es emular a Hollywood, y juro que esta película tendrá su American version en menos un año, con algún negrito hijo de Eddie Murphy y seguro con Clooney en el papel del sexy cuadripléjico que al que no se le erecta el pene pero que tiene orejas bien erógenas. Y no será Kool ni Earth (ni quien se acuerde de esas prehisterias) sino algún grupito de moda y el arte será más a lo Pollock (más brutal, menos francés y más American serial killer obviamente).

6.- Y sin embargo…

Se mueve. Pinche película fresa, la he visto dos veces seguidas y me sigue encantando. Pero me niego a aceptar que 2012 sea la época fresa, cuando alguien como yo vivió los 70’s y su cine (y no hay nada nuevo bajo el sol).

Sin embargo, la música de la película, el OST, la bande sonorisée… desde The Piano y Ravenous… no me había tocado tanto… Intouchable!

http://www.youtube.com/watch?v=m1k1K97JxPI

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Y Marco se va manaña…

Con veintisiete años cumplidos, catorce vivimos totalmente en San Diego, Marco hace poco bajó a esta ciudad.

Vino porque quiso. Porque Nature called o porque lejos estaba del suelo donde hubo nacido. Vino porque siendo un hombre joven con trazos maduros quería estar cerca de sus parientes, de dormir bajo el techo de su casa materna y no pensó demasiado en el cómo volver ni las condiciones migratorias tan peculiares de estos tiempos (leyes, tendencias antinmigrantes, tráfico de indocumentados, crimen organizado).

En su vieja pick up subió todos sus gadgets, sus cachivaches, sus curiosidades y sus garments dejando detrás su trabajo de obrero de cuatro mil dólares al mes, su college vespertino y su novia nocturna (chicana sandieguense). Tres días después llegaba a la ciudad y comenzaría a redescubrirla.

Pensó que con su inglés tan impecable y exacto (más el encanto sureño de su acento) dar clases sería una opción. Y que trabajando su camioneta asuntos de mudanza pudieran favorecerle. Que su style so chic le abrirían las puertas de bodegas multinacionales. Pensó que viviría en su ciudad natal aun cuando vivió su adolescencia y joven adultez en una capital mundial económica y cultural como San Diego, California.

Comprendió que para ser maestro de inglés no se requería el inglés (ni le interesó trabajar por tres dólares la hora). Las mudanzas eran pocas y la relación tiempo-gasolina-esfuerzo dejaban un precario dividendo. Las tiendas departamentales no buscaban gente asertiva que se atreviera hablar sin complejos ni ataduras (y respondió que sí, que de vez en cuando fumaba mariguana y se emborrachaba en ambiente íntimo y controlado). Eso no gustó por estos lares y a él le molestó descubrir una gigantesca dimensión cultural llamada hipocresía (o tradición de las buenas costumbres).

El contacto con su familia no le fue suficiente para cubrir su necesidad de sentirse útil, de ganar su dinero, acostumbrado a trabajar un buen número de horas para festejarse sin empacho (algún weekend in Las Vegas en un hotel cinco estrellas) y comenzó a chacharear sus pertenencias que ni aun así podían encontrar un comprador de exquisiteces electrónicas.

La frustración comenzó a embriagar su cuerpo. Ni el aromático y suave humo de Mary Jane, la cerveza mexicana o sus reuniones religiosas pudieron balancearle su armonía. Fue entonces cuando comencé a convivir con él, mientras jugábamos a retratar las fuentes e iglesias que siguen aquí en esta ciudad (y que quizá ya no significan tanto a sus habitantes).

Hace una semana me lo dijo: “Ya me voy”. Seis mil dólares cruzando por el monte.

Hubo quien se escandalizó “¡Ahhhhhhhhhhhhh! ¡Qué peligro! ¡Cuánto dinero! ¡Qué ingenuo!”. Las bocas por envidia se abren fácilmente pero Marco tomó su decisión –como había tomado muchas otras- y si bien pudiera yo no estar de acuerdo yo le deseé que fuera feliz. Además, a mí no me pidió dinero para su aventura menos podía yo criticarlo entonces.

Marco se va mañana. Es quizá la persona con quien más conviví en estas últimas semanas y quisiera algún día volver a verlo por aquí de regreso, titulado por la Universidad de San Diego… Aunque quizá yo ya no esté.

Otros hay por acá con una historia semejante, pero de ellos no me voy a referir porque ni siquiera los frecuento para platicar. Marco se va mañana lunes… y yo el martes por la noche (cuando termine mi medicina) por él voy a brindar.

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Nadie lee ahora: Lo banal por encima de todo (Me gusta Facebook)

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Cuando vi esta imagen que me dedicó Omar (Lima, Perú) con el breve comentario de “pasa seguido, ¿no?” no pude menos que sentirme triste.

Hay toda una historia en esto. Una que comienza hace cinco años, cuando los blogs tuvieron su apogeo y eran herramientas útiles para intercambiar opiniones e ideas que quizá se volvieran asuntos de conocimiento. El Facebook era entonces la última red social creada y, no sabíamos entonces el alcance de su innovación, mientras que los equipos celulares comenzaban a incorporar reproducción de audio y cámaras y las apps no eran conocidas (ni sé si ya existían, aunque digo que sí).

Quiero decir que, hace cinco años, la gente que navegaba todavía LEÍA. (Porque la gente que nunca ha tenido libros en sus manos sigue y seguirá sin leer.)

Leer. Ese acto intelectual que implica pensar, buscar cierta calma, alejarse por ciertos ratos de las personas y de los asuntos que ellos y nosotros generamos. Leer, acto divino, alguien que lee es una persona que difícilmente se pudiera manipular, y quizá ser alguien de cualidades humanas dignas de admirar.

Ahora le gente que navega en la web parece que lee mucho menos. Apenas ciertas frases. Y a pesar que lee unas diez palabras máximo de inmediato se vuelca en pinchar “Me gusta”. Pasión del Facebook. Si bien que los mensajes de texto vienen a ser lo mismo finalmente.

Creí que volver a bloguear despertaría pasiones en mis viejos seguidores, conozco a algunos en persona y sé que ya no me leen. Bastante tienen con su trabajo y las vicisitudes de su vida, bastante oferta de red social y curiosidades en la web hay como para volver a leerme, yo que quizá ya dijo lo que tenía que decir. Pero acá sigo, de necio, analizando tendencias y reconociendo que tanto leer como escribir son habilidades intelectuales que deben mantenerse en forma, porque si no se usan se pierden.

Si no me leen más, no es que yo ya no sepa escribir. Quizá el brinco a la tercera fase (que maneja Raffaele Simone) está más que dado, e inclusive la cuarta fase ya está: la de apenas leer breves tonterías de diez palabras y decir: “me gusta.

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Las patologías de los celulares: La imprudencia humana

Deberían llamarse idiotic-phones en lugar de “Smart”. Muy posiblemente las personas que los portan se han vuelto algo así como zombies… o autómatas… o cuando menos enajenados imprudentes que son un peligro potencial para la circulación urbana así como bultos desconectados de la realidad.

Caso uno: Una persona busca un lugar, cierto domicilio, no lo encuentra y se siente angustiada. Voltea a pedir ayuda a los transeúntes y estos no son sino un rebaño de autómatas (¿o debo decir asnada?). Falla en su intento de aproximarse a alguno para pedir ayuda, ninguno de esos otrora animales loquax les interesa tener contacto con otra persona, solo desean vivir en ese limbo de música o de diálogos celulares con otros que, también prefieren hacerlo así, nada de contactos personales, de tête-a-tête, cara a cara o face-to-face.

Y si lograse que uno de ellos se sacara sus audífonos de los oídos, o levantaran sus ojos de la pantalla, estos se molestarían y no le brindarían ayuda (aunque me cuestiono si estos autómatas realmente pueden ayudar a alguien).

El fenómeno es impresionante. Yo vengo de la época del Walkman, luego del Discman, y pude llegar a ver en ciertos momentos casos parecidos como en las salas de espera de buses o de aeropuertos… a veces en algunos vehículos, pero ahora, esto se ve por todas partes.

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Imagen tomada de internet.

Las comunicaciones telefónicas nunca tuvieron una sed tan gigantesca como ahora.

Caso dos: Se sube una mujer de casi cuarenta años a una combi sobre cargada de pasajeros. Aborda con dos paquetes inadecuados para viajar en un colectivo, con su bolso de mano… pero sobre todo haciendo una llamada por su celular. Ella No es un Pulpo, le faltan cuando menos un par de brazos para lograr la sujeción de algún soporte del vehículo. ¡Pero a ella le vale madres! Ella está haciendo o recibiendo una llamada y NO va cortarla por el hecho de subirse con una carga de voluminosos bultos en un auto donde apenas cabe. Sorprendentemente la gente le ayuda a acomodar sus cosas entre sus pies para que ella siga en su llamada. Ni las gracias da, ella está muy en su mundo. ¿Hablará con su nuevo amante? La solidaridad de la gente me parece demasiado empática, ¿ellos mismos aceptan válida esa conducta por demás imprudente y estúpida?

Yo hubiera cortado, hubiera tomado el vehículo y llegando a mi destino devuelto la llamada. O tomado un taxi, acostarme en el asiento trasero y seguir bla-bla-bla-bla. Pero siento que mis conductas llevan fuertes dosis de cognición, me resisto a ser autómata.

Para mi sorpresa pasan diez minutos, varias paradas, ¡y ella sigue hablando! Ni siquiera ha pagado su pasaje, ni ha pensado en eso. La prioridad es estar pegada a su teléfono.

Esa dependencia al celular es una enfermedad de estos tiempos. Porque en verdad es una enfermedad. Cuando alguien no puede despegarse un momento, un instante que permita pensar en uno mismo y en los otros que tenemos enfrente, ya es un enorme problema.

Nomofobia: Solo es cuestión de poner en un buscador “miedo a no…” y ¡zaz! El resto lo da la web, Miedo a no tener el celular. Patético.

Caso tres: Me encontré con dos personas y fuimos a un café. Un café que como todos los cafés modernos de ciudad te ofrece conexión al internet vía Wi… Y para mi sorpresa ellos se conectaron y comenzaron a navegar, hasta que dije “si vamos estar aquí los tres propongo (o creo que dije exijo) que se salga de su Facebook y de su Whatsapp”. Logré mi cometido, al menos en esa ocasión.

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Imagen de internet.

Pero la oferta tecnológica aumenta, los equipos cada vez más potentes, el mercado de apps no cesa y las tarifas de planes más accesibles. ¿Qué se puede hacer?

Caso cuatro: Un conductor -en extremo- estúpido da una vuelta en una calle invadiendo totalmente el carril opuesto porque solo una de sus manos está en el volante. ¿La otra? Obviamente está con su celular.

Él mismo ve como el conductor del auto que viene en el carril contrario lo esquiva con mil malabares y ni aun así suelta su equipo. ¡Le vale completamente madres esto!

No puedo menos que sentirme indignado. La imprudencia impera en la actualidad.

Pues yo creo que sí se puede hacer mucho y evitar hasta lo posible esa automatización despertando cierto grado de conciencia crítica en aquellos que no se resistan. Tampoco voy a negar aquellas bondades de tener el teléfono a la mano. Pero las cosas de importancia se platican en un par de minutos, nada más, si una conversa amerita más que eso entonces hay santuarios de la comunicación humana llamados cafés o bares y, solamente allí, uno puede pasar horas hablando y mirándose a los ojos. ¡Y no hay nada comparable a eso!

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