NO me va mentir

Por un problema de salud me era necesario acudir a un centro de rehabilitación especializado del Estado, y cuyos servicios se ofrecen bajo cierto sistema escalonario de costos según condición social del necesitado. Un conocido mío que en cierto momento fue y que entonces tuvo que hacer un gasto determinado, que si bien era necesario terminó siendo elevado por el número de sesiones de rehabilitación requeridos, me recomendó que en definitiva ése era el lugar donde me atenderían mejor… pero que mintiera sobre mí para acceder a una tarifa más accesible.

-Pero, ¿entonces qué digo?- Le pregunté incrédulo.

– Que estás casado, que tienes dos hijos y que eres empleado… ¡de una librería!– fue su respuesta que me dejó sumamente preocupado.

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Digo, no tiene nada de malo estar casado, tener uno o varios hijos ni ser empleado de una empresa como esa (sabiendo lo mal que pagan en este país), sino el hecho de estar frente a una persona cuyo trabajo es obtener dicha información para canalizar al paciente al acceso de los servicios. No me va mentir. De hecho, para mí es tan fácil saber cuando alguien lo hace que tiendo a ser sádico cuestionando agudamente para meter en crisis de nervios al mentiroso.

Además de haber sido un fan die-hard de las tres temporadas de Miénteme la idea de negarme primeramente para reinventarme me causaba mucha incomodidad, y dudaba ciertamente de esa desconocida capacidad.

Por dos días estuve cavilando sobre en qué lugar era el empleado, quién era mi jefe, cómo se llamaban mi esposa y mis hijos y la verdad no me era posible inventarme tanto, y menos a mi edad. Digo, tengo un alter-ego que surge en ciertas sesiones de chat y tengo un perfil trabajado por años… pero comenzó como un juego que se volvió tan divertido como desafiante y ahora no era el caso. Total, si el costo me resultase inaccesible (dados los gastos que ahora tengo encima) pues buscaría otra opción (siendo la otra mi seguro médico estatal, que casi es como no tener más opción).
Y llegué al lugar y vi que no era el único preocupado por los costos. Cuando padecemos asuntos crónicos ya sabemos que si vamos a revisión física va tomar muchas sesiones para alcanzar nuevamente la armonía. ¡Oh, sorpresa! Los costos había sido modificados y aún la tarifa más alta era sumamente cómoda comparada con un servicio privado.

Así que pasé a la entrevista y dije orgullosamente: ¡soltero, sin hijos, pago renta, ando en combis y soy posgraduado! ¡Tarifa plus!

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