Ropa vieja y zapatos viejos

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Me pasa algo peculiar con estos atuendos y creo que no soy el único. Me llego a encariñar tanto con estas prendas que termino usando en ocasiones por varios años, que me cuesta aceptar que llegado un momento debo de desprenderme de ellas y botarlas a la basura.

Me pasa con los polos, las playeras y las camisas, que acaban impregnadas del olor de mi loción y sudor, justo como si fueran otra piel más exterior. Y qué decir de los zapatos y tenis (tabas y zapatillas), que adquieren una variante de la anatomía de mis pies y terminan con una curiosa forma que me resulta graciosa.

Imagen de José Zavala
Viejo o nuevo: Existen detalles, visibles o no, que ciertamente hacemos menos…

Con los pantalones en cambio, esto no sucede. Estos son más radicales, suicidas diría yo; simplemente llega un día que se rompen. Se abren por completo por el desgaste sufrido y ¡listo! No hay oportunidad para el recuerdo: a la basura…

El problema del cariño a la ropa vieja es común. Cuántos conocidos no tengo que les miro su vestuario y quisiera decirles de lo decolorado y triste de su ropa que amerita un urgente cambio… pero sé que no lo entenderían (porque muchas veces yo mismo no lo hacía).

Recuerdo una vez que le pedí a un conocido algo de ropa vieja para regalarles a unos trabajadores que hacían una obra por mi zona. Después de mucho pensarlo me dio una serie de polos (inclusive de marca) tan pero tan viejos (y eso era lo que el seguía usando) que la verdad me dio pena darlos a los trabajadores; así que los boté en un tambo de basura al siguiente día.

Hace tres o cuatro meses compré unas sandalias nuevas. Sentía que las mías, a pesar de su innegable y vigente funcionalidad, ya lucían muy avejentadas. Sin embargo, metí las nuevas en un cajón y seguí vistiendo las heroicas, de año y medio de uso diario (que para ser sandalias es un record de tiempo más que considerable) y así seguí… hasta ayer en la tarde.

La única manera de aceptar que mi calzado va quedar esperando al colector de basura mañana en la madrugada se limita a la cuestión estética de “verse bien”. Los sentimentalismos, no valen.

Imagen de José Zavala

Viejo o nuevo:Bueno, sé que parece marketing… pero de ellas hablo precisamente…

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