El ocaso de las amistades

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Soy un férreo defensor del concepto de amistad. Siempre me ha gustado tener amig@s con quien hablar, convivir, comprometerse en causas –sobre todo perdidas- y quizá, además, beber algún licor escuchando música que nos identifique. Qué mejor que hacer reuniones eventuales con varios de ell@s, hablar por horas, cuestionar asuntos y bailar. Estoy inclusive de acuerdo con esa frase en la que se apoya al decadente sitio de redes sociales llamado Hi5.com que dice “Tus amigos, tu mundo” y por otra parte, cuando tengo la necesidad de evaluar a una persona me parece de ayuda fundamental conocer precisamente a su grupo de amistades para darme alguna idea. Pero los amigos, me da por pensar, tienen tanto fecha de caducidad así como cuidados específicos que ofrecerles para que se mantengan vigentes. Los amigos no son eternos; ni siquiera tan duraderos como uno puede pensar ya que uno mismo no se mantiene con las mismas ideas, valores o actitudes a través de los años. Y he comprendido que inclusive con veinte años de conocer y quizá compartir proximidad espiritual se puede llegar a un punto donde es mejor aceptar que esa comunión deja de ser agradable –o cuando menos posible- y es más sano ofrecer una distancia sana, sin resentimientos.

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo
Julio Numhauser

Causas

Las razones del origen de la amistad son propias de cada persona. Desde la mera identificación local o la tribal en los nivelas más elementales hasta la formación de afinidades que se alcanzaron pasando filtros cada vez más refinados. No creo que el nivel de fortaleza en las amistades varíe mucho según se da por ser inchas de X equipo o por tener gustos por Y cantante a un nivel más complicado, como autoproclamarse élites sociales o intelectuales. En verdad no creo que haya mucha diferencia en la unión entre sujetos, lo que debe cambiar son las posibilidades de crecer como amigos.

Pero cada persona toma o niega sus posibilidades de crecimiento en todos los sentidos, adquiere diversos tipos de capitales, y estos comienzan a tomar preponderancia se quiera o no. El buscador de riquezas se rodeará de entes facilitadores de dichos bienes, el deseoso de prestigio social buscará a “los grandes personajes del medio”, el intelectual se rodeará de desafiantes personalidades para saciar su ego cognitivo, el borrachito querrá aquellos dispuestos a vaciar una botella desde las doce del día, el necio pues rodeados de semejantes… Los casados buscarán a otros casados para reunir a sus hijos a que jueguen (y se peleen entre ellos) mientras platican de lo bella que se volvió su esclavizante vida; los solteros buscarán a otr@s para seguir sus aventuras efímeras como motivador inmediato. Y en un nivel más amargo, l@s frustrad@s tendrán tendencia a buscar con quien compartir lamentos o peor aún, a quien molestar en su contacto diario.

Complementando lo anterior, y bajo una lógica semejante, pongamos que un individuo que tiene un trabajo donde tenga que lidiar con gente conflictiva –o cuando menos escandalosa- rehúse con el paso del tiempo a evitar tratar gente así, incluyendo amistades. O bien, algún sujeto conciente y dedicado al deporte prefiera alejarse de los fumadores o glotones compulsivos ya que en ese lapso de encuentro se sentirá incomodo siendo fumador pasivo o rechazando botanas o snacks que se le podrán ofrecer constantemente cuando precisamente eso ya no tiene cabida en su concepto de salud.

Cambios

Es ese camino por la vida el que va modificando los paradigmas que definen a cada individuo. Estas nuevas maneras de pensar vendrán influenciadas por las experiencias culturales vividas, la nueva educación adquirida –que como tal, debe cambiar al individuo-, y el descubrimiento de otras realidades, por mencionar aspectos.

Precisamente hace una semana estuve en un programa de radio en línea discerniendo sobre las “experiencias que cambian”. Yo era uno de los tres participantes y, para mi sorpresa, pude constatar que existen esas experiencias y no pueden ser tan extrañas para las personas comunes. Leer, estudiar, viajar o haber tenido trato con ciertas personas puede dejar su huella en cierto momento y transformarnos.

Los paradigmas de cada uno, con el paso del tiempo, serán otros. Algunos de estos paradigmas modificados no serán muy compatibles con los viejos, los que una vez se tuvieron… y aquí puede haber un quiebre.

Casos (nombres falsos)

Alejandro insistía en ser mi amigo. Para mí era obvio que él consume drogas. Veía en su persona esas reacciones cerradas, necias y defensivas del adicto. Y obviamente sus conocidos en la ciudad mencionaban esto. En un momento de mi vida tuve amistad con personas adictas… y realmente me causaron una serie de sorpresas desagradables, que iban desde pequeños robos hasta la total imprudencia de interrupciones en mi casa en horas completamente imposibles. Por lo tanto, mi postura hacia las drogas es de rechazo total, y en cada ocasión que yo me manifestaba así Alejandro se molestaba intensamente, argumentaba que él sí conocía personas que habían tenido logros enormes consumiendo drogas (obviamente él no se incluía)… pero él era un pobre perdedor que simplemente me mendigaba amistad.

Alejandro II (otro con ese nombre) fue algo así como mi discípulo. Yo era mayor que él casi veinte años y juntos hicimos un proyecto cultural que destacó mucho hace años, y en ese entonces también éramos más que necios. Cuando nos reencontramos, él ya tenía su carrera terminada y yo un postgrado… y justo más que nunca nuestras maneras de ver la vida fueron demasiado diferentes. Alejandro insistía en rodearse de jóvenes de su edad pero llenos de conflictos. Su manera de relacionarse con ellos era algo masoquista y de comunión autodestructiva. Me resultó chocante su visión, ¿para eso había estudiado con tanto esfuerzo una carrera?

Mención especial el caso de mis más grandes amigas. Pudimos ser cómplices, camaradas, paseantes, confidentes y tanto más mientras ellas no tenían una pareja formal. Luego, encontraron a su ideal para llevar una vida “¿normal?” y de manera tácita sus nuevos compañeros les marcaron reglas como evitar a los amigos de antaño y dedicarse en exclusiva a su nueva relación. Me cansé de buscarlas… o de esperarlas, y era mejor así… aunque algo me dice que su vida actual si bien es la que decidieron les causa cierta pena y sufren por su aislamiento obligado.

Imagen de José Zavala

Doris, una mujer destacadísima en su ámbito laboral e intelectual pero tremendamente recelosa de su vida personal. Nunca fue capaz de socializar algo de su carga pero en cambio experta en criticar a los otros. Siempre llena de retos intelectuales y cada día más sola y menos sensible a comprender a los demás. Pero su necedad de estar tan convencida en sus opiniones –cuando precisamente eran proyecciones propias- fue determinante. De haber sido “el alma de las reuniones” de un grupo de amigos y colegas terminó siendo un mero comentario irónico de otros, que sí nos mantuvimos comprometidos.

Amistades cuestionables siempre me parecieron las de “visítame en mi trabajo”. No existen condiciones propias para socializar así, y si bien algun@s de ellos tenían su propio negocio ese ámbito al fin y al cabo era un locus de control para ellos. Conocer si fuera de esa zona propia hubieran sido capaces de sobrellevar una comunicación más profunda o relacionarse de otra manera. Precisamente la idea de este ensayo se alimentó mucho del sitio que prefería visitar en esta ciudad, la cafetería de Juan, donde por costumbre de años fui haciéndome de conocid@s –que a más de algún caso llegué a considerar amistad-. Precisamente -le comenté a Juan- con quien desde hace trece años suelo platicar en su negocio –y en varias ocasiones en su propia casa o en la mía- que cada día nuevo me parecía mejor idea comenzar a alejarme de su café y es@s conocid@s se habían vuelto personajes ridículos para mí. Sus gigantescas deudas con la vida comenzaban hacer estragos en sus personalidades.

Deudores de la vida

Enrique quien siempre soñó con ser empresario pero sin tener recursos económicos ni de conocimiento, ahora casado con una comerciante mediocre quiere comenzar a cubrir las carencias de educación. Su matrimonio ya anda mal y se ha deteriorado en demasiado poco tiempo, y mientras sufre esto sueña con hacer un postgrado en marketing… cuando ni siquiera puede aspirar ingresar a una universidad. Cada vez que lo encuentro sale con sus planes en el aire… pobre Enrique, cansa con tanta tontería y sin saberlo comienza a ser la burla de varios.

Imagen de José Zavala

Josué, el que pudo haber sido Premio Nobel –según él- aferrado en su postura defensiva de “escribo para que nadie me entienda” ya que sus conocimientos del idioma son demasiado elevados para la plebe… Y pasa el tiempo sin lograr su gran obra sea reconocida finalmente por otros y no meramente por su grupúsculo político que lo engrandeció, y que ahora lo abandonan. Josué es demasiado orgulloso para reconocerse fallas, y para buscar a esa gran camada de amigos que fuimos… hace ya algunos años (quizá no demasiados).

Y pensar que por años pude identificarme con gente así, pero la vida que vivimos se complica mucho para más de alguno; y es la misma ausencia de un sentido, de una visión lo que puede determinar un colapso personal. Aclaro que mis amistades, precisamente por ser amistades habíamos tenido al menos un referente mínimo común, como la capacidad de trabajar y tener un ingreso que nos permitieran vivir así como intereses culturales –necesariamente ligados con una clase social-. Y no son pensamientos burgueses, son asuntos pragmáticos…

Tiempos difíciles

Pero a algunos de ellos esto se les ha complicado. Las oportunidades laborales no son como antes… y dependiendo del giro del trabajo este se mantiene como seguro o vulnerable. Amistades que trabajaban duro por tener su estipendio ahora se matan por seguirlo teniendo, ¿cómo se puede mantener contacto y cercanía con alguien que tiene que trabajar de sol a sol y de lunes a domingo? En la misma línea ocurre con los acostumbrados a lujos ahora más difíciles de tener; la amargura y frustración de no poder mantener el estilo de vida que por un momento se gozaba llegan a ser tan altos… y tratar a alguien que fue “el amigo más cool” precisamente porque era quien disponía de esos satisfactores en todo espacio de su vida y deja de tenerlos se vuelve una experiencia bien amarga. Pero, ¿cómo decirle que no es para tanto? Cuando a uno no pasado por ello –es decir, alguien distante de esos niveles de vida- no puede aconsejar siquiera.

He notado entonces que cuando alguien sufre estas crisis existenciales y comienza una transformación de amargura en su vida, llega a sentir envidia y a manifestar egoísmo. Yo, cuando llego a notar –y confirmar- que este tipo de sentimientos que de ninguna manera son compatibles con la amistad finiquito de manera definitiva el affair, por antiguo que pueda ser.

Epílogo

Me acaba de llegar mi recibo telefónico con un excedente de 80 USD de llamadas a “amigos” dentro y fuera del país. No es mucho dinero considerando que ahora gozo una tarifa favorecida, sino esto sería casi 300 dólares. Sin embargo, ¿cuántas de estas llamadas tuvieron otra como respuesta? No me cierro a pensar que el costo es igual “de aquí para allá que de allá para acá”. Yo sé muy bien quien puede regresarme la llamada, y quien porque en su concepción de amistad ni siquiera cabe el llamar para saludar de vez en cuando.

Mi siguiente recibo no tendrá más de 15 dólares extras… además, en dos meses –si todo me sonríe- ya no viviré más en esta limitada ciudad y con ello muchas almas en pena detrás.

Imagen de José Zavala

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