Archivo por meses: octubre 2007

Lima la Caótica

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Desde mi primer viaje a Lima percibí todo el mosaico social, económico y cultural que esta megalópolis encierra. Desde mi primer viaje también, hace ya casi cuatro años me atreví a pronosticar que la ciudad no tenía 8 millones de habitantes –como mucha gente lo afirma sin una prueba sustentable; por su extensión (mayor que la mexicana ciudad de Guadalajara que yo recuerdo cuando la visitaba) y concentraciones humanas (ciertamente menores a las que existen en el DF). Yo he afirmado desde entonces que Lima es una auténtica megalópolis con más de 10 millones de habitantes.

Lima es cosmo, sí bastante; pero Lima es más provincia todavía. Para conocer los fenotipos posibles del Perú hay que estar en Lima. Mejor; hay que vivir en Lima.

Perú se prepara para este mes de octubre para llevar a cabo un censo de población, que seguramente confirmará mi hipótesis (y que sólo apoya un taxista de 45 años quien me aseguró ha visto crecer la ciudad tanto que ahora es más lo que no conoce que lo forma parte de sus carreras diarias).
Recorrer Lima es un acto de contrición. Es divisar una gama de cuadros de diferente naturaleza. Si bien la suciedad y la pobreza son elementos de fuerza como ejes directrices; los paisajes sublimes y las arquitecturas de ensueño también se harán presentes en el recorrido, y entre más largo sea éste más sorpresas habrá.

Tomar el servicio de transporte público en Lima es una experiencia muy especial. Es un ejercicio de tolerancia o un catalizador para un estado estrés temporal pero agudo. Viajar en un destartalado vehículo que bien puede ser combi, coaster u ómnibus al fin y al cabo es casi igual; son incómodos y casi siempre van llenos de gente. Es casi una norma que tanto el cobrador y el chofer sean andinos (pero he visto cobradores de rasgos morenos que evitan con esto una posible exclusión racial); pero estos empleados en general son andinos recios. Quizá el temperamento del ande sea más paciente para las travesías urbanas… pero los accidentes mortales hacia peatones se existen al por mayor también.

En un recorrido normal, en el vehículo subirán ambulantes que, bajo una somera excusa como la de ser padres de familia; o que tienen familiares enfermos; que apenas han salido de una rehabilitación por drogas o de la misma cárcel, prefieren vender una golosina antes que cometer robos al paso (y como en toda megaurbe esto es tan común que ni siquiera sorprende). Entonces; además de los ruidos propios de un vehículo viejo, las incontroladas bocinas de los autos en las calles y avenidas, los inmensos huecos de las mismas –que ningún alcalde se preocupa por reparar-; van los cobradores sobre todo de las combis pegando grito abierto de la ruta que sigue el carro, mientras el ambulante recita su letanía y todo enmarcado por el desquiciante ruido limeño, que realmente es intenso.

Una buena noticia es que raro es el vehículo que tiene estéreo. Es decir; raro, las carencias son visibles hasta en este nivel. Caso contrario en ciudad de Panamá donde cada autobús urbano parece una discoteca ambulante, y eso le agrada a la gente… y a pesar de, la ciudad de Panamá no es tan ruidosa como Lima, claro que tiene 10 millones menos de gente y aunque sus habitantes son dados a la expresión a gritos; el uso de la bocina o los anuncios de venta callejera no son tan exagerados como acá.

Pero en fin. El asunto de esta entrada me viene por el siguiente hecho. Precisamente estando cerca del censo de población en octubre… y a pesar que los alcaldes nunca han mostrado voluntad de reparar las avenidas de la ciudad (especialmente la Av. Universitaria en el distrito de SMP y peor aún, ¡afuera de la universidad decana de América! La UNMSM); los encargados de urbanismo de la ciudad decidieron comenzar de manera simultánea una serie de construcciones viales llamadas “by pass”; o sea, no se usa un nombre más castellanizado y quizá en quechua no existe un vocablo adecuado. Esto ha (de)generado una serie de situaciones caóticas que tienen a la población, los que recurrimos a este servicio así como los mismos conductores de transporte público y aquéllos que tienen su propia movilidad, en una auténtica crisis de nervios.

Si bien en mi primer viaje hacia mi destino predilecto; la Universidad Católica, me tomó 25 más que lo normal, en dos días después la diferencia apenas se redujo 10 minutos de diferencia. Pero la velocidad del coaster que tomo y las molestias dentro del mismo vehículo han aumentado peligrosamente.

Entonces mi reflexión surge a partir de dos aspectos; ¿de dónde, las municipalidades nunca preocupadas por el mantenimiento de las calles, ahora disponen de una inversión tan grande para realizar obras de semejante magnitud? Es decir, ¿qué finalidad o razón hay en verdad con esto? ¿Acaso hay políticos que con esta acción buscan revalorizar su persona ante una desilusionada población? O por otra parte, ¿existían excedentes económicos guardados para “una mejor oportunidad”? Si bien este shock de inversión que representa la remodelación de parte de la ciudad trae como beneficio una gran oferta de empleo, y traerá seguramente bondades para mejorar el tráfico vehicular en la ciudad. Sin embargo, hecho de manera súbita como justo ahora se está manejando trae una consecuencia inmediata molestias fuertes para la población, como las ya mencionadas así como incremento en tarifas de taxi como otro efecto colateral por los desvíos que se deben hacer. ¿Por qué la gente que propuso esto no tiene una visión más responsable para prever los efectos en dimensiones más amplias?

Mientras estas interrogantes quedan en la blogósfera esperando respuesta, no me queda más que soportar las una más de las tantas inclemencias que ofrece esta gran ciudad de Lima, la Caótica.

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Las extrañas denominaciones monetarias

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En mi experiencia de viajero, me ha tocado percibir que por ejemplo en Cuba y Perú algunos habitantes llaman a sus monedas de una manera peculiar. Me refiero al “fula” cubano y a la “luca” peruana.

Su uso parece enfocarse a uno despectivo que se le da al dinero, ya por ser mal ganado o por representar una cantidad a considerar insignificante. Por dar un ejemplo exagerado en La Habana; los fulas son los que surgen en el mercado negro o del mercado sexual. Una jinetera, o jinetero (ya que ambos abundan) te pedirá fulas y no dólares. Un producto de contrabando igual (y en La Habana puedes hallar de todo, ¿quién dijo que no había? Pero todo cuesta fulas y muchos.

En Perú la luca es la moneda básica de la transacción (aunque su nombre formal sea un nuevo sol). Con una luca tomas una combi o micro, llamas 45 segundos a un celular, compras una tajada de torta, keke, un pedazo de queso, o un grueso y recontrajugoso choclo, medio kilo de azúcar o una tajada de “pay” de manzana. Claro que la luca tiene una subdivisión también muy práctica; la “china” (50 céntimos de nuevo sol) que sirve para comprar un delicioso vaso de emoliente caliente o de exquisita y activa maca; o llamar un par de minutos a un teléfono fijo, un viaje breve en combi o coaster.

(Hasta aquí ofreceré una traducción para mi gente en México)
Tajada de torta= rebanada de pastel, una torta es un pastel arreglado con betunes y todo, si no nomás se le llama queque o keke (como en Costa Rica).
El choclo es el maíz en general, pero aquí me refiero al elote hervido… el choclo peruano es realmente impresionante en tamaño y sabor, además que es bello por grande y blanquito; desde entonces, el maíz mexicano ya no tiene estética para mis ojos ni sabor para mi paladar.
El emoliente es una bebida compuesta por semillas como linaza y alfalfa así como tajadas de piña hervidas; un especie de té denso, aceitoso y realmente delicioso (las rimas salen por coincidencia, quizá la sonoridad de estas palabras ayuda a la digestión y, efectivamente, sirven para ello y más). La maca es una bebida hecha a partir de la harina de la nuez de macadamia, a la que se le atribuyen propiedades tales como aumento de la actividad cerebral.
Y aquí mismo agrego; decir luca (que por cierto en estas fechas de principios de octubre anda casi a 3 lucas por fula) es como decir en ciertos contextos mexicanos “varo”. Creo que en México con un varo ya no compras nada sino apenas una pequeña golosina…

Bueno, acostumbrarse a luquear es fácil por la estandarización de precios, la mayoría de las cosas simples e imprescindibles cuestan una luca (como en Panamá cuestan una cuora: a “quarter” of dollar).

Sin embargo, algunos peruanos utilizan la misma denominación para una cantidad superior. Es decir, un proyecto de trabajo o el costo de una consultoría puede ser también de “una luca”; o sea un mil dólares.

Un caso muy curioso que presencié fue que, desde España, otro peruano negociaba con un amigo un proyecto de una luca… y la verdad nadie estábamos seguros si se hablaban de un mil soles, un mil dólares o un mil euros.

Para terminar esta entrada sólo quiero agregar un detalle más curioso aún. En Perú, como en varios países, para estas fechas el dólar se deprecia día con día. Yo, como becario cobro mi sueldo mexicano que, por el hecho de ser una transacción internacional se vuelve divisa (dólares) y acá retiro soles o lucas. Desgraciadamente en México (y además en Argentina, solamente) el dólar se revaloriza, lo que me está generando una pérdida del 20% de mi poder adquisitivo… ¡¡¡Fulas o lucas estoy fregado perdiendo varos!!! Sigue leyendo