Porque hablando de enfermedades (todos somos médicos)

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Y de repente, un sábado apenas entrada la noche tuve un súbito ataque de fiebre. Una sensación de debilidad enorme me embriagó, mientras una miríada de escalofríos atacó mi cuerpo. Nunca había experimentado algo así.

Luego vino algo de calma. Yo cubierto de cobijas, con miedo; ahora mis pies y manos ardían. La pesadilla continuó cuando periódicamente me llegaron deseos de miccionar y para mi debilidad física era extenuante salir de la cama para ir al baño, que por cierto, está al lado de mi recámara. (Nota cultural, esta versión ignara del Word desconoce el verbo miccionar.)

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Un mal día para enfermarse.

Terminé el horror de la noche con mis pies en agua fría, con un ventilador sobre mí y habiendo ingerido un par de aspirinas. Al día siguiente, ni rastros de la horrible noche que pasé.

Decisiones

Me quedó finalmente claro el origen de la palabra enfermo (enfer= infierno) y la siguiente mañana de domingo –justo en qué días me pasa lo que me pasa- decidí llamar a mi médico de cabecera; una consulta telefónica al menos.

Él, por ser médico –o sea, estudió para eso y tiene 25 años de experiencia-, no se apresuró a decirme nada. Se limitó a un “con eso no me basta para decirte qué tienes, lo que te advierto es que te puede volver a pasar esta noche (¡Horror!) y prepárate mejor con unos antipiréticos; mañana te haces un examen llamado Reacciones Febriles y vienes con el resultado”.

Afortunadamente en la noche no volvió la pesadilla. El lunes temprano fui al laboratorio, de allí tomé un taxi y fui al trabajo, apenas me perdí de 80 minutos de clases y unos 30 USD de gasto. Por la tarde revisé el resultado de mi test y para mi sorpresa: fiebre tifoidea.

Lluvia mitómana tífica

• ¡Esa medicina no sirve! Mejor toma esta que para mí fue lo máximo.
• Quizá por ir al gym no te dio peor la tifoidea, como movías tus articulaciones no se acumuló allí la bacteria.
• Serás portador de por vida; periódicamente te enfermarás (y cada vez será peor), ya no tendrás tanta suerte.
• ¿Qué comiste ayer que te hizo mal?
• Tómate esto, ponte lo otro y rézale a la virgen.
• Bla bla bla

En cambio, mi médico dijo:

• La incubación de la enfermedad toma unos diez días (por lo tanto no tuve posibilidad de recordar un pasado tan lejano).
• En diez días quedarás bien; podrás hacer y comer de todo nuevamente (pero cuídate pues): Ya no te vas a enfermar.
• No bebas alcohol (Oh, my Dog!!!), diluye la medicina y en ése caso deberás tomar más días el antibiótico.
• No serás portador, simplemente queda en la memoria inmunológica y si te haces el test de nuevo dará resultado falso. En cinco años desaparece ese fantasma.
• He recibido pacientes con valores cuatro veces más altos que el tuyo; ellos sí llegan todos débiles.

Conclusión

En caso de enfermedad (o de enorme sospecha de la misma) acudir al médico inmediatamente y dejar de escuchar a los no médicos.

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