¿Cómo será mi vida sin Harry Potter?

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Me llegó el día de una manera extraña. Tenía una cita para ir al cine, y me dejaron esperando. Pero no por eso regresaría a casa siendo domingo al mediodía. En lugar de ir a una función doblada (para quedar bien con mi prospecto amoroso) pasé a una subtitulada (tomando en cuenta que no necesito propiamente de las traducciones) en una sala de “máxima experiencia digital”. Allí, solo (como en todas las otras siete películas) pude ver la conclusión de una de las franquicias-saga del cine más exitosas en la historia.

Harry Potter llegó a mi vida adulta, madura, como una forma de entretenimiento y emblema pop del mundo moderno. Si la saga tiene diez años, entonces debí tener treinta y cinco cuando me apareció, sin conocer siquiera a su autora ni algún otro antecedente.

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Diez años, ocho películas; todas ellas fabulosas, entretenidas, excelentes… pero quizá no tan trascendentes en mi forma de ver el mundo. Por mi edad, soy consecuencia de algo mucho antes. También sagas, también iconos culturales del mundo del entretenimiento comercial.

Harry es hijo de un mago, un individuo extraordinario, y por herencia le toca enfrentar una súper amenaza. Pero él, con ayuda de sus amigos y de un entrenamiento especial tarde que temprano podrá hacerlo llegado el día adecuado… digo, ¿acaso no es Star Wars?

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Pero en mi caso, la idea del Jedi, de la Estrella de la Muerte, de que “la Fuerza esté contigo” se metió en mi inconsciente y allí se quedó para siempre, mientras que los duendes, brujos y hechizos no. Claro, no es lo mismo encontrarse con una mitología peculiar a los doce años que a los treinta y cinco.

Claro, que el efecto Potter se marcó fuerte en otros campos. La literatura (buena o mala) retomó aires como nunca; conocí adolescentes que se despertaban a las seis de la mañana a leer veinte páginas de alguna de las secuelas. Y la idea de hacer una franquicia que garantizara la continuidad de siete novelas requería de mucha creatividad y originalidad. Tenían que ser ingleses (o debo decir NO USA) para lograrlo.

El efecto Potter se está dando precisamente en una moda así: los Crepúsculos, los Percy Jackson, los Cirque du Freaks y más ondas basadas en pseudoliteratura juvenil (o sea, adolescentes). Si bien apoyados en fuertes producciones de cine, con serias actuaciones y logrados efectos especiales no llegan en mi percepción a la altura y trascendencia de las sagas de mis tiempos: Star Wars, Back to the Future, Conan el bárbaro por mencionar estas, ya que en estas nuevas historias… realmente se parecen tanto.

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Harry Potter terminó, al menos en cine porque ahora vendrán las re-ediciones especiales y quizá hasta en 3D todas ellas y mil cosas más. Pero por otra parte vendrán demasiadas sagas menores. Todas adolescentoides, todas explotando lindas caras esbeltos cuerpos y mientras no surja algo serio (como El Señor de los Anillos), pero mientras, no se puede negar que el cine seguirá vivo y dando qué hablar gracias a este –ahora devenido- brujo mayor.

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