Las plagas apocalípticas en México: Tan lejos de Dios

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¿Cómo puedo comenzar un artículo mostrando mi total sorpresa y aturdimiento ante las novedades en México? Es decir, ya sé que nos hemos convertido en el país que genera más noticias para el mundo (dejando atrás noticias superfluas como los piratas del Adén o la cantante británica de 47 años nunca antes besada): este es un país donde un día pueden amanecer decenas de decapitados, o pipas de “leche” que explotan en las autopistas llenas de autos, o secuestros de ciudadanos de “primera clase”, o tiroteos y granadazos en pleno centro de alguna ciudad, o pasarelas de modas de atractivos narco-juniors, o narcos papás cotizando en la Forbes como ultra millonarios ante las declaraciones de obispos molestos…

Vivir en México no es para débiles. A diario uno ve injusticias y nos sobran amenazas: Campañas masivas de “despistolización” (búsqueda de armas) cuando todos sabemos que a los grandes capos del narco que controlan regiones (desde extensas zonas geográficas hasta pequeños barrios urbanos) ni siquiera los molestan. Y como dijo un personaje de la Iglesia, “todo esto es de conocimiento del pueblo” (no tengo que dar pruebas entonces). Es esta también una realidad donde contestar el teléfono deviene un acto de valor esperando una amenaza de secuestro o una franca extorsión desde el otro lado de la línea…

Aunado a las de por sí deprimentes situaciones mencionadas, más y más amenazas laborales donde ahora se ve difícil conseguir un empleo que no esclavice de sol a sol y ofrezca un salario moderado. Y mientras algunos desesperanzados mexicanos siguen con su búsqueda laboral, el Gobierno anuncia reformas que “garantizarán un mejor futuro” y que por supuesto bajo un simple análisis se ve todo lo contrario; México negaría un futuro digno a sus habitantes de edad madura de aquí a unos pocos años…

Pero, ¿para qué preocuparnos por el futuro si, como salida de una novela de Stephen King o de Lovecraft, nos ha llegado una epidemia mortal?

En verdad uno no para de sorprenderse en este país. No imagino las condiciones que se dieron para que precisamente aquí surgiera una de las epidemias virales que terminan sorprendiendo al mundo (como la del Ébola, por marcar un hito más reciente, porque ni siquiera la gripe aviar alguna vez nos inmutó).

Y esta situación está creando una psicosis peculiar que el Gobierno no sabe cómo manejar: por un lado dice que está todo bajo control mientras la OMS le da un 3 en escala de 6 para declararla Pandemia (¡Sálvese el resto del mundo si se diera!)… pero resulta que sí tiene cura con antivirales mientras llegan un grupo de expertos epidemiólogos para manejar la situación… (¿?)

Imagen de Internet

Siendo poético y apocalíptico me da por pensar a mi país le ha llegado su merecido…

Por permitir tener un Gobierno de corrupción perenne, por ser adicto a Televisa y Tv Azteca, por tolerar el narco ya que “ofrece muchos beneficios económicos” sin medir su impacto en los diferentes niveles sociales… ahora esta epidemia nos hará ver la ineptitud del sistema de salud y el caníbal espíritu de las empresas que venden medicina y servicios médicos particulares…

Mientras el Apocalipsis comienza yo debo seguir yendo a mi escuela a trabajar (justo uno de los lugares más ad-hoc para comenzar su brote asesino)…

Imagen de Internet

Otra mala película Hollywood, que sin embargo permite ver los protocolos de salud para enfrentar una epidemia -en este caso extrema y muy sentimentaloide-. Basada en el reportaje The Hot Zone, que por cierto ya no se edita más en castellano.

Visita mi artículoSiete Grandes Cuestiones sobre la Influenza en México” disponible en: http://blog.pucp.edu.pe/item/53921

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Un pensamiento en “Las plagas apocalípticas en México: Tan lejos de Dios

  1. edison

    En todos los países del mundo existen hoy defensores de la violencia. La sociedad Mexicana no es en esto una excepción. Pero lo que a mi modo de ver se diferencia de otros países en este aspecto –por ejemplo. los europeos—, es que en ellos los que se proclaman partidarios de la violencia como método para “resolver problemas y conflictos” son por lo general grupos aislados, perfectamente definidos y repudiados además por el conjunto de la sociedad: neonazis, “skinheds” o cabezas rapadas, etc. O individuos de la clase media con bajo nivel de instrucción. O simpatizantes o afiliados de los partidos de ultraderecha. Son grupos, o más bien grupúsculos, en suma, absolutamente minoritarios, con características bien definidas, de bajísimo nivel de instrucción y cultura, sin formación universitaria, por lo general.

    Por otra parte, hay sociedades que han legitimado la violencia del estado contra los que violentan las leyes de la sociedad y han instituido así la pena de muerte: tal es el caso de la sociedad norteamericana. La pena de muerte tiene allí contradictores pero buena aparte de la población la defiende como un medio de combatir la delincuencia. Pero asimismo, son sobre todo los conservadores, la derecha y la ultraderecha estadounidense los que defienden esta terrible forma de violencia ejercida por el Estado.
    Por el contrario, en México, los defensores de la violencia ocupan un amplísimo espectro, se puede decir que se hallan en todos los ámbitos, estamentos y clases de la sociedad: ciudadanos comunes y corrientes, amas de casa, políticos de todos los partidos y tendencias, representantes de profesiones liberales, vendedores y dueños de puestos, profesores universitarios con posgrados, maestrías y doctorados en el extranjero.
    A toda esta población la podemos escuchar hablar –situándose así todos y cada uno “ipsofacto”, al menos “en espíritu”, fuera de la ley, puesto que aquí, a diferencia de EUA, no hay, por fortuna, pena de muerte— de “matar” con el más absoluto desparpajo y la más impactante tranquilidad: “Hay que matar a los narcotraficantes”. “A los delincuentes hay que matarlos.” “Deberían matar a los violadores y a los secuestradores”. La pena de muerte fue la propuesta política del llamado partido verde en las pasadas elecciones, que de verde solo tiene el color.
    Es penoso, deprimente y escalofriante. Cuantas veces escucho en labios de algún ciudadano este tan atávico e inhumano discurso, que se me representa venido de otro muy oscuro, terrible y siniestro tiempo –y que uno querría ya sepultado para siempre–, tiemblo de indignación, todo mi ser racional se subleva. Quiero felicitarlo por su Blog. Gracias por darme la oportunidad de poder expresarme como quiero.
    Un abrazo.

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