Archivo por meses: Septiembre 2007

Discriminaciones y exclusiones

Insistiré sobre los aspectos más tácitos de la calidad de vida refiriéndome de nuevo a un tema bosquejado en mi entrada anterior; las prácticas de negación y rechazo tan aciagas que percibo en Lima.

Un caso.
Estaba sentado en un modesto bar y frente de mí había un joven en sus 20 años. Tenía unos ojos que destacaban por su tamaño y rasgos achinados, además su nariz era grande. Definitivamente “Perú profundo”, adjetivo no sé si descalificativo que he escuchado usar a conocidos míos cuando se refieren a rasgos, actividades o aspectos culturales de personas de provincias bien alejadas de la capital o de estándares aculturados. O sea, este joven para mí destacaba por unos innegables rasgos de origen selvático puro; sin embargo, además era su muy sencillo vestuario lo que enmarcaba más su aura propia.
Me tocó ver como la gente lo “desconsideraba”. Difícilmente lo atendían y hasta sentía que las personas lo empujaban o se recargaban en él más de lo necesario para poder pasar por el concurrido pasillo.
Él, en cierto momento, levantó la cabeza y la mirada con cierta gallardía para tratar de parar esas situaciones. Un momento después, volvió a su postura más bien pasiva; parecía que así era la costumbre.
La verdad me sentí incomodado por la descortesía de la gente del lugar. Bueno, quizá ya era tarde y mejor abandoné el sitio.

Otro caso.
Eduard Mamani era un conocido mío. Era un sereno en el centro de Lima. Es decir -para quienes me lean y no sean peruanos- un auxiliar de vigilancia, que apenas tienen una preparación para servir como auxiliar del orden o como guía turístico, generalmente armados de un palo. Pero Eduard, era canino. O sea, él ejercía la vigilancia con un tremendo Rottweiler entrenado para defender… o atacar según la situación.
Él era –por usar un tiempo ocurrido- puneño. Un joven de 27 años, corpulento, fuerte y realmente oscuro de piel. Cotizado por sus amigas y orgulloso de su entrenamientos deseaba ingresar al cuerpo de bomberos; sin embargo, era un homofóbico.
Cierta vez lo encontré todo nervioso en el Jirón de la Unión. Me sorprendió verlo así y me contó qué le había pasado.
Le había solicitado a un muchacho gay se retirara de la plaza ya que no podía estar allí “en defensa de las buenas costumbres de la ciudadanía”. El chico, en todo su derecho se negó a irse de la banca del parque donde seguramente se vería con otros amigos de su misma identidad sexual no hegemónica (el término nuevo y más adecuado a las sexualidades alternativas), y entonces… el tremendo can de Eduard se le soltó y le brincó encima al gay dándole una tremenda revolcada a pesar de tener bozal.
El escándalo debió haber sido bueno, la supervisión se presentó a ver el asunto, me dicen que el muchachito hasta lloró y Eduard, el oscurazo serrano devino pálido.
Yo le dije y te voy a creer que se te soltó el perro por accidente, Mamani. Si sé que eres re contra homofóbico. Seguro le diste una señal mental al perro que lo agrediera por no obedecerte… pero el chico tenía su derecho de estar allí”.

Bueno, Eduard sólo proyectaba maneras de pensar y de ser ya establecidas. Él obedecía ciegamente las órdenes del alcalde de Lima, Castañeda Lossio por cierto; aparte de obedecer los mandatos morales y discriminatorios transmitidos tanto por generaciones acríticas, la misma iglesia católica así como los medios de comunicación.
Total, él ya no trabaja allí. En esta ciudad la administración municipal no permite que sus trabajadores se arraiguen para hacerse merecedoras de incentivos laborales que no se quieren pagar. Y si Mamani en su momento abusó de un joven por ser gay, él ya pagó el precio por ser también de origen humilde… y provinciano.

Lima representa todas las sangres del Perú, la mayor parte de la población de este país acá vive. Me parece muy cruel que estos patrones -que sólo mencioné dos y muy banales por cierto- se vean precisamente en la capital; una magnífica megaciudad la cual debiera dar el ejemplo de tolerancia y respeto entre sus habitantes.

La verdad no sé qué sean las buenas costumbres pero en realidad deseo que Eduard tenga trabajo ahora… que al chico gay agredido no lo agredan más… y al joven del bar lo respeten el par de horas que busque un poco de distracción en la noche de un viernes.

Imagen Plaza San Martín, Cercado, Lima. Tomada por José Zavala Sigue leyendo

Calidad de vida y migración (Cierre temporal)

Así pues, en mi percepción, no es comparable la migración mexicana hacia los EEUU con la migración peruana hacia diversos países (donde aparte de los mencionados se debe incluir a Argentina y Canadá). Claro, México con la inmediatez geográfica y sus lazos históricos no comprendidos críticamente tiene ese flujo perenne –de la gente que tiene que cumplir un extraño ciclo, según mi amigo- pero me atrevo a decir este fenómeno es más debilitado año con año.

Y es que no es la migración peruana la que cuestiono, sino como manifesté desde el inicio del blog; el deseo de emigrar. El acto volitivo de querer marcharse, de no seguir viviendo aquí (y sobre este asunto ya se ha cuestionado en trabajos como el Laberinto de la Choledad). Así pues, trato de buscar una característica que distinga la migración de estos países:

Propongo esta. El Perú es más conciente de las carencias que padece como país, que en mi parecer son entre otras: la inseguridad que se vive en su territorio (Lima destaca); la corrupción imperante entre sus gobernantes, funcionarios públicos y servidores del orden; su exagerado racismo étnico, social y simbólico; los inhumanos pero legalmente permitidos sistemas de contrataciones laborales tercerizadas; el trabajo por contratos para la mayoría de la gente; el comportamiento ridículo de sus agentes políticos o gobernantes…

Estos puntos anteriores también los he percibido en México, a pesar de que los problemas a grandes rasgos son semejantes (la tercerización afortunadamente no se da como un patrón general laboral, le he visto en grupos de obreros llamados “contratistas” que hacen trabajos en fábricas en condiciones infrahumanas; mal pagados y mal protegidos y sin seguro de accidente. Pero no en general a nivel seguridad, limpieza en cada oficina y comercio del país). Salvo el racismo étnico –que se da, claro- pero no se practica con la rabia y pasión que en el Perú.

Entonces, debe de haber diferencias fundamentales para que estos lastres afecten más a una población que a otra.

1.- El fatalismo impregnado en una gran mayoría de la población, y que es fuertemente alimentado por la televisión y los periódicos chicha.
2.- La desconfianza generalizada entre la población, donde es un disvalor nacional no poder confiar en nadie más.
3.- El grado de desconfianza (¿o rechazo?) hacia la educación pública que hace que cualquier padre con ingresos no abundantes lleve a su hijo desde los primeros niveles educativos a registrarlo en el servicio privado.

En México existe un discurso dominante sobre todo en la Televisión donde ideas absurdas tales como “como México no hay dos”, “México lindo y querido” y el peor de todos y que la CNN nos atribuye; “México para los mexicanos” insisten que, a pesar de todos nuestros males, ¡estamos bien! (Ideas similares ya he mencionado en la primer entrada de nacionalismo)

Este discurso televisivo ya comienza a atacar fuertemente a la educación pública, que todavía tiene la batuta de ser la mejor opción en el país; a pesar que la existencia de un sindicato que promueve métodos irracionales… y a pesar de falsos líderes nacionales sempiternos en el régimen político que dicen preocuparse por la educación nacional. Entonces, el hecho que todavía el hijo un obrero o de un ingeniero o abogado vayan a una escuela pública es una manera de igualarnos y vernos con optimismo o al menos con poca desconfianza. No sé si esta situación disminuya o desaparezca si los cambios en la educación la lleven a elitizarse o crear segregacionismos.

Y en serio, los mexicanos podemos ser ingenuos. Nos gusta confiar en todo mundo –aunque haya personas frustradas que digan lo contrario-, y desgraciadamente no somos tan confiables ya que confiar en nosotros mismos nos puede traer problemas… pero total; tener relaciones de amigos y conocidos es parte de un distintivo que queremos mantener.

Así pues, si englobamos las ideas expuestas en estas tres entradas del blog, vemos que el concepto de calidad de vida se nutre además del ingreso económico posible de otros factores diversos como la confianza, la misma percepción que se tenga de un país, una nación o de un futuro, su educación, su seguridad, el respeto a sus grupos étnicos, tolerancia a sus grupos de sexualidad no hegemónica, a la confiabilidad a los gobernantes, sus ideologías y discursos manejados en la televisión, música y literatura; y más allá de un sentido de felicidad y de confianza hacia la vida misma.
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Influencias de otros

En cambio los flujos humanos que salen del Perú parece que se ubican en época más reciente. Sobre todo influenciados por las migraciones japonesas que en un momento ayudaron a poblar este país, las generaciones de japoneses parecen ir y venir a su país constantemente. Las personas con más arraigo que conozco y que tuvieron una experiencia migratoria laboral que se remonta precisamente a este país. Algunos –me dicen- hicieron una fortuna que hasta la fecha les trae dividendos; en otros casos, desde hace buen número de años siguen buscando un lugar donde les pueda ir bien (más que una preparación que les garantice o una perseverancia en un determinado giro dentro del mismo país).

Me sorprende ver las relaciones e influencias de países de Europa en el Perú. Conocer gente con apellidos venidos de Francia, Italia, Inglaterra, Suiza y Alemania que inclusive se pueden mezclar con otros apellidos más locales. Conocer matrimonios de peruan@s con europe@s no es del todo raro. A partir de estos lazos pudieron haberse generado vínculos para desear irse en búsqueda de oportunidades de trabajo, sobre todo a España e Italia –es muy común escuchar a un joven que sueña con trascender precisamente en esos dos países-.

He tenido la oportunidad de leer anuncios de oferta de empleo de parte del Ministerio del Trabajo del Perú donde Japón solicita peluquer@s, España campesinos, Italia emplead@s de supermercado, a veces con requisitos como licencia de manejo y dominio de otro idioma… pero claro, esta oferta en un número muy específico; es decir, algunas decenas máximo. Pero el sueño de Europa parece de miles, entonces a veces me parece borroso si es un sueño de trabajo o el sueño de irse básicamente. Según indicadores económicos recientes este país está fortaleciéndose en inversiones, en producción (tiene ya varias empresas que se proyectan a mercados internacionales), su moneda ha sido muy estable y de hecho le gana terreno al dólar. O sea, de nuevo dicho, si revisamos indicadores tradicionales meramente económicos no encuentro una lógica de este “yo quiero irme a España”.

Aquí hago una aclaración. Las comunidades peruanas de Miami y New York, de las cuales tengo una muy breve noción, solamente las he visto consideradas en literatura o prensa escrita. No es siquiera comparable como hablar en México de los inmigrados en Los Ángeles o Chicago, que son definitivamente los casi únicos destinos internacionales de un mexicano de cierto estatus cultural; además que es tanta la población de ciertas provincias que se encuentra en estas ciudades, que cuando una pequeña parte regresa en diciembre sobre todo, su impacto económico realmente es muy significativo para la economía con duración hasta de varios meses.

En mi país no se puede decir voy al extranjero sin que todos den por hecho que se va a los EEUU, situación que demuestra el desconocimiento del resto del mundo, que es mucho más enorme que ese país. El caso más atroz y horripilante fue cuando anunciando mi viaje de residencia a Lima, alguien me preguntó que qué idioma se hablaba en Perú.

Conitnúa

[Al] 40% [de los limeños] le gustaría irse, pero no tiene planes concretos y un 17% asegura que sí tiene planes de irse de nuestras fronteras. Según la consulta de la Católica los motivos de la gente que quiere irse es mayoritariamente (61%) en busca de trabajo. En la misma encuesta de la PUCP un 42% prefiere irse a España y un 18%, Italia 12%, Argentina 8% y Chile 4%. Entre los destinos más codiciados por los capitalinos, según la encuesta de la U. de Lima, se muestran: España (43.7 %), Estados Unidos (24.3 %), Italia (10.3 %) y Japón (4.1 %).

Fuente La República, 19 d octubre de 2007 (agregado a mi entrada la misma fecha)

http://www.larepublica.com.pe/content/view/184198/30/
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Migraciones y calidad de vida; un enfoque

Una de las situaciones que más me ha llamado la atención de cierto sector humano del Perú ha sido su deseo manifiesto de irse de este país.

El deseo de inmigrar en búsqueda de mejores oportunidades laborales es un derecho universal, sin lugar a dudas. Desgraciadamente los países reclaman un derecho de entrada y de permanencia para residir en ellos, y más aún, para otorgar una oportunidad de trabajar. Las fronteras las inventó el hombre, me atrevo a opinar, entre otras situaciones para delimitar un espacio geográfico y restringir o controlar que grupos humanos puedan acceder dentro. Es decir, entre otros aspectos; para proteger sus bienes culturales y naturales, preservar sus costumbres y evitar invasiones.

Son consideradas invasiones modernas a las olas de migrantes que buscan oportunidades en países supuestamente desarrollados. El supuesto que expreso se debe a que los conceptos de desarrollo han estado en reconsideración –afortunadamente- en los últimos años. El viejo paradigma que un país está desarrollado según el ingreso per cápita de sus habitantes ha sido rebasado, inclusive también empieza a tener menor validez el otro paradigma que involucra ciertos indicadores de salud, educación. La calidad de vida es ahora un concepto mucho más complejo y a veces subjetivo que a veces es complicado definirse.

Un país desarrollado debe ofrecer oportunidades económicas actuales que puedan garantizarse en un futuro estratégico, contar con recursos naturales como bosques y agua dulce, campos de cultivo y litorales para pesca, pero además, garantizar plena libertad de ser, pensar, ser aceptado y respetado dentro de su territorio.

Sobre estas últimas ideas quiero comenzar ahora mi reflexión.

¿Qué nos ofrece el país donde vivimos y qué buscamos en otro país al que se quiere desear irse a vivir por las razones que sean? ¿Qué diferencias pueden encontrarse dentro de la realidad peruana y mexicana?

El sector peruano que tanto desea –al menos en discurso, irse- me hace recordar al enorme sector campesino en su mayoría –aunque tiene otras variantes inclusive universitarias- que sale de mi país a buscar oportunidades en los E.E.U.U. Las razones de esta migración mexicana permanente no se justifican solamente a partir de las diferencias de desarrollo entre los dos países. Históricamente están definidos dos momentos; el primero que tiene que ver con la antigua posesión mexicana de una enorme zona desértica ubicada al norte de México y sur de los E.E.U.U. Los estados de Texas, Arizona, Nuevo México, California fueron un legado de los españoles que hasta allá llegaron solamente en expediciones. Territorios inhóspitos, secos y calientes que difícilmente podían ser habitables sin un acondicionamiento previo. Por eso, eran pocos sus habitantes que parecían más identificados con los estadounidenses que con los mexicanos. Si este terreno se perdió en aquel lejano momento las razones fueron de estrategia bélica (los vecinos del norte siempre han estado en querellas con todo mundo) y de incapacidad de administración del mismo México.

El otro momento se da en el siglo XX cuando el propio país norteamericano solicita campesinos mexicanos para trabajar sus campos ante la falta de gente (época de guerra y pos guerra mundial). Entonces, esos miles de mexicanos que fueron en ese momento comenzaron siendo la semilla ideológica aunado a la latente memoria histórica y, a través de las generaciones, los hijos de los hijos han buscado seguir un ejemplo.

Claro que el impacto de este movimiento social rebasó a los exclusivos herederos genéticos de dicha migración; la genética se encargó de hacerlo un especie de inconsciente colectivo. Como un amigo una vez comentó, “los jóvenes de provincia son como las mariposas monarcas, tienen un llamado en su ser de cumplir un ciclo, de emigrar y después regresar con la misión cumplida y ya quedarse tranquilos”. Así pues, en algunos casos muchos de ellos ya ni siquiera tienen una necesidad económica que cubrir, sino una de historia familiar de conocer a sus tíos, primos, los lugares esos que aparecen en las fotos que les han enviado… o en algunos casos, de finalmente disfrutar de la presencia y figura del padre

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Comidas

Mi opinión de hoy será en torno a la comida peruana.

Mi profesor Luis Sime nos comentó que “los paladares se forman desde niños”. Creo que la afirmación tiene una lógica clara, mas no así el criterio de tanta gente que presume su comida por encima de todas, sin considerar que, precisamente, cada uno tiene las preferencias que se les arraigaron hace tiempo… y con el tiempo.

Cuando iba a visitar el Perú por primera vez, hace ya casi 4 años, tenía un ciberamigo que me insistía en hacerme una apuesta sin sentido:

“Bajando del avión, inmediatamente me llevaría a probar la cocina peruana, y yo iba a jurar que era la comida más deliciosa que había degustado”

Bueno, jamás conocí a ese compadrito, ni recuerdo como se llama, pero lo cierto es que en mi primer viaje al Perú cuando comí papa a la huancaína su sabor realmente me desagradó… pasaron 6 meses de mi estadía en este país para que un día, al volver a probarla, la haya encontrado agradable. Decir si mucho o poco considero son cuantificadores tan personales ¡que no me va decirlo pues!

Y es que precisamente los gustos para comer son tan subjetivos y dependen de cada grupo étnico, o social, o inclusive cultural. Por ejemplo, ahora con un nuevo grupo de amigos de un curso de especialización en administración recurrimos a almorzar cada 15 días, y aunque probamos menús marinos y criollos, hay una diferencia en sabor y preparación por los sitios a los que vamos. O sea, no saben igual que mis menus del mercado.

Pero debo recurrir a un comentario de Daniel Titinger en su Dios es peruano, la comida peruana es abundante en sabores excesivos, y digo yo que aceptar un sabor de esas cualidades requiere tiempo… así como enseñarse a limpiar el gusto de vez en cuando.

Bueno, para terminar este blog; he escuchado un par de ocasiones a personas que acaban de ir a México, y me han dicho que la comida es una porquería (así como suena de diplomática la palabra). Bueno, creo que con lo anterior queda claro la noción cultural que se carga, sobre todo cuando no has comido nunca comida de otros países; o sea, algo diferente a lo peruano. Otra anécdota que viene al caso; conocí a Clara, una española, cuando visitaba Bolivia. Ella me contó que comenzó un viaje que terminó en vivir un año en Brasil, pero su novio no soportó una semana en Bolivia. El aspecto de las comodidades (él era un empresario) pero sobre todo la comida fue tan fuerte para él que se regresó a casa.

Así pues, el amor descarado a la cocina típica de un país o de una región no es algo digno de presumir, creo yo. Si me gusta viajar debo ser capaz de disfrutar cada nuevo bocadillo sin hacer dramas… o comentarios poco centrados, como apuestas o demás.

Pero creo que lo más importante es no burlarse de los gustos culinarios de otras personas. Total, si es delicioso decirlo sinceramente; si no, pues se come lo que se puede y listo, intentar otro platillo en la siguiente comida del largo viaje de ese momento.

La imagen que debe verse es de un rico mole poblano; delicioso pero cuidado con las agruras; es mortal.

Fuente: http://www.cocoyaya.com/images/Mole%20Poblano2.JPG Sigue leyendo

El “nacionalismo” que se nos atribuye en vano

“Lo que me gusta de ustedes los mexicanos es que son bien nacionalistas”

He tenido que lidiar con este comentario que me estigmatiza como “nacionalista” cuando en verdad no entiendo este término.
Cuando pienso en esta palabra -para mí, abstracta- de nacionalismo en mi mente pasan ideas como el País Vasco… o la Cataluña, o hasta el nazismo, la zona francesa de Canadá… no sé, puedo soñar en tantos lugares menos en México.

“Es que ustedes sí se siente orgullos de su país y sus costumbres…”

No creo que yo, como mexicano, me sienta más orgulloso que un peruano sobre “su comida” (ya me cansa el “te gusta el cebiche”), su música y sus danzas, sobre su mentada geografía y tantos aspectos tan polémicos. La verdad yo, como mexicano, sólo extraño el mole poblano… no recuerdo música mexicana (porque Pedro Infante y esas aberraciones NO son Mi música), ni el tequila me es imprescindible ni el centro de mi hermosa ciudad natal es tan bonito como el centro de Lima (además acá por lo peligroso es más excitante). O sea, no creo que yo sea un nacionalista, o no entiendo qué es lo que los peruanos creen que es.

“Ustedes apoyan a su equipo nacinal y a sus grupos musicales como nadie”

Mmm, cuando Televisión Azteka o Televisa insiste con todos sus recursos que en esta ocasión El Tri (seleccionado mexicano de fútbol) llegará a la final, es innegable que millones de creídos llenarán los estadios y sintonizarán las nefastas frecuencias hertzianas para “apoyar” (hacer barra) al Tri… pero el encanto siempre nos dura poco, y el desencanto también (¿es ser nacionalista no recordar tanto los fracasos como los peruanos lo hacen?)

Lo mismo de Thalía, la Pau… no sé qué otros grupos que no son buenos pero en cada almacén donde vayas verás el CD (allá lo bamba es más marginal, no por cuestiones legales sino por aspectos de prestigio de clase). Yo acá en Lima feliz llenándome de tecnocumbia, huayno y rock de una calidad que considero superior a la mexicana… ¿seré nacionalista con esto?

La verdad ni me importa si lo soy o no, lo que me afecta es que gente que sólo ha viajado por México viendo la televisón me atribuya esa etiqueta. Ojalá y me crean que la gente de mi país no es del color de los actores de Televisa, ni todos somos cantantes (ni todos sabemos ni nos interesa cantar rancheras), ni el tequila es tan rico como el pisco, pero producimos cantidades que ni Perú + Chile unidos podrán emular.

Sólo extraño mi cerveza Corona… y si eso me hace nacionalista, es porque la cerveza peruana es realmente mala.



Fuente: http://myweb.tiscali.co.uk/daddymack/blog/cerveza_600.jpg
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