Mr. Brooks y los crímenes de Lima

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Earl Brooks es un empresario prominente, admirado y respetado en la ciudad de Portland. Buen esposo y padre protector de una adolescente algo complicada, y a pesar de ser –en apariencia- un hombre bastante saludable, acude regularmente a un grupo de terapia de Alcohólicos Anónimos. Mr. Brooks tiene una doble patología; es una máquina perfecta de matar y su mente ha desarrollado un alter ego, un ser bastante irónico y ocurrente llamado Marshall.

En Brooks y Marshall de repente surgen deseos inmensos de matar, y saben (o sabe el psicópata pero socialmente maravilloso Earl) hacerlo de una manera ritualista: metódica y perfecta. Mr. Brooks, además, con sus ilimitados recursos financieros tiene una construcción en su casa, una especie de “estudio” donde guarda su vestuario (variedad de prendas iguales) y un incinerador en el cual desaparece quemando todo posible rastro que pueda servir de evidencia en su contra. Cuando asesina, envuelve su revólver en una bolsa de plástico y ni siquiera deja el casquillo. La única evidencia es el pequeño pedacito de la bolsa que se guarda junto a la bala dentro del cuerpo de la víctima. Su placer final, cometer sus crímenes sabiendo que es superior en inteligencia y astucia a cualquiera.

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Lima, 2009

Uno, no es ninguno

Un extranjero proveniente del Caribe llega a “embellecerse” con cirugías. Es “de ambiente”, tiene amigos de ambiente, y va a una disco de ambiente. Nada de malo con lo anterior. Tiene rentado un departamento en una zona pudiente en Lima, y decide “levantar” en un parque a dos completos desconocidos para tener relaciones sexuales con ellos. Lo hace de una manera tan confiada que no le importa tener allí a la vista, en ese departamento amueblado lujosamente su ropa de marca, sus celulares, una laptop y algunos miles de dólares en efectivo. Después de tener sexo y dejar los preservativos, los dos amigos estrangulan con el cable de una computadora con tanta saña que las cicatrices faciales de su primera operación se abren. Los sujetos proceden a robarle sus valores, pero antes de irse, uno nota que las zapatillas o tenis del señor -ahora pasado a una mejor vida- son de tu talla, se quita los suyos y se pones los otros. Au revoir!

¡Definitivamente los asesinos no se apellidaban Brooks! Preservativos llenos de fluido seminal, zapatillas dejadas, huellas digitales, fletes o prostitutos quizá famosos… y en la discoteca todos los miraron juntos… ¿es posible que haya gente que pueda actuar así? ¿Tanto frenesí por hacerlo que ni siquiera se piensa el método y sus consecuencias?

Si el señor rentó un departamento amueblado, ¿por qué tenía el dinero allí a la mano? ¿No conocía los travellers checks o alguna tarjeta de retiro internacional? ¿Tampoco sabía que el paraíso de las cirugías plásticas en América Latina se llama Costa Rica y quedaba enfrente de su país?… Pero ese detalle de la cantidad de dinero “a la mano” no era para operaciones, bueno, quizá otro tipo de operaciones; de esas donde cuando se dice “¡negocio!” se deben sacar los fajos de billetes inmediatamente.

Nota final del primer caso: Un amigo de la víctima, que le había ayudado a diversos trámites… es decir, “diversos”… le tocó reconocer el cuerpo sin considerar que el destino le había sacado una cita también.

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Un parque limeño llamado Kennedy

Dos, son mis ojos

La Princesa de los Tonos se relacionó con la Reina de los Vacilones. Provocadoras y orgullosas de su L-love. Pero como en muchas relaciones sin importar el tipo de sexualidad escogida; los celos, las posesiones y todo ese tipo de inmadurez que cabe en las personalidades infantiles comenzaron a menguar este amor nacido para la ruina. Pero la princesa no era una víctima tan simple, además tenía amores con el soldadito de plomo y con un bufón cuando menos.

Un día la perversa reina le ofrece al soldadito de plomo cinco moneditas de oro a cambio de matar a la princesa y el soldado las acepta, a pesar de saber que la princesa tenía enormes sacos de piedras preciosas –y que él por ser uno de los elegidos en su alcoba podría inclusive aspirar a una fortuna-. El soldado le da la manzana envenenada, y cuando ella muere, la vuelve a poseer como último recuerdo.

Se va huyendo feliz con sus moneditas, que va gastando en darle de comer a su caballo, ya le quedan poquitas, y cuando se acerca al reino vecino la policía imperial lo detiene. Después de pasar una noche en el calabozo comienza a declarar.

Digo, ¿por qué la reina no contrató cuando menos a la bruja de la aldea lejana? ¿O al leñador de la orilla del pueblo, ese que mató al Lobo Feroz? ¿Por qué conspiró dentro del castillo mismo? ¿No conocía más gente o nadie en ese miserable reino necesitaba esas moneditas de oro? Y el soldado, ¿ni por ser un amante se tocó el corazón? Ohh, baby, baby it’s a wild World (dijo alguna vez el Gato Stevens, trovador de la aldea).

El señor Brooks debiera poner una academia. Si a Brooks lo hubieran descubierto, hubiera huido al sur (a México), en otras partes la huída siempre será al norte, como Ecuador… ¿por qué no de nuevo al sur= Bolivia? Es mucho más barata y tiene lugares donde sería más difícil su reconocimiento.

Kevin Costner es Mr. Brooks

Tres, vamos otra vez

-¿Por qué lo mataron?- gritó desgarradoramente Santillán al aire, -¡él era bueno y no se metía con nadie!
-Entonces, si era “tan bueno”, ¿por qué lo mataron?- le espetaron.

En un mundo donde se adolece el sentido de vivir, donde los valores imperantes son el poder y el dinero (poder por poder, o poder por tener dinero; por lo tanto, la búsqueda del dinero por encima de todo) todo lo perverso puede caber.

Marshall le preguntaría a Brooks, “¿cómo le hizo este tipo para tener un emporio de este tamaño?”. Brooks también sospecharía de los miles de dólares, de los choferes particulares, de los departamentos amueblados, de las visitas constantes a las discotecas de ambiente… y de la calidad humana de las relaciones establecidas por los finados protagonistas. ¡Ah! Y para colmo, era amigo de un recientemente asesinado visitante…

Buscar en la muerte el sentido de vivir puede ser algo penosamente actual. Sociedades decadentes donde el valor del otro se mide en cuánto cuesta y lo posible o imposible de comprarlo: el sexo, la droga, la compañía… todo por alcanzar o ejercer un poder externo, ya que por dentro sé es tan poco… Y, ¿qué tan ciego se puede ser para no pensar siquiera en la consecuencia? ¿Para no conocer casos tan parecidos y que terminaron resueltos con los culpables en prisión? ¿Tanto es el grado de frustración que vale el riesgo de malograrse la vida? ¿Tanto desprecio se puede llegar a tener por la vida de otro?

Por supuesto que hay otras alternativas de vivir y relacionarse, de ser feliz y próspero, pero finalmente ¿no es de este tipos de historias de donde la gente viene a sentirse feliz por la desgracia ajena?

Y Mr. Brooks sueña con Lima.

Mr. Brooks (2007, USA). Dir. Evans con Kevin Costner, William Hurt y Demi Moore entre otros.

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