Frustrados y Frustraciones (Tercera Entrega y el Esperado Cierre)

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• Entré a la farmacia a comprar una bebida cuando la vi, con su amigo homo. Estaba furiosa y decía “si va querer regresar conmigo, va tener que aceptar todas las condiciones que yo le ponga… ¿pues quién se creyó ese idiota? ¡No señor! Ya verá qué tan dura puedo ser con él”. Apenas tardé unos tres minutos en lo que el cajero me cobró una bebida antes de ir al gym y pude percibir cómo esa incipiente mujer (y quizá soy generoso con ella) sacaba un repertorio de rabia y frustración impresionante. Su “amigo” pues ni abría la boca, o si lo hacía era para darle la razón a esa equivocada diminuta figura pseudohumana.

• En una reunión escolar, Everardo un profesor de biología, exigía a los directivos llevar a la escuela a un grupo de expertos para dar una capacitación de cierto tema relacionado… con las ramas de la biología. Más tarde, ese diminuto docente le aseguraba a un grupo de alumnos sobre cómo exigirle a “su asesor” asuntos escolares, cuando él mismo, por cuarto año consecutivo no había sido electo (a lo que él aseguraba que no deseaba porque lo había sido por mucho tiempo). Al siguiente día, no permitió la entrada a más de la mitad de los alumnos argumentando que no había llevado el (absurdo) material de trabajo, haciendo que ese medio grupo ni siquiera viera la práctica realizada por el otro medio grupo.

• Gonzalo tenía “un asunto pendiente” con Silvia. Dijo que se la cobraría, que esa mujer no se saldría con la suya. Sin embargo, él no esperaba que Silvia le llamara para pedirle un favor… y él, muy lejano de ser una persona asertiva, ¡aceptó!

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• Silvana siempre se ha caracterizado por su férreo carácter, un carácter que en cambio nunca le mostró a su único y distante marido, del cual se separó hace más de veinticinco años… y no puede perdonar. Silvana nunca pudo buscar otro hombre para “unirse”, y se decidió en cambio por una amistad “demasiado cercana” con un hombre casado. Precisamente una mañana iba con él cuando Silvana chocó su auto. Ella no aceptó la menor culpa, y la persona con la que sufrió el percance tenía demasiados rasgos parecidos a ella; “se hace lo que yo digo y ya”. Ahora hay dos carros menos en circulación (¡qué bueno!) y varios abogados trabajando un enfrentamiento donde se juegan algunos miles en moneda nacional.

• Celia es una mujer de la “cuarta edad”, quizá quinta. Ella se esmeró toda su vida en caracterizarse por ser de “elevados valores morales”. Pero como todo ser que se mete en esta dinámica, era uno de doble moral. Para el resto era respetable… para sus “seres allegados” era algo peor que una anciana necia, mentirosa y manipuladora. Ahora, Celia vive una peculiar soledad; se la pasa inventando dolencias y enfermedades para llamar la atención de quien sea, aunque son pocos quienes le creen todavía. Una mirada a lo que fue la vida matrimonial y familiar de “esa gran mujer” sería suficiente para hacerla merecedora de la más grande lástima… pero sus hij@s prefieren padecer ceguera…

• Laureano es un gerente de una empresa. Nadie está a gusto en ella (en la empresa), pero nadie le reclama directamente (o al menos muy pocos, a los que él prefiere ignorar o considerar una minoría). Un día un empleado llegó con una nueva (entiéndase un chisme), que en una ocasión, mientras una de las hijas casadas de Laureano estaba en su casa, llegó su marido bien agresivo a buscarla para llevársela a golpes con él. Él estaba en su cuarto… y de allí nunca salió. Lo bueno es que había invitados varones de la esposa, quienes al ver como el energúmeno la sacudió a ella, entraron en la defensa corriendo al tipo. Entonces, en la empresa ahora saben que, si este administrador no quiso defender a su hija… nada bueno podrá pasar en su trabajo.

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• Mario se cree un poeta, un literato, un artista… aunque realmente sea un tipo con pretensiones de divo, siendo un don nadie. Es decir, ni viene de una familia “de abolengo”, de esas que pueden heredar negocios… ni tiene una educación de elite. Mario no es nadie realmente. Pero siempre soñó con ser poeta, literato, artista… y sólo sus amigos “muy cercanos” que pensaban como él se la creyeron. Ahora, con 44 años de vida sueña con los titulares en las noticias, con los puestos de Gobierno, con ser reconocido en los populosos cafés de la ciudad donde vive… pero esto no ocurre. Mario, además, se ha quedado sin esos viejos amigos que tanto le aplaudían sus mediocridades.

Epílogo: Todos nosotros tenemos cualidades peculiares, que quizá no queremos reconocer. Algunas quizá no sean motivo de hacernos sentir bien, y las queremos mantener ocultas… pero siempre estarán allí y poco a poco crearán una insatisfacción y frustración enorme.

Tomado de Wikipedia

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