Gastón y los Piratas

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Hay personas nacidas bajo un buen signo. Personas que destacan bajo adversas circunstancias, y por lo mismo, se vuelven innegables ejemplos a seguir –o admirar-. Hay personas que pueden ver la vida de una manera muy positiva a pesar de las adversidades, y por lo mismo, (les) resuelven sus problemas como a pocos en este mundo.

Gastón es uno de ellos. Porque si yo me comparara sería hacer un enorme ridículo. Si a mí me robaran mi laptop –la única que tengo- o mi cámara profesional de fotografía seguro que entraría en una depresión agresiva intensa, me agobiaría pensando en un año haciendo pagos para rehacerme de ese par de apreciadas pertenencias. Pero sobre todo, me nacería un rencor desmedido hacia el lugar y los sucesos donde ese incidente me pudo haber pasado. Pero a Gastón esto no le afecta siquiera.

Como parte de mi historia, cuando a mí me robaron en una calle en el Centro de Lima nunca dije “No vayas allí”, sino por el contrario mi lema fue “toma máximo de precauciones” y nunca lo consideré un simple robo. De hecho de inmediato acudí al serenazgo… pero no pasó nada. Cuando me pepearon (drogaron) en Los Olivos acudí a meter la denuncia y, ante mi sorpresa, me di cuenta que era un crimen por demás conocido en esa zona… y no veía que tuvieran siquiera un plan de prevención.

Esos dos incidentes, que me parecieron terribles experiencias, nunca los pude considerar como “simples”. Así como jamás diría que la situación de inseguridad, narco y violencia en México es “nada extraordinario” o motivo de preocupación.

Quizá no estoy “tan comprometido” entonces con mi país por no tener ciertos intereses que me puedan favorecer.

Sobre el robo y pepeada del que fui víctima jamás tuve una información de haber capturado a los delincuentes… en la ciudad de México donde vivo y alguien entró a mi domicilio para robarme electrónica y ropa tampoco tuve una sola respuesta… las razones para esto, pensé eran varias: Ineptitud judicial o falta de voluntad, o exceso de criminalidad… pero no me pasó por la mente autoconsiderarme un ciudadano de segunda (o tercera, o cuarta).

Pero Gastón paseaba por el Amazonas con su familia, cuando piratas amazónicos llegaron en deslizador a robar el crucero de luxe (¡qué romántico!). A pesar de haber ido con su familia le pareció un simple robo, como todos los robos que ocurren en todo el mundo.

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Pero yo conocía una historia similar aunque algo lejana. Dennis, un alemán errabundo, me contó que hace cinco años paseaba por esa misma zona cuando un grupo de vehículos de goma motorizados intentaron llegar al barco donde él viajaba para robarlos. Afortunadamente las olas generadas por la pesada embarcación no permitieron que los corsarios de la jungla se hicieran del botín. Es decir, esta problemática –como las peperas y lo robos, el narco y los secuestros- no era nueva ni desconocida.

Pero Gastón, por no haber hecho ruido ni olas en las aguas fluviales del río más maravilloso del mundo tuvo su recompensa: capturaron en demasiado poco tiempo a los Jack Sparrows de esta anécdota increíble. Y supongo la policía le regresó su laptop (y no se la quedaron como trofeo laboral, que para mí era lo más esperado). Entonces, ser como Gastón debe ser bueno.

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¿Pero qué significa lo anterior? ¿Debo ser siempre OK y dar el ejemplo –que bien que hace falta? ¿O debo ser rico y famoso para aspirar a una ciudadanía o prestaciones de élite donde me puedan dar soluciones concretas a las vicisitudes de vivir en países inestables?

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3 pensamientos en “Gastón y los Piratas

  1. Fernando Ríos

    Rico y famoso José, rico y famoso. Señor ciudadano del mundo, estoy de vuelta por éstos lares. No he tenido tiempo de revisar que hay de nuevo en tu extenso blog.

    Mis primeros comentarios sobre cumbia me dieron una pequeña idea de todo lo que podía hacer en cuánto al tema. Estoy a puertas de recibir luz verde de parte de la Cato para un proyecto de investigación sobre el tema en dos regiones del norte. Es un proyecto que fue madurando conmigo, y que ahora, al leerlo, hasta parece trascendente!

    Lo de Gastón es común, no el robo, sino el hecho de tomar cartas en un asunto cuando éste llegó a una situación límite (como asaltar a Gastón, después de haberlo hecho unas cincuenta veces en anteriores ocasiones). Por lo menos, esto queda como una moraleja para los choros, del Perú and the world: Para cuando quieras robar, primero deberás preguntar nombre, oficio y fama al asaltado, sino, en una semana estarás en las primeras planas.

    A veces quisiera que le quiten los órganos a un congresista de la República para ver si se implementan políticas acordes el caso. Disculpa mi maquiavelismo.

    Somos ilustres desconocidos, yo más que tu. Y nos tocará ser también asaltados desconocidos, todo depende de cuánta fortuna logremos amasar en una década.

    Saludos José, te dejo mi nuevo blog, este, tengo fe, si prosperará. De algo que sé te gusta, pero en sus raíces. Lo dejo en los datos, cudiate, un abrazo!

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