Viaje Lima- México DF: Cuando viajar es una experiencia llena de sorpresas extrañas

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Una vez más estaba en la fila del check in pero ahora en Aeroméxico (ni ganas de volver a tomar Avianca con escala en Bogotá por motivos ya narrados en una entrada anterior).

Eran las 9 p.m. del 22 de julio, en una Lima donde no había invierno. El aeropuerto Jorge Chávez a toda su capacidad (parecía más Megaplaza que aeropuerto) y de nuevo con el estrés viajero encima, esperando que sorpresas me tocarían en esta ocasión.

No quiso que envolvieran mis dos enormes maletas llenas de libros para evitar sospechas: ni candado les puse. Mi lógica era muy simple; nadie robaría mis 60 kilos de libros en las dos maletas (y 10 kilos más en mi mochila). Los libros sólo son de interés de su dueño… y las maletas al estar si protección (y una rota donde se veía parte de su carga interior) no despertarían las sospechas de algún oficial dispuesto a hacerme un interrogatorio por demás absurdo. Mi duda era cuánto pagaría de sobre peso y si mi agente en México pudo hacer el cambio de fecha desde la comodidad de su silla frente a una computadora…

En una bostezada enorme que di mientras hacía la cola para el counter, pude notar sobre mí varios pares de ojos del personal que te hace una pequeña prerrevisión de los documentos así como hacer un par de preguntitas con el fin de hacer un perfil del viajante.

“¿Cuál es tu destino?”, “Guadalajara” le dije y de inmediato viendo mi pasaporte me cuestionó “¿pero tú de dónde eres?”. Le aseguré que mi zona de residencia si bien era el Estado vecino me quedaba mucho más cerca de Guadalajara que del DF. (¡Vaya! ¿Desde cuándo estas preocupaciones del personal aeroportuario?)

Ellos están entrenados para detectar pasajeros sospechosos desde esos momentos; con sólo ver su fisonomía, sus vestimentas, si viajan solos o no, sus equipajes y sobre todo rasgos de nerviosismo.

En esta ocasión tomaría un vuelo que llevaría a conexión en México a pasajeros con rumbo a España y los Estados Unidos y me tocaría soportar un trío de arrogantes norteamericanos así como una pareja de ancianos y una familia peruana que durante el viaje de seis horas darían de qué hablar por sus conductas durante el vuelo (but this is not my point!).

Horrible viajar de noche. Salida a las 00:30 horas para llegar a las 6:00 a.m. es un horario muy inadecuado para el descanso, pero oportuno para poder desplazarse en el punto de destino.

Llegué al Aeropuerto Benito Juárez en la ciudad de México pero ahora a la nueva y sorprendente Terminal 2.

Antes de descender del avión, la voz del capitán nos informó que estarían agentes de Migración en la misma puerta del avión para revisar el pasaporte (no sea que alguien pegue un brinco desde la puerta hasta el suelo y se vaya corriendo entre las pistas con aviones despegando o aterrizando huyendo con rumbo desconocido). Estos comités de ¿“bienvenida”? no me terminan de convencer. Y ni modo, sacando mi cuadernito verde olivo tuve que esperar a que llegara mi turno ya que iba al fondo del avión.

Imagen tomada de:
Imagen de internet
http://polynesia.canalblog.com/images/avion.jpg

Cuando me dirigí a la puerta pude percibir una familia que, estando en la parte delantera, no había bajado aún. Eran los únicos en esa zona del avión. Se veían bastante nerviosos o preocupados…

Ya en la Terminal comencé a caminar con prisa para llegar a Migración y pasar a la sala de vuelos nacionales. Al llegar a la ventana, el empleado me cuestionó a qué había ido al Perú (¡Por Dios! ¡A pasarme de pendejo! ¡A emborracharme! Ahh, y en una mañana libre a sacar mi título de Magíster). En cada viaje que hago (al menos en estos destinos me siento cada vez más y más vigilado), o estaré padeciendo un nuevo desorden mental llamado “paranoia viajera”.

Imagen tomada de:
Imagen de internet
http://wiki.sumaqperu.com/es/images/0/00/Pasaportes.jpg

Y como siempre había tenido que retirar mi equipaje y pasar por aduana en el Benito Juárez y entonces abordar el vuelo nacional, pues me fui a la sala de entrega de equipajes ingenuamente.

Y allí estuve, desveladazo, sentado en un carrito esperando en vano mis maletas… y nada. Sin embargo, a través de los cristales yo podía ver a los empleados con el equipaje antes de subirlo a la banda que lo ingresaría a la sala.

Y sus canes mestizos se daban un festín de olores. Los perritos brincaban sobre varias maletas con un frenesí encantador. O sea, en verdad no me atrevía a dar interpretaciones de eso que miraba. Como seis maletas fueron retiradas de la banda y puestas a un lado porque los perros les habían echado nariz. ¿Eran maletas con droga oculta? ¿Tantas maletas en el mismo vuelo? Vaya, mi consternación era evidente.

Imagen tomada de:
Imagen de internet
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Y mis libros allí no estaban. Lo único agradable del viaje –aunque me di cuenta demasiado tarde- es que ahora retiraría mi equipaje desde la ciudad de mi destino, y el trámite que siempre me había parecido pesado por el tiempo y la gente de hacerlo en el aeropuerto defeño ya quedaba rebasado.

Enorme Terminal. Caminé desesperado para llegar a la puerta 62, de donde saldría mi vuelo final. Tan cansado, que no pude volver a repasar todo lo que vi en ese viaje nocturno y la llegada al aeropuerto, hasta esta tarde donde me puse a actualizar mi blog…

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Un pensamiento en “Viaje Lima- México DF: Cuando viajar es una experiencia llena de sorpresas extrañas

  1. Stukaza

    Hola, wow increible lo que cuentas! tantas pregutas! como si en peru hubieran puros terroristas :S, no entiendo, bueno, yo tambien tengo planeado ir a mexico en la zona de Yukatan o Jalapa, jejeje espero poder ir; espero mas de tus historiass me has gustado bay.

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