El vendedor de perfumes que vino de Francia (según los tontos)

Y cayó un mediodía y pidió hablar con los Directores de la escuela. Cargaba una enorme maleta y dijo que venía de Francia, que traía glamorosos perfumes que sólo en el país de la soberbia se pudieron inventar. Que allá estos placeres aromáticos eran “baratos” pero que al llegar a un país de exceso tributario, como México, el precio llegaba a triplicarse. Que si lograba vender diez frascos de orgasmo olfativo en esa escuela de docentes bobos y crédulos podía llegar a venderlos a 350 pesos cada uno (30 USD).

Rápido los directivos pasaron a avisarnos, que había una magnífica oportunidad de volverse olorosos (sin darse cuenta que siempre lo han sido) y que si queríamos “dejar los grupos” pasáramos a ver la magnífica oferta.

Mientras yo me negaba a ver a otro más de los vendedores de mercado que solían arrasar en el pueblo (y más en la escuela) varios ingenuos veían maravillados las cajas de la perfumería gala mientras el monsieur les decía unas frasesitas nasaguturales; después les decía el precio real en un sitio legal, para luego él ofrecer la más oferta de las gangas de las liquidaciones.

Yo me negué a ir. Me arrepiento mucho porque hubiera enfrentado mi francés moustaquianne avec lui. Pero en mis accesorios de aseo y belleza tengo ya mis aromas distintivos; y me costaron bastante (pero cuando menos en tres pagos sin interés)… Además, que nunca suelo llevar en mi billetera una cantidad equivalente a treinta dólares cuando voy a trabajar (prudencia y ubicación)… Ni menos compraría un Dunhill, un Claiborne o un Azzaro a un vendedor ambulante.

Unos minutos más tarde salí a una oficina y entonces pude ver al “francés”. Cualquier parecido con Alain Delon, con Jean-Jacques Goldman, con Francis Cabrel o con Marcel Marceau hubiera sido simplemente imposible. En cambio, se podía apostar que era primo de Alex Lora, de un volador de Papantla o de un típico vendedor de Tepito.

El extranjero hizo su agosto, vendió los diez frascos (su meta de mercadotecnia) y se fue diciendo Avoir gens de merde!. Yo, justo antes de partir de mi trabajo mi trabajo pude ver entonces las cajas y los frascos de las delicias fabriqueés en France: Las más corrientes imitaciones que se pueden hacer en las zonas de piratería nacional. Además, el desagradable olor que quedó en las oficinas donde se hicieron las perfumescas transacciones se quedó tercamente amarrado con el aire hasta el día siguiente, cuando ya todos habían asimilado que habían sido vilmente engañados…

Tomado de internet

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3 pensamientos en “El vendedor de perfumes que vino de Francia (según los tontos)

  1. José Zavala

    Sí, me ayudaron a recordar. Una "oleada" así se daba hace como 15 años, pero entonces los "vendedores" eran ""españoles"". Ofrecían chamarras de piel y manteles… y como en formato de televisión marketera, si uno compraba dos productos se llevaría gratis un tercero….

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