Carta de un amigo en pena (Una historia de VIH)

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Querido José

Primero te escribo manifestándote mi alegría de que hayas respondido a mi mail, si que estuve visitando tu blog, buenísimo, divertido y ácido como eran tus conversaciones y tus situaciones con la gente de estos lares.

Bueno, ahora voy a lo serio, y quizá tenga que ver con alguna persona en mi pasado, o alguien que infectó a otro alguien que se me cruzó por el camino… y pues…

Todo este tiempo que te dije que tenía un salpullido en mi espalda y que por ello no quería ir a la playa o a piscinas, más los frecuentes atores gástricos que me producían cada vez que digestaba mis caprichitos estos del arroz graneado de mamá, todo eso y más, han ido degenerando (¿me recuerdas gordo o medio flaco?) a una delgadez progresiva, que primero la asocié a algún problema gástrico controlable, pero también llegó a un punto en que mi debilitamiento fue progresivo que ya no podía ni salir a la esquina, con adormecimiento de las piernas y rechazo total a las comidas.

Llegué a un punto que ya mi familia me daba por muerto y me llevaron de emergencia al hospital Loayza; ese cucurucho gélido de la Av. Alfonso Ugarte en donde me resucitaron a base de mil pinchazos, transfusiones sanguíneas y sueros. Estuve entre emergencia y observación como 5 días horribles, y en donde durante ese tiempo mi hermana vino volando de Alemania así como un amigo de España… ellos y mi familia tratando de verme pues estuve en acceso restringido.

Me dieron finalmente de alta. Muchos doctores en desacuerdo con ello pues sugerían siguiera en hospitalización. Yo sólo quería salir de ese maldito lugar, y mi familia también quería sacarme de ese infierno más feo que la cárcel.

Sentencia médica: Hepatitis B crónica, hígado algo cirrótico, y demás.
Aparte del VIH, que según el programa de retrovirales es mucho más controlable. Okey, okey estoy jodido. Se me vino el huayco como dicen aquí.

Con un poco de esfuerzo y una pastilla milagrosa que la tenía por ahí escondida, me vino el hambre y comencé a tragar como un salvaje. Pero sin grasas, comía vainita que antes la odiaba tanto como tú el olluquito, carnes, pollo, lentejas, arroces… mi organismo aparentemente y con ciertos achaques debidos a mi mala circulación sanguínea, estaba mejorando.

Un pequeño detalle que salté por alto fue que en vista de mi debilitamiento, comencé a tomar retrovirales pero los empiezo justo cuando ya mi organismo estaba muy débil y yo totalmente inapetente me shockeaba cualquier droga, lo que me llevo a emergencia.

Ahora, tomando energías ya me sentía capaz de retomar el programa retroviral REPROGRAMADO (Viread, genérico de Kaletra y genérico de Epivir), pero de pronto me vuelve la diarrea sin haber tomado más que Daflon para las piernas y circulación y Lasix para orinar. La diarrea me ha producido un debilitamiento y mi piel parece ahora el de un viejito de mil años… menos mi cara y mis manos.

Me faltaba un medicamento caro para empezar a tomar el coctel, lo pedí como loco en mi blog que administro, y mi marcha de los cuatro suyos dio resultado: me mandaron el Tenofovir un amigo, aun está en trámite otra botella que me mandaron por FEDEX que se han puesto quisquillosos en aduana, y bueno más en camino.

Con diarrea y todo y cuerpito de la gallinita Prissy de la Warner Bros, empecé a tomar los retrovirales. Me dijeron que al principio me iban a chocar, que me tenía que acostumbrar a las náuseas vómitos diarreas y demás pero que por nada del mundo lo dejara. Pero recién empecé ayer por la mañana. También estoy aparte de comiendo un poco más cauteloso, mi uña de gato (uncaria tomentosa) que se ha ganado cierta fama por ayudar al tratamiento del HIV, con miel me acostumbré a tomarla y si que siento una sensación relajante que me hace dormir. Será como un pain killer quizá. Lo de botica que tienen las tortugas en su selva, pues dicen que la hepatitis B allá es endémica y todos los doctores siempre me preguntaban si yo venía de esas regiones.

Y bueno, son dos días y no me ha pasado nada fatídico por el momento, aunque más adelante debería llevar un control del hígado. Me derivaron a un doctor que decían era el especialista y no me vio casi nada, era un viejo como el doctor Spock a quien tenías que sacarle información con cucharita y el distraído se valía de análisis pasados para prescribirme recetas. Hasta en la orden ecográfica me había puesto sexo femenino.

Bueno, no se equivocó del todo.

Y pues ya que acabo de hablar contigo me he sentido mucho más tranquilo con mi conciencia, pues hablar del VIH en Perú es aun un tabú rosa y la hepatitis B un monstruo desconocido…

Un gustazo reanudar contacto – un abrazo.

P.P.S.

Lima, 31 de mayo de 2009

¿Qué puedo decir ante una noticia así? Me quedé helado.

Todas las veces que compartí tiempo con PPS y, a pesar de escuchar los comentarios de sus achaques de salud ni a mí -y menos a él- se nos ocurrió la posibilidad que el virus estuviera habitando en su organismo.

De hecho yo lo consideraba una persona débil en asuntos gástricos por su apego a mami y la comida a su alrededor. Quizá llegué a considerar también que sus problemas de gripa y garganta eran consecuentes con una dolencia de asertividad y falta de carácter para manifestar todas las emociones que en su mente y alma se generaban.

PPS es un artista. Un artista fuera de serie, quizá destinado a ser un incomprendido en Perú… y esa fue la razón que me llevó a querer conocerlo personalmente, hace dos y medio años. Para mi sorpresa terminamos compartiendo gustos comunes en la fotografía y música, aunque para mi desgracia era un tipo que no bebía ni bailaba; tampoco era dado a las aventuras tipo Indi Jones que yo solía hacer un par de veces por año.

¿Qué otra cosa puedo desear sino que PPS se esfuerce y se estabilice? Siguiendo un tratamiento conciente estoy seguro puede prolongar su creativa vida con cierta calidad varios años más… y en mi siguiente viaje a Lima una de las primerísimas cosas que haré será visitarlo… y ojalá pueda animarse a salir a un breve viaje fotográfico a la selva central con mi inefable compañía…

Otro artículo afín:
VIH y Sida: la epidemia de la ignorancia
http://blog.pucp.edu.pe/item/28204

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