La lógica posible o cuestionable necesidad de Los Escuadrones de la Muerte

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Se habla de su presencia en diferentes realidades. En países con zonas donde la delincuencia y la criminalidad se ha disparado. En naciones con problemas sociales que pueden resultar vergonzosos, o que se piensa no tienen una solución rentable o mediata. Estos grupos paramilitares han existido desde hace más tiempo del que se piensa, si bien han sido repudiados al estar bajo las órdenes de dictadores sicópatas… otras veces pudieron haber ofrecido soluciones desconocidas. A continuación narraré una charla que tuve con un conocido, mayor que yo y con enorme experiencia en la vida social de esta parte de México.

Un relato de un pasado no tan lejano

Por el año del 92 y 93 este estado en el que vivimos había quedado muy armado dada las facilidades que el gobernador saliente les dio durante los años de ejercicio de poder. Poblaciones enteras de gente sin educación, sin fuentes sólidas de trabajo pero con armas fue “el logro” de su gestión política. Y poco después, nos llegó “la crisis” (Nota personal: O sea, que en este país crisis es un estado socioeconómico mental permanente).

Así que el panorama devino en gente con necesidades y con armas: comenzaron los robos. Había zonas tan peligrosas que era un riesgo total recorrerlas; el robo era un hecho inevitable. La situación empeoró aún más; de los robos pasaron a los asesinatos y a las violaciones. Robo y muerte, robo y violaciones.

Con estos comentarios yo mismo hice de esos hechos monstruosos que efectivamente, pasaban en la región… recordé ese intento de robo de un bus donde al matar al chofer de un tiro en la cara, el bus se fue a un barranco y murieron absolutamente todos los pasajeros… y los criminales procedieron a robar hurgando entre los cadáveres.

Y el famoso violador de la zona de la costa, que cuentan terminó violando a turistas norteamericanos e inclusive a oficiales del ejército…

Imagen de internet

Mi conocido siguió contándome:

El nuevo gobernador no podía hacer mucho y la situación ya era crítica. Hubo un caso donde una pareja de norteamericanos fueron afectados y para evitar un escándalo mayúsculo los escoltaron hasta la frontera y acá no hicieran público su viacrusis.

Entonces, se dice, que se organizó la creación de los escuadrones. Gente entrenada y con la consigna de matar por encima de tomar algún prisionero. El sistema no estaba para apresar sangrientos criminales y garantizarles juicios con pruebas y todo: había que parar la situación a toda costa.

Y así fue.

Los nuevos escuadrones de la muerte

Hubo un hecho actual y apenas reciente que me pareció más sorprendente, y mejor aún; admirable. Un funcionario de gobierno o empresario (no recuerdo) de la rica y opulenta zona norte del país, había sido amenazado de muerte por uno de los tantos grupos criminales. Este individuo, que lejos de intimidarse, de pronto anunció la muerte en la ciudad de México (cientos de kilómetros distante) del criminal que a él lo había amenazado –y termina siendo todo un ejemplo de admiración ya sea por su bravuconería, determinación, poder económico o cuando menos por su férreo instinto de supervivencia-.

Nadie, ni la policía en sus muchas versiones que existen en México, ni el ejército ni ningún vocero del Gobierno tenían siquiera el dato. ¿Cómo lo sabía?

Ya estuvo jefe. Este hijo de p#/% no le dará más problemas– debió ser el mensaje inmediato de unos de sus empleados sicarios para ofrecerle la primicia de un hecho sorprendente.

Lo moral de lo inmoral

Si volvemos al relato de mi amigo, y lo traspolamos con una realidad actual –y cabe decir que es ahora está mucho peor-, ¿se antoja la posibilidad? Ahora no son comunidades ignorantes, agresivas y armadas que ante las circunstancias se sienten dueños de una carretera o una región. Son grupos organizados con enormes recursos económicos y que requieren de más de lo mismo para sentir poder y continuar manejando y desarrollando su imperio. Son grupos de soiciópatas incapaces de sentir compasión hacia sus víctimas, porque ellos mismos son víctimas de una nación que nunca se interesó por trabajar la integración y la justicia social; una nación que permitió que poderes fácticos como la televisión, la iglesia y la creencia que tener era lo mismo que ser (thanks to the USA)… y donde la corrupción terminó siendo la máxima característica deseable para la movilidad social y laboral.

¿Cómo combatir la delincuencia organizada en un país desorganizado? ¿Cómo indagar e investigar cuando se está lleno de infiltrados que reciben mejor salario de parte de los criminales y no creen en la justicia porque no existe? ¿Cómo hacer “justicia” apegándose a “las leyes” cuando son aplicadas por jueces y políticos corruptos?

Lo más interesante en mi visión es que ahora mismo se habla de un escuadrón –pero con todas las credenciales formales-; un incorruptible grupo de élite ni más ni menos que de la Marina –yo ni sabía que teníamos Marina-. Este desconocido grupo nacido de manera espectacular para ser leyenda instantánea se le ha comparado de inmediato con Los Intocables (por esos periodistas que a veces pudiera ser no tan malo que los desaparezcan). Pero como dijo un lector de esos cuestionables periódicos; en algunas de las fotos del asesinato reciente de un enorme personaje del narco mexicano, se ven personas que lejos de verse Intocables Marinos jóvenes y atléticos… parecen precisamente individuos populix más posiblemente parecidos a criminales comunes, o escuadrones de la muerte… y de esto no se habló nada.

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