Archivo por meses: agosto 2008

Los Accidentes de Tránsito en el Perú: ¿Qué tan culpables son los choferes?

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Que el chofer del Soyuz iba completamente alcoholizado se me hizo un recurso desesperado y ridículo para evitar más críticas al Ministerio de Transporte. Tal grado de intoxicación no puede justificarse en un individuo que conduzca un vehículo. Los cuestionamientos obvios vienen a la mente:

¿Qué nadie lo percibió en esas condiciones?
¿Hay testigos que corroboren que se tambaleaba y apestaba?
¿No hubo alguien que le impidiera abordar el bus en ese estado?

La verdad, no creo semejante barbaridad. Fácil culpar a un finado, criticable apoyarse en exámenes a varios días de la tragedia.

Bueno, se castigó a la empresa (más) asesina de transportes en el Perú, y ya era hora… pero el castiguito duró apenas unas horas y todo volvió a la normalidad; es decir, más y más muertos: muchos más. Peruanos viajeros de bus hay hartos.

Pero mi reflexión ahora va no a favor (lo dudo) pero sí bien en contra de los choferes en este país. Okay, les contaré una anecdotita que tenía guardada para ustedes, mi lectores de culto de este blog maldito:

Viaje Tarapoto- Moyabamba en auto

En uno de mis viajes, cuando recorría la famosa ciudad de Tarapoto, decidí visitar también Moyabamba, ubicada a unos 150 kilómetros de distancia. La manera de cubrir ese recorrido no era en bus, sino en empresas de autos colectivos. Es decir, autos compactos de modelos no muy viejos donde cuatro pasajeros pueden viajar en condiciones más o menos aceptables durante un par de horas que puede durar este viaje.

Decidí abordar el Nissan (¿1998?) en su parte delantera, junto al chofer, para poder disfrutar el paisaje que me esperaba. Y fue precisamente esta decisión la que me hizo percibir algo extraño para mí durante el viaje.

Si bien, la carretera no es una mala carretera precisamente sí existen algunos tramos donde el agua de algún cerro baja y encharca ciertas áreas que hay que pasar a baja velocidad y con el timón bien firme. Además de algunas rocas que caen de algunas paredes de piedra y que obstruyen la pista. Nada extraordinario considerando la geografía propia del lugar.

Pero era el hecho de que el chofer manejara con tanta libertad y seguridad a media carretera lo que me mantuvo tenso durante el tiempo del viaje. Es decir, mi lógica extranjera consideraba que el chofer debía de ir solamente dentro del carril derecho y evitar al máximo pasar parte del auto al otro carril. Pero mi lógica era ilógica en la lógica local. El auto podía viajar más rápido (faster is better, right?) yendo precisamente sobre la línea divisoria… y a la hora de tomar alguna curva con la mayor naturalidad invadía completamente el carril contrario.

Pues estos actos comunes de conducción tuvieron a mi pobre y cansado corazón haciendo tucucucucutún tucucucucutún a un ritmo demasiado techno durante todo el recorrido a pesar de la programación radial tan autóctona. Porque mi sistema nervioso se alteraba al percibir todos estos actos de manejo como Indebidos, Ilegales y Peligrosos. Pero esto era una mera subjetividad. El chofer con su imagen tan cool, tan Everything’s fine y los pasajeros de la parte trasera durmiendo con sus cabecitas apoyadas unas con otras me enviaban un mensaje de Don’t worry baby, be happy!

Mono asustado tomado de internet
Quizá mi cara se veía así durante mi viaje.

Entonces yo, en un rato de nerviosismo histérico le pregunté al chofer si no venían autos en el otro sentido. “No, casi no” me respondió. Comprendí que mi vida dependía de un “casi” en una carretera en la ceja de selva peruana y me quedé callado tratando de recordar algún rezo… y sólo recordé la canción de Charly García.

Imagen tomada de Internet
Una carretera solitaria no da permiso de invadir el carril contrario.

Culturas de manejo

Comprendí entonces situaciones muy especiales que a continuación expongo.

Uno: El número de vehículos que viajan en las carreteras de este país es relativamente muy bajo. Perú es un país donde pocas personas poseen un auto propio (algo bien opuesto a realidades como México y los Estados Unidos). Realmente no vi un automóvil de algún particular en este tramo; solamente vehículos de carga material y transporte humano.

Dos: El vivir en un contexto donde los vehículos son pocos, donde el chofer se hace chofer como empleo y no como una cualidad inherente a la persona puede dar una perspectiva muy diferente al hecho de conducir un auto.

Es decir, un ciudadano que tiene un auto propio como medio de transporte continuo su auto se vuelve parte de sí mismo. Su carro deviene su capital, su propiedad y una de sus cualidades. Proteger su auto es proteger su persona y su inversión. Una persona así quizá dadas las condiciones del contexto puede recurrir a tener un poco más de cordura y moderación cuando maneje así como a asegurar su auto, tanto para no correr un riesgo potencial de ser robado como para protegerse si resulta herido o hiere a otros en el transcurso de su vida misma.

Por otra parte; una persona que trabaja otro auto quizá no llegue a valorar la responsabilidad que esto conlleva. El sentido de responsabilidad en específico a la consecuencia de sus acciones sobre otros (personas y objetos). Alguien que trabaja meramente un vehículo puede no alcanzar a comprender el valor del objeto, el daño producido a otros (y la responsabilidad de quién va pagar dicho daño de manera monetaria, moral y penal). Un empleado del volando recibe un auto que no es suyo, no le costó; un vehículo asegurado pero que él tampoco pagó por ello y transportará personas que le son desconocidas seguramente.

Tres: Una persona o empresa que tiene autos para ser trabajados por otros debiera tener en cuenta la responsabilidad que le otorga a ese empleado. La responsabilidad entre mayor sea amerita ciertas retribuciones: manejar un vehículo lleno de personas debe asegurar descanso necesario, una paga justa (pero en la percepción del chofer y no de la empresa; claro, sin rebasar la media del mercado laboral para mostrarme equitativo), una evaluación psicológica de prevención continua.

Conclusión:

En un país donde los autos son de pocos, las muertes pueden ser de muchos. Y para ejemplos YA BASTA. ¿Estamos?

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VIH y Sida: la epidemia de la ignorancia

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Me resulta sorprendente darme cuenta lo poco que sabemos en cuanto a esta epidemia mundial. Lo curioso es que la información que existe sobre este tema por demás abunda; pero se desconoce en su gran parte.

Porque no tenemos una cultura de la prevención, no se ha concebido trabajarla como tal, es decir, con la intensidad y seriedad ameritada por parte del Estado y los organismos de salud pública, y parece increíble que individuos dedicados sobre todo a la docencia y a las ciencias de la salud emitan juicios tan infundados.

“Cuando te acuestas con una persona, te acuestas con su pasado”, me dijo mi dentista cuando me atendía. “¿Y sabes por qué no se ha controlado esto que ya tiene más de veinte años? Porque el preservativo se estira y entonces permite la entrada del virus.”

Me dejó sorprendido. Él es realmente un dentista excelente, que me atiende con guantes, lentes y tiene su equipo esterilizado. Hasta ese nivel es muy capaz…

No te preocupes, yo estoy sano” le dijo un amigo a una conocida después de tener sexo sin protección. Tiempo después indagué cuándo mi amigo habíase hecho la prueba por última vez y me respondió que NUNCA. O sea, él no presentaba ninguna sintomatología de gravedad, por default, se consideraba sano… y sigue sorprendiéndome que ambos hayan aceptado tener ese encuentro fugaz en pleno Siglo XXI.

Porque una cosa está clara: Todos estamos sanos, ninguno somos portadores del VIH. Pero pocos nos hemos hecho la prueba y menos aún aceptamos un tipo de sexo más seguro (y aburrido).

Aún recuerdo las charlas apocalípticas y cínicas de Pedro Santos en Lima, que me describía más que un grupo de personas una mentalidad freak de individuos en los USA que buscaban con ansía (e irresponsablemente) contagiarse de VIH, ya que esto significaba una serie de cuidados y atenciones especiales a las cuáles como individuos sanos (y desempleados o subempleados) no tenían acceso. Esta historia me hizo recordar los mitos atribuidos a Cuba, pero que nunca pude comprobar. (Si bien no hay razón para no creerle a este personaje, pero su manera de matizar sus percepciones siempre me han generado cierto rechazo)

Y bien es cierto que existen países que han logrado grandes avances en el tratamiento de personas portadores del VIH, asegurando que con cuidados y un tratamiento (en algunas partes todavía inaccesible para sectores económicos pobres) estas personas pueden llegar a alcanzar hasta veinte años de vida de calidad aceptable.

Pero si uno no se detecta esta condición… la vida puede terminar de manera tan breve como una enfermedad oportunista nos alcance.

Me parece digno de análisis que el SIDA comience a ganar espacio entre las mujeres monógamas, que ingenuamente han confiado en sus parejas. También los adolescentes de baja escolaridad en toda América corren peligro… y los maestros, los profesionales de la salud y ciertos intelectuales; estáticos; esperando que sea quizá alguna ONG o una institución del gobierno quienes tomen el liderazgo en la cultura del cuidado de la salud.

Para conocer un poco más:

VIH y Sida en Brasil y en América Latina
http://www.ias-2005.org/admin/images/upload/535.pdf
Dos hojitas

Formación Docente y Prevención del VIH y SIDA: Proyecto de incorporación de la prevención del VIH y SIDA en la formación docente en nueve instituciones formadoras de docentes en Argentina, Colombia, Ecuador, Honduras, Perú y República Dominicana.
UNESCO, Preeduca y GTZ (2006)
208 pp.
http://www.oei.es/salactsi/formacion_docente_prevencion_vih_sida.pdf
Indispensables de leer las primeras 50 pp.

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La mujer que clonó a su perro por 150 mil dólares

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Cuando miré la foto de su horrenda cara sonriendo -con una mueca exagerada que aparentaba felicidad- junto a la cara de uno de sus cachorros caprichos, algo en mí me dijo, “Esta tipa no puede estar bien”.

Y estoy de acuerdo que cada persona puede tener sus gustos y caprichos, y más si se los puede pagar, ¿pero recurrir a “resucitar” un animal que le hizo compañía para -según ella- volver a ser feliz?

Pobre mujer debe ser.

Gastar ciento y cincuenta mil dólares por volver a tener no uno, sino tres cachorros idénticos a uno que tuvo tiempo atrás. Esa cantidad es ofensiva en mi parecer (los 150 mil y los 3 también). E invertirla en “revivir” a un ser querido me parece algo macabro. Así como la sonrisa de alegría de la horrible mujer.

Me sobresalto cada vez que veo esa sonrisa.

¿Qué se gana alguien con volver a traer a un ser querido nuevamente a la vida? En este caso fue un perro, pero qué tal si le pago a esos laboratorios de vanguardia tecnobiológica, esos laboratorios Olimpo habitados por dioses… pero si quintuplico la cantidad y pido que me “regresen” a mi padre, o mi madre, una novia de colegio o mi amigo el que se murió hace veinte años (claro, Classified service, nadie lo sabría).

Me aterra pensar que haya personas que en verdad añoren esto.

Yo, gustoso –si es que alguien le importa lo que yo pienso y hago- gastaría 150 dólares cuando mucho por cachorro nuevo (¡y de otra raza!). Me daría una nueva oportunidad con otro ser diferente, quizá pueda ser mejor (o no tan mejor pero la emoción del riesgo vale). Por otra parte, yo no quiero volver a ver o estar con alguien que no esté ahora en este instante considerado en mi vida. A nadie. La biotecnología no me seduce (ni tengo el dinero para llegar a ese estado).

Pero lo mejor de esta historia vendría; la horrenda mujer clonadora de perros (o sea, que pagó por ese evento) hace 30 años atacó a un joven durmiéndolo con cloroformo para luego violarlo.

Tanta era su psicosis sexual que poco le importó correr el riesgo de matar al pobre parroquiano (que era un joven mormón) con una sobredosis de cloroformo ayudada por otro individuo igual de pyscho que ella.

Por eso yo desde que vi esa horrenda cara junto a la del perro me dije: “esa mujer es un asco”. (Mejor se hubiera ensañado con un Testigo de Jehová) Y si ese evento la hizo feliz entonces recurrirá a seguir violando, y clonando, y pagando y siendo infeliz con esa horrible cara.

Aquí hay más de esta persona:

http://www.20minutos.es/noticia/405085/0/clonacion-perros/violacion-mormon/mckinney/
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Viaje Lima- México DF: Cuando viajar es una experiencia llena de sorpresas extrañas

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Una vez más estaba en la fila del check in pero ahora en Aeroméxico (ni ganas de volver a tomar Avianca con escala en Bogotá por motivos ya narrados en una entrada anterior).

Eran las 9 p.m. del 22 de julio, en una Lima donde no había invierno. El aeropuerto Jorge Chávez a toda su capacidad (parecía más Megaplaza que aeropuerto) y de nuevo con el estrés viajero encima, esperando que sorpresas me tocarían en esta ocasión.

No quiso que envolvieran mis dos enormes maletas llenas de libros para evitar sospechas: ni candado les puse. Mi lógica era muy simple; nadie robaría mis 60 kilos de libros en las dos maletas (y 10 kilos más en mi mochila). Los libros sólo son de interés de su dueño… y las maletas al estar si protección (y una rota donde se veía parte de su carga interior) no despertarían las sospechas de algún oficial dispuesto a hacerme un interrogatorio por demás absurdo. Mi duda era cuánto pagaría de sobre peso y si mi agente en México pudo hacer el cambio de fecha desde la comodidad de su silla frente a una computadora…

En una bostezada enorme que di mientras hacía la cola para el counter, pude notar sobre mí varios pares de ojos del personal que te hace una pequeña prerrevisión de los documentos así como hacer un par de preguntitas con el fin de hacer un perfil del viajante.

“¿Cuál es tu destino?”, “Guadalajara” le dije y de inmediato viendo mi pasaporte me cuestionó “¿pero tú de dónde eres?”. Le aseguré que mi zona de residencia si bien era el Estado vecino me quedaba mucho más cerca de Guadalajara que del DF. (¡Vaya! ¿Desde cuándo estas preocupaciones del personal aeroportuario?)

Ellos están entrenados para detectar pasajeros sospechosos desde esos momentos; con sólo ver su fisonomía, sus vestimentas, si viajan solos o no, sus equipajes y sobre todo rasgos de nerviosismo.

En esta ocasión tomaría un vuelo que llevaría a conexión en México a pasajeros con rumbo a España y los Estados Unidos y me tocaría soportar un trío de arrogantes norteamericanos así como una pareja de ancianos y una familia peruana que durante el viaje de seis horas darían de qué hablar por sus conductas durante el vuelo (but this is not my point!).

Horrible viajar de noche. Salida a las 00:30 horas para llegar a las 6:00 a.m. es un horario muy inadecuado para el descanso, pero oportuno para poder desplazarse en el punto de destino.

Llegué al Aeropuerto Benito Juárez en la ciudad de México pero ahora a la nueva y sorprendente Terminal 2.

Antes de descender del avión, la voz del capitán nos informó que estarían agentes de Migración en la misma puerta del avión para revisar el pasaporte (no sea que alguien pegue un brinco desde la puerta hasta el suelo y se vaya corriendo entre las pistas con aviones despegando o aterrizando huyendo con rumbo desconocido). Estos comités de ¿“bienvenida”? no me terminan de convencer. Y ni modo, sacando mi cuadernito verde olivo tuve que esperar a que llegara mi turno ya que iba al fondo del avión.

Imagen tomada de:
Imagen de internet
http://polynesia.canalblog.com/images/avion.jpg

Cuando me dirigí a la puerta pude percibir una familia que, estando en la parte delantera, no había bajado aún. Eran los únicos en esa zona del avión. Se veían bastante nerviosos o preocupados…

Ya en la Terminal comencé a caminar con prisa para llegar a Migración y pasar a la sala de vuelos nacionales. Al llegar a la ventana, el empleado me cuestionó a qué había ido al Perú (¡Por Dios! ¡A pasarme de pendejo! ¡A emborracharme! Ahh, y en una mañana libre a sacar mi título de Magíster). En cada viaje que hago (al menos en estos destinos me siento cada vez más y más vigilado), o estaré padeciendo un nuevo desorden mental llamado “paranoia viajera”.

Imagen tomada de:
Imagen de internet
http://wiki.sumaqperu.com/es/images/0/00/Pasaportes.jpg

Y como siempre había tenido que retirar mi equipaje y pasar por aduana en el Benito Juárez y entonces abordar el vuelo nacional, pues me fui a la sala de entrega de equipajes ingenuamente.

Y allí estuve, desveladazo, sentado en un carrito esperando en vano mis maletas… y nada. Sin embargo, a través de los cristales yo podía ver a los empleados con el equipaje antes de subirlo a la banda que lo ingresaría a la sala.

Y sus canes mestizos se daban un festín de olores. Los perritos brincaban sobre varias maletas con un frenesí encantador. O sea, en verdad no me atrevía a dar interpretaciones de eso que miraba. Como seis maletas fueron retiradas de la banda y puestas a un lado porque los perros les habían echado nariz. ¿Eran maletas con droga oculta? ¿Tantas maletas en el mismo vuelo? Vaya, mi consternación era evidente.

Imagen tomada de:
Imagen de internet
http://www.investigaciones.cl/paginas/brigadas/bg-briant/jenant/caninos.JPG

Y mis libros allí no estaban. Lo único agradable del viaje –aunque me di cuenta demasiado tarde- es que ahora retiraría mi equipaje desde la ciudad de mi destino, y el trámite que siempre me había parecido pesado por el tiempo y la gente de hacerlo en el aeropuerto defeño ya quedaba rebasado.

Enorme Terminal. Caminé desesperado para llegar a la puerta 62, de donde saldría mi vuelo final. Tan cansado, que no pude volver a repasar todo lo que vi en ese viaje nocturno y la llegada al aeropuerto, hasta esta tarde donde me puse a actualizar mi blog…
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Tacos de bistec

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He aquí una imagen de lo que son los tacos (the real ones!!!) que se pueden comer en México.

Fotografia de Nery Prado. Permiso.

Las tortillas (discos de harina) son pequeñas y deben ser dobles.
La carne de res va abobada.
Lleva varias salsas en el mismo adobo, más otras disponibles en el mismo sitio de venta de esta comida.
La cebolla asada es indispensable.
Pepinillos en vinagre.
Zanahoria rebanada en vinagre.
Chiles jalapeños.

Harta grasa… se disfrutan mejor cuando uno anda ebrio y a las 2 a.m.

Valen 6 pesos cada uno (60 centavos de dólar).

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Hablemos de música: Volo AZ504 (Mi nostalgia musical)

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Desde niño he tenido una afinidad enorme por la música. Quizá influenciado, en un inicio, por mis hermanos mayores (pasar de Francisco Gabilondo Soler Cri Cri directamente a los Beatles, Blood Sweat and Tears y Santana es una experiencia que sólo de niño es posible).

Luego, como todo adolescente, quedé expuesto a las tendencias comerciales radiofónicas donde generalmente abunda música de poco valor. Empero a veces por allí existen estaciones, o cuando menos programas, donde poco a poco se pueden conocer ejemplos musicales fuera del mainstream común.

En la etapa de la preparatoria (de los 16 a los 17 años) las personas con las que conviví pues ya presentaban sus repertorios variadazos, por la lógica que en este nivel de educación convergían de todas partes de la zona y de diversos estrato socioeconómicos; desde lo más autóctono (y a veces vulgar y grotesco) hasta ciertas rarezas poco comprensibles fueron mi paso por esa etapa.

Con el paso de los años me encontré con amistades con gustos más estilizados, dirigidos por filtros de todo tipo: como de clase social (hay música para grupos económicos y sociales –dicen-), de origen (el pueblito donde naciste y ranchos aledaños), de destino (música del país o lugar de tus sueños comienza a ser parte de lo que digieres), géneros musicales e idiomas (una manera muy efectiva de auxiliar en el aprendizaje de un idioma es escuchar música, pero de preferencia, música algo antigua… no es lo mismo degustar las letras de los Beatles al nuevo y agresivo hiphop).

Y llega un momento que los gustos y afinidades musicales de las personas pueden decir mucho del periplo de su vida:

He conocido gente de rancio arraigo a lo ranchero y popular. Quizá apegados a una nostalgia de una época que a veces pienso que ni siquiera existió.

Conocidos míos del heavy metal; en los cuales presiento manifestaciones de machismo extremo e intolerancia. Y no se puede negar que hay bandas de este género que son magníficas y que conviene escucharlas de vez en cuando para levantar el espíritu combativo (pero sólo de vez en cuando).

La gente que se encierra en baladas (como boleros) puede representar un grupo que emocionalmente no tienen muchas reacciones; se asombran o se asustan de cualquier cosa diferente.

El rock progresivo y a veces el jazz, por otra parte, pueden inspirar a sus escuchas a “estimularse” para poder entender las complicadas evoluciones de sus piezas. Es decir, no es determinante, pero entender ciertos géneros puede implicar madurez y experimentación de otros géneros –por llamarlos- menores. No se deben forzar las cosas, ni se debe abusar de los alucinógenos tampoco.

Bueno, mi intención de este artículo no era atreverme a hacer tipologías sino compartir un capricho exótico. Hace 25 años pude grabar en un caset un acetato de un grupo italiano llamado Albatros. Yo recuerdo que el disco me había parecido increíble –en ese tiempo- y en algún rincón de mi mente recordaba una de las canciones del disco como una melodía idealizada por mi subconsciente.

Nunca más volví a saber del grupo ni del disco. Pero vivimos en un mundo global, donde así como yo tenía esta inquietud al parecer un considerable grupo de personas de Corea del Sur la tuvo también.

¡Sí! El disco que yo añoraba tener (bueno, uno de los tantos) era también deseado por un conjunto de personas orientales que, de alguna manera, al manifestarlo hicieron que el sello discográfico Si-Wan comprara los derechos de reproducción y venta de un álbum olvidado en su natal Italia.

Y bueno, yo buscando de nuevo (ya lo había hecho algunas veces sin éxito años atrás) me sorprendí encontrarlo. No pude con la manzana y la mordí nuevamente.

Pero mi sorpresa fue enorme. El disco ahora lo encuentro demasiado frívolo, ridículo, idóneo para ser tocado en un albergue de ancianos que seguramente gritarán en silencio al escuchar las canciones tan bonitas y simplonas (pero no más). Sin embargo, mi canción idealizada se defendió con gallardía (aunque reconozco que es también algo Light, como la dieta que ahora llevo para verme figurita).

Bueno, era lógico pensar que algo que me enloquecía hace 25 años pudiera seguir haciéndolo ahora (pero no pensé lógicamente). Con este paso del tiempo pude conocer tanto más que, la pura nostalgia me hizo una travesura pero que bien no me ha dejado resaca cuando menos.

Para compartirlo (ya que no se halla en los descargadores ni en los torrentz):

http://cid-6ede2a188097dd7e.skydrive.live.com/self.aspx/P%c3%bablico/Albatros%20Volo%20AZ504

Los invito a descubrir mi canción de ensueño… entre otras verdaderamente ridículas.
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La cumbia peruana: Andina y Tropical

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Impresiones -demasiado personalizadas- sobre el texto de Raúl R. Romero que publica el Instituto de Etnomusicología de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Bastó leer el título para dicho libro pasara de manera inmediata a mi acervo personal. Y es que mi pasión por la cumbia (y en especial la peruana) es algo muy característico de mi persona; y con dos artículos previamente publicados en mi blog (y uno de ellos de muy elevado número de visitas) se me presenta la oportunidad de descubrir si mis percepciones musicales (no formales) estaban centradas o no.

Un poco de historia musical en el Perú

Fue al principio de la década de los noventa cuando ocurre el rompimiento de las tantas barreras sociológicas que existen en el Perú. La tecnocumbia, una nueva tendencia musical tanto de cumbia como de expresión peruana, comienza a ser aceptada por la población en general.

Y es que antes de considerar que hasta Alberto El Chino Fujimori haya recurrido a este artificio para promocionarse en su campaña presidencial, la cumbia peruana había pasado por un proceso de intercambios culturales tanto transnacionales como internos del país. Lo que la cumbia venía a representar era propiamente un crisol de tantos elementos que, por efecto, tenía la cualidad de la recepción masiva. ¿Cómo vino a ocurrir esto? Las respuestas que el ensayo de Romero son por demás interesantes y, sobre todo, novedad en cuanto a ser publicadas formalmente.

Huayno-pop

El huayno en el Perú, tuvo una etapa de éxito comercial sin precedente durante treinta años (1950 – 1980). Para llegar a ser el género musical dominante se requirieron ciertos determinantes muy específicos, tales como la innegable cualidad rural del país durante ese periodo, pero sobre todo, por aceptar la diversa población misma a las diferentes variantes musicales de este género musical. Huayno norteño y central no tenían que tener públicos exclusivos en la ciudad de Lima.

Por lo anterior, bajo un principio integrador musical, Víctor Alberto Gil Mallma (el Picaflor de los Andes) incorporaba nuevos instrumentos a una alineación por llamarla típica. El sentido de las fusiones también se daba en el huayno.


El Picaflor de los Andes; sin lugar a dudas hermosas canciones.

La amenaza Colombiana

Existen géneros musicales en cada país que, por peculiaridades especiales, llegan a ser tan aceptados y admirados por otras culturas a veces no tan semejantes. Ejemplos de la afirmación anterior es el mismísimo rock (made in the USA, y con aportes británicos magistrales), el jazz (USA), samba y bossa nova (Brasil), tango (Argentina, Uruguay) y –mencionado en el texto- las rancheras de México. Ahora bien, que todos estos géneros puedan ser apreciados en un mismo espacio, por llamarlo país o ciudad, pudo darse en Lima.

Uno de los géneros que tuvo su boom internacional fue la cumbia (que es colombiana de origen), por los años ochenta, como lo comenté en “La cumbia, ¿música sin seriedad?”. Y cuando un género musical llega a tener su acogida masiva –y es posible su emulación-, surgen poco a poco las versiones locales.

Y la cumbia tuvo su pegada en la zona andina del Perú. Y según se hace referencia en el texto de Romero, Los Demonios del Mantaro llegaron a tener un enorme éxito a finales de los años sesenta llamado “La chichera” (y posible origen de la palabra definitoria de la cumbia andina).

Come on, baby, just play the guitar

Serían Enrique Delgado y su grupo Los Destellos quienes darían el sello definitivo a la cumbia peruana. Es decir, el sonido de las guitarras (algo que tanto he apreciado, por decir, en Néctar). Y es que la alineación musical de este grupo y su guitarrista constaba de dos guitarras, bajo y timbales –y posteriormente congas, bongós y órgano eléctrico-.

Es decir, la influencia del señor Delgado fue el sello peculiar que desde los años setenta entra a la ahora llamada música chicha. Y es que la formación musical de tan exquisito músico limeño -hijo de músico cusqueño- intérprete inicial de huaynos, conocedor de la mandolina y charango le dieron los elementos musicales necesarios para intentar la naciente cumbia moderna e, incorporarle sobre todo elementos tan rock que comenzaron a darle una marca tan indeleble.


Los Destellos y Enrique Delgado. Tremenda cumbia peruana donde en la alineación musical parece más de un grupo de rock de los sesenta. Nótese la dancer como alucina con los riffs del Señor Delgado.

Así pues, éste tipo de chicha –o nueva cumbia peruana- tuvo como influencias tanto los mismos huaynos (que venían de ser la música más comercial en el país), la nueva ola y el rock que ya se sentía en todo el mundo.

Y hasta aquí (finalmente me) queda claro que la chicha viene a ser principalmente la fusión de los elementos andinos con la cumbia, sin negar todas las demás influencias que pudieron converger en el Perú para esa época (ahora ubicada en los años ochenta).

El fenómeno chicha

Lo Chicha es algo más que música. Lo chicha es el mosaico más peculiar que se puede percibir en Perú, sobre todo en Lima.

Lo chicha es antojo de comida. Es el arte popular tan huachafo pero tan único y propio. Es lo emergente, lo informal, lo recurrente y creativo. Es la sorpresa de la concepción de un mundo hecho por tantos otros mundos. Un mundo quizá no muy legal pero bien legítimo; un mundo desorganizado pero lejano al caos.

Y lo chicha también es música. Y por cierto una música más compleja de lo que la gente con prejuicio y poco criterio puede pensar. El origen humilde de la música chicha no lo demerita en calidad de recursos musicales, al contrario; quien sabe de música puede recurrir a los orígenes del jazz como analogía (pero la chicha es chicha y el jazz, jazz).

La chicha es una de las cosas que más me atrajo del Perú (por encima de Machu Picchu y la comida, que quede claro esto).

La chicha es, también, el vehículo de expresión masiva que creó un grupo de peruanos para tener una conciencia común. Un grupo de personas que inició una manera de identificarse… pero que debe seguir trabajando en lograr un estado más sólido e inclusivo.

Anécdota:

Y me contaba Ángel, que la chicha existía pero no era aceptada por otras personas que se consideraban menos de cerro. O sea, era conocida, ya jalaba gente, pero faltaba algo para poder ser considerada popular… y ese algo llegaría en los noventas, cuando Armonía 10 introduce los teclados en su música… allí comienza la tecnocumbia.

En los comentarios de mi amigo había mucho de razón. Y en la lectura del texto Andinos y Tropicales me encuentro con más elementos que apoyan la tesis anterior, aunque con un cauce algo distinto.

Llegaron los años noventas con un deseo intrínseco de vivir en la “modernidad” ofrecida por Fujimori. El Perú se transforma con el neoliberalismo; las transnacionales invadieron el país (por eso cuando a mí me preguntaban de los “grandes beneficios” que el Tratado de Libre Comercio le había dado a México yo no veía mucha diferencia con Perú, a pesar de no tener hasta ese momento algún acuerdo firmado).

Así que en un país ahora adornado con la McDonalnización, los teléfonos móviles, el Internet y demás corporaciones que anestesian con una idea de mejor calidad de vida, de pronto, la música también se moderniza mediante el uso de teclados y algunos otros instrumentos eléctricos.

Ahora bien, el término tecno no tiene nada que ver con el término techno. Pero sonaba cool, ¿no?

Pero la gran sorpresa para mí fue encontrar que se le atribuye a Rossy War (qué nombre tan pero tan huachafo) el verdadero origen de la cumbia moderna.

Y es que Rosa Guerra (a.k.a. Rossy War) tuvo un origen que le fue integrando a su concepción de persona y artista elementos tan diversos (y tan globales) como ser fan de Ana Gabriel (su parecido de voz es asombrosa, y según ese matiz le ayudó a tener un sabor más internacional y, por lo tanto, aceptado), escuchar rancheras mexicanas, baladas pop romanticonas y canciones criollas.

Así que su álbum y single “Nunca pensé llorar” de 1997 fue el parteaguas musical cumbiero en el Perú.


Nótese en el mismo video, que si bien es evidente que no es actual, su concepto artístico es mucho más complejo que la mayoría de los nuevos videos de grupos emergentes de cumbia: No es una simple toma en concierto, es un collage de varios sucesos ya sea Alive, en estudio así como escenas actuadas relacionadas con el contenido. Y ella resalta a sus músicos y sus instrumentos, con un psicodélico extracolorido fondo dinámico.

Entonces, se le atribuyen (según dicho ensayo) a Miss War (la verdad que el nombre no me gusta nada) elementos muy determinantes para convertirse en fenómeno ella misma y dictar la tendencia moderna musical:

a) La Desandinización de la música. Sin influencia del huayno pero sí del pop, rock y lo romántico.
b) La Sensualidad. La coreografía más compleja (ya basta de brinquitos para allá y saltitos para acá) y sobre todo erótica, ya que sus orígenes amazónicos le dictaban que era parte propia de su ser.
c) La Globalización. Al no limitarse a un solo estilo fashion (y evoca a Selena constamente así como ya se dijo a la misma Ana Gabriel –que fue un indiscutible fenómeno del pop fresa y ranchera cantinera a finales de la década ochenta e inicio de los noventa).
d) La masividad mediática. Ya que radio, videos e industria disquera le dieron su credito y difusión.

Un craso error que tiene el texto de Romero es al referirse a Selena como Selene. Y yo sigo cuestionando mucho la razón de que a esta cantante le atribuyan su origen mexicano. Ella nació en Texas y era ciudadana norteamericana. Que fuera hija de padres mexicanos no le da el crédito de mexicana, ya que es por derecho de tierra. Hasta donde yo sé (si es que realmente me haya interesado investigar esto) ella no tuvo la ciudadanía mexicana.

Tampoco me cabe el hecho de atribuirle el origen mexicano para justificar su estilo musical y su gracia escénica. Pudo tener ella más influencia de Donna Summer y de Madonna antes que de Lucha Villa o de Laura León. La cumbia en México ha sido pobremente popular como para considerar tendencias más allá de lo que en los ochentas La Sonora Dinamita de Colombia pudo generar.

Por mencionar el cierre de la primera parte del libro –que es la que he comentado-, se hacen breves alusiones (demasiado breves quizá) a Armonía 10 –que se aclara que su trayectoria era anterior a Rossy War- y a Ruth Karina. La segunda parte del libro son dos entrevistas a Jaime Moreyra (Los Shapis) y a Edilberto Cuestas (Los Ecos), las cuáles no comentaré (quizá en un futuro lejano).

Sólo me queda decir que, si bien el texto me dejó con hambre de mucho más, lo considero de cualquier manera como un libro que hacía falta… al menos para fans de la cumbia como este humilde escritor que a veces me vuelvo yo.

La primera parte del texto cierra con una interrogante por demás interesante, la cual a continuación transcribo:

¿Deberíamos sentirnos agradecidos de que la globalización permita que las culturas locales refuercen sus identidades a través de la revitalización de sus expresiones culturales? (p. 43)

Andinos y Tropicales: La cumbia peruana en la ciudad global
+ DVD Ciudad Chicha
Raúl R. Romero
Primera Edición diciembre de 2007
Serie Documentales Peruanos Vol. 2
Instituto de Etnomusicología de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
104 páginas.
30 nuevos soles (y no tienen descuento ni para estudiantes ni maestros).

Visite el sitio del Instituto de Etnomusicología: http://www.pucp.edu.pe/ide/

Mi libro de Andinos y Tropicales

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Los accidentes de tránsito en el Perú y la Ministra Zavala.

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Pues finalmente a alguien se le ocurre que el Congreso debe interpelar a la grandiosa Ministra. Ya la situación de accidentes en las carreteras alcanzó un exceso apocalíptico; una vergüenza.

http://www.larepublica.com.pe/content/view/235676/676/

Hace casi un año, cuando vivía en Lima, sentí una indignación enorme al ver una realidad tan recurrente pero tan aceptada. O sea, estos hechos pasaban ante una pasividad cívica y política increíbles. Eso me llevó a escribir una modesta entrada en mi blog que sin embargo ha sido visitada por miles de internautas:

Los accidentes de tránsito en el Perú, publicado el 15 de octubre de 2007, disponible en
http://blog.pucp.edu.pe/item/15053

La vida sigue igual… o peor en el Perú, el 6 de diciembre de 2007 tuve ya una resignación a que realmente esas tragedias no eran tan importantes. Yo mismo me sentí como si una tendencia telenovelera e hiperdramática me afectara; o sea, ¿realmente es importante que alguien detuviera esas tragedias (porque de la Ministra todavía no la escuchaba decir “esta boca es mía”).

http://blog.pucp.edu.pe/item/17182

El 17 de enero, desde Chile, ofrecí unos consejos ligeros (pero con una postura propositiva):

Transportes en Chile: consejos para el Perú, disponible en http://blog.pucp.edu.pe/item/18384

Pero hasta la fecha no pasaba nada todavía.

Un hito dantesco se dio en marzo del 2008, cuando ocurrió en Pisco una gran tragedia, en ese momento (adelantándome cinco meses) invité a la mediocre Ministra a que renunciara… y en esta ocasión ofrecí una serie de consejos más realistas y razonables por si alguien del Gobierno los encontraba en mi blog… y todavía nada.

¿Por qué no renuncia (inútil) Ministra de Transporte?, publicado el 3 de marzo y disponible en http://blog.pucp.edu.pe/item/20675

Pero bueno, la pesadilla se desató con furia (sólo porque hay un israelí muerto en una serie de tres o más accidentes consecutivos día tras día, si no hubiera muerto un NO peruano todo seguiría en la más completa normalidad; total, quien se muere es la gente misia que no puede viajar en avión)… y por cierto La Gran Inútil Ministra de Transporte anda ¡¡¡¡¡¡en Australia!!!!

Pues que siga allá, total; mientras la ciudadanía peruana no le exija cuentas, ella tiene todo el derecho del mundo de seguir viviendo su apacible vida; pero algún día le tocará subirse en un Soyuz y viajar de madrugada.
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