La Piratería y los Derechos de Autor

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Otros enfoques a este tipo de crimen que nos cuesta aceptar

Se nos amenaza con que descargar archivos electrónicos del Internet es un crimen serio. Debe ser una amenaza todavía muy sutil, porque medio mundo descargamos archivos de la web.

Música a manera de canciones sueltas; música en discos íntegros; música como discografías completas… videos musicales; videos de programas de televisión que en nuestro país no se ven; películas conocidas y que pronto llegarán al cines; películas desconocidas imposibles de conseguir en nuestras geografías…y al parecer cometemos un delito en ello.

Definitivamente una obra intelectual tiene sus derechos de autor y, se debe pagar por acceder a ella; a menos que su mismo autor la declare con licencia de libre consumo, como la nueva tendencia mundial que encabeza Creative Commons:

http://creativecommons.org/
http://creativecommons.org.mx/
http://creativecommons.org.pe/

Pero los archivos que descargamos con los softwares que el público masivo utiliza rara vez tienen que ver con este tipo de licencias libre:

Ares es el favorito, el Lime Wire nunca supe utilizarlo (o mejor dicho, ni quise), Kazaa (que dicen que baja TODO, o sea, todo; los archivos más prohibidos y los virus más destructivos) y mi favorito, el e-Mule –mejor conocido como la Mulita-.

Existen una gama enorme de este tipo de programas, sólo menciono los que de alguna manera he conocido, aunque sólo he utilizado formalmente solamente el Ares y la Mulita.

Pantalla de trabajo del Ares.
Imagen tomada de: http://victorhut.files.wordpress.com/2007/03/ares-screenshot.JPG

Y precisamente esta noche de escritor/blogger me siento con la existencial pregunta, ¿qué tan pirata criminal puedo ser por descargar de la red algunos de mis satisfactores intelectuales y existenciales favoritos, como lo son la música y el cine?

O sea, ¿por descargar algo ya soy un sujeto a ser penalizado? De acuerdo a como interpreto ese tipo de ley sí lo soy… así como otros varios miles de millones de personas en este mundo.

El Ethos de mi morada

Vivo en una pequeña ciudad donde la piratería hasta ahora es ciertamente visible, aunque a una escala de cualquier manera menor. Hace apenas un par de años me parecía absurdo tratar de comprar un cd pirata de música: una selección muy enfocada a gustos demasiado limitados y a un precio demasiado alto para ser pirata (fijemos en dos dólares este precio). En una ocasión me encontré en un puesto la película Shawn of the Dead (traducida como el Desesperar de los Muertos, comedia inglesa) a un precio de cinco dólares y, estuve a punto de pagarlos a pesar de lo excesivo porque la película era inconseguible en esta ciudad-pueblo (¡en Blockbuster no la tenían!). Afortunadamente (o desafortunadamente) a la hora de probarla no se vio –o sea, no la he visto todavía-.

Vivir en mi medio me pudo haber mantenido muy alejado de los productos piratas (o bambas); poca oferta, mala oferta y a precio exagerado. Entonces quise hacerme de mi videoteca y rentando en los videos intenté clonar alguna que otra película de vez en cuando. Copiar una original a veces no es tan fácil, entonces recibí consejos de amigos que me sugerían (y me proporcionaban los softwares necesarios para romper seguros y compactar las películas). Así pues, de vez en cuando algún descubrimiento de video que me gustaba me hacía delinquir; claro, después de haber pagado la modesta renta de casi tres dólares a algún videoclub.

Curiosamente algunas películas XXX eran las menos protegidas y ni siquiera necesitaban compresión. Qué bien.

Ya para este entonces había aprendido que ciertas lejanas canciones, que escuchaba hacia veinte o inclusive más años, circulaban por la web y era posible bajarlas con algo de paciencia, una buena conexión de Internet y el programa adecuado. (Recuerdo que la canción “Marinero” –eurodisco de los ochentas- de Lucía de cuatro minutos de duración, me tomó dos semanas de paciente espera para tenerla… y resultó ser una versión en inglés, cuando en español me parecía preciosa.)

Pero solamente me cumplía ciertos caprichos nostálgicos, en ese tiempo era un verdadero cd shopper (comprador de cd’s) y solamente recurría a ciertas canciones (jugo de hits, el disco completo no me interesaba) y de piezas que ERAN IMPOSIBLES de conseguir en mi contexto.

Pero cuando se piratea todos tenemos maravillosos pretextos para exonerarnos del pecado.

La Moral de otras moradas

Entonces un día llegué a Lima. No me tomó ni media hora descubrir los mostradores con enorme oferta de películas y música (en mis primeros dos viajes las películas se ofrecían todavía en VCD). La variedad de títulos me pareció asombrosa. En mi limitada realidad eran las películas hollywood las que acaparaban la mayor parte; en Lima en cambio encontré una gran frescura con películas sobre todo asiáticas de los diferentes países orientales así como del resto del orbe (incluyendo cine peruano, que para mí no es malo siquiera, aunque no es muy bien apreciado en su propio país). El precio; 2 soles (menos de un dólar en ese tiempo, ahora por el fortalecimiento de la moneda nacional ya valen más).

A mí siempre me ha gustado ir al cine. Eso es fácil cuando existen cines en la ciudad, y puedes pagar el precio de la entrada; que ha devenido alto. Pero no todas las ciudades del mundo tienen cines, o una oferta de películas para todo tipo de gente… o la gente no tiene para pagar la entrada… etcétera. Pero en Lima vi como el hecho de consumir cine se enfocaba mayoritariamente al producto bamba.

Aclaro que en mi comparación no considero la piratería que existe en las megaciudades de México, donde Tepito y Lagunilla son barrios representativos del exceso de ilegalidad en la ciudad de México.

Entonces, poco a poco mis “caseros” -los vendedores a los cuáles les adquiría las películas- me iban explicando que éstas se bajaban de Internet. Es decir, en alguna sala del mundo se estrenaban e ipso facto eran pirateadas con una video cam y subidas (uploaded) a la web para que comenzara su distribución mundial. (Claro que con esta explicación intelectual yo no entendía cómo o quiénes las subtitulaban.)

Pero realmente ver un estreno en bamba no es agradable siquiera. Yo vi Pathfinder (creo que se tradujo como Conquistadores –esa historia del blanquito con genes de Conan que se encarga de liberar a una bola de indios piel roja, ya que como siempre se sabe, hombre oscuro siempre necesita del blanco para emanciparse-) hablada en ruso y con una coloración gris azulada que empeoraba la mala resolución. Y qué bueno que la vi así porque me di cuenta que no valía la pena de verla en el cine. A su vez, intenté ver la magnífica The Jacket (Memorias de un hombre muerto) con Adrian Brody, Chris Kristoferson, Keira Knightley… y mejor pegué carrera a Cineplanet donde sabía la estaban exhibiendo (magnífica y emocional película donde sale por cierto el nuevo James Bond).

¿He cometido crimen al hacer esto?

Cuando se estrenó Beowulf por supuesto que acudí a la sala porque al ver 300 en pirata reconocí que había hecho mal al no poder disfrutar la película como se debe. ¿Atento contra el cine por esto?

Más dilemas

Sin embargo, todas las películas orientales que pude conseguir en los puestos de Lima no las hubiera podido tener mediante formas más legales. ¿Qué decir del cine hindú, o del mismo cine peruano que no sé dónde aspirar a comprar una original siquiera?

Pues ya con mi nueva experiencia pirata, me propuse conseguir una película que siempre había deseado ver (o sea, hacía cuatro largos años que la añoraba); Bangkok Dangerous de los gemelos Pang. Y ¡zaz!, me la hallé en uno de los programas criminales: pero la descargué doblada al francés (ni siquiera subtitulada donde seguro habría entendido más de lo mínimo que pude interpretar). Así que a pesar de tener el ilegal archivo en mi disco duro conseguido de favor por una deidad menor, tuve que recurrir a la madre diosa toda poderosa; www.amazon.com … y no solamente la compré sino además Bangkok Haunted (donde el corto de Revenge es dirigido por Oxide Pang).

Y sigo cuestionando mi grado de criminalidad.

Es decir, ahora mis películas forman parte de mi acervo; difícilmente las clonaré y me iré a la esquina a venderlas… dudo que alguien en esta ciudad sepa siquiera quiénes son los Pang Brothers y por fortuna mi existencia no pertenece a ese tipo de economías informales-.

Mensajes de Advertencia

Bajé el Magic del Jefe Bruce Springteen con mi Mulita, y entre los archivos veían una nota diciendo que “para no atentar contra los artistas, si el disco me gustaba lo debía comprar”. La verdad dicha sugerencia no se me hizo nada mal (por mi situación no me era tan descarado adquirir el cd), pero finalmente el disco ya no me emocionó como el Jefe podía hacerlo hace unos quince años.

Otro mensaje increíble me apareció cuando descargué Welcome Back my Friends del trío hipervirtuoso e inaccesible para los no conocedores de la música compleja: Emerson, Lake and Palmer. En esta ocasión la nota venía en español y decía “que si había bajado el disco era porque ya lo tenía…” -¿tons para qué lo bajaba?- “y no había problema con la legalidad”. Guau. Pues en verdad SÍ tengo los discos, pero son acetatos y no tengo más donde escucharlos ni tengo el hard ni el software para tranformarlos a mp3.

Emerson, Lake and Palmer… para cuando quieras conocer algo más sublime en música…
Imagen tomada de: http://www.bobbyshred.com/images/madsq2.jpg

Pero bueno, entonces me viene la siguiente reflexión:

Antes de considerarme criminal, cuestiono qué papel juegan primeramente los creadores del bendito software que nos permite hacer esta comunidad de intercambio. O el de los proveedores de Internet que nos permiten tener el servicio ininterrumpido por noches y noches satisfaciendo nuestras necesidades.

O el de los gobiernos que favorecen o permiten la existencia de este tipo de mercado negro, que yo entiendo existe porque hay un enorme sector que no puede acceder a este tipo de consumos… y no ha podido ni querido fomentar una cultura de legalidad, y otra de concienciación en pro de los artistas locales… y otra de regulación a los precios de la compra de estos productos que por cuestiones de impuestos y demás se dispara el precio. (Por ejemplo, es más fácil que me salga más barato un cd o dvd comprado a la tienda norteamericana que mencioné que comprarlo en una tienda mexicana ubicada en el DF.)

Y me pregunto cómo evitar descargar los millones de archivos que están allí, nomás esperando que alguien de manera gratuita los baje cuando se vive en un medio donde sería muy difícil conseguirlos o en una realidad que no permite siquiera acceder a ellos por su costo.

Porque el dilema de este tipo de piratería (o debo decir pirataje) es algo verdaderamente complejo. Sobre todo cuando vivimos en sociedades tan diferenciadas en lo económico; donde no existe una sólida cultura de legalidad y los intereses que se protegen son solamente los que ciertos sectores políticos económicos deciden.

Tienda formal de piratería en alguna ciudad peruana.
Imagen de José Zavala. Derechos Reservados

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