Mirageman: El súper héroe chileno

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Finalmente pude apreciar la película Mirageman con el artista marcial chileno Marko Zaror. Si bien supe de ella mientras leía un dominical en un agradable café en Valparaíso en enero de 2008, fue hasta el día de ayer que, que reinstalando el descargador Ares, la bajé junto con tantos archivos que por otros medios estaba cansado de buscar.

Por comentarios con ex amigos sabía que este film era considerado “de culto” en Chile. Y como ocurre en la mayoría de Latinoamérica, desconocemos las producciones cinematográficas de los demás países (¿hermanos?) ya que esta categoría no es considerada comercial para ser promovida o distribuida ni en salas de proyección ni en televisión, quedando entonces la fatalidad de depender exclusivamente de la basura yankee con su perverso, mediocre e insulso Hollywood.

Sinopsis:

Marko es un individuo aislado que trabaja como seguridad en un night club. Su único contacto con el mundo viene a ser su hermano quien está internado en un hospital siquiátrico. Ambos fueron abusados en su niñez cuando un grupo de delincuentes mató a su familia. Marko pudo superar el trauma con la ayuda de las artes marciales, y es precisamente la motivación de su vida; sus intensos entrenamientos encerrado en el sótano de una calle santiaguina, de donde sólo sale a correr, visitar a su hermano o ir al prostíbulo donde trabaja.

En un entrenamiento nocturno de jogging descubre un intento de robo en una residencia. Sin ningún problema anula a los delincuentes y rescata a la familia, cuyo célebre miembro resulta ser una frívola y manipuladora conductora de televisión llamada Carol Valdivieso.

Este hecho es aprovechado por la televisión y nace la legenda, situación que parece ayudar a la recuperación siquiátrica de su joven hermano. Entonces Marko se vuelve Mirageman, el justiciero súper héroe vigilante vestido de azul quien realiza más de 30 misiones ante la incomprensión de gran parte de la sociedad.

Pero Marko termina siendo manipulado tanto por la Valdivieso -que lejos de ver en él un recurso marginal de una sociedad atacada por la delincuencia lo toma como una manera de llegar ella misma a la fama-, como por Moli; quien es un extraño personaje ambiguo que parece moverse del lado del crimen y de la justicia simultáneamente. Finalmente Mirageman muere en una heroica misión, donde queda claro que ni con su pureza de alma, ni su soledad individualista ni la magia de sus artes marciales podría haberle hecho frente a delincuentes agrupados en organizaciones corruptas y con armas de grueso calibre en una sociedad indiferente.

Crítica

Resulta bien raro encontrar una película de algún súper héroe en el cine latino, y mucho más una de artes marciales en un contexto no asiático ni yankee, pero Mirageman hace una muy afortunada incursión en estos géneros. Por supuesto entonces que tiene influencias de Spiderman y claras referencias al Chapulín Colorado. Claro que para proponer un cine así, se debe contar con una estrella del género y Chile la tiene en la persona de Marko Zaror (que aparece en su tercer rol protagónico: Chinango, Kiltro y ahora esta, y ha hecho incursiones en roles secundarios en cine Hollywood).

Si bien, Marko no es Tony Jaa ni mucho menos Donnie Yen -los cuales considero los mayores referentes actuales del cine de artes marciales-, es sin embargo un individuo con enormes talentos coreográficos, de depuradas técnicas de pelea, con un impecable físico bien trabajado y, además bastante galancito (en este rubro supera fácilmente a todos los asian-stars).

Quizá haya un “quiebre” entre el realismo de los golpes cuando los villanos patean al protagonista en el suelo que, en mi parecer, contrasta con otras escenas dinámicas donde Mirageman patea duramente las cabezas de sus adversarios.

Pero es la credibilidad general de la historia el gran acierto de Mirageman. Este súper héroe es tripa, corazón y bofe, demasiado entregado en un mundo alienado… y es tanto divertido como desesperante ver todo el tiempo que tarda en ponerse sus atuendos gladiadores para después encontrarse que su ropa se la han llevado y recorrer la ciudad disfrazado.

Otro gran logro viene a ser el score musical, donde con música de jazz –principalmente- se une al ridículo héroe caminar con sus manos posicionadas de manera tan curiosa que despierta las simpatías.

Conclusión:

A pesar de parecer básicamente una película de acción marcial, su carga de crítica social me llamó mucho la atención. Y en este proyecto se juega además con elementos gráficos del cómic que le dan un aire más impactante, divertido y fresco. Aunque contrastando con estos logros, aparece un agradable personaje secundario llamado Seudo-Robin tan deseoso de protagonismo como de justicia, pero que termina siendo algo débil en la historia (y hasta abandonado).

Ernesto Díaz Espinoza muy destacado como escritor y director.

No olvides, bájala del Ares.

Puntuación: 5.00 / Votos: 3

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