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En medio de la selva, en medio del bosque, en medio de los árboles y arbustos, perdido en la selva, en la selva-selva, en la selva virgen; todos los personajes, esas historias, esos cuentos que uno ha escuchado del Chullachaki, del Shapshico, del Tunche… cobran vida, cobran realidad. Sientes su presencia, ahí, cerquita, sientes que te están mirando, sientes su aliento en la misma cara, inundando con su gracia todo lo que se ve y no se ve.

Les he contado a varias personas lo que me pasó cuando estuve perdido en la selva, pero me quedan mirando, tratando de ocultar sus gestos de incredulidad. Claro, aquí en Lima, nunca pasa nada de eso, a pesar que ésta también es una selva de cemento. (¿No es Lima? ¿…?) Pero estando en la selva, no te digo en la ribera sino en la selva-selva, monte adentro y perdido, cuando te das cuenta que ya estás perdido, porque el mismo guía está desorientado.

– ¿Conoces, no?, le preguntaba –sssssssi, decía, así, zumbando como el chinchilejo y seguimos avanzando sin realmente saber en qué dirección íbamos.

Las copas de los árboles tapan tanto, que el sol apenas pasa a puchitos, que ni hace notar para donde hace sombra. La bulla de los pihuichos, de los walos -esos sapos grandotes-, de los insectos o de quien sabe qué, son muy diferentes, parecen que lloran, parecen que cantan, parecen que hablan.

Acá,… (¿No es Lima? Hay tanto vidrio). Acá nunca escuchas nada así. Pero, allá cuando ya estás confundido, cuando ya no sabes qué cosa es real y qué no lo es, fundiéndose en una sola realidad fantástica, porque es real en tu cabeza, en tu mente, “el milagro está en los ojos que miran, no en lo mirado”, decía el brujo Inomoxo. Hay que tener ojos para ver y el Chullachaki te hace ver cosas. Hay mucha gente que ha visto como yo he visto, cuando me he encontrado cara a cara con el Chullachaki. Ellos tienen ciudades más bonitas que cualquier ciudad del mundo. No es de espanto. Los que cuentan que se han asustado, que han tenido harto miedo, achachay han dicho, esos nunca han visto nada. Sólo del invento de su mente se asustan. En su mente están sus demonios.

El Chullachaki no tiene forma definida, es informe, sólo sus dos patitas inconfundibles, una de venado y otra de tigre, por eso cuando camina cojea.

El Chullachaki debe ser como ese dañado del que Vallejo habla, de ese mutilado no de un combate sino de un abrazo, que fue el amor y no el odio el que le hizo perder su cara, porque el Chullachaki no tiene cara, no tiene cuerpo, por eso toma la forma de alguien conocido, de alguien cercano, toma prestado su cara, su tamaño y hasta su voz y así te habla. Entonces, tú, creyendo que estás con un familiar cercano, con tu mamá, con tu hermano, con un amigo, con tu compadre, tranquilo vas donde te llama.

Así pasa en la selva. En las ciudades ya no se ve nada de eso, en las ciudades chiquitas puede ser que algo haya. (¿A qué ciudad me has traído? ¿Cusco? Es grande esta ciudad. Tantas lucecitas se ven, lindo rebotan en los vidrios… ¿No? ¿No es vidrio? ¿Entonces, qué cosa es? ¿No estarás confundiendo con esas fantasías que tu hija te ha llevado a ver en Disney?).

Pero te decía, cuando el Chullachaki te llama tú tienes que haber pasado un trance, estás cansado, has caminado harto, has sudado a borbotones y el calor te sigue quemando, tienes sed, te pican los insectos, la mantablanca, la quilluavispa se enredan en tu pelo, peor si la isula te ha picado. La isula es una hormiga voladora, a la volada nomás ¡chin!… te pica y su picadura duele peor que un puñete en el ojo. Así, cuando ya estás en ese trance, agotado y maltrecho, se te aparece el Chullachaki. Bonito, amable, por tu nombre te llama. Ahí sientes un alivio enorme a toda la angustia que estabas teniendo. Es tan cariñoso su llamado que cómo vas a dudar. No. Más bien sientes protección.

Hasta por el camino que te lleva está limpio de maleza, un camino que cada vez se hace más ancho, más lindo, como estas avenidas. Vas sintiendo que cerquita está algún pueblo grande. Escuchas el vocerío de los niños jugando en el pueblo, inquietos, traviesos. Sientes el rumor del trajín de la vida… (¡Mira! Hasta cataratas tienen. ¡Qué bonitas! Las paqchas si me gustan, ¿te acuerdas que fuimos a ver una paqcha en Rangra y decían que había sirenas que les susurraban las melodías a los músicos que dormían en su orilla? El agüita siempre cae haciendo música, provoca cerrar los ojos y sentir que el rumor de las cascadas lo impregna todo. Las cataratitas son mágicas, me encanta contemplarlas, ver cómo se desprende el agua en chorritos, goterones, salpicaduras, briznas, tomando formas tan antojadas, que si observas bien puedes identificar formas puras de la naturaleza y de la geometría, las formas prismáticas de los minerales, las hebras de las hojas, las patas supernumerarias de los insectos. Mira como los rayos del sol reverberan en sus partículas, como se descomponen en un caleidoscopio de colores. Notas con qué esplendor de colores sutilmente se intercambian, en un degradé infinito. Todo se mueve y cambia y vibra, acompasadas con una melodía agradable. ¿Sientes? Hay una sinfonía deleitosa. Formas, colores, sonidos, se mezclan, se confunden, se amalgaman en una sola sensación, en una única experiencia. Las gotas de agua suben, bajan, avanzan, retroceden,… quedan suspendidas en el aire como si fueran picaflores.

¡Qué maravilla! Es una magia que envuelve las casas y las cosas. Todo lo que ahora hacen por navidad… ¿No? No, no me digas que no es navidad, porque ahí si me dejas perdido en el tiempo y el espacio. ¿Dónde me has hecho venir, mamá? ¿Para qué me has llamado? No me has dicho para qué me has llamado. Yo estoy habla y habla, solito, y tú, apenas dices unas palabritas, más estás calladita. Pero, bueno. Gracias. Me ha gustado que me escuches mamá, que pueda contarte mis aventuras  [nunca me ha querido escuchar]. Mamá ¿qué tienes? ¿Te pasa algo? ¿Hemos caminado mucho? ¿Te has cansado? ¿Por qué cojeas mamá? ¿Maaamááá?

Morococha, marzo de 2018

Rubén Villasante

 

GLOSARIO

Chullachaki, Shapshico, Tunche: espíritus del bosque

Chinchilejo: insecto volador también llamado Caballito del Diablo, libélula o Helicopter Libélula.

Puchitos: Alude a algo de muy pequeña y/o poca cantidad.

Pihuichos: loros verdes pequeños.

Walo: sapo gigante comestible de la amazonía.

¡Achachay!: interjección andina de miedo.

Mantablanca: especie de mosquito de hábitos nocturnos que suele enredarse en el cabello.

Quilluavispa: avispa más pequeña y amarilla.

Isula: Hormiga de picazón muy dolorosa. Paraponera Clavata.

Paqchas: cataratas en la zona andina.

Rangra: pueblo de los andes centrales.

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