Narcobecarios (o la visión estratégica que el Estado NO tuvo)

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Tuve una reunión con colegas de toda mi región. En un rato de aburrimiento comenzamos a platicar de asuntos generales ajenos al interés que nos tenía reunidos y, inevitablemente salió, el asunto del crimen, la inseguridad y el narco.

A excepción de una compañera, todos habíamos vivido situaciones de riesgo y amenaza en nuestros lugares de vida y trabajo. De hecho, me salió un especie de resentimiento porque las experiencias que yo compartí –y que para mí fueron molestas y preocupantes-, fueron fácilmente superadas por todas las demás socializadas.

Un colega, el más veterano, de otra región lejana a la mía y con experiencias en más estados del país, relató entonces una situación que hasta ese momento personalmente nunca había reflexionado: Un especie de sistema de becas brindado por el narco.

Algo que comenzó hace más de veinte años. En un país como este donde más de la mitad de la población vive en condiciones de pobreza, y una estructura económica tan fuerte como la del narcotráfico, en los lugares donde originalmente comenzó esto había gente sin oportunidades para estudiar, o continuar con ello, así que les ofrecían apoyo para concluir… el compromiso vendría después.

Esto comenzó desde hace 25 años. Así que no se requiere mucho imaginar hasta dónde pudieron llegar a colocarse algunos de esos “beneficiados”.

¿Cuántos abogados (la carrera por excelencia corrupta), policías e inclusive gente del ejército pudo moverse así durante más de dos décadas?
“La Facultad de Leyes es la escuela del crimen, la Procuraduría de Justicia, la Universidad” mi colega dixit.

Según la misma charla, el grupo más corrupto es el ejército, luego la policía… justo los organismos de lucha anticrimen. Paradójico.

El sentimiento que queda al escuchar esto es inexplicable. ¿Dónde estamos realmente? ¿Hasta qué tanto es mito o mera realidad? ¿Qué le espera a este país en los próximos diez o veinte años?

Más cuestionable se me hace que así, de pronto, sin evaluación ni proyecto (al menos que yo lo conozca), el presidente (con minúscula) comienza una lucha a ciegas contra algo considerado por algunos “Estado paralelo”. Una lucha que se convierte en números de muertes más que en resultados sensibles.

Un taxista en Lima me dijo que “en México en verdad se le estaban dando golpes durísimos al narcotráfico”… yo sólo dije “¿según quién?“.

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