Motivos de vergüenza: virus y hongos

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Hace como seis meses fui a consulta médica a un consultorio de una enorme cadena de medicina genérica; este servicio tenía un precio de menos de tres dólares ($ 30,00 pesos mexicanos). Llevaba dos asuntos de preocupación; una hinchazón en mi pie izquierdo y unas escoriaciones en mi pie derecho.

Pues la mediocre frustrada inútil acomplejada doctorcita bruta que me atendió, aparte de burlarse de mi condición de docente -argumentando que seguramente mi vida era alcóholica y sexualmente escandalosa, como el amante ese que quizá tuvo y le robó tanto la plata como el corazón- me aseguró en mi extremidad izquierda manifestaba un serio caso de “gota” (ácido úrico) y me mandó hacer análisis sanguíneos y hasta un electrocardiograma… El lado derecho por su parte, mostraba evidencia que, en cierto momento, pude tener un tipo de herpes pero que ya “iba de salida“.

Por supuesto que la estúpida esa, de nombre Hermelinda y con ridiculísimas sombras en esos ojos con los que descaradamente me coqueteaba, no le chancó a ninguna de las dos situaciones. Mi química sanguínea salió perfecta (a pesar de “mi vida escandalosa etílica de docente”), y, ese mentado herpes del bye-bye no era más que un hongo alojado entre dos dedos de mi pie…
¿Serán así?

Durante ese tiempo, andar en sandalias y argumentar no poder beber ron o tinto por estar ingiriendo fungicida fue un periodo depresivo, un motivo de vergüenza. Los hongos en los pies, a mi juicio, siempre me parecieron algo tan lejano, tan bajo y ajeno a mí (esta fue la segunda experiencia en mis 45 años de vida). Los hongos eran algo para otro tipo de gente; social, geográfico y laboral. Equivocado estaba.Han pasado meses de ese hecho, cuando me tocó otra situación que también terminó afectando mi estado moral y emocional: empecé a recibir correos de dos de mis propias cuentas de hotmail… ¡Sí! Mi nombre visible en la bandeja de entrada en un mail “sin asunto”, software maligno evidente e instalado en alguna parte de mi disco duro.

Mi super Suite McAfee, ese programa preinstaldo en mi lap y que nunca, pero nunca ha detectado nada me insistió que mi equipo estaba fuera de peligro. Pues quizá este virus no iba a dañarme nada, pero el hecho de ver como varias veces al día, quizá cada vez que me conectaba, desde mi equipo enviaba mails a todos mis contactos NO me agradaba en absoluto. Así que adiós McAfee (con sus dieciséis meses gratuitos).

Un antivirus Panda (trial) detectó ocho perniciosas cookies las cuales -según- eliminó… Pero mis mails seguían llegando a mis amigos y, hasta un reclamo telefónico tuve de un inexperto que en verdad creyó eran reales.

Busqué ahora en los foros del internet buscando soluciones, las cuales se limitaban a “utiliza este antivirus” y ya.

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Finalmente, un versado de la computación me dijo que tenía seguramente cookies instaladas en mi navegador, en mi caso, Mozilla y que tenía que eliminarlas y me sugería cambiar mi pass en mis cuentas. Así que adiós Firefox Mozilla y me fui con el Explorer, al menos por un rato. Mi pass de florecitarockera ahora es burbujitasexy69 y, al parecer, el asunto se ha solucionado….

Ahora ando orgullosamente vestido con mis sandalias, y cuando entro a mis cuentas de correo, veo cantidad de mails “sin asunto” que vienen de tantos otros que tienen un problema semejante.

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