Y tú, ¿a quién admiras?

[Visto: 2285 veces]

Fue la pregunta generadora que lancé a un grupo de adolescentes con el fin de darme una idea de qué personajes –y a partir de ellos sus cualidades- conformaban la visión de algunos de mis alumnos (porque es hora que sepan que yo soy ¡docente!). De hecho, mi hipótesis iba a verificar si realmente dentro de las familias mismas existía el ídolo o patrón de comportamiento y conductas a emular…

Desde que hice la invitación a las participaciones noté cierto desánimo; no tanto apatía sino miedo o desconfianza, y por experiencia, cuando esto pasa siempre soy yo el icebreaker; el que empieza con su ejemplo –siempre verdadero-. Y, en mi caso, les expliqué que en mi familia yo nunca pude encontrar un modelo a seguir, mucho menos un ídolo y jamás un héroe. Les di mis razones y, posteriormente aclaré que fueron algunos cantantes de rock o personajes de cine o literatura de quienes en cierto momento pude rescatar cualidades o valores que decidí incorporar a mi personalidad en cierto momento. Con la calma generada esperé ansioso a escuchar las siempre interesantes respuestas de mis alumnos.

Primera sorpresa: los ídolos sí están tan cerca

Algun@s sin temor alguno mencionaron a sus propios compañeros como verdaderos ejemplos a seguir; por su solidaridad, por su fortaleza, su tenacidad, su poder declaratorio seguido de acción (consecuencia). Porque se aparecían en las buenas y en las malas, y si a veces cómplices en travesuras nunca delataban al otro.

Nota: La delación como disvalor (algún parecido con el narco mera coincidencia)

Un par de alumn@s, es decir; un varón y una muchacha (de una muestra de 60 encuestados), mencionaron a su propio padre como alguien admirable. Sus razones, en verdad loables, incluían aspectos maravillosos como: hacer deporte, no tener vicios, hacer de comer, ser cariñoso, nunca el regaño, no comer comida chatarra, gusto por reuniones y paseos familiares…

Nota: Un padre sin vicios. Esta cualidad me pareció resaltante.

Una alumna muy curiosa dio la campanada de la encuesta al señalarme a mí como su indiscutible héroe. ¿Sus razones? Siempre estoy de buen humor, no me sorprendo o escandalizo cuando mis alumnos me cuentan sus problemas, siempre dispuesto a platicar con todos y a poner el humor o el interés en clase cuando es necesario (adora mis anécdotas, desea que haga un libro –apenas comienza a concer mi blog-).

Nota: ¿Debo suponer que de 15 docentes con los que comparto trabajo soy el único que tiene sentido del humor? Quizá sí. De seguro soy también el único que cada viernes va al café a charlar, que cuando menos ve una película de artes marciales y otra de terror a la semana, que pasea fuera del país cuando puede… y el único sin casa ni auto.

La otra sorpresa: Yo admiro a una víctima

Quizá un 10% de ellos en verdad sí me sorprendieron al declarar a su madre como la gran persona a admirar. Y no que rechace el sentido siempre poético por demás idílico de admirar a “ese ser que nos dio la vida”… sino porque sus razones en verdad me parecieron entre patéticas y aterradoras.

Porque ella sí me cuida ya que mi padre es alcohólico (o se fue con otra).
• Porque cuando la golpea(ba)n ella nunca se queja; me dice que se pegó con una puerta o una rama.
• Porque tuvo que enseñarse a trabajar para mandarme a estudiar.
• A pesar de que sufre mucho a mí nunca me ha tratado mal.

Si bien, puedo entender que para mi alumn@ éstos pueden ser considerados valores de resistencia, porque gracias a ellos él o ella permanecen en un estado externo del “yo no sé nada” aunque por dentro sufran. Para mí fueron un choque cultural muy fuerte (aunado a los ya cientos que he tenido desde que soy docente desde hace 13 años).

¿Estamos enseñando a los alumn@s a hacer valer sus derechos humanos, a manifestarse y a declararse afectados? ¿En verdad que México sigue siendo un matriarcado tan machista que la violencia a la mujer sea algo tan normal? (Por supuesto que sí, las Muertas de Juárez son el mejor ejemplo.) ¿Qué hacen la familia, la escuela, los organismos de gobierno o los medios de comunicación para fomentar el locus de control interno, la personalidad combativa y dura o la autoestima alta?

La respondo de inmediato y sin temor a equivocarme: ¡Nada! Porque valoramos a las mujeres sumisas y soportamos a los hombres violentos, mujeriegos y alcohólicos y así mismo son la mayoría de los políticos, los empresarios, los maestros y los narcotraficantes. Porque en la mayoría de los casos la familia misma llega a legitimar dichas conductas bajo criterios absurdos como “es que es mi marido/ es tu padre”. Porque se le permite también a los mayores imponer una cuestionable autoridad sobre los menores -y más vulnerables- bajo el consentimiento de los padres. Porque estas calamidades son tan comunes que hasta en las telenovelas y el cine se explotan para ganar audiencia y quedan como “un orden natural de las cosas”.

Pero algo sí me queda bien claro; que como docente estoy seguro se puede hacer un trabajo –al menos en mis grupos- de comenzar a apagar esta tendencia; y ahora que la percibo claramente me toca proponer algo. Y si eso significa desidolatrar a ciertos personajes maternos victimizados, pero bien vale el esfuerzo.

Notas finales:
• Prefiero acotar el término disvalor que desvalor, por su fonética (me gusta más); antivalor me gusta menos aún.
• Me refiero al matriarcado como la educación materna que fomenta los desvaríos del hijo varón, haciéndole creer que por ser hombre vale más; y esto en sí mismo en una paradoja suprema.

Imagen de Internet

Puntuación: 3.33 / Votos: 6

2 pensamientos en “Y tú, ¿a quién admiras?

  1. Alicia

    Cuando leí tú artículo, me pregunté ¿a quien admiraba yo en estos momentos?, porque supongo que nuestros ídolos cambian a medida que crecemos y conocemos más o que nuestros intereses y ambiciones cambian. Todavía no se a quien admiro, pudiera ser a alguien que ha conseguido lo que yo deseo ahora??

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *