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Los robos de camionetas: México y la venganza social (capítulo uno)

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La paranoia flota en una región al norte del estado. En cuestión de menos de dos semanas ha habido cinco asesinatos, demasiado para una serie de poblados con pocos habitantes y bien cercanos entre ellos. Los crímenes, al parecer, relacionados con el robo de camionetas.

El patrón de los autos no queda claro. Si bien uno de los vehículos era muy moderno y equipado -automóvil norteamericano rodando en territorio mexicano-, las otras en cambio no eran la gran cosa. Los dueños que al parecer se percataron del robo en el momento que ocurría, fueron maniatados, torturados y abandonados desnudos sus cadáveres… al menos eso dicen.

En diferentes lugares se habla en voz baja de estos hechos. Todos los asesinados eran conocidos. Resaltan sus numerosas virtudes por ahora –quién sabe si hace unos días eran individuos de mérito alguno-. Los más jóvenes y quizá vecinos de ellos están tristes… parecen deprimidos (comienzan a conocer lo que es vivir en México).

Nadie sabe algo al respecto sobre quiénes fueron. Aseguran que los criminales mataron al único testigo que estuvo en los hechos en ambos casos. Los asesinos vienen a ser invisibles, completamente desconocidos… y por lo tanto pudieran tener el don de la omnipresencia. “No hables de esto con nadie, no te expongas.”

Las personas más conservadoras, prejuiciosas y moralmente ambiguas dicen que la situación no es para tanto, que esto ocurrió fuera del área del pueblo mayor. A pesar que uno de los eventos le sucedió a un personaje conocido por su condición de alcohólico bonachón, él fue asesinado en el monte; previamente torturado.

Imagen de internet

Él no merecía eso, era buena gente. A nadie le hacía daño.”

Nadie merece ser torturado y asesinado eso debiera ser un pensamiento y derecho universal innegable. Pero pocos saben como es –fue, o ha sido- el resto de la vida de quienes nos rodean. Me inclino a pensar que las muertes violentas terminan acechando a quienes sembraron rencor en otros, un resentimiento crónico…

La venganza llega a ser un motivo de vida muy poderoso en una sociedad que no ha sabido forjar valores, justicia económica-social y esperanza.

Un amigo mío me dijo que todo lo que ocurre viene a ser una venganza social. Él es crítico, viejo lobo, sufrido por gusto y por contexto… su punto de vista vale mucho, aunque pocos lo valoren…

Platico con un conocido de una de las víctimas. Le pregunto si realmente fueron esos grupos criminales nacional (y mundialmente) famosos. Me dice que lo duda. Que es gente malera, gente de esas zonas que por sus envidias quieren tener lo que no pudieron conseguir… o lo que las condiciones socioeconomicoculturales les negaron. Me asegura que hay gente que vio a los asesinos… pero temen hablar. Gente así, que llega a ese extremo simplemente no teme nada… y le vale madre todo.

Vivo entonces en un país donde tener cierta condición o ciertos bienes termina siendo una maldición. ¿Por qué?

La puerta del infierno

Pobrecito México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos.

La frase anterior, según recuerdo, es atribuida a Porfirio Díaz –el máximo y sádico dictador de la histeria mexicana según los libros de texto de primaria-. Una frase de esta talla, no puede venir de alguien común…

Sí. Pero esa influencia nada divina hizo que miles de mexicanos se embriagaran del sueño americano de tener (muchísimo antes que ser) y se ultra valorara la posesión y todo el poder que la posición económica puede traer, sobre todo en un sistema postcolonial corrupto en todos los niveles de autoridad.

Imagen de internet

Y para colmo, ese sueño necesitaría de drogas para sostenerse. Entonces, ser narco sería una opción laboral más que estratégica.

Pero no se pensaría que esa patología social de la nación que llevó el capitalismo al extremo caería como cascada… y ahora México viene a ser un país adicto… Ser traficante en un país de consumidores… de narcos y consumidores que añoran el status social… Aunado a una sociedad que no tiene rumbo ideológico propio… y que es ignorante… La misma entrada al infierno.

Continúa…
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