¡Cameron otra vez! (Avatar 3D)

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La industria del cine comercial, como muchas otras industrias que mueven economías increíbles, se ha visto afectada en su razón de ser (mover capitales y generar ganancias) en más de alguna ocasión a través de los años. Como es una industria que defiende intereses peculiares y cuyos grupos de poder económico son determinantes en las maneras de pensar en el mundo, en ella trabajan personas creativas e innovadoras, cuyas ideas tarde o temprano han tenido éxito para mantener vivo a este llamado arte. En esta entrada narraré algunos hitos del cine que tengo tan vigentes en mi memoria, y afirmaré algo que pude haber leído por allí: Cómo el futuro del cine se acaba de definirse nuevamente.

En 1977 y yo con once años me tocó ver el inicio de una nueva era en cine (hablando de FX o efectos especiales), La guerra de las galaxias de George Lucas abrió el mar de posibilidades de hacer un espectáculo visual más que creíble. En los siguientes años decenas de películas con temáticas espaciales llegaban a las salas, con propuestas de misterio, acción o simple destrucción. Quedaba atrás una propuesta más científica pero alejada del “entertainment” masivo, simple y sin profundidad como la de 2001 Odisea del espacio, así como otras propuestas catastróficas apoyadas en maquetas y nuevas tecnologías de sonido como Terremoto o Infierno en la torre (demasiado viejas para hablar más de ellas).

Una propuesta sorprendente de lo que ciertos efectos y propuestas nuevas podían lograr fue Alien, el octavo pasajero (Scott, 1979), tan buena y novedosa como para crear una impresionante y todavía atractiva saga. En ese entonces el cine se veía como una opción sin amenazas que pudieran afectar su crecimiento, pero apenas entrados los ochentas el escenario cambió.

Los ochentas ya eran los años del inicio de la era de la información y su impacto en las tecnologías, que apenas comenzarían a salir para el mundo. Las salas de cine resintieron un invento del video; los nuevos formatos VHS (JVC) y Beta (Sony), quienes competían por ganar el mercado y que por cuestiones de estrategia –por encima de tecnología o practicidad- ganó el primero. De pronto, el todo el cine habido y por haber pasó a meterse en esos casets cuyo boom generó la aparición de videclubs en cada esquina prácticamente. Así que mientras las familias lograban comprar su sistema reproductor para poder “ver el cine en la misma sala de su casa”, de manera simultánea las salas de cine se vaciaban, llevando a esta industria a una crisis más que severa.

Fue el cine porno uno de los factores determinantes en la popularidad de este nuevo formato. El porno se democratizaba, ya no era exclusivo de los viejos reproductores 8mm que muy pocos tenían, o de las salas X –en su inicio de funciones de media noche exclusivamente-. El porno se volvió rentable (porque era tan fácil ir a rentar) y su producción creció de manera exponencial. Mientras tanto, las películas de sala cinematográfica buscaban nuevas fórmulas de volverlo blockbuster.

Sistemas de sonido mejorado, como el Dolby de cinco canales y salas más modernas fueron poco a poco las nuevas propuestas, así como la búsqueda temáticas originales y espectaculares. En 1984, el canadiense James Cameron se anota un éxito del cine al sacar Terminator, con el ex Mr. Olimpia Arnold Schwarzanegger. Dos años después el mismo director propone la continuación de Alien, haciendo una apología bélica para justificar las armas tecnológicas de alta destrucción (que al final de cuentas vienen a ser el culto de los yankees y sus amigos aliados como Israel). Pero a pesar de pocas propuestas realmente innovadoras –aunque todas ideológicamente cuestionables-, los ochentas fueron años de cine de mercenarios, guerrillas, militares y mucha ideología antitercermundista promilitarista. Cine de dudosa calidad que se veía mejor en Beta o VHS que en la sala, ¿para qué iría a pagar a una entrada por ver al Chuck Norris en Invasión a los Estados Unidos?

Pero justo comenzando la década de los noventa, nuevamente Cameron le da la continuidad a su idea del asesino del futuro creando un film violento y pletórico de un nuevo tipo de acción donde no era lo que hacía el protagonista, sino cómo todo a su alrededor se afectaba. Se dice que la nueva era de los FX inicia con las tecnologías creadas para Terminator 2: El día del juicio (1991). Hasta Sam Raimi y su Spiderman le dio los créditos a Cameron de la Nueva Era. No solo eran los visuales sino un audio de calidad de alta fidelidad. Entonces, ya visitar la sala de cine se volvía a ser de nuevo bastante atractivo.

Y Cameron siguió proponiendo su cine, comercial al extremo pero garantía en entretenimiento. Volvió con Arnold para ofrecer Mentiras Verdaderas (1994), pero luego retomó su pasión científica de investigación oceanográfica, donde ya había dado una muestra con su El secreto del abismo (1989). Titanic (1997) no debe ser vista como una excesiva producción para lucir la carita de DiCaprio o el cuerpo de Kate Winslet. Tampoco me parece una evocación al cine de antaño como El viento se llevó, o Ben Hur… en Titanic Cameron aplicó mucha de la ciencia en la que él se había involucrado como oceanógrafo y su labor en la mayor investigación de este barco mítico y famosísimo. Además, demostró que si ese era su sueño, de dirigir una película cuyo costo rebasara los límites habidos… y hacerla rentable, pues era un mérito múltiple.

Pero nuevamente ese desarrollo tecnológico que corre de manera acelerada volvió a atentar contra el cine. Una nueva era digital donde en ciertas realidades se puede conseguir una película pirata quemada en un DVD con una más que aceptable calidad de resolución de video y audio. O inclusive, descargar la película deseada desde algún sitio por medio del Internet. Nada mal nuevamente, además, el cine se ha vuelto caro… y una respuesta posible –pero que aún no “pega” es la aparición de un nuevo formato de soporte digital, el blu-ray cuya capacidad de información permite simplemente capturar la película justo con la calidad de resolución original (aunados el posible enhance, los extras y la gama enorme de subtítulos). Este formato sería la pareja de las nuevas pantallas de HD que poco a poco desplazarán a la TV… y esto ya ameritaba también una serie de propuestas para el cine mismo.

Justo para cerrar la década primera del nuevo milenio, James Cameron, una vez más llega proponiendo lo que marcará el futuro sin lugar a dudas. Un film híbrido, no era la idea de la animación –para eso ya había varias propuestas previas- mezcló dos concepciones; creó la historia, la produjo y la dirigió. Una super fortuna para lograr un producto en tercera dimensión; una historia larga, pero dirigida a un vertiginoso ritmo que hace que todo transcurra tan rápido como un parpadeo.

Debo admitir que hacía años, es decir; muchos años, en que los FX de una película no me dejaban tan sorprendido (y satisfecho de haber pagado el equivalente a siete dólares pero con lentes especiales incluidos). El espectáculo visual que Cameron vino a proponer en definitiva marcará nuevos estándares y no solo para la industria del cine, sino de la tecnología misma. En diez años, aseguro, el cine será en muchas propuestas 3D y quizá hasta se vea la manera de pasar clásicos a este formato; las pantallas de plasma para el hogar deberán tener también esa posibilidad ya que caminan de la mano. 3D en todas partes… así que invertir una megafortuna sabiendo que se determina el futuro, no es mala idea. Y nuevamente Cameron lo ha hecho.

Imagen tomada de internet

Sobre la historia de Avatar

Si bien, el show audiovisual es un espectáculo como nunca lo había visto, la historia de la película es tan trillada como miles de historias del cine comercial. Aquí mis impresiones al respecto:

***La metáfora del Nuevo Mundo descubierto por la mente capitalista y neoliberal; un mundo primitivo lleno de recursos fantásticos que son deseados por el consumismo sin escrúpulos de un grupo de personas. Es la misma historia de cómo se destruyó África, es la historia de la Amazonía misma, de las poquísimas selvas que quedan en el Planeta para satisfacer los caprichos USA o el hambre china.

De hecho varios escenarios me parecieron inspirados en la región de Roraima de Venezuela y el Parque Iguazú de Brasil y Argentina…

***A pesar de todas las virtudes místicas, de los valores supremos y de su fuerza física; los nativos son solamente nativos. El verdadero poder, la fuerza, Dios, viene a ser la tecnología bélica, que siempre cae en seres viles y miserables porque deben ser los malos de la historia. Así que por mucha magia y corazón que tengan los nativos, indios, tercermundistas o como se les pueda llamar, no podrán hacer nada en contra del Poder Total Maloso… a menos que “uno de ellos” cambie de bando y se les una.

***Porque el Salvador, el Redentor, el Emancipador solo puede ser un blanco. Los indios no tienen esa opción, el Jesucristo fue blanco, el Héroe es caucásico… (en Occidente claro está).

***Un blanco dirigiendo indios, y si además tiene algunas armas hi-tech que logró robarse es toda una garantía del éxito de la lucha. Y claro, quien es el líder se queda con la mejor chica, que le tocaba al Indio Mayor, pero el blanco se queda con todo… y el indígena tiene que resignarse.

***Claro que para su “mensaje ecológico” este planeta de la historia lleno de recursos y vida y con entidad propia (una especia de Pangea cognitiva) se salva y no tanto por ella sino por su magnífico Héroe.

Una historia vista en cientos de películas… pero llevada a la pantalla de una manera bien original. ¿Acaso se esperaba otra cosa del cine comercial?

Aún así, en verdad recomiendo verla en cine 3D…

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