La Clubiza Naquiza

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Hace unos trece años, recién llegado a un ciudad conservadora y sin desafíos, tuve la ilusión de crear (dirigir y editar) una revista que –según yo- revolucionaría el lento pensamiento de la nueva ciudad donde viviría por muchos años (hasta la fecha). Así que buscando colaboradores y socios comencé a solicitar artículos para producir el primer fascículo, el cual nunca nació siquiera.

Un amigo de mi ciudad natal, Luis, me entregó un borrador de su colaboración. Un intento de artículo “crítico” llamado La Clubiza Naquiza en donde describía al grupo social que asistía al mismo Club donde él –gracias a la membresía de su padre- era beneficiario.

Con graciosísimas metáforas y oxímorones describía a los otros socios y beneficiarios de las mismas instalaciones deportivas y sociales. Expresiones como: >Bronceados color leche, gemidos evocadores del coito (¡en la clase de aerobics!) y exhibición de inmensos vientres que eclipsaban la diminutiva genitalia de sus compañeros de ducha.

Penosamente su colaboración nunca fue publicada, porque hubiera dado mucho qué decir. Aunque personas que NI conocían el tema me recriminaron por su mal gusto y, sobre todo, por atentar contra la dignidad de otros. Individuos, claro, que siempre se han regido por su doble e hipócrita cara moral. Además, el autor de dicho tema era Luis (socio del club) no yo; y él nunca mencionaba el lugar exacto.

Han pasado casi doce años de esto. Luis ahora paga religiosamente su periódica membresía y es uno de los socios más carismáticos del lugar. De hecho, sin darse cuenta, Luis ha devenido alguien más de algo que cuestionablemente le llamaría La Clubiza Naquiza.

Aclaro, NO pienso apoderarme del término acuñado por Luis para referirse ahora a su grupo de entrañables personas que en ningún momento niego pueden ser muy simpáticos y agradables. La Clubiza es una trade mark de mi amigo. El asunto que me llamó severamente la atención son una serie de características evidentes que exhiben estas personas (las cuales gozan de mi respeto). Cualidades que posiblemente ellos desconocen y que justo esto se vuelve el motivo de mi reflexión.

Le Club

El primer gran aspecto a considerar es justo la aceptación. No se trata de llegar y comprar una membresía o rentarla. Una “recomendación” será siempre justa y necesaria para poder llegar a ser parte de una comunidad, que al menos, tendrán en común ser socios.

Porque la gente de Le Club es La Gente. Se niegue o no, hay una homogenización socioeconómica (porque cultural NO). El Señor X debe ser licenciado, Mr. Y en cambio es doctor… o ingeniero… y trabaja para Fulano o para la Secretaría o el Ministerio. Todos en Le Club tienen un título, grado, historia o antecedente, que deviene público en ese espacio… y que de cierta forma, es admirado.

De hecho, se me hace hasta difícil que Mr. Narco esté como socio, a menos que desde hace más de una década –y antes de ser lo que es- haya sido de los fundadores.

Ya que alguien se vuelve socio nace, como consecuencia, el sentido de identidad y pertenencia. La carga ritual se acepta y debe hacerse siempre. Ir a Le Club es ir a regalar cien sonrisas y 3 decenas de saludos. Esos ritos son, precisamente, los que fortalecen más a esa gente. Con esos detalles simbólicos muchos de ellos se sentirán mejor (dentro de lo bien o mal que pueden sentirse) y eso es parte del valor en sí.

Exhibicionista clubero

No importa ser rechazado en su grupo laboral, en su barrio, por sus compañeros de oficio o profesión. En las bellas instalaciones de toda esa área sociodeportiva siempre habrá algo así como afecto y aprecio: Membership required (obviously!).

Pero bien, ¿qué tan real es Le Club como espacio deportivo pro-calidad-de-vida?

Sin duda alguna, el hijo de algunos de los títulos que allí convergen termina siendo un atleta de respeto. No así sus padres. Si bien muchos de ellos terminan hallando en sus prácticas deportivas ese Gran Sentido de Vida.

Una realidad clubera

Veteranos son evidente sobrepeso que, jamás fueron constantes siquiera pero que ahora, en su cercana tercera edad insisten cada fin de semana en querer poder tener “una serie de éxitos” que no son sino victorias entre sus sucintos juegos entre su mismo grupo. Nueva vez el sentido de identidad y homogenización se presenta… Y mi amigo Luis forma parte de ello.

Tenista de Le Club por José Zavala

Así que entre sus charlas etílicas post-breve-momento-acción mencionarán nombres de super atletas de nivel estratosfera de una manera tan natural como si fueran rivales de circuito.

Pero en la otra cara, alguien que padezca alguna obsesión de sobresalir y que tenga la mala fortuna de perder sus match con alguien considerado a menos… o que falle por estar en una mala racha anímica, física o emocional por otros factores… se sentirá morir.

En Le Club, las nostalgias se viven intensamente.

Vapor y alcohol: What a beautiful combination!

Entonces, considerando que es esa clase “madura, centrada y económicamente acomodada” el principal motor que mueve a Le Club, se pudiera afirmar que de todas esas instalaciones con las que cuenta ese Cielo en el Suburbio de la Ciudad son solamente el Bar y el Vapor (ruso, turco y sauna) donde realmente se desquita el costo de Ser.

Si bien el concepto Bar puede desviarse a las mismas mesas allí a disposición ya que siempre será más barato llevar las botellas de vodka, tequila o ron (que parecen ser las bebidas más sport… ya que el whiskey o el brandy No se prestan a la “rehidratación” de la misma manera).

Qué mejor socializador que el alcohol. Y más confianza para contar los pormenores de la vida de uno mismo con alguien con quien te bañas completamente desnudo no puede haber. Así que Le Club se afirma como un excelente espacio para compartir, y confiar.

El Peligro de la Divergencia

Sin embargo, parece que todos los Le Club Members padecen la tendencia a pensar de manera similar, eso los mantiene unidos.

Diferir en una discusión (salpicada de tragos de vodka) puede ser motivo de rechazo, más que de discordia. Y las argumentaciones lejos de ser fundamentadas, se basan en frases patéticas como “yo fui Fulano de Tal y te puedo decir que eso es así”. Listo. Porque cuestionar el antecedente individual sería el atentado moral más inmoral. Las normas de Le Club son implícitas, y a pesar de su carácter No Explícito, TODOS las conocen.

El leit motif sigue siendo entonces la Homogenización. Somos iguales aquí adentro, y que los de allá fuera, ¡que se los coma un pez!

Cuestionable resultará entonces la presencia de algún experto en temas no convencionales. Asuntos ajenos a una clase preocupada más bien por el bienestar familiar; la permanencia de algo llamado prestigio; la reafirmación de su grupo de conocidos-sociales. Así que a dejar de lado la intelectualidad, la especialidad incomprendida y los caprichos más freak que algún inadaptado pueda darse como lujo.

LC o Lc

Algo raro le ocurre a Luis quien por muchos años ha gozado las caricias que Le Club (LC) le ofrece. Pero fuera de este campo de influencia él se debilita.

He fades like a flower cuando se le aparece un reto diferente a las dimensiones que LC le garantiza; su locus de control (Lc) y poder está available only in LC.

¿Para qué viajar y aventurarse si hay un lugar completamente seguro en el mundo? Su mundo, precisamente. Fuera de este medio conocido por él por más de una decena de años lo vuelve alguien muy vulnerable.

¿Cuántos members club han devenido seres completamente rutinarios?

Calidad de Vida (CV)

Si bien, un paradigma de calidad de vida involucra un sinnúmero de variables, al menos, disponer de un espacio seguro, calmo, limpio y con áreas adecuadas para hacer deporte tiene una repercusión en la CV… pero no necesariamente garantiza que quien esté allí se entregue a las oportunidades para efectivamente mejorar su vida en aspectos de salud, ocio y relajación.

Postal de Le Club

Quizá haya muchos individuos exponiéndose demasiado por practicar deportes que ya no son prudentes y eviten recurrir a unos más adecuados. Quizá haya mucha pasión por experimentar la deshidratación del calor en los baños, aunada a la del alcohol.

A manera de cierre

Creo que el concepto de La Clubiza Naquiza que Luis acuñó hace más de una década NO tiene validez actual. Si bien, las percepciones que lo llevaron a eso seguro fueron una realidad en ese entonces. Le Club es ahora the Little Heaven que todo mundo necesita para sobrellevar una existencia más agradable. Bueno, al menos aquellos cuya dependencia a la aceptación y aprecio de parte de los otros es necesaria. Y esto no es ningún defecto.

Pero, si alguien No reúne los requerimientos sociales o económicos… o peor aún, si alguien no siente esa necesidad social de la compañía, o su locura no puede ser entendida por una masa cuya media intelectual es, precisamente media; Le Club pudiera ser L’Infer.

Pero pudiera ser que LC sea una empresa irresponsable. Enormes vientres sexagenarios (al menos lo parecen) se duchan con agua caliente por demasiados minutos. Demasiados. Este líquido sobrecalentado puede otorgarles un placer que, al menos sus endorfinas no pueden ya. Una caldera no para de mantener caliente toda el agua necesaria: piscina, baños y muchas regaderas ubicadas en varias partes. Cientos de duchazos por día.

Refrigeradores, ventiladores, pantallas, enfriadores de agua, estéreos. Me cuesta creer que el pago mensual sea tan bajo para una empresa que seguro afecta su entorno. Quizá haya casas cercanas que no lleguen a tener agua, pero a LC no le faltará. Además, no se ve una influyente campaña que invite a la moderación de los gastos; cuando se puede pagar la cuota, lo demás no se considera propiamente.

Bueno, Luis Bello, este artículo fue sobrepedido para ti… Espero sea lo que querías para conocerte más. Te saludo desde Huaraz, Áncash, Perú; acá terminé y subí el artículo.

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