¿Puede reclicarse la fe en el fútbol (peruano)?

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Esta noche será La Noche, y el Roland Garros tuvo sabor a cebiche.

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Fe y esperanza. Son palabras que pueden significar lo mismo; aunque la primera se atribuya principalmente a las creencias de un grupo determinado de personas… y a la confianza que se pueda tener de alguien o algo. En cambio la esperanza el mood, el sentimiento, el feeling o estado de ánimo que se percibe cuando se cree que es posible que algo sea factible o posible.

Por eso cuestiono… o afirmo, que la fe y la esperanza vienen a ser lo mismo (en un contexto no religioso). Pero el fútbol es religión; aquí y acullá.

Y bastó que ciertos futbolistas de “respeto” declararan que finalmente ahora sí finalmente jugarán (y no se juerguearán) y sucederá el milagro. Un milagro de más impacto y más mediático que la separación de aguas del Mar Rojo (o la desalinización de las aguas del Mar Muerto). Un fenómeno casi casi como un eclipse de sol a medianoche. Un momento sublime que ayudará a borrar el derrotismo de una nación que ni ganó su propia independencia, y perdió sus mayores riquezas (eso dicen) ante los odiosos chilenos (que añoran más la Patagonia que les quitó Argentina) y que perdió la Guerra del Cenepa y padeció el terrorismo de los ochentas (que no pudo hacer comprender que un país fragmentado y racistoide no es una nación finalmente).

Porque esta noche todas las derrotas futbolísticas se borrarán para siempre. Y los protagonistas serán los jugadores y sus incondicionales fanáticos fundamentalistas bajo el influjo de la cerveza Cristal. Esta noche Lima y Perú celebrarán como debe de ser… eso he entendido con las notas periodísticas que hicieron énfasis en este punto.

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Y por otra parte, que un peruano (Lucho Horna) haya ganado el Roland Garros teniendo como cómplice a un uruguayo (Pablo Cuevas) es digno de reflexionar. ¿Por qué se dio esta hazaña –si es que lo es realmente-?

El tenis -ex deporte blanco antes que Nike y Adidas controlaran el ex emporio Ellese, Wilson, Dunlop y Donnay- es un deporte antípoda al fútbol. Con esto me refiero a que quien juega tenis generalmente viene de un estrato social mucho (pero mucho mucho) más alto que a un futbolista (born in the poorest chakra). Un tenista es un clase mediero alto, o un high class que desde niño tuvo un personal trainer pagado por papi que bajo su tutela sólo se concebían progresos y no había lugar para desvíos. ¿Cuándo un tenista se luce con su BMW o anda en discotecas peleándose con cualquiera?

Porque una raqueta cuesta mucho más que un balón, porque las pelotas de tenis se desgastan muy rápido (y se deben cambiar seguido), porque hay que tener una variedad de zapatillas según el tipo de suelo donde se juegue que no es el baldía de la esquina del distrito conero de Lima, y porque hay que tener una serie de combinados (shorts y polo) para lucir diferente en cada competición…

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y porque una entrada a un partido de tenis cuesta más y se tiene que ir vestido de manera decente y la gente no hace barras donde con alcohol se embrutecen y se agreden y sacan sus traumas y nadie se anda matando porque le va a Federer o a Nadal.

… y juntando a Piza, Paolín, la Foca, el Cóndor y Vargas no saldrá otro Horna simplemente; pero, ¿qué importa? Esta noche hay que golear a Colombia… y si esto no pasa ¡¡¡pues a beber más y más cerveza y ya!!!

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Esta entrada va dedicada a Giler Tananta que me pidió una a medida donde pudiera opinar y no me portara mal contra alguien en especial.

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