Archivo por meses: Febrero 2008

Viaje de Lima a México con escala Bogotá

Las desagradables anécdotas

Regreso sin gloria (al avión)

Era lógico. Desde un principio sospeché que un viaje con este itinerario sería… digamos, emocionante. Las razones sobran; son evidentes. El aeropuerto Jorge Chávez es uno de los sitios donde más droga sale a ser distribuido a diversas latitudes; Bogotá, por su parte, tristemente famosa capital del país donde se inició uno de los negocios más florecientes y peligrosos de la actualidad; y México, otro gran emporio del tráfico de drogas y migrantes hacia los E.U.A.

Después de dos años de radicar en Lima por motivos de estudios, mi equipaje se conformaba en relación a peso en un 80% en libros; el resto, recuerdos artesanales para mi gente más algunos cd’s que bien llegaban a veinticinco.

En Lima embalé mis equipajes con papel celofán, hice el check in (registro, pero así se dice en el lenguaje yankiaeropuertoario) con tres horas de antelación para que no sospecharan de mi valiosa carga intelectual y, normal. Comencé el viaje hacia un país que siempre he añorado conocer pero siempre he temido, Colombia.

Con el tiempo exacto hice el transborde en El gran Dorado (aeropuerto de Bogotá) y ya cómodamente sentado fue una azafata a invitarme a salir de la nave para que abriera una de mis valijas (para eso que me llevara conmigo mis equipajes de mano).

Todos me miraban con lástima, así lo pude percibir. Decían “¿Usted es el señor Zavala (ahora burrier hasta que se demuestre lo contrario)? Y un oficial bajo de estatura y enjuto de cuerpo con su navaja desbarató mis 8 dólares de papel celofán amarillo que protegía mi valija que debo admitir, llevaba sobrepeso de once kilos de peso y cincuenta cuatro dólares de multa.

-¿Qué es esto?
– Libros
– ¿Y esto?
– Libros
– ¿Y esto qué es?
– Libros
– ¿Y esto?
– Mi pelota de gimnasio para estirar mi espalda (¡Ahhhhh, me atraparon!)
– ¿A que se dedica usted?
– (A leer libros, ¿qué eres tan estúpido que no lo notas) Estudié una maestría en Lima
– ¿De qué?
– (¡Ah qué bien jodes conchat….) Gestión de la Educación
– Guarde su equipaje y váyase
– (¡Gracias hijo de tu p….!)

Regresé al avión y la tripulación sorprendida al verme regresar me dijo “¿TODO BIEN?”

Claro que todo bien… o no sé si esto era bien.

Regreso sin gloria (a México)

Dos años sin pisar el suelo azteca. Bueno, el Distrito Federal (o sea, la ciudad de México, capital de mi país –ya que todo mundo me pregunta qué significa esto-) apenas bajando del avión, una considerable cantidad de “oficiales” o vigilantes del aeropuerto (algo así como Air Watch) de inmediato escogían a personas para revisarles los documentos aún sin salir del túnel que une la terminal con la nave. Esa obvia su preferencia por los fenotipos étnicos; si la gente era baja de estatura, oscura de piel, rasgos indios un gran plus extra y la ropa sencilla con mención de honor.

¿A esto se le puede llamar el Síndrome de Osama Escobar o qué onda?

Me dio pena llegar a mi país y ver esta discriminación, o mejor dicho, esta selección étnico-social para darles la bienvenida a mi país que tiene fama de fraternal y bondadoso todavía para algunos ilusos. El mensaje era claro, “gente de dudoso origen y procedencia aquí ni es bienvenida y será severamente vigilada”.

Ya en la zona de aduanas nos hicieron a todos los pasajeros detener nuestro turno y hacernos a un lado para pasar a dos jovencitos de evidente origen humilde campesino y les dedicaron todo el escáner a sus sucintos equipajes que se limitaban a una mochila cada uno.

La gente estaba sorprendida y nos volteábamos a ver con asombro.

¿Cuál es el asunto? ¿Terrorismo? ¿Hay algo que mi país pueda temer de los grandes malos de la película mundial aparte de su descarada disciplina a los gringos?

¿Drogas? ¿De qué sirve ser tan severo con esa pobre (en el sentido lato de la palabra) gente si dentro de las altas esferas sociales y políticas se ha permitido desde hace décadas la proliferación de este mal social.

No recordaba que tan enorme fuera el aeropuerto de México, ni lo desordenado que está en su organización. Vengo de estar en cuatro aeropuertos diferentes y justo en este que es donde más he estado tuve más dificultades para entender sus indicaciones.

Como siempre, el de migración sella donde se le ocurre y en menos de un minuto pasaste ese trámite.

Ya en la aduana (me revisaron todo el equipaje tres veces en el viaje antes de partir todavía a Guadalajara), la chica me preguntó que cuántos cd’s traía… “imagino que unos doce, ¿cuántos se puede pasar?” agregué con inocencia.

Traía casi el triple, al cabo sé que siempre me ha de tocar la luz verde.

Welcome to Mexico Mr. Pancho!!! Sigue leyendo

Mitómanos: the sweet revenge

Quiero comenzar esta entrada enunciando lo siguiente: salvo un solo caso donde yo mismo especifico que un nombre de persona mencionado es real, jamás he dado otro nombre de alguna persona… ni sus características duras (es decir; comprobables) para que alguien pueda reconocerlo. Y mis artículos son opiniones, son descripciones de situaciones reales con un análisis de mi parte. No son invenciones.

Porque si alguien llega y me habla con tantas mentiras, invenciones y exageraciones no se me ocurre hacer otra cosa, más que contar la experiencia en mi blog. ¿O qué? ¿Sería más humano decirles “no te creo”, “mientes”, “eres un hablador”? ¿O decir “guau”, “¡qué bien!”, “¡eres lo máximo”!

Soy un ser crítico, quizá no por naturaleza ya que tuve una formación escolar que me obligaba a no cuestionar mucho. Pero llegué a una etapa de mi vida que no está para fantasías infantiles (porque ni a juveniles llegan) y una nueva formación académica que me enseñó a cuestionar lo más posible.

Evidencias, fuentes, tipo de conexiones y sobre todo el sentido de coherencia son los elementos que en cualquier tipo de charla me da por evaluar.

(Un sentido de coherencia que puede analizarse en tres dimensiones: el lenguaje mismo del interlocutor –lo que dice-, su emocionalidad –cómo lo dice- y su corporalidad –qué demuestra su cuerpo cuando lo dice-).

“Ayer te estuve timbrando y no contestaste”, me dijo un hablador. Seguramente ayer mi celular estuvo en huelga apoyando el paro agrario del Cusco y se negó a mostrar siquiera las llamadas perdidas. Maldito celular traicionero.

“Ya tengo el dinero para comprarte tus cosas”, esa parecía ser la canción de moda de mi vecino… sin embargo, nunca me dio el dinero. Y todavía se pone a gritar en todo el vecindario que yo no cumplo, cuando el viejito que le vende pan ya llora por veinte soles que no le puede cobrar.

De repente mi celular suena y me dicen “en cuanto a tu artículo de mitómanos quiero hacerte la aclaración que tengo el pasaporte aquí conmigo”. ¡My gooooooooooooooood! ¿Para eso llamarme? Cuando el blog tiene el espacio para comentar, si ni su nombre di… pero recurrió a lo mismo, a la oralidad inventiva, “el pasaporte” yo no lo vi. ¿Cuánto costaba escanearlo y mandarlo a mi mail? Pero, ¿para qué el pasaporte? Si una foto de Polaroid caminando en la Avenida Corrientes o Suipacha bastaba, una postal de un tangódromo, una casaca de cuero puesta o un cd del grupo Bajofondo –que según mi vecino, es una porquería… ¡qué mediocre o qué envidioso!-.

Estoy pensando seriamente en poner mi nuevo número de teléfono fijo con contestadora para enriquecer los comentarios a mis meras y subjetivas opiniones. Esa formalidad de la llamada realmente me pareció excitante.

Pero mejor me hubieras mandado una postal de San Telmo, adiós cuídate, y sonó, entre tú y yo el silbato del tren (el Sabina always on my mind!).

Epílogo:
Y mi vecino cuando habla de que ya tiene el dinero para comprar, iniciar negocios o amueblar su casa da tremendas suspiradas, abre los ojos desorbitadamente y se enoja de pronto por algún tema transversal en las negociaciones de fantasía… no concibe que eso demuestra su incoherencia tan famosa all around Covida.

He pensado seriamente en un artículo llamado Lima, la mitómana; porque abundan.

Sigue leyendo

Batida en Centro de Lima

Quiero hacer una declaración que me define de manera bien amplia: Mi sentido de libertad es tal, tan grande y ambicioso que me permite ir adonde yo quiera y con quien desee (sin molestar a nadie).

El sábado 16 de febrero, en la madrugada a la 1:30 fui “levantado” (justo cuando salía de mi pub favorito en pleno centro Lima) por la PNP quienes me subieron a un camión –junto con otra “cantidad de criminales” quienes estábamos allí- y fuimos llevados a la comisaría Alfonso Ugarte.

Encerrado en un área custodiada por policías me tocó presenciar gran parte de ciudadanos peruanos con enorme miedo de estar allí. Yo, por estar ebrio y por desconocer este “tipo de prácticas” anticiviles tan comunes en este país, no entendía la razón por la que un grupo de uniformados me robaban unas horas de mi vida y me llevaron a un lugar el cual no pedí estar.

El motivo: supuestamente en dicho local mataron a un parroquiano la semana pasada, por lo tanto, la batida (que viene a ser una redada sorpresiva que implica el cierre total de la calle justo a los lados de la puerta del local para evitar la huída de algún facineroso) era para atrapar in-fraganti a:

Gente sin documentos
Gente con documentos
Menores de edad
Mayores de edad
Gente que vende drogas
Gente que no vende drogas
Asesinos
Asesinados
Peruanos
(y aquí vino mi problema, me confundieron por tal)

En mi parecer y en mi formación cívica no concibo el hecho de ser detenido por ir a un local donde –supuestamente- asesinan a sus clientes. Si esto es cierto, ¿por qué no cerraron/clausuraron el local de manera definitiva?

Porque es mejor dejar a un local asesino abierto. De esa manera las posibilidades de chantaje al dueño y de atemorizar a los clientes (y por lo tanto de recibir coimas a cambio de libertad condicional) son excelentes. Además otro asunto que me provoca mis ideas tanto; mi pub frecuentado es precisamente un lugar donde la gente más autóctona va. Esa clase social que en Perú tanto se rechaza y se niega (aunque existen clientes excepcionales a los cuales me referiré más adelante).

Sí, tuve que esperar una hora para gestionar mi libertad por dos razones estratégicas:

Razón primera, la cantidad de desfogues emocionales (emotional outbursts) de parte de los detenidos era excesiva. Los policías estaban seriamente nerviosos ante las actitudes de histeria de algunos de los detenidos (curiosamente, la mayoría jóvenes varones y alguna mujer).

Es decir, todo mundo les reclamaba. Ellos intentaron dar su explicación a tal acto, pero claro, un policía no es un buen “explicador”, es un mero “ejecutor” de órdenes (opinión personal). El oficio o profesión de policía es una de las más vulnerables al estrés laboral. Esa noche lo pude comprobar como bajo su postura de dureza y soberbia había seres angustiados y nerviosos. Uno de ellos le dijo muy malhumorado al cautivo que “yo no sé por qué los detuvieron, a mí me llamaron a la casa, estaba durmiendo… ¿qué no ves que ni me pude peinar siquiera?”.

Imposible dialogar bajo ese contexto de histeria colectiva. (Anécdota ridícula: la gente quería llamar a sus casas o amigos desesperadamente pero pocos tenían saldo en sus celulares, presté mi celular a un par de ansiosas personas)

Razón segunda, tenía en mi ingestión dos cubas bien “rough” de Appleton y un par de vasos de la malsaborizada Cristal. Hablar con aliento etílico no es de caballeros.

Una vez calmados los nervios de los desafortunados, pude llamar a uno de los oficiales (o el rango que sea que tengan) y le pregunté seriamente:

“Señor oficial, dígame si estoy detenido para entonces llamar a mi embajada a que vengan por mí”.

Ni el “abracadabra” o el “hocus pocus diplodocus” tienen más impacto que esta frase que dije en una incidencia así y fui liberado ipso facto.

Afuera en la avenida Ugarte la gente indignada y humillada planeaba sus venganzas imaginarias que iban desde regresar al local a pedir que se les devolviera el dinero de esas cervezas de diez soles que no pudieron beber, ir a una ONG a expresar su indignación del atropello del minisecuestro hasta llamar a radioprogramas para que enviaran reporteros a encender más lo ánimos en la comisaría.

A manera de reflexión:

De que existió una muerte desafortunada en ese sitio al parecer es algo cierto; varios conocidos me comentaron que vieron el cuerpo. Otro conocido dijo que lo vio llegar al local en muy malas condiciones (posiblemente drogado) al desafortunado unos momentos antes de morir. Aunque bien, las razones de ese deceso nadie las conoce con exactitud. Acusar a una persona o lugar es algo indebido por el momento.

Detener a una persona sin tener un motivo claro y explícito es un atropello. Detener a un ciento es un atropello masivo.

¿Qué se genera con esto? Un sentimiento antinacional, antimunicipal, antisocial.
¿Vale la pena dar más ingredientes para tener (más) descontenta a una población que necesita de espacios para disolver sus frustraciones existenciales?

Pienso que antes de ejercer acciones de ese tipo debieran ser reflexionadas por gente conciente de la psicología y sociología (o sea, políticos, policías y militares fuera de esto, su capacidad es otra y muy ajena –también es mi humilde opinión que supongo nadie la apoyará-) además de ver que realmente se logra algo con ello. Es decir, ¿atraparon menores, narcodealers y sicarios en el local? Lo dudo, yo mismo presencié como todos fuimos saliendo poco a poco… mientras afuera alguien aguardaba para filmar y crear paranoias… ¿filmar a los infortunados es una ejecutiva intimidatoria?

Otra interrogante muy intensa que tengo y relativa al “local de la muerte”.

Entre sus clientes van hermanos de personalidades de la milicia y política, ejecutivos de ONG (así de hipócritas somos pues), modelos y actores de televisión (dicen, yo no los conozco aunque me los señalen) así como algunos trasvestis que aparentan ser de posición social muy alta. Yo los vi este sábado pasado en el bar… pero ellos nunca llegaron a la comisaría.

¿Serán tan reconocidas sus bondades por la PNP que les perdonaron la visita a la comisaría? ¿O el generoso dueño del local a ellos sí los defendió por significar prestigio o lo contrario en caso de vergüenza pública?

Porque la verdad lo que más me molestó de todo esto, es comprobar cada día hasta el hastío que en este país las cosas no son equitativas en ningún aspecto.

Y quedan fuera las frases moralinas que precisamente un policía le dijo a un desesperado cliente detenido: “eso te pasa por ir a lugares indebidos”… porque como dije al principio, en mi sentido de libertad lo indebido o no lo decido yo mismo. Sigue leyendo

De regreso a los conflictos peruanos percibidos

La quejadumbre nacional

Debo reconocer que después de un viaje por tres países pude ver que, de alguna manera, la cultura de las quejas y lamentos sobre el destino nacional se da de manera general. Pero los distintivos exasperantes de cada país difieren.

Con lo anterior me refiero a que cada nación tiene una queja en especial, algo concreto de lo cual despotricar… y esto es para encontrar el eco que lleve a la letanía quejumbrosa nacional que conforme el conciente colectivo nacional.

Por dar ejemplos y características (aclaro que superficiales, no tengo más elementos que la estancia de cuando menos una semana en cada territorio, lectura de varios periódicos y horas de charlas con diversas personas).

En Chile: A pesar de su bonanza económica –que es evidente que existe-, la población se queja mucho de la polarización económica que se está dando. Se advierte que a ese ritmo la situación del país será radical en 10 años. Algunas medidas del gobierno que ahora se dan, tienden a beneficiar a sectores de la población que son precisamente los incumplidos, así que quienes siempre han estado al tanto en sus obligaciones para con la nación se sienten traicionados. Además entre otros aspectos, el caos vial que dicen existe en Santiago, la proliferación muy peculiar de culturas juveniles urbanas y la exagerada percepción de delincuencia.

El asunto peruano… o sea, el asunto del límite marino (que es el problema que reclama el Perú) lo ven con una sorpresa extraña, pero al fin y al cabo, un problema que se han inventado los peruanos para molestar y que sus políticos lo van a solucionar. Es todo.

En Argentina: Se habla de corrupción excesiva dentro de su propio gobierno. Hay un escándalo sobre el tráfico de autos “truchos” (Lamborghini, Audi, Mercedes, Hummer), que fueron comprados con permisos de diplomáticos y que fueron vendidos indebidamente a ciudadanos no diplomáticos.

Fuera de lo anterior está el caso de las papeleras en Botnia, que está trayendo un conflicto peculiar entre dos naciones -que parecen como si fueran una sola, cultural y socialmente hablando (Uruguay)-. Esta situación sí ocupa cierto espacio constante en sus noticias, pero no excesivo.

En Uruguay: El asunto de las papeleras no lo es tanto, quizá porque son ellos los que las están operativizando. Más bien, el asunto general de este país es el descontento de su gente con la corrupción existente en sus gobiernos, y más peculiar la fama que tiene el país de ser un lugar donde se está bien; se vive bien. No están de acuerdo con ello.

Yo como persona externa al país por supuesto que tuve mis percepciones alternas sobres sus problemáticas, más relacionadas con asuntos ecológicos y del sentimiento de sentirse satisfechos en sus respectivos países, el grado de confianza entre la población, el respeto entre sus habitantes, la confianza en sus instituciones y, su sentido de esperanza para el futuro.
Otros aspectos que también me llaman la atención se refieren a los accidentes carreteros (donde Chile reporta también un alto índice según sus indicadores, que para mí no son tan exagerados como los peruanos), así como la “intensidad” y manera como beben sus habitantes, su adicción al tabaco y café, así como drogas fuertes.

Dentro de estas indagaciones una muy peculiar es “la dimensión machista” de cada país. Es decir, ver como se pueden distinguir los polos de género y las percepciones de lo que significa la sexualidad con su identidad. Mis reflexiones sobre esto las aportaré con calma en entradas posteriores (y ya radicando en México).

Sin embargo, quiero señalar que tan pronto regresé a Lima percibí un sentimiento mayúsculo de descontento hacia el propio país por parte de los habitantes. Estos fueron los puntos que me llamaron la atención:

El sentimiento antichileno en el Perú es excesivo… y sin fundamento. Yo leí los periódicos en Chile sobre el asunto, y las reflexiones se dan a otro nivel. No consideran esto el gran problema, sino una sorpresa que Perú de pronto saca… y con fines populistas. En contraparte, acá la incitación mediática a una supuesta guerra (¿para vengar la derrota de hace más de cien años?) y claro, ésta está siendo provocada por Chile.

En Perú todo mundo es experto en asuntos de todo tipo. El quejumbroso taxista me presentó como sus credenciales que parecían dos equivalentes casi a doctorados en ciencias políticas: fue a Chile hace quince años y –lo mejor- está casado con una chilena que parece peruana (en verdad, no sé en qué dimensión analizar esta analogía tan patética… para mí una chilena y una peruana no se parecen en nada).

Un poco más tarde, otro indignado ciudadano lleno de cólera, también apoyó totalmente el reclamo marítimo… cuando estoy seguro que desconocen la documentación en juego, los acuerdos comerciales y el mismo mar y geografía que están en la supuesta disputa.

No tengo nada a favor o en contra de la próxima Guerra del Pacífico en el Siglo XXI, pero qué pobre recurso se me hace usar este asunto para un desprestigiado presidente que empobreció a su país hace veinte años quiera mantenerse menos rechazado ante una población que evidentemente le falta tanta cultura, mundo y capacidad crítica y busque desesperados distractores que alivien su mediocridad.
Sigue leyendo

Difícil es…

Me gusta escribir constantemente…

Escribir demanda tiempo y privacidad.

Viajar además cansa… y estresa. Tantas ideas que mi viaje me ha dado pero no puedo plasmarlas todavía, peor aún; siento que cuando me llegue el día con tiempo, ni siquiera las recuerde.

PP7
Imagen de José Zavala

Viajar enriquece como pocas cosas. Alguna vez un profesor me dijo que leyendo aprendías tanto tanto que con eso bastaba.

Mentira vil.

Viajando aprendes más que leyendo. Mucho más. Pero un libro tiene un precio; un precio de compra y un precio de tiempo y capacidad de comprenderlo. Un viaje -en cambio- tiene un precio muy alto; y lo entiendes porque lo entiendes. Es decir, un libro lo entiende un individuo abierto… capaz; un viaje, quien puede pagarlo… por poco agraciado que sea. Es la cruda realidad.

PP6
Image de José Zavala

Claro que si lees, tienes cultura… y dinero para viajar… ¡pues qué bien!

A veces se conocen a tantas personas tan absorbidas en su vanidad y su egolatrismo… que cuestionas los indicadores de vida y demás aspectos…
Sigue leyendo

Montevideanas 1.0

Montevideo es una ciudad portuaria con atributos mágicos.

PP1
Fotografía de José Zavala

Digamos, no le pide nada a Buenos Aires y no se parecen en muchos aspectos; aunque en otros es como andar en una provincia de la gran Bs. As.

La comida es rica, la cultura también florece, se dicen la cuna del tango -aunque es un asunto menor que no parece generar más controversia… como el origen del pisco, por ejemplo-.

PP2
Fotografía de José Zavala

Montevideo rodeado del río es un alucine. Su arquitectura vieja, su ciudad antigua, sus calles a veces tan solas, sus indigentes que abundan: pero no parece ser una ciudad peligrosa.

Aunque quisiera cuestionar esos indicadores de calidad de vida pero no dispongo de tiempo ni bibliografía cuando viajante soy, estar en esta ciudad me abre la mente a tantas reflexiones; es mucho menos limpia que Santiago por ejemplo, pero la tranquilidad de andar vagando es enorme. Sin embargo, sus habitantes se quejan; y las arrogancias absurdas existen… por eso quisiera excavar un poco más.

PP3
Fotografía de José Zavala

No hay sangre india en este país, en esta ciudad… y eso es una pena. Me llamaron indígena (quizá deseando molestarme y me llenaron de honor). Sin embargo raza negra abunda; una ciudad así no pudo nacer sin la fuerza de los esclavos…

Cuando en cuestión de cultura se trata; el teatro, los conciertos abundan. En libros y música sin embargo, hay que analizare un doble dilema: si se pueden hallar en Argentina el precio será menor… pero a veces hay productos hechos en Argentina para consumo uruguayo.

PP4
Fotografía de José Zavala

Y sí, efectivamente; el montevideano habla tan parecido al porteño (bonoaerense, porque tambien los valpos se autodenominan así).

Benedetti y Zitarrosa siguen, pero atrás. He conseguido algo para degustar, y considerar a Uruguay y la elegante, cosmopolita Montevideo de una manera más contemporánea. Ya habrá tiempo de discernir.
Sigue leyendo

KILCA Hostel en Buenos Aires

En el barrio de Moserrat en la cosmopolita Buenos Aires se ubica un hostel de lo más agradable para permanecer en la ciudad:

Llegué a este “vergel urbano” por dos conexiones simbólicas muy personales: el nombre del Hostel es Kilca, como uno de mis jirones favoritos en Lima (el Queirolo más cholo, el Averno y cerca de allí la subersiva Jarrita), aunque en Lima se escribe Quilca.

El Kilca Hostel además se localiza en México… sí, en México 1545; a cinco cuadras de la principal avenida, la 9 de julio.

Kilca Hostel, por José Zavala
Entrada al hostel, agrdable lugar sobre todo cuando hace el calor del verano en Buenos Aires.

Lobby del Hostel, por José Zavala
El lobby del hostel, en las mañanas y noches se llena de los visitantes que descansando leen o platican en un ambiente de cordialidad.

Lobby 2, por José Zavala
Otra vista a dicho lobby.

Este sitio, cuyos precios van desde los 35 pesos argentinos (10 USD) cuenta con cinco habitaciones con varias camas en cada una. La casa es propiamente enorme y tiene un aire bohemio cultural innegable.

Habitación por José Zavala
Uno de los cuartos del hostel en la foto superior. En la foto inferior, vista al corredor interno del hostel, el externo es al aire libre y lleno de plantas.
Corredor por José Zavala

Curiosidad en el corredor, por José Zavala
Curiosidad en el corredor, por José Zavala

Baño antigüoi, por José Zavala
Los baños son alucinantes, para los que vivimos en ciudades más bien nuevas y este concepto lo desconocemos.

Y, para la calurosa tarde y haciendo plática con alguno de los huéspedes en portugués, alemán, inglés o castellano gaucho, pues qué mejor que beber un fernet con coca en este patiecito.
Patio, por José Zavala

Mayores informes:

Tel: (054) (11) 4381 1966
MSN: kilcahostel@hotmail.com
Skype: kilcahostel
www.kilcabackpacker.com

México 1545, Monserrat, Buenos, Aires, Argentina

Sigue leyendo

‘Mándame una postal de San Telmo…’

“adiós, cuídate. Y sonó, entre tú y yo el silbato del tren”

Joaquín Sabina

Mercado de San Telmo, por José Zavala
Mercado de San Telmo, por José Zavala

Intelectuales no creo, turistas cientos… me parece que los idiomas oficiales son el portugués carioca y el inglés… antigüedades, hasta que se cae la baba, algunas valen cientos de dólares y “mi no llevar ese dinerrrou”.

Un tango-dancer da una exhibición bestial… de dos minutos por ejecución… luego da un discurso más descarado aún (quizá tenga razón):

Rodolfo Valentino en su película Los siete pecados capitales, hizo una mezcla de tantas ondas que no tienen nada que ver ni con Argentina, México, Ecuador o España (sombrero, látigo, tango). Hizo un énfasis especial además en su homosexualidad (yo ni conozco a semejante leyenda del cine).

Al Pacino en Perfume de mujer, bailó tango peor que un ciego en Argentina (dijo que acá cualquier invidente baila mejor).

Shwarzanegger en Mentiras Verdaderas (que dijo debería ser Mentiras Mentirosas) bailó todavía peor.

En mi opinión… los asuntos latinos son de latinos, a mí también me conflictúa que un “no mexicano” la haga de mariachi, o de azteca o de narco, jajajaja.

San Telmo, por José Zavala

Otra postal de San Telmo, por José Zavala

Sigue leyendo

Postales Porteñas Entrega 1

Esta primera parte son juicios por reacción meramente, ya que apenas he tenido un día recorriendo la gran ciudad:

Avenida portena por José Zavala
Vista a una avenida en el Microcentro. Imagen de José Zavala

1.- No cabe duda que el verano en estas latitudes es realmente caluroso. El sol quemante y la alta humedad son factores de cansancio para el que recorre las calles caminando.

2.- Si bien, algunas personas son gente de trato muy agrdable, es sensible otro gran grupo de gente grosera (como los policías a los que es mejor no preguntarles nada). Algunos porteños parecen indiferentes a los visitantes -no deben sentir orgullo de su ciudad quizá-; no me atrevo a llamarlos “xenofóbicos” pero sí arrogantes.

Postal porteña por José Zavala
Reflejo en una edificio. Por José Zavala

3.- Mi conocida, “María, la mitómana” (ver mi entrada de Mitómanos) cuan equivocada estaba al decirme que Buenos Aires era “solamente calles y edificios”. Seguramente esto fue lo que le escuchó a otro frustrado individuo y, ella sin ningún juicio crítico lo ha seguido transmitiendo equivocadamente. (Espero que con estas fotos entiendas que mentir sólo te desprestigia más, “María”)

Puerto Madero por José Zavala
Puerto Madero, imagen de José Zavala

4.- Existe una paranoia de lo peligroso que es abordar taxis. Supuestamente hay una gran mafia de taxistas que secuestran o roban; no sé si sea exageración, pero el miedo se siente.

5.- Los peruanos nuevamente son centro de comentarios. Por encima de paraguayos y bolivianos, se refieren a los peruanos como individuos sumamente violentos y de reacciones brutales ante cualquier enojo.

Estos dos últimos mitos bonoaerenses no me interesará confirmar…

Puerto Madero por José Zavala
Puerto Madero. Imagen de José Zavala

Sigue leyendo