Llamadas telefónicas indeseables

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Caso 1: El que vive en México sabe bien que el riesgo de secuestro o extorsión está latente, por encima siquiera de ser robado o asaltado. Es bien comentado por muchos que desde las cárceles –sobre todo- llaman a los teléfonos de casa o celulares para obtener información y definir un perfil de la víctima, o bien para engañar o intimidar y obtener algún beneficio de inmediato. He aquí una breve anécdota.

Por la mañana ya había escuchado al teléfono sonar de manera muy breve, como si una llamada intentara entrar. Algo curioso, porque casi nadie me llama… Algún agente de algún banco muy de vez en cuando, intentando venderme un maravilloso seguro de vida por varios dólares al mes con cargo directo en tarjeta de crédito. Cuando una situación así me ocurrió la agente inmediatamente quiso corroborar mis datos personales sabiendo yo desde el momento mismo que le confirmara alguno estaría aceptando ese cobro tan indeseado como excesivo.

Pero en esta mañana entró otra llamada que preguntó por mi nombre. “Para servirle” repliqué.

Resultó ser de una aseguradora de nombre extraño, que me llamaban por “mi excelente historial crediticio” pero no entendía ni el nombre de la empresa ni la razón de la llamada.

Realmente el tipo que me llamaba sonaba por demás corriente, sin el glamour ni la arrogancia de los empleados line-call de este tipo de compañías. Y además mi molestia era más que evidente: No quería me quitaran tiempo para asuntos NO pedidos por mí, así como un dejo de inseguridad de parte de esta persona que no definía cuál era el objetivo.

Y ante su falta de recursos ante mí, me lanzó el interrogatorio:

“Dígame Señor Zavala, ¿es usted soltero o felizmente casado?

Con esta pregunta fue el acabose de mi paciencia –y la verdad ya sospechaba seriamente de una posibilidad de que un grupo criminal me estuvieran indagando-. ¿Felizmente casado? ¿Quién diablos en este mundo que conozco está felizmente casado? ¿Qué tipo de lenguaje de gestiones es ese? Pero sobre todo, si estuviera casado o no, ¿qué jodidos le viene a importar si es una relación feliz?

Bueno, con esto terminé la llamada. No le di oportunidad a rectificar algo. No había razón siquiera. Si realmente era un empleado de alguna aseguradora le faltaba mucha experiencia para poder tratar a un cliente… pero por otra parte, cuando se vive en un país así como este (es decir, México), no se puede tener tolerancia ante cuestionamientos personales.

Por cierto, soy felizmente soltero.

Imagen adaptada, tomada originalmente de internet

Caso 2: Hace un año, fui con mi amiga y agente de viajes Lucy a comprar un boleto de avión ya que mi tiempo de sustentación de tesis magisterial me había llegado. Lucy siempre con su excelente trato a mi persona… pero, la persona encargada del cobro accidentalmente pasó dos veces la tarjeta para el cobro.

Así que sin darnos cuenta, un cargo de mil dólares se duplicó.

Días después comenzó la lluvia de llamadas amenazantes ya que habían sobregirado mi tarjeta y yo en verdad ni siquiera por enterado estaba.

En una de las llamadas, una agente extrañamente amable, me preguntó si podía pagar “el sobregiro” de mil dólares y todo volvería a la calma, a lo cual le respondí que nunca pagaría un cargo no hecho por mí… y que si usé la tarjeta para comprar el boleto de avión era precisamente por no tener dinero.

Total. Me siguieron llegando las llamadas a pesar de haber metido la queja al banco y la aclaración ya estaba en proceso.

En una ocasión siguiente tuve que decirles “Ya dejen de hostigarme de una maldita vez, todo esto no tiene que ver conmigo sino con su sistema que permitió un doble cobro rebasando mi límite de crédito y la agencia ya ha reconocido su error en la transacción”.

Pero me esperaba lo mejor. Al día siguiente en el trabajo recibí otra llamada, pero ahora era un hombre –y nuevamente detecté un timbre de voz y una manera de hablar “corriente”, e insisto, escuchando hablar a las personas se anuncian tantas cosas-.

Señor Zavala, ¿en verdad pensó que usted podría hacer ese fraude con nosotros? Más le vale que vaya a pagar esa deuda antes que tenga serios problemas porque seremos muy duros con usted. ¿Qué dijo? ¿Que se saldría con la suya?”, me dijo ese tipejo con su horrorosa voz y en verdad sentí como la ira me corría por las venas.

¡Pobre idiota jodido insolente!”, le dije bien fuerte y clarito. “¡No tienes ningún derecho de hablarme de esa manera tan amenazante y vulgar! Háblale así a tu padre… además, de ese fraude del que me acusas ya metí la queja y está en proceso… ni siquiera estás informado de esto

Se quedó helado. Lo malo es que una secretaria de mi trabajo escuchó “mi diplomacia” requerida para detener en seco a empleados que fueron deseducados para maltratar a sus clientes… si es que en verdad “yo era un cliente de él” o realmente el cliente era el banco que había contratado alguna agencia tercerizada o de outsourcing para intimidar y amenazar.

Bueno, contestar el teléfono en México ha devenido en una experiencia sorpresiva… y si bien, mis casos han sido –digamos- ingenuos y completamente manejables, hay desafortunados que han padecido otras situaciones más duras.

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