¡Todos somos gordos!

La epidemia de la obesidad avanza de manera inmisericorde. Hasta el gobierno de mi país parece preocupado (y eso me parece excesivo y cómico a la vez) por esta situación. Se está pagando por anuncios donde se invita a la moderación en la comida y a la práctica del deporte –cuando menos media hora al día-. Pero creo, que esto tendría –si es que llegara a tener- un impacto en un nivel tan superficial que no logrará nada. Nuestra alimentación viene como una carga cultural y emocional en nuestra persona, y cambiar esto no es algo sencillo. Nuevamente regreso a dilucidar sobre este tema….

Imagen tomada de Milenio

Anuncio que aparece en un diario conocido en el país.

Uno: La gordura es culpa de mamá

Nadie nos educa en cuanto a Nutrición. Es un tema completamente desconocido. En las escuelas ni por accidente se toca… Así que nuestros conocimientos nutritivos no son más que saberes culinarios que solamente se enfocan en que “sepa rica” la comida (me pongo en la persona gramatical por modestia) vienen a ser meras herencias de nuestra mamita querida. Herencia ignara que termina generando obesos en cantidades industriales.

Pero bien curioso resulta que por más que uno estudie en los diferentes niveles de educación (licenciatura, maestría, doctorado), el conocimiento de la alimentación sigan siendo tan ignorado en los diferentes especialidades –que no sean propiamente de Nutrición-. Y las ciencias avanzan. Unas más que otras, y aquello que nos pudieron haber dicho hace diez años muy posiblemente no tenga valor ahora…

Cada uno debe comer de acuerdo a su trabajo”. Esta frase me la dije uno de mis brillantes profesores en mi maestría. “Somos maestros, no militares… nuestro alimento debe encender sobre todo las neuronas, no los músculos.” Sin embargo, lo que vimos de alimentación fue meramente tangencial, el curso era de Desarrollo Profesional Docente solamente. Y algo que me resultó evidente; cada uno se mueve en el mundo de la comida de acuerdo a una serie de prejuicios, modelos de comer o pseudoparadigmas muy peculiares heredados precisamente de la persona que nos alimentó en los primeros años de vida (y en muchos más después).

Pero nadie tiene un panorama amplio, profundo y bien sólido. En la escuelita (sí, lo digo con ironía) no pasan de decir que hay que comer frutas y verduras, que es algo muy sabio, pero no enfatizan los peligros de los riquísimos antojitos que México ha aportado a la Gran Cocina Mundial o al menos que nos ha hecho famosos entre los acríticos y necios como la famosísima “torta de jamón” del esperpéntico Chavo del 8.

Imagen tomada de Milenio
Esto es una torta en México. Una super, pero es torta.

Dos: El oportunismo de los productos falsos

He conocido tantos individuos que cayeron en el dogma de las compañías que ofrecen el cielo de la salud con sólo consumir sus carísimos y cuestionables productos. Yo también en cierto momento intenté esa quimera. Frases como “Hacedores de fuerza”, “Café con cafeína desactivada”, “La mañana siguiente” han formado parte de ese cielo-market de las personas que no tienen el capital intelectual para entender las cosas, y por eso prefieren pagar por la magia del frasquito… más inmediato que alcanzar cierto conocimiento.

Recuerdo que hace muchos años estaba entrenando como nunca en el gimnasio, al grado que después de 90 minutos decidí parar y relajarme a pesar que NO estaba siquiera cansado. Por el calor y la transpiración decidí entonces comprar una cerveza tamaño personal y beberla… y ni siquiera alcanzaba la mitad de ella cuando me sentí completamente mareado, como si estuviera drogado.

¡Esta porquería me va joder!”, pensé. Y boté al tacho ese frasco de ese falso poder instantáneo… Waste of money!

En otra ocasión estaba en Buenos Aires en el hostel cuando un grupo de visitantes que habían llegado para una conferencia de X producto –o sea, un herbaproducto-. Salieron a cenar y a su regreso uno de ellos buscaba agua para tragarse una de sus cápsulas benditas ya que, había cenado mucha grasa y debía cortarla con cierto producto. Me quedé sorprendido. O sea, se tragó el veneno –según él- y después necesitaba el antídoto. ¿Para que cenar grasa si eso te hace mal? No, creo que la pregunta debe ser, ¿por qué cenaste esa cantidad de grasa si estás gordo? “Le tocaría a su herbaomni pastilla quitarle esa manteca del hígado”.

El problema es la forma de pensar… y de actuar. La solución no es un producto, es lógico.

Una vez un médico me fue muy claro; “No tomes complementos, ¡nada de eso! Mejor te canalizo con un nutriólogo”.

Nunca fui con uno, pero sí me alejé de todo eso. En cambio, una conocida con evidente sobrepeso sí fue, y comencé a verla con sus tablas de lo que debía comer cada día.

Día 1. Desayuno: una infusión, una tostada y un huevo hervido. Comida: Esto, esto y lo otro… Pobre amiga mía.

Ella está ahora en un nivel superior de talla y gordura, o sea; ES GORDA. No quiero decir que el nutriólogo era malo, pero la propuesta nunca me gustó: Depender de una serie de indicaciones a seguir no va con personalidades como la mía; caprichoso, voluble y muy dado a los gustos sophistiqués…

Domingo. Desayuno: Un vaso de vino tinto, con una tajada de queso manchego, una copa llena de nueces, avellanas y aceitunas… luego, más vino tinto. Ni modo, es mi forma de vivir…

Tres: La gordura y la delgadez son estados mentales

Dejemos de lado los recuerdos de mami y enseñémonos a comer correctamente… Pero, ¿quién nos dirá cómo? ¿O cómo nos vamos a educar en ello? En verdad es algo complejo… pero inclusive si se tiene voluntad no llega a ser tan complicado.

No voy a hablar del cómo, ni de qué comer. Eso va ser ya la tarea del interesado. Sólo voy a compartir ciertas experiencias, que me han llevado a un estado de bienestar que me era necesario por cuestiones estéticas y por congruencia con la manera como pienso.

Imagen de José Zavala

Estas instalaciones solían ser muy concurridas a esta misma hora hace diez años… ¿qué está pasando?

Mis catorce ideas interconectadas:

• Las comidas “cariñosas” generalmente son las más inadecuadas para la salud y la apariencia. Así que hay que disfrutar las celebraciones de otra manera.
La concepción de comer debe ser más allá de un montón de consejos y sugerencias sueltos y sin conexión evidente.
• Las verduras y las frutas se pueden comer en abundancia sin miedo a engordar (y el resto de las comidas se debe comer muy moderadamente).
Hay que beber agua natural, toda la que el cuerpo pida (pero me niego a asegurar que deben ser dos litros rigurosamente todos los días; a veces es más, otras menos).
• Una buena comida es aquella que NO da sueño, ni nos deja pesados y lo mejor aún, NO bloquea la manera rápida de pensar.
• Las harinas son, aseguro, lo más inadecuado que se puede comer.
No hay productos que nos lleven al “nirvana” de la salud. Eso es una farsa.
• El pescado es la fuente de proteína más ligera y con menos grasa y fácil de preparar.
• Estar a dieta no significa morir de hambre. Una buena dieta se lleva a cabo de manera placentera y divertida.
Quitar las grasas no es hacer dieta. De hecho, hay que cambiar más bien el tipo de grasas… pero no se sacan de las comidas.
Comprometerse con un paradigma de nutrición es cambiar la manera de pensar no solamente en el ámbito alimentario. A veces se piensa que esos cambios serán imposibles, allí está el mérito.
• Si hay aspectos que no desean sacrificar, yo creo se pueden cambiar. Me quité las harinas casi en su totalidad pero aumenté mi consumo de vino tinto… Y me va bien.
• El deporte no siempre es intenso. Caminar una hora a diario, por ejemplo, es muy efectivo. Es decir, caminar cómodamente e hidratarse cada vez que el cuerpo lo pida.
Cuando uno adopta el paradigma que le funciona, hay que evitar las relaciones gastronómicas con gente que tenga otras ideas. Las comidas son motivo de querellas entre los necios.

Verse esbelto es un placer en sí mismo; la autoestima se dispara. O dicho de otra manera, los obesos siempre serán motivo de burla y lástima… Pero dejando de lado los valores estéticos, en cuestión de pocos años las nuevas enfermedades a manera de lastre económico-social vendrán a ser la diabetes y los males cardiacos. Es hora de prevenir.

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One thought on “¡Todos somos gordos!

  1. Pienso muchísimo en este tema y en el protagonismo que le da la cultura a una comida naturalmente barroca jajaja. Pero creo que es una cuestión que no se entiende con tanta profundidad hasta que se ve desde afuera.
    Vivo en el extranjero y me ha costado alrededor de 6 años desprenderme de hábitos alimenticios impuestos socialmente.

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