¡Enseñándome a mentir! (Los supersicólogos Primera Entrega)

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Todo comenzó cuando Alberto me dio la noticia que acaba de ver una serie cuya temática era idónea para mí. Lie to me, o Miénteme. Me explicó la idea en que se basaba toda esta secuencia de capítulos, de cómo un supersicólogo era capaz de descubrir a partir del lenguaje corporal precisamente cuando alguien mentía. Si bien, Alberto sabe muy bien mis pasiones por la comunicación, mis indagaciones por los metalenguajes y sus metamensajes, él no sabía además, que esa idea de la mentira es una que siempre me ha apasionado tanto.

Es decir, he conocido grupos humanos… desde familias hasta sociedades enteras (como en Lima) donde precisamente su manera de relacionarse es a partir de mentiras. Situación que en un principio me creó conflicto y rechazo hacia estos grupos, pero que me llevó a indagar (y entender el por qué de) esta patología. Pero resulta que, bajo la premisa de Miénteme, el ser humano –entiéndase homo sapiens- es un ser mentiroso. Y que precisamente esto es tan común que no debiera uno molestarse ni extrañarse siquiera. Claro que, nada me dice que tan verosímil sea el fundamente científico de esta serie.

Lie to me

Pero realmente, hasta yo miento (así como si yo fuera el ejemplo de la virtud). De hecho, digo al día tal cantidad de mentiras que seguro paso de los dos dígitos en su conteo: Cuando me preguntan la edad me quito casi diez años, ¡y pasa como cierto! Cuando me rebelo contra la administración de mi trabajo y declaro verdades innegables termino diciendo “que no sabía si había habido ciertas historias detrás” con todo el aire de inocencia, sabiendo bien de toda la porquería organizacional de donde trabajo. Cuando me preguntan que por qué escogí la carrera que tengo, pues que mejor que acudir a ese mito de la “vocación” y ni por accidente mencionar la fatalidad laboral… Y qué decir cuando me dicen si tengo “pareja”; siempre digo que No…

Pero el detalle es este. Siempre me he creído bueno para mentir. O sea, decir esas little lies (como la canción de Fleetwood Mac); pero en cambio nunca he podido regalar mentiras piadosas (como la canción de Sabina). Cuando yo miento no es defecto, es virtud. Por arrogante que suene. Pero un defecto enorme que tengo es que, cuando veo un amigo sumido en conflictos existenciales y rencores sociales, mejor callo, en lugar de mentir… y mi amigo se va a una tumba de la cual, difícilmente le permitiré volver.

Pero volviendo a la serie Lie to me, la premisa resulta original –o sea, no recuerdo cuando menos otra… así, de inmediato, aunque no dudo que la haya, nothinng’s new under this old sun. Un supersicólogo que estuve tres años conviviendo con primates en África –no me queda claro sin con los simios peludos o esos negros lampiños de mentalidad postcolonial y muchas veces estúpidamente musulmanes-, con los aborígenes de Nueva Guinea, con los árabes de Marruecos… y todo aquello que suene súper exótico y que le asegure una resistencia implacable a su personalidad. Así que Cal Lightman (hombre de la luz) puede notar cualquier microexpresión facial (es decir, un ligerísimo movimiento de menos de un segundo) o una postura delatora. Como toda serie USA, el feo bueno debe tener una bella más buena, y este papel le toca a la doctora Gillian Foster, quien es una supersicóloga experta en voz y más campos espectaculares de la ciencia del comportamiento humano (que ni sé si exista en una magnitud tal, porque acá en mi patética realidad nada de esto se considera siquiera).

Así que cada interesante capítulo de esta serie deviene una pseudocátedra de psicología aplicada, que no imagino que tan válida pueda serme, pero que temo terminaré incorporando a mi cada vez más compleja (muchas veces admirada, y algunas rechazada) personalidad.

Si bien, no creo que a partir de ahora mismo, cuando apenas he visto tres capítulos, vaya a fijar mis enormes ojos en mi interlocutor y ver qué tan falso puede ser (con mi director basta, ejemplo del individuo que cree –sin mala intención, ¡lo juro!- que con mentiritas por aquí, mentiritas por allá (y no con carácter y conocimientos) va poder dirigir la organización que ya está hecha un verdadero caos y pinche desmadre.

Pero lo mejor de todo será, que cada vez que sepa que voy a mentir –o sea, varias veces al día- tenga conciencia si muevo mis pupilas, o tenso mis manos o mi cuello… y superar esto. Al fin y al cabo mentir es de humanos… pero reconocer la mentira en Los Otros, es de supersicólogos.

Tim Roth en Lie to me

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